La eliminatoria entre Bayern y PSG volvió a dejar una discusión arbitral en el centro de la escena, con decisiones sobre penales y acciones de mano que, para Thomas Tuchel? (no, aquí es Vincent Kompany), —Vincent Kompany, entrenador del Bayern— fueron determinantes en un partido que terminó con un empate agónico y que no alcanzó para remontar el 4-5 de la ida. Más allá del resultado, lo que quedó instalado fue el debate: si una jugada de balón al cuerpo y al brazo debía o no castigarse.
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En el partido de ida, poco antes del descanso, el lateral izquierdo del Bayern, Alphonso Davies, recibió el impacto del balón en el muslo. El esférico, tras rebotar, terminó alcanzándole el brazo, y el árbitro señaló penal. Ousmane Dembélé se encargó de ejecutarlo con precisión, llevando el marcador a un 3-2 que dejó la eliminatoria con tensión máxima y un margen mínimo para ambos equipos.
La segunda jugada polémica: PSG y el penal que no llegó
El miércoles, el árbitro portugués Joao Pinheiro tomó una decisión que enfrió a la delegación bávara: no concedió un penal en la primera parte cuando el mediocampista del PSG, Joao Neves, fue alcanzado por el balón tras un despeje de su compañero Vitinha. La trayectoria del impacto derivó en que el balón tocara el brazo extendido de Neves, una acción que suele revisarse con especial atención por el reglamento.
Desde la óptica del criterio arbitral aplicado en ese momento, el argumento fue claro: no se trataba de una acción que el cuerpo “derivara” hacia la mano, sino de un contacto directo con el brazo. En la evaluación posterior, se remarcó que, tanto si el balón viene de un jugador propio como si no, la intención no es lo único que importa, sino el recorrido del impacto y el lugar exacto donde se produce el contacto.
Vincent Kompany no se guardó su postura. Calificó la interpretación como un asunto poco lógico, insistiendo en que “las reglas son las reglas” y que no conceder esa pena en el contexto descrito fue una lástima. Además, subrayó que el árbitro en Múnich siguió la línea preferida por UEFA, lo que generó aún más contraste con la decisión en el Parque de los Príncipes.
El Bayern también evitó una segunda amarilla por mano
La polémica no quedó en una sola acción. Nuno Mendes, lateral izquierdo del PSG, también evitó una posible segunda tarjeta amarilla vinculada a una jugada de mano. Para Kompany, la suma de ambos episodios —el penal no señalado y la potencial sanción que tampoco prosperó— terminó siendo “crucial” para el desenlace del partido.
El partido de vuelta: presión constante y el empate tardío de Harry Kane
Tras caer 4-5 en la ida, el Bayern necesitaba velocidad y control para intentar dar vuelta la eliminatoria. Sin embargo, el guion se complicó: apenas tres minutos de la vuelta, el conjunto alemán ya iba por detrás. A partir de ahí, el equipo presionó con intensidad, buscando constantemente el área rival y atacando con insistencia.
Pese a ese empuje, el PSG logró resistir y estiró el partido hasta el tramo final sin conceder la clase de oportunidades que permiten remontar con holgura. El premio llegó en el último aliento: Harry Kane anotó el gol del empate en el minuto 94, un tanto tardío que evitó la eliminación directa, pero no alcanzó para remontar el marcador global.
En su lectura del encuentro, Kompany insistió en que la decisión arbitral tomada en París todavía “duele”, porque al final se definió una eliminatoria por la mínima diferencia: por un gol y por el penal señalado en la acción de Davies.
“No me quedo con la decepción”: el respaldo al PSG campeón de la eliminatoria
Consciente de que el debate no puede cambiar el resultado, el entrenador del Bayern aseguró que no piensa quedarse atrapado en la frustración: “Nos movemos hacia adelante”. Aun así, dedicó elogios al PSG por el rendimiento mostrado en Múnich.
Según Kompany, el campeón francés supo defender con disciplina alrededor de su área, especialmente cuando el Bayern intentaba generar centros y llegadas desde los costados. El PSG, destacó, se mostró muy sólido para cortar los cruces y, además, estuvo atento a los espacios que suelen aparecer “a la espalda” de la defensa cuando el rival acelera.
También valoró la actividad constante de los parisinos, que mantuvieron el ritmo y la presión incluso cuando el partido entró en su fase final. “Aunque entramos en situaciones peligrosas, ellos evitaron que llegaran esos disparos a portería”, explicó, señalando que esa fue una de las razones por las que el Bayern no terminó de completar la remontada y alcanzar la final.
La clave: resistencia del PSG y decisiones que marcaron el guion
En una eliminatoria donde el margen fue mínimo, el partido de vuelta dejó dos capas igual de importantes: por un lado, la capacidad táctica del PSG para negar ocasiones claras; por otro, el impacto emocional y deportivo de las decisiones sobre penales por contacto del balón con el brazo.
Con un empate en el minuto 94 y una presión sostenida durante casi todo el encuentro, el Bayern se quedó cerca. Pero el camino hacia la final se terminó rompiendo en los detalles: en el criterio aplicado en jugadas de mano y en la forma en que el PSG defendió para llegar con vida hasta el final.
