Con apenas 20 años, Kaká llegó al Mundial de 2002 como un aprendiz: observaba, absorbía y aprendía de los mejores mientras Brasil buscaba refrendar su grandeza en Corea del Sur y Japón. Casi 24 años después, el exfutbolista ya no mira el torneo desde la cancha, sino desde la reflexión: entiende mejor que la presión de una Copa del Mundo no se entrena y que, aunque el tiempo haya cambiado el fútbol, la exigencia con la Seleção sigue siendo la misma.
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En 2002, Kaká no era una figura consolidada. Venía de salir de las categorías formativas del Sao Paulo y estaba a un año de dar el salto a Italia, movimiento que terminaría marcando su carrera. Pero en el Mundial, más que protagonista, fue “alumno”.
El brasileño recordó que convivió de cerca con un tridente que definía una época: Rivaldo, Ronaldo (“Fenómeno”) y Ronaldinho. Kaká afirmó que los veía a diario, que buscaba entender cómo entrenaban y cómo se comportaban, y que para él eran verdaderos maestros.
Aprender de ese grupo fue, además, una lección futbolística con peso: tres Balones de Oro, tres de las grandes figuras del juego y, con el trasfondo del título mundial de 2002. Kaká participó en el torneo con muy pocos minutos (25 en total), pero conserva intacto el recuerdo de lo que significó levantar la Copa del Mundo.
Un ciclo que se adelantó: la Seleção no alcanzó el mismo techo
Si en clubes Kaká escribió páginas memorables, con Brasil la historia fue distinta. Su carrera internacional alcanzó su pico temprano. Después del Mundial de 2002, no volvió a repetir el mismo nivel.
Su último torneo mundial fue con 28 años. Jugó los Mundiales de 2006 y 2010, pero Brasil quedó eliminado en cuartos de final en ambas ocasiones. Además, en 2010 Kaká fue expulsado por una segunda amarilla polémica en un partido de fase de grupos. Aun así, terminó ese Mundial con tres asistencias.
Para Kaká, el cambio de perspectiva fue gradual: cada año comprendía con más claridad lo difícil que es estar en una Copa del Mundo y, sobre todo, ganarla. “No es algo que puedas entrenar”, explicó, aludiendo a que la preparación táctica, física y emocional puede mejorar el rendimiento, pero no elimina la incertidumbre del ambiente: estadios llenos, rivalidades, momentos decisivos y partidos contra selecciones como Argentina o Francia.
El Mundial como recuerdo: la ilusión de 2006 y el “sí, pero…”
En 2006, Brasil parecía tener una de esas plantillas que alimentan la fe colectiva. Kaká rememoró un cuarteto ofensivo que en el papel deslumbraba: Ronaldo, Ronaldinho, Adriano y él. Para él, había una sensación real de que el trofeo podía repetirse.
Sin embargo, la realidad deportiva es caprichosa: Brasil no logró equilibrarse en el momento clave y quedó eliminado en el último tramo, específicamente en los octavos de final. Kaká resumió ese contraste entre expectativa y realidad: la Copa del Mundo no se gana solo por talento o experiencia, sino por cómo se atraviesa cada situación del torneo.
Brasil 2026: el mismo peso, pero con un nuevo enfoque de Carlo Ancelotti
De cara al Mundial 2026, Brasil enfrenta una presión constante: en el país se espera ganar la Copa del Mundo. El equipo llega en un escenario particular, en lo que Kaká describió como un punto de inflexión.
La Seleção 2026 está dirigida por Carlo Ancelotti, un entrenador con una identidad distinta a la de otros técnicos brasileños de ciclos anteriores. Kaká destacó que el italiano propone un modelo defensivo más sólido, difícil de superar y con experiencia demostrada en torneos.
Además, Kaká conoce bien a Ancelotti: trabajaron juntos en AC Milan, donde el brasileño ganó el Balón de Oro bajo su tutela.
Lesiones y el gran debate: Neymar en la lista
Brasil llega con ausencias relevantes. Rodrygo, que se esperaba como pieza importante, no estará por una rotura de ligamento cruzado anterior (ACL). También se perderá el torneo Éder Militão, central titular del Real Madrid, por una lesión muscular.
Pero el foco principal de conversación giró en torno a Neymar. Kaká aseguró que su decisión de incluirlo fue, en su criterio, la correcta. Argumentó que Neymar puede aportar tanto dentro como fuera del campo, que es un jugador maduro y que se trata de su cuarta Copa del Mundo. Para el exfutbolista, su experiencia facilita entender “cómo ir, cómo jugar y cómo comportarse” en este tipo de escenarios.
Sobre el rol exacto, Ancelotti admitió que Neymar será un jugador importante, aunque evitó confirmar si saldrá siempre como titular. Kaká también reconoció la incertidumbre por la forma física tras una lesión muscular reciente.
La responsabilidad ofensiva: Vinicius Jr. y la crítica que Kaká no comparte
Con el futuro de Neymar todavía por definirse, el peso ofensivo recae en Vinicius Jr. Kaká lo defendió frente a las dudas recientes, especialmente las que apuntan a una supuesta falta de química con Kylian Mbappé.
El exmadridista insistió en que Vinicius tuvo una temporada sólida: 21 goles y 10 asistencias en 50 partidos en total. Aun así, Kaká remarcó que en el Real Madrid el listón es otro: si el equipo no gana títulos, el rendimiento individual suele ser interpretado como insuficiente.
En ese sentido, Kaká cuestionó la etiqueta de “fracaso” que se les aplica a los jugadores cuando no llegan los trofeos: Vinicius “marcó muchos goles”, jugó bien, pero el conjunto “no ganó nada”, y por eso se instaló el juicio colectivo.
El regreso de Mourinho a Madrid: una mirada desde la experiencia
En el trasfondo del debate futbolístico aparece otro elemento: el Real Madrid respondió a una campaña decepcionante contratando a José Mourinho, quien ya había dirigido al club en 2010 y dejó el cargo en 2013 tras tensiones públicas con la directiva.
Kaká estuvo presente durante esos tres años. Aunque reconoce que fue un periodo exigente y con desafíos, también afirmó que mejoró como futbolista y que Mourinho le ofreció consejos valiosos. Su lectura, en el presente, es que la segunda etapa del portugués tendrá un componente brasileño importante por la presencia de Vinicius y otros jugadores, algo que lo hace particularmente interesante de observar.
Más allá del fútbol: Kaká habla del crecimiento del torneo en Norteamérica
En esta edición, Kaká también mira el Mundial como parte de una evolución del deporte. Señaló que un Mundial en Norteamérica puede ayudar a que el fútbol crezca: ver a jugadores, entrenadores y distintas culturas deportivas contribuye a ampliar la base de interés y desarrollo.
Además, mencionó un detalle de la estructura formativa en Estados Unidos: cambios en el calendario del fútbol universitario (NCAA) para que el periodo de competencia se acerque más a un esquema anual, no solo de “media temporada”. Kaká considera que esa modificación puede mejorar la preparación de los futbolistas.
Su GPS futbolístico: MLS, perfiles de futuro y el “momento” para Brasil
Aunque no juega en Estados Unidos desde 2017, Kaká mantiene seguimiento cercano de países y clubes donde construyó su carrera. Según su visión, todo lo que ocurre en la región influye en cómo se intenta desarrollar el fútbol allí, y en ese contexto la MLS sigue ganando peso.
El exfutbolista cree que la liga continuará creciendo: ve la llegada de grandes nombres como una señal clara de su evolución, y destacó el fichaje de Leo Messi como un motivo para mantener el entusiasmo y observar la consolidación del proyecto.
Brasil no es favorito, pero puede alcanzarlo
Para Kaká, el torneo no llega sin obstáculos. Brasil no es el favorito y, aun así, tiene una oportunidad. Tras lo vivido como jugador —la presión, el aprendizaje, la sensación de que el tiempo se escapa cuando no llega el golpe decisivo— ahora entiende el Mundial de otra manera: como aficionado, con la esperanza de ver a su país recuperar el trono.
“Ojalá este sea el buen momento para que Brasil gane otra vez la Copa del Mundo”, expresó. Y dejó el deseo más grande: volver a celebrar el sexto “estrella” en el Mundial de Estados Unidos.
