Un triunfo ante el Everton, conocido como “Toffees” en Inglaterra, se convirtió en un salvavidas para el Tottenham. El resultado permitió que los de Londres evitaran el primer descenso a la segunda categoría desde 1977 y, al mismo tiempo, condenó a su rival de la ciudad, West Ham, a caer en la tabla. Más allá del alivio inmediato, el club abrió una reflexión interna dura sobre lo que falló durante una campaña que quedará marcada como una de las más difíciles de su era reciente.
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En una carta abierta dirigida a la afición, el presidente no ejecutivo del Tottenham, Charrington, admitió sin rodeos que el club “perdió el rumbo”. El dirigente, que se incorporó a la junta en marzo de 2025 tras la salida de Daniel Levy, señaló que se había dejado que lo que identifica al equipo se debilitara con el tiempo: el estilo de juego, la ambición y la conexión con su gente.
Charrington fue especialmente crítico con el plano administrativo. En su mensaje sostuvo que el éxito futbolístico dejó de ser el motor de las decisiones y que, en los puestos clave, no se contó con el perfil adecuado. Además, remarcó que no se construyeron plantillas con el nivel necesario para competir en una de las ligas más exigentes del mundo.
El “reset” deportivo que llegó tarde
El cambio profundo al que el presidente se refiere comenzó el pasado mes de septiembre. En ese momento, la familia Lewis —propietaria del club— autorizó un “reinicio total” del departamento deportivo. Este proceso incluyó la salida de Daniel Levy tras casi 25 años liderando la institución.
La intención del ajuste era clara: devolver el foco al rendimiento en el campo y no limitarse al crecimiento comercial. Sin embargo, Charrington reconoció que la corrección llegó “más tarde de lo que debería”, y que durante gran parte de la temporada el equipo quedó expuesto a un escenario de riesgo.
Compromiso con el proyecto y rechazo a una venta
A pesar de la sacudida interna, el Tottenham insiste en que la familia Lewis continúa “totalmente comprometida” con el proyecto. En ese contexto, el club también descartó informaciones que apuntaban a una posible venta a inversores estadounidenses del sector tecnológico.
Charrington insistió en que la decisión del reset no se tomó a la ligera y que fue necesaria para corregir la dirección. La supervivencia en la Premier League, además, funciona como un argumento tangible de que el plan —aunque tardío— terminó por encajar en el momento más crítico.
Verano de cambios: reestructuración completa
Con la categoría asegurada, el Tottenham mira ahora hacia el mercado estival. La promesa del club es priorizar el “mérito deportivo” por encima de cualquier otro criterio, y eso se reflejará en una reestructuración que abarca toda la operación futbolística.
Charrington detalló que el plan incluye cambios en áreas como el departamento médico y el rendimiento, además de trabajar sobre la estructura de la academia y el equipo femenino vinculado a Martin Ho.
Continuidad del proyecto: “no está en venta”
El mensaje del presidente fue también contundente en lo institucional. Charrington aseguró que el Tottenham no está en venta, cerrando la puerta a cualquier negociación, pese a que en el pasado existió interés de un consorcio liderado por Brooklyn Earick.
De Zerbi, el tercer entrenador y el punto de inflexión
En una temporada marcada por la inestabilidad, el equipo tuvo tres entrenadores. Tras los pasos relativamente cortos de Thomas Frank e Igor Tudor, llegó Roberto De Zerbi, señalado como el factor que activó la recuperación final.
El técnico italiano firmó un contrato de cinco años en marzo y, según el ambiente que se percibió dentro del vestuario, logró recomponer un grupo que antes parecía fragmentado. En especial, jugadores como James Maddison y Conor Gallagher salieron a respaldar con fuerza la llegada del exentrenador del Brighton.
El respaldo de Maddison
James Maddison afirmó que, sin ese nombramiento, el panorama podía haber sido todavía peor. El mediocampista recalcó que De Zerbi no solo tuvo impacto en el campo, sino también en el trabajo previo: el que se construye fuera del foco, en la preparación y en los entrenamientos.
La confianza inmediata de Gallagher
Conor Gallagher coincidió en la misma línea y remarcó que desde el primer día el cuerpo técnico generó confianza en el grupo. Según sus palabras, la adaptación fue rápida y el mensaje transmitido fue claro: cada jugador sintió que el proceso arrancaba de inmediato con credibilidad y orden.
El mensaje final a la afición
Charrington cerró su carta con un reconocimiento a la hinchada. Admitió que la temporada quedó muy lejos de lo que el Tottenham exige, pero insistió en la obligación del club de pelear cada año con los mejores equipos de la Premier League. La idea central es reconstruir con ese estándar como referencia.
El presidente también subrayó que, incluso en los momentos más oscuros, la afición respondió y sostuvo al equipo. Para Charrington, esa lealtad no es algo que el club dé por hecho: es un compromiso que deben honrar con resultados.
