El Sevilla FC ha dado un giro inesperado en el proceso de venta y ha roto las negociaciones con Ramos y el grupo inversor que lideraba su propuesta. Tras semanas de conversaciones que parecían encarriladas, el cambio radical en las condiciones económicas planteadas a última hora terminó por enfriar la operación y obligó al club andaluz a buscar alternativas con urgencia.
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El desenlace se entiende mejor si se mira el punto de partida. Hace apenas dos semanas se había firmado una carta de intenciones para una adquisición que alcanzaba los 440 millones de euros. Aquella propuesta inicial estaba estructurada con distintos componentes: 80 millones de euros para una ampliación de capital, 290 millones destinados a los actuales accionistas y el resto previsto para cubrir la deuda neta estimada del club.
Además, la parte vendedora había aceptado contemplar una extensión de pagos mientras se asumían posibles pérdidas generadas hasta la firma definitiva. En ese contexto, Ramos había transmitido a los propietarios actuales garantías sobre el cumplimiento de los pagos, por lo que el giro repentino registrado esta semana sorprendió tanto como descolocó a la estructura directiva.
El nuevo representante y el cambio de condiciones en la reunión
La situación se tensó en la reunión del miércoles, cuando Ramos acudió con un representante distinto al que había participado hasta entonces. Roberto Álvarez, abogado deportivo de reconocido prestigio y que actuaba en nombre de una familia mexicana vinculada al proyecto, sustituyó a los asesores previos.
Con ese cambio, el consorcio presentó un planteamiento totalmente diferente: la valoración de la operación se redujo a la mitad, pasando de los 440 millones a una cifra de 220 millones de euros.
La nueva oferta: control a través de una inyección y una recompra
El esquema revisado proponía:
- Una inyección de 120 millones de euros en una ampliación de capital “urgente”, que daría al grupo una participación del 42% con capacidad de control.
- El uso de 100 millones de euros adicionales para comprar otro 18% a accionistas existentes.
- Con ese movimiento, el inversor alcanzaría el control total y dejaría el resto de acciones prácticamente sin valor en el mercado, según el enfoque propuesto.
Rechazo inmediato y ruptura unilateral del acuerdo
La respuesta de la propiedad actual fue inmediata: el cambio de términos se consideró inaceptable para el futuro del club. En consecuencia, la parte vendedora rechazó la nueva propuesta y dio por rota la negociación, rompiendo el acuerdo de forma unilateral.
Uno de los puntos que también pesó en la reacción fue el modo en que los compradores planteaban la adquisición. Al no concretar qué paquetes exactos de acciones pretendían comprar inicialmente, la intención era lanzar una oferta pública general. Ese movimiento, de prosperar, dejaría a los propietarios actuales en una posición muy marginal dentro del nuevo escenario accionarial.
El desacuerdo se agrandó todavía más por un detalle adicional: la oferta ahora presentada resultó bastante inferior a otra alternativa que había sido enviada con anterioridad por otro grupo inversor. En aquel momento, la dirección del club no llegó a contemplar dicha opción, pero ahora el contraste dejó claro el tamaño del retroceso.
Sevilla, contra el reloj para asegurar inversión
Con el proceso en vía muerta, el Sevilla FC entra en una carrera por el tiempo. La ampliación de capital obligatoria sigue siendo una necesidad para el club, por lo que la búsqueda de un nuevo comprador o inversor deberá acelerarse en los próximos días.
La situación, pese a todo, no parte de cero: ya han contactado con el Sevilla varios inversores interesados en reactivar el proceso. Eso abre la posibilidad de que las nuevas negociaciones puedan comenzar muy pronto, aunque el margen de maniobra se estrecha por la urgencia del trámite financiero.
