Neymar aparece en la memoria de los Mundiales de Brasil con una imagen que no es de fiesta: la tristeza, el gesto contenido, las lágrimas. Y eso resume, en buena parte, una historia prolongada de frustraciones: 24 años sin levantar la Copa del Mundo desde el título de 2002. Aunque el delantero dejó una marca enorme con ocho goles en el torneo y se ubicó entre los máximos anotadores de Brasil, superando a figuras como Rivellino, Bebeto, Romario y Garrincha, su legado en la cita máxima ha estado más ligado a la duda que a la celebración.
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Con sus ocho anotaciones en la Copa del Mundo, Neymar quedó a la altura de Rivaldo en la lista histórica de Brasil y, además, por delante de campeones como Rivellino, Bebeto, Romario y Garrincha. Sin embargo, el fútbol no mide solamente goles: mide el momento en que esos goles llegan y, sobre todo, lo que ocurre cuando falta el protagonista.
Entre 2006 y 2010, Neymar no estuvo en los Mundiales, así que su peso real se explica por lo que vino después: el relevo generacional, la carga emocional de vestir el número más simbólico y la dificultad de sostener el nivel cuando el resto no acompaña al mismo ritmo.
2010: el relevo llega… pero el “trono” estaba vacío
Cuando Neymar debutó con la camiseta amarilla en 2010, encontró un escenario que no era el ideal: un equipo que antes tenía exceso de líderes ofensivos terminó con una especie de vacío de mando. Ronaldinho y Adriano atravesaban un declive, Kaká no recuperó nunca su mejor forma tras problemas en la cadera, y el plantel no tenía una figura lista para compartir la responsabilidad.
En ese contexto, Neymar no heredó una antorcha de un ídolo que le señalara el camino; más bien, tuvo que unificar la presión en una sola figura. No fue una elección: fue una necesidad.
Y el problema de fondo es que, cuando un equipo concentra tantas esperanzas en un solo nombre, cualquier golpe —físico o emocional— se multiplica.
2013 y el 10: el mensaje era claro, el resto no alcanzó
Neymar asumió el dorsal 10 de Brasil de manera plena en 2013. Fue un gesto cargado de significado: el entrenador Luiz Felipe Scolari, el técnico que llevó a Brasil al título de 2002, retomó el mando para dirigir el Mundial de casa.
Los jóvenes que habían generado ilusión en 2010 terminaron decepcionando. Ganso y Alexandre Pato no lograron despegar, Lucas Moura tampoco convenció y Mano Menezes perdió el cargo. En esa transición, ver al mejor futbolista brasileño con el número inmortalizado por Pelé fue una declaración de intenciones.
Scolari insistió en que “Neymar no tiene que decidir el partido en solitario; debe jugar para el equipo”. Pero la realidad es que el impacto ofensivo dependía demasiado del 10 y, cuando la conexión se rompía, Brasil no encontraba un plan alternativo con la misma fuerza.
Por qué no era un fenómeno nuevo (pero sí peligroso)
Brasil ha tenido grandes figuras en diferentes épocas, pero la gloria casi nunca dependió únicamente de un nombre. En 1958, Pelé ya era una estrella adolescente, aunque Garrincha también marcó diferencias. En 1970, Pelé tuvo socios como Jairzinho, Rivellino, Gerson y Tostao. En 1994, el título se construyó desde la dupla Bebeto–Romario. En 2002, el brillo fue compartido entre Ronaldo y Rivaldo.
Ahí está el contraste: Neymar podría ser determinante, pero el equipo no generó el mismo tipo de red ofensiva capaz de sostener el peso cuando él no estaba en condiciones o cuando el rival lo neutralizaba.
2014: el brillo, la lesión y el 7-1
Con 22 años, Neymar impresionó en el Mundial de 2014. No solo por la calidad: también por cómo cargó al equipo bajo una presión particular. Brasil jugaba de local, con un ambiente político tenso y con la exigencia de “hacer historia” en casa.
Desde 2013 se popularizó el término “Neymar-dependencia”, una idea que se instaló con fuerza durante la semifinal contra Alemania. La noción era simple: si Brasil funcionaba, era porque Neymar lo permitía.
En el camino hasta ese partido, Neymar participó directamente en la mitad de los goles de Brasil: cuatro tantos y una asistencia en los 10 goles anteriores. Sin embargo, en los cuartos de final, una entrada fuerte del colombiano Juan Camilo Zúñiga le provocó una lesión brutal en la espalda y lo dejó fuera del resto del torneo.
La consecuencia fue devastadora: sin su estrella, Brasil cayó 7-1 ante Alemania en la semifinal, la peor derrota sufrida por una selección considerada grande en la historia del fútbol.
La ausencia en Belo Horizonte no solo dolió por el resultado; también alimentó la sombra de la “Neymar-dependencia” durante los años siguientes.
2018: el papel se endurece y aparecen las imágenes
De cara a Rusia 2018, el país intentó dejar atrás el término. Pero la preocupación era otra: qué pasaría con Brasil si Neymar no llegaba al torneo con plenitud o si no podía sostener su rol sin “ruido” alrededor.
En 2017, Neymar había realizado el fichaje más caro en la historia del fútbol: dejó Barcelona para convertirse en figura absoluta de Paris Saint-Germain. En Francia, acumuló lesiones y controversias con una frecuencia que aumentó el desgaste. A inicios de 2018, el episodio más duro puso a los brasileños a familiarizarse con el tipo de lesión que afecta huesos del pie (los metatarsales), en medio de la expectativa de un Mundial que se jugaba con el cuerpo al límite.
Su condición no era la ideal, pero el problema mayor fue el plano emocional. Se vio especialmente tenso: lloró después de una victoria sencilla ante Costa Rica, y aunque marcó en ese partido y también ante México por los octavos de final, las imágenes que lo definieron en su segundo Mundial fueron las de un jugador que exageraba las faltas con dramatismo, rodando una y otra vez en el césped.
Ese tipo de reacciones se transformó en meme global: personas de todas las edades intentaron imitarlo. Para los rivales, Neymar se convirtió en un recurso más del espectáculo, y cuando el rostro de Brasil se vuelve parte del chiste, el impacto psicológico también alcanza a la selección.
En los cuartos, Brasil cayó ante Bélgica. El equipo belga, liderado por Romelu Lukaku, Eden Hazard y Kevin De Bruyne dentro de lo que se conoce como su “Golden Generation”, mostró más poder ofensivo y decisión que Brasil. El fracaso de 2018 no fue tan feo como el 7-1 de 2014, pero terminó con Neymar cargando el peso de la imagen de la vergüenza.
2019-2022: se busca salir del ciclo… pero el entorno se contamina
En los años siguientes, Brasil pareció acercarse a liberarse de la “Neymar-dependencia”, incluso ganando la Copa América de 2019 sin el 10 lesionado. Pero más allá de lo físico, la vida personal de Neymar empezó a impactar el clima dentro del combinado nacional.
En lo futbolístico, Neymar siguió dando lo máximo: goles y asistencias. No obstante, las controversias fuera de la cancha comenzaron a opacar el juego y a desplazar el foco del rendimiento.
El nuevo protagonismo asoma
En 2022, las señales de esperanza llegaron con Vinícius Jr. En la Champions League, su gol decisivo con Real Madrid ante Liverpool marcó el inicio de un nuevo protagonista brasileño. Rodrygo también fue clave en esa campaña con Los Blancos.
Pero aun así, cortar una dinámica tan instalada en Brasil no sucede de un día para otro.
Qatar 2022: el equipo avanza, el 10 vuelve… y falla el turno
En el Mundial de Qatar 2022, Neymar llegó sano. Sin embargo, en el partido inaugural de Brasil ante Serbia se lesionó el tobillo. Aun así, Richarlison pareció listo para ocupar el rol de referencia: marcó dos goles en ese juego y Vinícius aportó una asistencia.
Sin Neymar, Brasil avanzó: superó a Suiza 1-0 con gol de Casemiro. La ausencia no generó el pánico de otros torneos, aunque la tensión se mantuvo.
En octavos, Brasil goleó 4-1 a Corea del Sur. Vinícius brilló en una nueva etapa, y Neymar también aportó un tanto y una asistencia. Allí, el 10 pareció recuperar su lugar: no solo como anotador, sino como figura que guía a los jóvenes. La idea era clara: el Neymar que creció en la selección como “samurái sin maestro” ahora actuaba como docente de los delanteros más nuevos.
Por momentos, todo parecía normal. En el cuarto de final ante Croacia, Neymar marcó en el tiempo extra y celebró con la intensidad de quien cree que al fin llega la redención. La semifinal parecía cerca.
Pero ocurrió lo contrario. Cuando Brasil buscó avanzar, Neymar quedó congelado por el ritmo del partido: lanzó un grito de incredulidad (“¿Por qué vas arriba?”) mientras el desenlace se definía. Croacia salió rápido al contragolpe, emparejó y forzó los penales.
Neymar, que Tite incluyó como el quinto lanzador de Brasil, no llegó a ejecutar su penal: antes de su turno, Rodrygo y Marquinhos fallaron. El castigo llegó y Brasil volvió a quedar eliminado en cuartos. El sueño del sexto título se pospuso y la sequía se estiró a 24 años.
Las lágrimas de Neymar ese día reflejaron también la sensación de que podía ser su última oportunidad en un Mundial. Y, con el tiempo, esa impresión no resultó descabellada.
El declive fuera de la cancha: PSG cambia el foco y Al-Hilal corta el camino
El ciclo hacia 2026 marcó una caída del Neymar de la élite. En la temporada 2022-23, cerró su etapa en PSG, un club que ya había movido el protagonismo hacia Kylian Mbappé. Después, fue vendido a Al-Hilal en Arabia Saudita.
Con 31 años, Neymar tomó un trayecto que suele asociarse al final del alto rendimiento. Incluso allí, su participación fue limitada.
En Brasil, todavía tuvo tiempo para sumar dos goles más en la fase de clasificación: en un 5-1 sobre Bolivia, alcanzó 79 tantos con la selección y superó a Pelé como máximo goleador histórico de Brasil. Aun así, el hito tuvo más valor simbólico de legado solitario que reflejo de su forma actual.
En octubre de 2023, Neymar sufrió una rotura de ligamentos de la rodilla y estuvo fuera durante un año. A su regreso, apenas disputó siete partidos con Al-Hilal y volvió a lesionarse. Poco después terminó su etapa en Arabia. Más tarde, selló un regreso emocional a Santos, pero para 2025 ya llevaba dos años sin jugar con Brasil.
Brasil también se tambalea: el banquillo y la falta de estabilidad
Mientras Neymar se alejaba por lesiones, Brasil no encontró continuidad. Pasó demasiado tiempo bajo un entrenador interino, Fernando Diniz, y tuvo poco margen de trabajo con un entrenador fijo, Dorival Junior, quien tampoco era la primera opción.
Recién en las vísperas del Mundial, la Confederación Brasileña de Fútbol le entregó el cargo a Carlo Ancelotti, un nombre de peso en el fútbol europeo y una apuesta por orden.
2026: el debate ya no es “Neymar-dependencia”, porque el trono está vacío
De cara a la Copa del Mundo de 2026, Brasil llega con dudas. Pero esta vez, la crítica no se centra en la supuesta “Neymar-dependencia”, precisamente porque Neymar apenas ha jugado. El punto es distinto: los “tronos”, en sentido figurado, vuelven a estar vacíos.
El país tiene candidatos. Por primera vez desde 2007, un brasileño fue reconocido como el mejor jugador del mundo: Vinícius ganó el premio en 2024 tras brillar con Real Madrid en el triunfo de Champions League. Rodrygo, alternando entre titularidad y suplencia, también fue determinante en el club.
Raphinha asumió un rol protagonista en Barcelona y llegó a perfilarse como fuerte contendiente al Balón de Oro, aunque el premio de 2025 terminó en manos de Ousmane Dembélé.
Con ese panorama, la expectativa debería ser alta. Sin embargo, el ciclo posterior a 2022 ha reducido el optimismo: tener grandes futbolistas no garantiza repetir el nivel con la selección, y hasta ahora ninguno de esos nuevos nombres ha replicado el rendimiento de club en los partidos internacionales con la misma regularidad. El asiento del 10 sigue sin dueño.
¿Puede haber final feliz? Neymar y Brasil necesitan una respuesta
Durante más de una década, Neymar fue el mayor símbolo de esperanza para Brasil en el Mundial. Pero también se transformó en espejo de una repetición de decepciones. Ancelotti todavía deja abierta la idea de que el 10 pueda tener un lugar, aunque las probabilidades se reducen con el paso del tiempo y, si llega la oportunidad, el examen será duro.
La pregunta es si un posible retorno o redención podría llegar en un rol secundario, como un destello inesperado cuando nadie espera demasiado. En cualquier caso, una cosa queda clara: Neymar y Brasil ya no transitan el mismo camino, pero ambos necesitan dar una respuesta.
La historia de Neymar en los Mundiales con Brasil ha estado marcada más por la ausencia que por la presencia: la lesión de 2014, las dudas físicas de 2018 y el penal que no llegó a patear en 2022. ¿Será que el fin del “Neymar-dependencia” por fin termina en un desenlace feliz? En el fútbol, nada está completamente escrito… pero el desafío para 2026 es enorme.
