Nueva Zelanda cambió la historia y se ganó el regreso al Mundial con 48 equipos

Durante años, Nueva Zelanda fue uno de los equipos más castigados por el camino de clasificación al Mundial: ganaba en Oceanía, obtenía un repechaje… y se quedaba a las puertas una y otra vez. Pero el relato cambió. Con la ampliación del torneo a 48 selecciones, los All Whites sellaron su boleto al Mundial 2026 sin necesidad de jugar un playoff, y Darren Bazeley —pieza clave del proceso durante dos décadas— cree que esta cita puede marcar un antes y un después para el fútbol neozelandés.

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La historia reciente de Nueva Zelanda en la clasificación está llena de golpes difíciles de digerir. En 2013, el rival del repechaje fue México y la eliminación llegó de forma contundente con una derrota 5-1 en el Estadio Azteca, que apagó las opciones de inmediato.

En 2017, el duelo fue contra Perú: el cruce empezó con un empate sin goles en Wellington, pero terminó con una derrota 2-0 en Lima.

Y en 2022, el patrón se repitió con otra eliminación dolorosa: Costa Rica marcó apenas a los tres minutos y el partido se fue decantando sin que Nueva Zelanda pudiera reaccionar.

Ese ciclo explica por qué, incluso dominando su región, Nueva Zelanda rara vez lograba cruzar el último obstáculo hacia el Mundial. El proceso era duro, pero también construía una identidad: competir, estar cerca y, aun así, fallar en el momento decisivo.

Darren Bazeley: del banquillo como asistente al reto como entrenador

Pocas personas conocen esa frustración con tanta cercanía como Darren Bazeley. El técnico inglés ha vivido el camino neozelandés desde adentro: fue asistente en los partidos de Nueva Zelanda contra Perú y Costa Rica, aquellos que terminaron en la eliminación en busca de una plaza mundialista.

“Estuve involucrado como asistente en los partidos contra Perú y Costa Rica. Competimos, estuvimos cerca, pero no superamos la última barrera y nos quedamos fuera del Mundial”, recordó Bazeley.

Ahora, el escenario es distinto: ya no es asistente. En 2023 asumió el rol de entrenador principal de la selección absoluta, convirtiéndose en la figura encargada de devolver a Nueva Zelanda a la Copa del Mundo.

La clave: la expansión del Mundial a 48 equipos

El cambio llegó por una decisión de formato: con la ampliación del torneo a 48 selecciones, el campeón de Oceanía obtuvo el pase directo al Mundial 2026, evitando así el repechaje.

En ese contexto, Nueva Zelanda volvió a cumplir. En cinco partidos de clasificación, el equipo anotó 29 goles y recibió solo uno.

La confirmación se dio en marzo de 2025. En esa fecha, los All Whites marcaron tres goles en 19 minutos para derrotar a Nueva Caledonia y sellar su participación en el Mundial de Norteamérica.

“Nos tocó hacer el trabajo y lo hicimos cómodamente”

Bazeley valoró el nuevo escenario, pero insistió en que el acceso directo no elimina la exigencia. Según su lectura, la diferencia fue que pudieron concentrarse en su tarea regional y, después, medirse contra rivales fuertes durante las ventanas internacionales.

Además, defendió que más países compitan en el Mundial ayuda a expandir el fútbol globalmente, lo que a la larga beneficia al deporte en todo el mundo.

¿Un Mundial más grande? Bazeley no teme a los “descalabros”

Con la ampliación a 16 equipos adicionales surgieron dudas: ¿cómo competirán selecciones más pequeñas? ¿Se verán partidos desequilibrados?

Para Bazeley, esas preocupaciones no son determinantes. Su confianza se apoya en la forma de trabajar de Nueva Zelanda y en la capacidad del equipo para sostener su propuesta, especialmente cuando se combina cohesión con experiencia de proceso.

El técnico considera, además, que este Mundial puede convertirse en un punto de inflexión para un país que históricamente ha tenido oportunidades limitadas en el mapa futbolístico global.

Un proyecto de vida: de Northampton a consolidar el fútbol en Nueva Zelanda

La llegada de Bazeley a Nueva Zelanda no fue casual. En 2005 decidió dar el salto tras una carrera de 16 años en divisiones altas de Inglaterra. Con su esposa y sus dos hijas pequeñas (entonces de cinco y siete años), se mudó a Oceanía para un “último” desafío futbolístico.

En el relato del propio entrenador, aquel plan era por un tiempo corto… pero terminó extendiéndose durante décadas. Se enamoró del país, su familia se adaptó y él encontró la oportunidad de continuar su recorrido en el fútbol neozelandés hasta retirarse como jugador en 2008.

Desde entonces, su dedicación se volcó al desarrollo del deporte: durante 17 años se encargó de categorías formativas (U17, U20 y U23). También trabajó dos veces como asistente de la selección mayor y asumió el cargo de director técnico. Bajo su conducción, Nueva Zelanda participó en múltiples Mundiales juveniles y en Juegos Olímpicos.

El trabajo de volver al Mundial: 2005, 2010 y el recuerdo que duele

En 2023, el reto se transformó en objetivo principal: clasificar de nuevo a la selección absoluta. Bazeley entendía el peso de esa misión porque conoció de primera mano el dolor de los intentos anteriores.

Nueva Zelanda ha disputado el Mundial solo dos veces: una de ellas ocurrió en los últimos 44 años. La excursión de 2010 en Sudáfrica sigue siendo un momento icónico. Los All Whites quedaron eliminados en fase de grupos, pero con un dato que se repite en la memoria: fueron el único equipo que terminó el torneo invicto. Los empates ante Italia, Paraguay y Eslovaquia dejaron orgullo y, sobre todo, encendieron una chispa para las generaciones posteriores.

Bazeley explicó que ese instante funcionó como catalizador: “Los jugadores que hoy están con la selección recuerdan ese momento. El sorteo del Mundial con Italia fue el punto que los inspiró a ser mejores futbolistas”.

También recordó que, aunque Nueva Zelanda es famosa por el rugby —con los All Blacks como referencia mundial—, el fútbol crece cada año y se ha convertido en el deporte de mayor participación.

Una selección joven con cohesión: el factor que compensa la diferencia

Consciente de que no es un “gigante” del continente europeo, Bazeley no vende una fantasía. Nueva Zelanda es un país pequeño: apenas alrededor de cinco millones de habitantes y un número limitado de jugadores profesionales en el exterior. El propio entrenador estimó que pueden seguirse unos 60 futbolistas.

Entonces, ¿qué hace creer al técnico que el equipo puede competir con rivales del nivel de Bélgica, Egipto e Irán en el Mundial?

Su respuesta gira en torno a la familiaridad y la cohesión. Muchos jugadores crecieron juntos, jugaron fútbol de clubes y también en etapas escolares, además de coincidir en procesos Sub-17 y Sub-20. Esa continuidad se traduce en química dentro y fuera de la cancha.

Bazeley destacó que hay futbolistas con experiencia internacional de ciclos completos: quienes han disputado tres Mundiales juveniles, dos Juegos Olímpicos y suman entre 30 y 40 partidos internacionales. A su juicio, esa suma de juventud y recorrido conjunto crea un equipo preparado para sostenerse contra rivales más grandes.

Talento en distintas ligas: la apuesta es que la química gane

El plantel no tiene —por ahora— estrellas que jueguen en clubes del tamaño de Barcelona o Manchester United. Sin embargo, Bazeley remarca que sí hay jugadores compitiendo a niveles relativamente altos y que el “salto” no se mide solo por el nombre del campeonato.

Entre los ejemplos que mencionó aparecen Joe Bell (en Noruega), Callum McCowatt (en Dinamarca) y Eli Just (en Escocia, en el Motherwell). También citó presencia en el Championship.

El técnico anticipa que, cuando el rival observe estos nombres y vea que provienen de ligas inferiores, podría subestimarlos. Pero su argumento es que estos jugadores construyen carreras, se entrenan con exigencias reales y, al reunirse con el bagaje compartido, se convierten en un bloque más fuerte que la suma de individualidades.

Ritmo de preparación: amistosos exigentes y un cierre con gol de autoridad

En el último año, Nueva Zelanda no se guardó rivales. Desde inicios de septiembre, disputó partidos amistosos contra Australia, Polonia, Noruega, Colombia, Ecuador, Finlandia y Chile.

El equipo tuvo un comienzo duro: en los primeros ocho encuentros solo consiguió un empate ante Noruega, y perdió los demás. Sin embargo, en marzo dio un giro con un resultado contundente: goleó 4-1 a Chile en Auckland para cerrar la preparación con un impulso importante de cara al Mundial.

El amistoso ante Inglaterra: un duelo con carga emocional

Aún queda un partido de preparación. El 7 de junio, ocho días antes del debut de Nueva Zelanda en el Mundial contra Irán en el SoFi Stadium, los All Whites jugarán contra Inglaterra en Tampa.

Será un encuentro cargado de significado: la selección inglesa representa la tierra natal de Bazeley, mientras que Nueva Zelanda es su hogar futbolístico y personal. Aunque el técnico intenta no centrarse demasiado en lo simbólico, es inevitable que el choque tenga un componente emocional.

El objetivo real: transformar el futuro

Más que pensar en el partido previo o en el debut, Bazeley mira el panorama completo: qué puede lograr Nueva Zelanda en el Mundial tanto dentro del campo como fuera de él, y cuántas historias puede inspirar.

“No sé si se sentirá del todo hasta que probablemente subamos al avión y lleguemos al Mundial en sí”, comentó, reflejando la magnitud de lo que el equipo y él mismo han construido durante años.

Lo cierto es que Nueva Zelanda irá al Mundial, y Bazeley también. La travesía continúa, y con el recorrido que ya acumula el proyecto neozelandés, resulta difícil adivinar hasta dónde puede llegar en esta nueva etapa.

Tomás Aguirre

Experto en casinos online con años de experiencia analizando plataformas de juego en Argentina. Especializado en bonos, métodos de pago y reseñas detalladas de los mejores operadores del mercado.