La ilusión del Arsenal por conquistar su primer título de la Premier League desde el famoso 2003-04 —cuando aquel equipo de “los invencibles” levantó la liga sin conocer la derrota— recibió este domingo un golpe duro: cayeron 2-1 ante el Manchester City. El resultado no solo mantiene viva la pelea por el campeonato, sino que además deja a los rivales a apenas tres puntos de distancia, aunque con un partido por jugar. En pocas palabras: el margen se redujo, y la presión vuelve a caer sobre los Gunners.
Tras el encuentro, Mikel Arteta aseguró que “todavía queda mucho por disputar”. Sin embargo, el propio contexto del campeonato obliga a mirar más allá del discurso: incluso ganando todos los partidos restantes, existe la posibilidad de que el Arsenal no alcance el objetivo. Y cuando un equipo se acostumbra a pelear por lo más alto, la diferencia entre “todavía se puede” y “ya no depende de uno” se vuelve cada vez más peligrosa.
En el entorno del club, la derrota alimenta el debate que ha acompañado a Arsenal durante temporadas recientes: el temor a que el equipo vuelva a “fallar en el momento clave”, esa etiqueta de “bottlers” que describe a los conjuntos que, en fases decisivas, dejan escapar puntos que parecían propios.
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El 2-1 frente al Manchester City fue determinante por dos motivos. Primero, porque recorta el margen del Arsenal en la tabla y estrecha la pelea directa. Segundo, porque el City, con el triunfo, toma una posición de privilegio en la gestión de la presión: al tener a los rivales cerca y con la posibilidad de administrar el calendario, el campeón en potencia se acerca a controlar el desenlace.
Además, aparece un elemento que siempre pesa en las discusiones futboleras de estas semanas: el análisis del VAR sobre una posible expulsión del jugador Gabriel por un supuesto cabezazo. En una liga donde cada punto puede ser decisivo, cualquier incidencia arbitral o revisión tecnológica se convierte en gasolina para el debate y en un factor emocional para el plantel.
Un patrón histórico: temporadas en las que Arsenal se dejó puntos en el tramo final
2002-03: ocho puntos de ventaja que se evaporaron
En el Arsenal de Arsène Wenger, la temporada 2002-03 arrancó con la credencial de campeón vigente, tras el doblete de 2001-02. El equipo parecía destinado a conservar la corona en Highbury, con una columna vertebral que luego sería central en el año del invicto: Thierry Henry, Dennis Bergkamp, Robert Pires y Ashley Cole.
Para marzo, el Arsenal llegó a sacar una distancia cercana a ocho puntos sobre el Manchester United de Sir Alex Ferguson, después de vencer 2-0 a Charlton. Pero nueve partidos después, el equipo tuvo que conformarse con el segundo lugar: terminó cinco puntos por detrás del United.
El detalle que marcó el quiebre fue la pérdida de puntos en marzo y abril ante Leeds, Aston Villa y Bolton. Curiosamente, esos rivales terminaron en posiciones de mitad baja: 15º, 16º y 17º respectivamente. Cuando el campeonato se decide, no suele castigar a los “grandes”, sino a los tropiezos inesperados.
2007-08: el desplome en la liga por el desgaste acumulado
En la temporada 2007-08, el Arsenal vivió un escenario similar, aunque con otro matiz: el desgaste por compromisos de copa y el peso de los calendarios. En febrero de 2008, con el Emirates Stadium ya asentándose como su nueva casa, el panorama era alentador.
El 11 de febrero, ante una multitud de más de 60.000 espectadores, el Arsenal venció 2-0 al Blackburn. Emmanuel Adebayor cerró el marcador en el tiempo de descuento, sumando además a una campaña que terminaría con 24 goles ligueros. Mientras tanto, United y Chelsea también pinchaban, dejando al Arsenal ocho puntos arriba.
Pero el golpe llegó cinco días después: en la FA Cup, el Manchester United de Wayne Rooney eliminó al Arsenal con un contundente 4-0 lejos del Emirates. Ya en la liga, el equipo solo ganó uno de los partidos restantes y acumuló derrotas 2-1 tanto en Old Trafford como en Stamford Bridge. A eso se sumó una racha de empates que frenó el impulso: Birmingham, Aston Villa, Wigan y Middlesbrough fueron los equipos que, con sus puntos, le quitaron aire al Arsenal. El final fue un tercer puesto, mientras Liverpool se enfrentaba al Arsenal tres veces en apenas seis días, incluyendo un 1-1 en liga el 5 de abril, justo entre los cruces de cuartos de final de Champions (donde Liverpool ganó 5-3 en el global).
2013-14: el sueño se empezó a resquebrajar después de Navidad
En 2013-14, la historia se repite en el “timing” del golpe. Entre el 22 de septiembre y el 7 de febrero, el Arsenal pasó poco tiempo fuera de la cima: llegó a ser segundo el 21 de diciembre, pero recuperó el liderato el Boxing Day. Parecía que la máquina estaba lista para otra pelea larga.
Sin embargo, el quiebre llegó con una lesión de Aaron Ramsey en Upton Park. En Anfield, a inicios de febrero, el Arsenal encajó cuatro goles en los primeros 19 minutos: Raheem Sterling añadió un quinto tras el descanso. Arteta, ya con 31 años, anotó el único gol de los Gunners como consuelo.
Luego llegó un mes difícil en el que el equipo no pudo sostener el nivel: una goleada 6-0 en Chelsea, con Mohamed Salah marcando, y apenas una victoria liguera en todo marzo. Además, Mesut Özil se perdió gran parte del mes tras sufrir una lesión en el muslo (contractura en el gemelo, por el tipo de lesión descrito) después de un partido ante Bayern Munich en los octavos de final de Champions.
El Arsenal terminó cuarto. No es que faltara carácter o “bottle” en el sentido clásico del término, pero sí hubo un desgaste que se convirtió en descomposición tras el Año Nuevo, marcando una temporada que había resistido más que otras antes de caer en el tramo decisivo.
2022-23: casi 250 días al frente… pero sin el mes final
En la era Mikel Arteta, 2022-23 se recuerda como una mezcla de dominio y frustración. El Arsenal se colocó primero a finales de agosto y, tras el parón por el Mundial, logró sostenerse con suficiente margen para sobrevivir a una racha sin victorias en febrero.
Marzo transcurrió sin grandes tropiezos: Bukayo Saka y Gabriel Martinelli ofrecieron un rendimiento destacado, mientras el equipo consolidaba su solidez defensiva. Pero abril trajo la primera señal de alarma, y luego llegó el desvío definitivo.
Tres empates consecutivos ante Liverpool, West Ham y, quizá el más doloroso, Southampton —que estaba en el último lugar— redujeron la ventaja. Después, el Arsenal visitó el Etihad: Kevin De Bruyne fue la figura y el City impuso un 4-1 que dejó a los Gunners a dos puntos, aunque con un partido pendiente.
Ese tramo coincidió con una racha del Manchester City: ganó 14 de 15 partidos ligueros. El Arsenal acabó cinco puntos por debajo del ritmo, aunque regresó a la Champions League por primera vez desde 2016.
El contexto reciente: 2023-24 y la “casi” que se vuelve costumbre
En 2023-24, Arsenal llegó con credenciales renovadas. Tras ser la sorpresa de la temporada anterior, se instaló como candidato desde el inicio gracias a movimientos de mercado: Declan Rice por un récord de 100 millones de libras, además de Kai Havertz (62 millones) y Jurriën Timber (38 millones).
Los números del equipo fueron contundentes: 89 puntos, con el menor número de goles encajados en la liga (29) y 91 anotados. Aun así, quedaron a dos puntos del Manchester City, lo que ilustra lo estrecha que puede ser una temporada cuando el nivel del campeón es altísimo.
Hubo un bache en Navidad: perdieron en casa ante West Ham y empataron fuera contra Fulham. Pero desde Año Nuevo mejoraron: del 1 de enero al final de la campaña, perdieron solo una vez en 17 jornadas. Esa racha incluyó un 0-0 en el Etihad el 31 de marzo, un resultado que además permitió que Liverpool pasara a liderar.
Sin embargo, el golpe final llegó el 14 de abril: 2-0 en casa ante el Aston Villa, equipo que marchaba cuarto. Leon Bailey y Ollie Watkins marcaron en los minutos finales, y el Arsenal quedó segundo. Después, aunque encadenaron siete partidos sin fallar, el City no cometió el error que necesitaban los Gunners: la caída del líder no llegó y el club tuvo que esperar.
¿Se repite la historia? Lo que el Arsenal necesita ahora
Con la derrota 2-1 ante el Manchester City, el Arsenal vuelve a colocarse en el centro de una narrativa conocida: cuando el equipo parece cerca del objetivo, un tropiezo en una jornada clave vuelve a encender la duda. Arteta puede insistir en que “todo está aún por jugar”, pero el calendario y el margen en la tabla hacen que cada partido adquiera un peso desproporcionado.
Además, el componente emocional —las acusaciones de “cuestionar el carácter” cuando llegan las grandes semanas— aumenta la exigencia interna. No hace falta que el Arsenal se rinda: lo que hace falta es que sus resultados no se vuelvan dependientes de otros, porque en la Premier League reciente, cuando el City aprieta, la competencia no siempre tiene margen.
La pregunta, a partir de ahora, es clara: ¿podrá el Arsenal convertir la presión en rendimiento y cortar el patrón de temporadas en las que el título se escapó en el tramo final? El domingo fue un aviso. El resto de la carrera dictará si fue solo una sacudida o el inicio de una nueva frustración.
