Del milagro en Premier a la humillación: Leicester cae y desata abucheos

Leicester City celebraba el décimo aniversario de uno de los mayores milagros de la Premier League, pero el contexto fue totalmente opuesto: abucheos desde la grada, cánticos contra la directiva y un estadio que acabó coreando “sácanos de aquí” justo después de confirmar el descenso. La noche, en el King Power Stadium, dejó una imagen contundente de frustración: el equipo cayó a la League One tras empatar 2-2 con Hull City, y el club vivió un momento amargo que borra por completo cualquier tipo de celebración.

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Han pasado casi diez años desde que el Leicester de Claudio Ranieri conquistara la Premier League como un auténtico outsider (5.000 a 1). Aquella campaña quedó grabada en la memoria del fútbol por lo improbable de su desenlace. Sin embargo, este desenlace no tuvo nada de épica: no hubo la música ni el romanticismo de otros tiempos, solo resentimiento, enfado y el peso del presente.

El partido contra Hull City terminó con incertidumbre y, a la vez, con la sentencia: el 2-2 selló el descenso del equipo a la League One. En el tramo final, los aficionados no dejaron de mostrar su ira contra la estructura del club, mientras el propietario Aiyawatt Srivaddhanaprabha reaccionaba visiblemente con gestos que contrastaron con el clamor de su propia afición.

Gary Rowett: “El descenso se decide durante una temporada”

Tras el resultado, el entrenador Gary Rowett, quien tomó el mando en febrero sustituyendo al interino Andy King después de la salida de Marti Cifuentes un mes antes, explicó el problema de fondo. Para Rowett, la caída no fue consecuencia de unos pocos partidos, sino de un proceso acumulado durante toda la campaña.

“La visión más grande es que no te relegan por tres o cuatro juegos, te relegan por una temporada. Tenemos que aprender. Creo que el club debe asumir que esta es la parte horrible del viaje de un club de fútbol”, señaló el técnico. También recordó el punto de inflexión que significó el título: fue una cumbre extraordinaria para la afición y para todos los que forman parte del Leicester, pero ahora toca reconstruir y, sobre todo, corregir.

Matt Piper: el descenso es “el peor momento” en la historia del club

La lectura desde la narración del partido fue igual de dura. Matt Piper, exjugador y comentarista, calificó el descenso como “el peor” instante de la historia del Leicester. Su argumento se centró en la idea de que el equipo ha carecido de liderazgo real en un momento crítico.

“Leicester está en League One sin un liderazgo real, y eso me preocupa. Cuando no hay liderazgo, todo se hunde. Es un momento desesperadamente bajo para el club; probablemente el peor de su historia. La gente no sabe qué hacer”, dijo.

Una humillación histórica: Leicester se suma a la lista de descensos consecutivos

Leicester comparte con Swindon Town, Southampton, Sunderland y Luton Town una distinción especialmente amarga: haber sufrido descensos consecutivos desde la Premier League hasta la League One. Solo Blackburn Rovers, campeón en 1995 y relegado a League One en 2017, conoce la dimensión de la vergüenza que afronta ahora el club de las “estrellas” de hace una década.

El calendario de la próxima temporada ya adelanta un cambio drástico de tono: además de dos partidos de liga ante Bromley (equipo que compite en el quinto nivel, el National League, cuando Leicester ganó la Premier League en 2016), el Leicester tendrá derbis regionales menos glamorosos contra Mansfield Town y Burton Albion. La realidad es otra: misma camiseta, pero un fútbol distinto.

El “modelo” que funcionó… hasta que dejó de hacerlo

El Leicester campeón de 2016 no se construyó con un cheque en blanco. Su fórmula fue apostar por fichajes de bajo coste que pudieran crecer en el sistema. N’Golo Kanté llegó por 5,6 millones de libras; Jamie Vardy por 1 millón; Riyad Mahrez por 400.000 libras. Con Ranieri, esos nombres se convirtieron en leyendas y sostuvieron el asombroso camino al título.

Cuando Kanté y Mahrez fueron traspasados a Chelsea y Manchester City, respectivamente, el club ingresó en conjunto 90 millones de libras por esas ventas. Ese dinero reforzó la idea de un proyecto sólido y eficiente, que incluso despertó envidia en rivales de todo tipo.

Entre el golpe emocional y las grietas: muerte de Vichai, pandemia y pérdidas

Incluso después de la muerte del propietario Vichai Srivaddhanaprabha en un accidente de helicóptero en octubre de 2018, el Leicester mantuvo cierta capacidad de reacción: bajo Brendan Rodgers consiguió dos quintos puestos y, en 2021, ganó la FA Cup con el exentrenador de Liverpool.

Pero con el avance de la pandemia en 2020, comenzaron a verse fisuras. La situación afectó a King Power, compañía tailandesa de duty free, que vio sus ingresos desplomarse por el cierre del turismo global. Con menos respaldo económico y ambición, llegaron errores en la planificación deportiva y crecieron las pérdidas tanto dentro como fuera del césped. El resultado final fue el descenso de la Premier League en 2023.

Regreso inmediato… pero sanción financiera por incumplimientos acumulados

En abril de 2023, Rodgers fue despedido y el banquillo pasó por distintos entrenadores: seis en total, hasta que Enzo Maresca, uno de ellos, consiguió devolver al Leicester a la máxima categoría en su única temporada al mando, logrando el retorno desde el Championship.

Sin embargo, el problema ya no era solo deportivo. Entre 2022 y 2024, el club acumuló pérdidas por 201 millones de libras, lo que llevó a que se infringieran normas financieras de la Premier League. La parte más dura llegó con la intervención de la EFL: esta campaña, el organismo tomó el caso después del descenso en 2025 y, en febrero, impuso una deducción de seis puntos por esa transgresión.

¿Los seis puntos explican todo? Rowett y el contexto apuntan a algo más

De cara al partido del martes contra Hull, el Leicester llegaba con ocho puntos de desventaja respecto a la zona de salvación. La deducción de seis unidades fue un golpe relevante, pero no parece ser el único motivo del desenlace: en 2026, el Leicester solo ganó dos partidos y perdió diez de sus 19 encuentros de liga. Es decir, el castigo contable se sumó a un rendimiento que no alcanzó para sostenerse.

La tensión con la grada: protestas y choques directos con jugadores

En las últimas semanas, los aficionados han colocado el foco en los jugadores, aunque el conflicto nace desde antes. Un sector mantiene una campaña prolongada contra la propiedad y contra Jon Rudkin, principal responsable de fútbol del club. El enfado se trasladó al césped y se volvió personal.

Tras perder ante Portsmouth el sábado, la grada coreó “no están capacitados para vestir la camiseta” mientras los futbolistas del Leicester aplaudían con gesto apocado al final del encuentro. Además, Harry Winks, fichaje de 10 millones de libras procedente de Tottenham en 2023, apareció en imágenes con una confrontación airada con aficionados al subir al autobús del equipo fuera del estadio.

Winks, que fue suplente ante Hull, recibió abucheos cada vez que calentaba en la banda. Y cuando reemplazó a Jordan James al minuto 61, la reacción se repitió, con cánticos adicionales y de tono más hostil. Solo dos minutos después llegó el gol de Oli McBurnie para Hull y el 2-2: una circunstancia que, con el ambiente que se vivió, dejó a Winks en el centro de un momento cargado de mala suerte y presión.

El 2-2 llegó tarde: el Leicester pelea, pero no alcanza

El Leicester mostró un tramo final con intención y reacción, pero fue insuficiente. El empate 2-2 con Hull City confirmó el descenso cuando todavía quedaban dos jornadas por disputarse. Para una institución acostumbrada a soñar en grande, el golpe es doble: no solo se cae de categoría, también se corta un ciclo de reconstrucción que parecía posible.

Los héroes del título siguen presentes… pero el presente pesa más

Las imágenes de Vardy, Mahrez, Kanté y Kasper Schmeichel siguen ocupando espacios en el estadio, como un recordatorio constante de un verano breve pero glorioso. No obstante, hoy esas leyendas funcionan más como consuelo que como guía.

El propietario Srivaddhanaprabha eliminó 124 millones de libras de deuda del club a comienzos de este año y prometió volver a levantar al equipo. Aun así, la batalla más difícil no parece ser económica: es recuperar la confianza de una afición que se quedó protestando fuera del estadio tras el partido.

Los mensajes fueron claros: “Queremos nuestro club de vuelta”, “es un desperdicio de dinero” y “King Power, sal de nuestro club”. Hace diez años la grada cantaba “somos los campeones”. Esta vez, la canción no vuelve: al menos no por ahora.

Tomás Aguirre

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