Oaktree toma el control de Inter: el gran cambio tras el adiós de Suning

El 22 de mayo de 2024, la propiedad de Internazionale Milano pasó a Oaktree Capital Management. Con ese movimiento, Inter se sumó a un guion que ya conocía su gran rival de la misma ciudad: A.C. Milan, que años antes había caído en manos del fondo Elliott. Pero la historia no se explica solo por resultados en el campo. Lo determinante estuvo en el tablero financiero: deudas que crecieron, balances que se erosionaron y, finalmente, el control del club en manos de un acreedor.

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El cambio de mando no llegó por una subasta ni por una “oferta de rescate” preparada para salvar al club. Tampoco hubo una conferencia para anunciar un plan alternativo. El mecanismo fue mucho más directo: un préstamo que venció y no pudo devolverse.

Suning, los propietarios chinos de Inter, habían adquirido el 68,55% de las acciones del club a Moratti y Tohir por 270 millones de euros en 2016. Tres años antes, Suning había tomado un préstamo de 275 millones de euros a Oaktree con un interés del 12%. Para 2024, la cantidad adeudada ya se había disparado hasta los 395 millones de euros. Cuando Suning no pudo pagar, se desencadenó el llamado “evento de crédito”, que acabó transfiriendo el control.

Oaktree toma el control: un fondo de crédito y un gigante europeo

Oaktree, un fondo estadounidense especializado en crédito, con más de 192.000 millones de dólares en activos bajo gestión en ese momento, pasó a controlar un activo futbolístico de primer nivel en Europa.

En concreto, heredó el 99,6% de las acciones de Inter. Además, adquirió el 31,0% que estaba en manos del inversor minoritario LionRock mediante una venta a través de un receptor.

El caso de Inter muestra con claridad cómo la financiación de deuda —si es constante pero no sostenible— termina convirtiendo el rendimiento deportivo en una variable secundaria frente a la lógica de los acreedores. Tanto la llegada de Oaktree a Inter como el movimiento previo de Elliott en A.C. Milan funcionan como un estudio de lo que puede ocurrir cuando el valor “distressed” (de activos en dificultad) se transforma en control corporativo.

El punto de partida: Inter ya venía debilitado antes de Suning

Cuando Suning compró la participación mayoritaria en junio de 2016 (68,6% por unos 270 millones de euros, lo que implicaba una valoración de capital cercana a 390 millones), el club ya atravesaba años de declive tanto financiero como deportivo.

Entre 1995 y 2013, Inter estuvo controlado por la familia Moratti. En esa etapa hubo financiación accionarial relevante, y el pico llegó con el histórico triplete de 2009/10 bajo José Mourinho. El problema fue el costo: las pérdidas operativas recurrentes se sostenían con capital familiar, es decir, sin una base que garantizara estabilidad a largo plazo.

Thohir reordenó, pero no cerró las brechas estructurales

Tras resultados decepcionantes en Liga y una presión económica creciente, Erick Thohir tomó el control en 2013, pagando aproximadamente 250 millones de euros por un 70% (valoración total cercana a 350 millones). En ese momento, Forbes situaba a Inter como el decimocuarto club de fútbol más valioso del mundo.

La llegada de Thohir fue recibida con esperanza por la afición, especialmente porque el ciclo Moratti empezaba a verse inviable tanto competitivamente como financieramente. Su etapa marcó el inicio de una transición: Inter pasó de ser una institución tradicional de gestión familiar a un negocio futbolístico con enfoque más comercial.

Se impulsaron reestructuraciones financieras, profesionalización de la gestión y expansión comercial internacional, sobre todo en mercados asiáticos. También se reportó que Thohir refinanció o reestructuró alrededor de 180 millones de euros de deuda del club. Aun así, los resultados deportivos siguieron siendo irregulares: Inter terminó 5º, 8º y 4º en sus tres temporadas, con Walter Mazzarri y luego Roberto Mancini al mando.

El “paréntesis” contable de 2014: una marca que se monetiza

Para sostener la competitividad con una estructura que no alcanzaba el nivel de los grandes, Inter recurrió a ingeniería financiera. En 2014 creó Inter Media & Communication, un vehículo de propósito especial (SPV) destinado a alojar derechos de medios, ingresos de patrocinio, archivo histórico y propiedad intelectual.

Posteriormente, la marca del club se transfirió al SPV por unos 139 millones de euros. Esa operación generó una ganancia contable extraordinaria que ayudó a transformar una pérdida operativa pesada en un beneficio estatutario aproximado de 33 millones.

El punto clave es que el SPV no solo fue una jugada aislada: después se convirtió en base colateral para el programa de bonos del club. En términos simples, se buscó monetizar ingresos futuros para resolver restricciones presentes. Esa lógica fue el prototipo que luego se ampliaría con emisiones posteriores.

Suning: éxito en el césped, pero un modelo que se volvió frágil

La estrategia de Suning fue clara desde el comienzo: devolver a Inter al protagonismo doméstico y europeo a través de una inversión agresiva en el plantel. El razonamiento encaja con la economía futbolística moderna: los clubes que más gastan suelen aumentar la probabilidad de ganar.

En el campo, el plan funcionó al principio. Antonio Conte llegó en 2019, terminó segundo en su primera temporada y condujo a Inter a su primer Scudetto desde la era Mourinho en 2020/21. El equipo campeón se armó con rapidez y con un gasto alto. Figuras como Romelu Lukaku, Achraf Hakimi, Christian Eriksen y Arturo Vidal simbolizaron un enfoque centrado en competitividad inmediata más que en consolidación financiera gradual.

La desalineación entre ingresos y costos se volvió el problema

Entre 2016 y 2021, los ingresos de Inter pasaron de alrededor de 241 millones de euros a 354 millones (un aumento cercano al 51%). Sin embargo, los salarios crecieron más del doble en términos relativos: de 124 millones a 262 millones (más del 110%).

El club terminó cargando con ratios de costos de plantilla que, en años reportados, superaron ampliamente el umbral de sostenibilidad recomendado por UEFA (70%). En porcentajes, el costo de plantilla sobre ingresos llegó a 91,4%, 103,9% y 95,4% entre 2020 y 2022.

En resumen: Inter parecía un club de nivel Champions con una masa salarial enorme conectada a una base de ingresos que no podía sostener ese ritmo de gasto de forma estructural.

Tres dinámicas que explican el desgaste: pandemia, patrocinio chino y dependencia de ventas

1) El golpe del COVID-19 aceleró la caída

La pandemia no creó el problema desde cero, pero lo amplificó. En las temporadas 2019/20 y 2020/21, Inter habría perdido cerca de 121 millones de euros de ingresos: alrededor de 83 millones por taquilla, 20 millones por actividades comerciales y 18 millones por derechos audiovisuales. Al cierre de 2020/21, las pérdidas acumuladas superaban los 450 millones, mientras la masa salarial consumía cerca de tres cuartas partes de los ingresos. El modelo dependía de clasificarse a Champions y de estadios llenos para estabilizarse, pero la realidad sanitaria no lo permitió.

2) Se desmoronó el ecosistema de patrocinio chino

En su pico (2018/19), Inter generaba cerca de 160 millones de euros en ingresos comerciales, con unos 97 millones vinculados a acuerdos comerciales chinos, muchos ligados directa o indirectamente a contrapartes relacionadas con Suning. Esa base, sin embargo, no resultó tan estable como parecía.

El descenso fue brusco: los ingresos comerciales bajaron de 160 millones en 2018/19 a unos 105 millones al año siguiente. Luego se movieron entre 95 y 120 millones durante las temporadas posteriores. Aunque hubo recuperación desde 2022/23, para 2023/24 seguía por debajo del máximo de 2018/19.

El fenómeno fue parte de una retirada más amplia del capital chino del fútbol. Tras años en los que ese dinero fluyó con fuerza hacia clubes europeos y hacia la Superliga China, el gobierno impulsó controles para frenar gasto especulativo en el exterior y reducir excesos relacionados con el fútbol. Se cerraba así una etapa en la que clubes chinos podían pagar salarios extraordinarios para atraer figuras como Oscar y Hulk.

Para Inter, ese cambio debilitó el ecosistema comercial construido alrededor del club. En 2022/23, además, el patrocinador de la camiseta DigitalBits (vinculado al universo cripto) no cumplió con el acuerdo de 85 millones de euros. Inter tuvo que activar un plan de reemplazo de emergencia con Paramount+ por aproximadamente 11 millones anuales. En ese mismo periodo, el club registró una pérdida contable de 61 millones por el deterioro de cuentas por cobrar ligadas a contratos de patrocinio chino.

3) Dependencia creciente de beneficios por ventas de jugadores

Con el tiempo, la rentabilidad durante el ciclo Suning se apoyó cada vez más en ganancias por traspasos, más que en una rentabilidad operativa recurrente.

Un ejemplo: en 2021/22, el resultado financiero incluyó unos 105 millones de euros por ganancias en ventas de jugadores para compensar una pérdida operativa de aproximadamente 202 millones. En esa misma ventana, Lukaku al Chelsea aportó cerca de 67 millones; Hakimi al PSG sumó 34 millones; y la venta de André Onana a Manchester United habría generado alrededor de 42 millones.

Lo importante es el patrón: pocos salidas de alto perfil concentraron la mayor parte de las ganancias por trading. No era un flujo repetible y estable, sino una sucesión de disposiciones puntuales para cubrir déficits operativos subyacentes.

La paradoja Suning: títulos y Champions, pero pérdidas acumuladas

La tesis de fondo de Suning era conocida en el fútbol: si el club mejoraba deportivamente, crecerían los ingresos, los patrocinios, el atractivo comercial y, con eso, la sostenibilidad financiera llegaría. El problema fue que la inflación de costos superó de manera constante el crecimiento real de la base de ingresos.

El resultado acumulado es contundente: durante los ocho años de Suning, de 2016 a 2024, Inter reunió aproximadamente 696 millones de euros en pérdidas antes de impuestos.

La pregunta clave: ¿cómo mantuvo Suning el control tanto tiempo?

A medida que Inter necesitaba sostener la operación, mantenerse competitivo y financiar al plantel, aumentó su dependencia de deuda y de financiación externa. La estructura se fue complejizando: deuda financiera bruta con bonos, préstamos de accionistas y facilidades bancarias, además de la deuda financiera neta.

En los primeros años de la década de 2020, Inter volvió a ser un club campeón. Sin embargo, debajo de los trofeos, la arquitectura financiera se volvió cada vez más dependiente de deuda, refinanciaciones y de ingresos futuros que todavía no terminaban de materializarse.

Entre 2016 y 2024 se ve con claridad una contradicción: Suning compró el 68,6% por unos 270 millones de euros (valoración de capital cercana a 390 millones). Ocho años después, al perder el control, ese mismo porcentaje había sido ajustado en los libros a solo 148 millones de euros, según lo reportado. El salto refleja cómo la inversión y el éxito deportivo no bastaron para corregir una estructura que se volvió cada vez más frágil.

El siguiente capítulo: la ingeniería financiera y los bonos titulizados

El interrogante final se vuelve inevitable: ¿cómo logró Suning sostener el control del club pese a las pérdidas crecientes y el aumento del apalancamiento? La respuesta se encuentra en la ingeniería financiera, especialmente en emisiones de bonos titulizados y en estructuras de financiación cada vez más sofisticadas, que serán el eje del siguiente análisis.

Tomás Aguirre

Experto en casinos online con años de experiencia analizando plataformas de juego en Argentina. Especializado en bonos, métodos de pago y reseñas detalladas de los mejores operadores del mercado.