El Tottenham vive una de esas temporadas que obligan a mirar el calendario con urgencia. Tras un desliz en la Premier League que lo ha colocado en zona de descenso y después de saborear un espejismo continental, el club ya no puede permitirse más errores: con solo seis partidos por delante, la dirección deportiva depositó la esperanza en Roberto De Zerbi para frenar la caída y reencender la ambición de volver a competir por objetivos grandes.
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El recuerdo más reciente en el Tottenham está ligado a una etapa de brillo europeo. En 2025, el equipo rompió una espera de 17 años sin grandes títulos al celebrar la Europa League bajo el mando de Ange Postecoglou. Aquella alegría continental, sin embargo, no alcanzó para blindar una campaña doméstica irregular.
En la temporada anterior, el Tottenham terminó cayendo hasta el 17º lugar, un punto de partida que muchos interpretaron como el “mínimo” posible. Pero los problemas no se detuvieron: doce meses después el escenario puede ser incluso peor.
Un cambio de entrenador con presión máxima
La inestabilidad en el banquillo ya es parte del relato reciente del Tottenham. Primero, el club pasó por Thomas Frank e Igor Tudor, y ahora el relevo lo tomó Roberto De Zerbi, ex entrenador de Brighton y Marseille. El italiano llega con un margen muy limitado: seis partidos para instalar su idea de juego, mejorar resultados y conseguir una reacción inmediata.
En este contexto, el reto no es solo ganar partidos, sino revertir la inercia de un equipo que se resbala en la clasificación y que corre el riesgo de perder su lugar entre los referentes del fútbol inglés.
El peligro de perder el “status” y el costo deportivo del descenso
Si el Tottenham certifica su descenso, el impacto no sería únicamente en la tabla: también implicaría consecuencias económicas y de plantel. La idea que circula en el entorno es clara: una caída al segundo escalón suele traducirse en una venta de talento, porque la prioridad pasa a ser sobrevivir y volver cuanto antes.
En ese sentido, Friedel —ex arquero del Tottenham y del USMNT— fue contundente al explicar los plazos realistas para reconstruir. Su argumento se centra en el tiempo: construir un proyecto lleva más de una década, mientras que romperlo puede tomar alrededor de dos años. También señaló que, en el caso de un descenso, el camino para regresar a la cima exige etapas sucesivas: promocionar, consolidar el equipo y asegurar la permanencia en la Premier League.
De forma resumida, su lectura es que el Tottenham necesitaría al menos tres temporadas para estabilizarse tras un descenso, aunque —por tamaño e historia— consideró que “es posible” acelerar el proceso. Aun así, el margen para el optimismo se reduce si el club no logra salir a tiempo de la zona roja.
“Solo dos años”: la exigencia de mantenerse entre los grandes
Otro ex futbolista del Tottenham, Bobby Zamora, también alertó sobre el riesgo de perder el protagonismo que históricamente ha acompañado a la entidad. Su mensaje fue directo: para un club como el Tottenham, el “tiempo de descuento” fuera de la élite es corto. Planteó que, como máximo, se puede pasar desapercibido durante dos años, pero el tercer año obliga a cumplir: estar dentro de la zona alta, específicamente entre los seis primeros, y hacerlo con constancia.
El exdelantero sostuvo que en el entorno hay frustración acumulada y que el sentimiento de los aficionados se ha intensificado durante el último año. En otras palabras: no basta con prometer cambios; se exige que el equipo vuelva a competir.
El “shock” podría superar al caso Leicester
Incluso Gus Poyet, ligado profesionalmente al Tottenham por su etapa futbolística, colocó el posible descenso del club en el centro de la conversación histórica. Comparó el impacto con el episodio más inesperado que ha dado la Premier League: el título de Leicester.
Para Poyet, la sorpresa de un descenso del Tottenham podría ser mayor en términos de magnitud. Argumentó que Leicester representó un caso de momento: cuando hay motivación, unión del grupo y creencia colectiva, los resultados pueden romper la lógica. En cambio, el Tottenham, pese a su infraestructura y su apuesta por elevarse en lo institucional, tendría una caída “tremenda”, con un contraste fuerte entre el salto en instalaciones y la posibilidad de irse a la zona baja.
La tabla aprieta: dos puntos para salir, 14 partidos sin ganar
En lo estrictamente competitivo, el Tottenham aún mantiene una puerta abierta: tiene apenas dos puntos que remontar para salir del descenso. Pero el dato que más pesa es el rendimiento reciente: el equipo acumula 14 partidos de Premier League sin ganar, y el registro incluye un dato especialmente preocupante para la afición: en 2026 todavía no ha logrado saborear un triunfo en el campeonato doméstico.
Con este escenario, cada jornada se convierte en una final. La reacción no puede esperar, porque la clasificación se mueve con rapidez y los rivales directos suelen castigar el error.
Partidos clave y el “plan” para recuperar oxígeno
El Tottenham todavía tiene compromisos grandes en el horizonte, incluyendo una visita a Wolves y un partido en casa ante Leeds. Aun así, el foco inmediato está puesto en el encuentro del sábado, cuando recibirá al Brighton.
El motivo de la preocupación es deportivo y estadístico: el Brighton llega con un aval fuerte, ya que en sus últimos tres partidos contra rivales de su calendario reciente logró seis puntos —es decir, máximos en cada uno de esos compromisos.
Para De Zerbi y para el Tottenham, el objetivo es claro: convertir el partido ante Brighton en el inicio de una escalada. Porque, más allá de lo que pase en Europa o de la historia reciente del club, lo que determina la temporada es lo que ocurre ahora en la Premier League.
