El fútbol reabre el debate: los protectores de espinilla, cada vez más pequeños

Un debate que atraviesa el fútbol desde hace años vuelve a encenderse con fuerza: cada vez más jugadores parecen optar por protectores de espinilla cada vez más pequeños, casi simbólicos. Y, aunque esta discusión suele enfrentar a generaciones —unos cuestionan las decisiones de los otros—, una lesión reciente de Lewis Holtby, ex Tottenham y de la selección alemana, ha puesto el foco donde duele: la seguridad en una zona que sigue siendo clave para evitar cortes profundos y fracturas.

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El 12 de abril, Lewis Holtby sufrió una lesión mientras jugaba con el equipo neerlandés NAC Breda ante Fortuna Sittard, en el marco de la Eredivisie. La herida, en la espinilla izquierda, fue lo suficientemente profunda como para dar por terminada la temporada del futbolista de 35 años, tras un choque con un defensor rival. El tamaño y la protección de sus espinilleras quedaron en el centro de la polémica.

El entrenador de Breda, Carl Hoefkens, criticó abiertamente la postura del árbitro Jeroen Manschot. Tras el partido, el técnico aseguró que dentro del túnel se comentó que Holtby “solo” debía usar espinilleras, o mejor espinilleras, y recordó que los oficiales revisan el equipo antes del inicio del encuentro. Para Hoefkens, por tanto, también existe responsabilidad en el control previo.

Entre la “evolución” del calzado y la seguridad: voces a favor y en contra

Denis Odoi, zaguero del NAC Breda, habló de “espinilleras pequeñas” en relación con Holtby y, ante la posibilidad de que los jugadores vuelvan a llevar protecciones más “normales”, lanzó una frase que resume el espíritu del momento: “Nunca es demasiado tarde para aprender”.

Pero no todos pensaron lo mismo. Kenneth Perez, analista y ex extremo de Ajax y PSV Eindhoven, fue mucho más duro con la tendencia actual. En su postura, señaló que muchos futbolistas usan piezas diminutas —llegando a compararlas con “papel higiénico”— con el objetivo de cumplir formalmente, más que de proteger de verdad. Para Perez, no hay empatía para lesiones que ocurren por ese tipo de elección, y defendió que los clubes deberían exigir espinilleras apropiadas.

La discusión no es nueva, pero sí se ha vuelto más visible desde que ciertos futbolistas comenzaron a exhibir espinilleras mínimas bajo las medias, dejando expuesta una parte mayor de la tibia.

La tendencia en la Premier y otras ligas: medias más bajas, protección más corta

Al observar partidos de alto nivel durante la temporada, es común ver medias bajadas hasta casi el tobillo, como en el caso de Everton con Jack Grealish y Tyler Dibling, que emplean protecciones pequeñas. También hay jugadores que llevan la media justo por debajo de la rodilla, aunque incluso así las espinilleras parecen recortadas: el ejemplo de Marcus Edwards, de Burnley, quedó registrado en febrero en su juego ante West Ham, evidenciando el tamaño reducido de su protección.

En la misma línea, Bukayo Saka ha manifestado públicamente su preferencia por las espinilleras pequeñas: “Soy fan de ellas, no me gustan las grandes”. En contraste, Virgil van Dijk mantiene una visión más prudente. El defensor advirtió que si el golpe cae donde la espinillera es del tamaño de algo muy reducido —lo comparó con un Airpod— el problema es evidente.

Danny Welbeck también se sumó a la conversación: relató que sus compañeros más jóvenes se burlan de sus espinilleras “de antes”, pero él sostiene que se necesita más seguridad. Y del lado de la comodidad, Alex Iwobi, de Fulham, ha preferido siempre las protecciones pequeñas y ligeras porque no quiere “tener algo pesado” sobre la espinilla.

Un debate que ya es cultura futbolística

El tema incluso ha trascendido lo estrictamente técnico. Peter Crouch, ex Inglaterra y Liverpool, lo aborda con frecuencia en su podcast, That Peter Crouch Podcast, bajo el tono humorístico de “Make Shin Pads Great Again”. Además, Harry Wilson, mediocampista de Fulham, contó que algunos de sus compañeros incluso “recortan” la esponja que les da el fisio para usarla como protección.

¿Por qué ahora se usan menos? El cambio reglamentario de julio de 2024

La tendencia hacia espinilleras más pequeñas no surge solo por preferencias individuales. Hay un componente de táctica y de percepción del juego: algunos jugadores buscan sentirse más ligeros y libres para acelerar, y también rechazan la “bulto” que generan las protecciones grandes.

Pero el cambio decisivo se dio con una modificación en las reglas. En julio de 2024, el IFAB (International Football Association Board) ajustó el marco de la Ley 4 sobre espinilleras. Desde entonces, la responsabilidad de asegurar una protección suficiente recae más en el jugador que en los árbitros.

Antes de esta reforma, los árbitros debían hacer cumplir la norma. Sin embargo, en varios casos el control era ignorado por jugadores y clubes, y luego se generaban conflictos cuando ocurrían lesiones, incluso con disputas legales posteriores. El problema es que la ley, aun tras el ajuste, sigue siendo ambigua y abierta a interpretación: no establece un tamaño mínimo, solo indica que las espinilleras deben estar completamente cubiertas por las medias, confeccionadas con material adecuado (goma, plástico o similar) y que ofrezcan un “grado razonable” de protección.

David Elleray, director técnico del IFAB y ex árbitro de la Premier League, explicó que no es viable legislar un tamaño fijo de espinillera. Por eso, el IFAB desplazó la responsabilidad hacia jugadores, entrenadores y, en el caso de jóvenes, también hacia los padres. Elleray admitió que la expectativa era que se adoptara una actitud responsable, pero que en ocasiones el resultado se parece más a un “parche” que a una protección real.

Desde otra perspectiva, Pierluigi Collina —ex árbitro de élite y ahora presidente del comité de árbitros de FIFA— insistió en que la regla existe por seguridad y que el jugador debe elegir con conciencia sobre lo que realmente lo protege.

¿La reducción es peligrosa o simplemente cambia el tipo de lesión?

Aunque la imagen de una espinillera diminuta produce alarma, hay argumentos a favor de las protecciones pequeñas. Quienes las defienden sostienen que se han reducido ciertos impactos directos graves. Aun así, cuando se analiza un caso concreto, la conclusión no es tan simple.

Un ejemplo reciente es el de Alexander Isak, de Liverpool. En diciembre, jugando contra Tottenham y en un choque con Micky van de Ven, Isak sufrió una fractura de pierna. El sueco llevaba espinilleras pequeñas, pero no “minúsculas”. En ese escenario, sería difícil afirmar que unas espinilleras más grandes hubieran disminuido la severidad de la lesión.

Además, se observa que, pese a la reducción de tamaño, las lesiones más comunes para dejar fuera a un futbolista suelen estar más relacionadas con desgarros musculares o con afectaciones de tobillo y rodilla, más que con fracturas por impacto directo.

De las espinilleras grandes del pasado a los diseños “ultraligeros” actuales

El tamaño de las espinilleras también refleja la evolución del fútbol y del equipamiento. En los primeros 2000, modelos grandes y con refuerzos marcaban tendencia. La Umbro Armadillo, fabricada durante esa época, era una protección plástica amplia con elementos para el tobillo y fue usada por jugadores como Michael Owen y Alan Shearer. En Brasil, Ronaldo portó el modelo Nike T90, igualmente más voluminoso y robusto que lo que se busca hoy.

Con el paso del tiempo, los jugadores más jóvenes han preferido diseños pequeños y livianos. Incluso aparecieron marcas que impulsan una opción aún más minimalista. Dos hermanos desarrollaron su propuesta de Joga shinpads: Ethan Chislett, mediocampista de Kaizer Chiefs, y Zack, que juega en Palm City (UAE). Su idea se basa en una protección diminuta, mucho más ligera y blanda que las tradicionales. Se destaca que el modelo Joga Shinpad Sleeve, utilizado por João Pedro del Chelsea, consiste en una almohadilla suave del tamaño de un iPhone dentro de una manga de tela para cubrir la zona.

En el caso de Grealish, se mencionan las Breathe pads, con medidas de 6 cm x 10 cm (2 pulgadas x 4 pulgadas).

La comodidad como argumento central

Zack explicó que la motivación inicial surgió al notar cómo las espinilleras se iban haciendo cada vez más pequeñas y que no existía una alternativa comercial clara para comprarlas. También defendió un motivo práctico: durante la semana se entrena sin espinilleras y, al llegar el sábado con un protector grande (incluso con refuerzos de tobillo), “no se siente natural”.

Según su visión, muchos futbolistas jóvenes, especialmente los más ofensivos, no quieren sentirse “restringidos” al entrar al campo. Y añadió una lectura del juego: los tackles ya no llegan con la misma agresividad, por lo que usar espinilleras grandes sería como volver a calzar botas pesadas y antiguas de cuero.

¿Qué puede cambiar ahora? El Mundial como posible nuevo punto de tensión

La lesión de Holtby ha sido impactante por su gravedad y, sobre todo, por lo inusual del desenlace para una espinilla que, en apariencia, estaba “cubierta” con una protección moderna pero muy reducida. Aun así, el debate continuará mientras muchos prioricen velocidad, movilidad y estética por encima de un refuerzo mayor.

En el horizonte aparece el Mundial de este verano como escenario clave. Si una figura de alto perfil se lesiona por usar espinilleras diminutas y queda fuera de la competencia, el debate podría escalar y abrir la puerta a pautas más estrictas sobre qué se permite y qué no. Por ahora, la tendencia parece consolidarse: el fútbol, al menos en la práctica de muchos jugadores, sigue inclinándose hacia una mayor sensación de libertad, aun cuando eso implique asumir riesgos en la protección de una zona tan sensible como la espinilla.

Tomás Aguirre

Experto en casinos online con años de experiencia analizando plataformas de juego en Argentina. Especializado en bonos, métodos de pago y reseñas detalladas de los mejores operadores del mercado.