Tras la salida de Neymar en 2017 hacia el Paris Saint-Germain, el entorno del Barcelona entró en una de sus etapas más tensas. En una entrevista en la que repasó aquel periodo convulso, Josep Maria Bartomeu explicó cómo en el Camp Nou se encendieron las alarmas por la posibilidad de que un “golpe” financiero buscara llevarse a Lionel Messi fuera de España. La cifra que se manejó —400 millones de euros— no solo era astronómica: era, además, el monto exacto que figuraba como cláusula de salida del astro argentino.
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Según el relato de Bartomeu, las primeras señales aparecieron poco después de que Neymar dejara el club. En esas semanas comenzaron a circular rumores de que algún equipo estaría preparando una operación de 400 millones de euros (equivalentes a 346 millones de libras esterlinas y cerca de 470 millones de dólares) para fichar a Messi, aprovechando que esa cantidad correspondía a su cláusula de rescisión.
Para dimensionar el impacto, el dirigente recordó que esa cifra habría estado cerca de duplicar el récord de gasto de la época: los 222 millones de euros (192 millones de libras; 261 millones de dólares) que el Barcelona había pagado por Neymar. En otras palabras, el salto económico propuesto era tan grande que podía alterar por completo el mapa del fútbol europeo.
La pista de Manchester City y la negativa de Bartomeu
En el debate público, el nombre de Manchester City apareció con fuerza, en parte por la presencia de Pep Guardiola, figura clave en la relación con el estilo y el mercado futbolístico. Sin embargo, Bartomeu evitó dejar la puerta abierta a esa interpretación y sostuvo que, en ese caso concreto, el responsable no era el club inglés.
Además, el ex presidente añadió un elemento que alimentó la intriga: la operación no dependería de un patrocinio o un desembolso “tradicional”, sino de recursos vinculados a estructuras de tipo estatal. Ese matiz, más allá del club implicado, reforzó la idea de que el poder de fuego económico era extraordinario.
Dinero ya en marcha: transferencias en Europa
Bartomeu subrayó que el riesgo no era una simple especulación. En su versión, los fondos ya se estaban moviendo: “El dinero de un país árabe se transfirió a cuentas en Europa”. Con esa frase dejó claro que, según el relato, la operación no era un rumor sin sustento, sino un proceso con logística financiera.
Cuando se le pidió más precisión sobre el origen, el ex dirigente optó por no aportar detalles: “No importa ahora… era información antigua, de hace años. Hay muy pocos clubes en Inglaterra, o clubes propiedad de estados, que puedan permitirse cantidades así”. El mensaje fue contundente: el Barcelona no solo temía una oferta, sino que sabía que existía capacidad real para ejecutar la compra.
¿Quién podía pagar 400 millones?
Con el nombre del club nunca revelado, el escenario quedó abierto a varias posibilidades. El propio Bartomeu remarcó que no era “la mitad azul de Manchester” la que encabezaba el intento en ese momento. En consecuencia, el foco se desplazó hacia otros equipos con músculo financiero como Chelsea o PSG, e incluso hacia la hipótesis de que el comprador fuera un club del propio Medio Oriente.
En cualquier caso, la clave era la voluntad de pagar una cifra que, en términos deportivos y de mercado, se consideraba casi inalcanzable. El ex presidente lo resumió así: “Había un equipo dispuesto a pagar 400 millones”. Y, aunque pidió no señalar nombres, dejó claro que la presión fue real y que el club catalán tuvo que reaccionar con urgencia.
La respuesta del Barcelona: subir la cláusula
El temor a perder a Messi —ocho veces ganador del Balón de Oro— obligó al Barcelona a actuar de inmediato. Bartomeu explicó que el club tuvo que reestructurar el acuerdo con el jugador para blindar su continuidad en Cataluña a corto y mediano plazo.
El movimiento central fue modificar la cláusula de rescisión. Según su explicación, el Barcelona se reunió con Lionel Messi y con su padre para negociar el cambio: “Lo que hicimos fue hablar con Lionel Messi y con su padre y discutir el tema: teníamos que aumentar la cláusula. En ese momento era 400, y la subimos a 700, que es una cifra muy alta. Si aumentas la cláusula de rescisión, también tienes que aumentar el salario del jugador y la compensación”.
Un efecto inmediato… y una presión financiera posterior
Al elevar la cláusula de 400 a 700 millones de euros, el Barça consiguió que la operación se volviera mucho más complicada para cualquier pretendiente: ya no bastaba con juntar el dinero “en la teoría”, sino que había que asumir un coste todavía mayor, además de ajustar el salario y las compensaciones del futbolista.
Bartomeu sostuvo que, con ese ajuste, la búsqueda por parte de un rival se frenó. Sin embargo, el incremento salarial y contractual también tuvo consecuencias económicas que, con el paso del tiempo, terminarían pesando en el club. El resultado fue que esa tensión financiera acabaría influyendo en el desenlace de la etapa de Messi en el Barcelona, marcada finalmente por su salida en 2021.
Contexto clave para entender la jugada
- Cláusula de rescisión: monto fijado en el contrato que permite al club interesado activar la salida si paga la cantidad estipulada.
- Riesgo de mercado: la salida de una estrella como Neymar había dejado al Barcelona expuesto a un posible efecto dominó.
- Blindaje con negociación: subir la cláusula no solo encarece el fichaje; también suele exigir compensaciones para el jugador.
En definitiva, el relato de Bartomeu dibuja una escena de máxima presión institucional: rumores que se convierten en números, dinero que se mueve antes incluso de cerrar el debate mediático y una reacción inmediata del Barcelona para impedir que el “plan” pasara de la posibilidad a la realidad. Todo ello, con Messi como núcleo de una decisión que cambió la dinámica financiera del club durante años.
