La salida de Jürgen Klopp del banquillo era, en cierto modo, inevitable. Pero la forma en la que Mohamed Salah decidió despedirse del ciclo posterior —criticando con dureza a Arne Slot en público— terminó convirtiendo cada gesto en un terremoto interno. Liverpool entra a su recta final con la sensación de que el vestuario ya no solo discute ideas futbolísticas, sino también liderazgo, identidad y autoridad.
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Mientras se daba por hecho que Klopp dejaría el cargo, no había espacio para que Salah arriesgara su relación con la grada adoptando actitudes confrontativas con uno de los entrenadores más queridos de la historia del club. Sin embargo, el panorama cambió por completo tras la llegada de Arne Slot.
En las semanas recientes, Salah volvió a señalar al técnico neerlandés. Aunque en su declaración pública no mencionó su nombre de forma explícita, el destinatario era evidente para jugadores y hasta para compañeros que interactuaron con su publicación en Instagram. Fue, además, el tercer episodio de este tipo en la temporada.
Un patrón que viene de antes
La primera reacción de Salah había sorprendido a Slot: el entrenador no esperaba recibir un golpe así desde el propio núcleo del equipo. Pero el último estallido fue el que más daño causó, tanto por el contenido como por el momento elegido.
Cuando Liverpool confirmó la salida de Salah antes de que terminara la temporada, y lo hizo por petición del propio jugador, quedó claro que no iba a cerrar la etapa en silencio. A lo largo de los últimos nueve años, incluso en situaciones puntuales de malestar en Anfield, Salah siempre acabó expresando lo que sentía, aunque no lo hiciera con frecuencia.
El mensaje de diciembre en Elland Road marcó el rumbo
La tensión no nació de la nada. En diciembre, en Elland Road, Salah removió los cimientos de “la Kop” con declaraciones que estremecieron a la afición: aseguró que “alguien” dentro del club quería que él “cargara con toda la culpa” por el peor tramo de resultados de Liverpool en 71 años. Además, reconoció que su antes “buena relación con el entrenador” se había roto por completo.
Ese tipo de exhibición pública de conflicto generó una reacción inmediata. Muchos lo criticaron con dureza por la forma y por el impacto que tiene airear los problemas internos, especialmente en una institución donde pesa el principio de no “lavar la ropa sucia en público”.
La última ‘puñalada’: acusar a Slot de romper la identidad
La nueva controversia fue más directa. Salah, con 33 años, culpó a Slot del “desastre” deportivo del equipo al considerar que el entrenador se alejó demasiado del estilo “heavy metal” que había caracterizado a Klopp. Su intención, según el contexto, parecía clara: tomar el control del relato antes del partido final de Liverpool de la temporada y, sobre todo, antes del cierre de su etapa en Anfield.
El dilema para Slot: dejarlo fuera o asumir el conflicto
El episodio dejó a Slot atrapado en una trampa: si no convoca o no alinea a Salah, la lectura será que el técnico no puede gestionar al vestuario; si lo incluye, el debate se mantiene igual porque la afición ya no tolera el mismo discurso. Para la cita del domingo ante Brentford, la presión se entiende en ese doble sentido.
Y aunque en el pasado Jamie Carragher y otros comentaristas intentaron presentar a Salah como el villano, esta vez no lograron cambiar el sentir mayoritario de la grada. De hecho, hubo un momento llamativo durante su análisis en “Monday Night Football”, cuando una encuesta mostró que el 92% de los aficionados “Reds” respaldaba a Salah por encima de Slot.
La grada también se cansó del juego y del rumbo: el problema no es solo Salah
El apoyo a Salah no significa que el público esté satisfecho con su rendimiento esta temporada. De hecho, los hinchas no están conformes ni con algunos aspectos deportivos ni con la decisión de ventilar el desacuerdo con el entrenador desde Instagram. Aun así, el foco se ha desplazado del “medio” al “mensaje”.
Hay un dato emocional que pesa: muchos seguidores siguen con incredulidad la forma en que se dejó escapar a Xabi Alonso, a quien se consideraba el reemplazo ideal de Slot, para que acabara fichando por Chelsea.
La caída de Liverpool: menos intensidad, más repetición
Más allá del conflicto personal, el argumento central de la afición es futbolístico: Liverpool “perdió el rumbo”. Antes era un equipo difícil de enfrentar; ahora se deja vulnerar con facilidad. El diagnóstico apunta al entrenador, porque los rivales no están inventando maneras nuevas de ganar: repiten patrones y aun así obtienen resultados.
¿Cómo se está castigando a los “Reds”? Con set-pieces (jugadas a balón parado), bloqueos bajos (bajos y compactos para cortar espacios) y transiciones rápidas. El problema, para muchos aficionados, es la falta de respuesta sistemática del equipo ante lo mismo de siempre.
Slot defiende el proceso, pero el registro lo complica
Slot reconoce la frustración de la hinchada y sostiene que “subestiman lo que puede hacer una ventana de fichajes”. Sin embargo, esa defensa choca con la realidad: el club invirtió 450 millones de libras (600 millones de dólares) el verano pasado y, lejos de reforzar al conjunto que se creía más sólido, el equipo terminó debilitándose.
Además, los resultados no acompañan la idea de “transición”. Liverpool concedió 52 goles en liga y perdió 19 partidos en todas las competiciones. En toda la historia del club, solo tras su último ascenso en 1962 habían acumulado más derrotas en una sola campaña. Ese marco vuelve difícil justificar la situación como un simple bache de adaptación.
El Champions League también expuso el plan
El punto más sensible para Slot llegó en el doble enfrentamiento de cuartos de final de la Champions League contra Paris Saint-Germain. El técnico dejó en el banquillo a Salah en ambos partidos y, aun así, la decisión pareció insostenible por el rendimiento del equipo.
En el duelo ante el PSG, Liverpool creó más ocasiones que ningún otro “Red”, pese a que Salah solo estuvo sobre el campo 59 de los 180 minutos disputados. Es un dato que, para la afición, refuerza la idea de que el problema no era la calidad individual, sino la forma de plantear el equipo.
Refuerzos y vestuario: éxitos limitados y señales de apoyo
Hasta ahora, el balance de los fichajes no ha sido convincente. Hugo Ekitike aparece como la única historia positiva de Slot. Incluso jugadores que llegaron en el verano de 2025, como Milos Kerkez, Jeremie Frimpong y Giovanni Leoni, mostraron simpatía con el mensaje de Salah sobre el estilo del equipo.
Y lo que terminó de encender la alarma interna fue el apoyo explícito de Dominik Szoboszlai, Curtis Jones y Andy Robertson. Los tres, en distintos momentos de los últimos meses, habían admitido que la campaña de Liverpool no ha estado a la altura.
El balance real: Salah agitó el conflicto, pero la crisis es del equipo
El debate, entonces, no se reduce a si Salah tiene razón en el tono o en el calendario de sus críticas. Aunque sus declaraciones fueran, según el contexto, una forma de proteger su propio relato y presionar al entrenador, no explican por sí solas el ánimo en Merseyside.
La mayoría de los aficionados se siente inquieta porque los partidos del equipo se han vuelto tan difíciles de jugar como de ver. Slot puede señalar lesiones, circunstancias y factores externos, pero el número de goles encajados y la cifra de derrotas hacen que el margen de excusa sea cada vez más estrecho.
La temporada “de transición” ya no convence
Una parte del discurso de Slot y de la dirección del club sostiene que la temporada era inevitablemente un periodo de reacomodo. Sin embargo, esa idea contradice lo que ocurrió: Liverpool conquistó la Premier League en abril, con autoridad y con un nivel de juego que dejó claro que el equipo no estaba “en construcción” desde cero para terminar quinto.
Los dueños del club, Fenway Sports Group (FSG), no habrían emprendido una inversión histórica para terminar en una posición que, para muchos, es una caída respecto al potencial mostrado.
La verdad incómoda: el apoyo a Salah terminó de romper la credibilidad de Slot
La situación deja una conclusión incómoda para Slot. Puede que Salah se haya equivocado al elegir el momento y la forma de exponer su malestar en público, pero lo que dijo se alineó con lo que muchos hinchas perciben: resultados inaceptables, un estilo que ya no transmite y una sensación constante de desconexión.
Con el respaldo masivo a Salah en el momento clave, Slot pierde el poco margen de credibilidad que aún podía conservar. Y, para un entrenador, cuando el apoyo se evapora y el juego no mejora, la permanencia deja de ser una cuestión de paciencia: pasa a ser una pregunta de sostenibilidad.
