En el verano de 2006, el Parque Olímpico de Múnich y el English Garden vibraban con la fiebre del Mundial. Entre familias, turistas y jóvenes que pateaban un balón gastado bajo un sol inclemente, nadie imaginaba que, en esa escena multicultural, estaba uno de los talentos más prometedores del fútbol alemán… y que años después viviría una caída tan abrupta como inesperada. Berkant Göktan, aquel delantero señalado como “futuro crack”, hoy está lejos de los grandes escenarios: a los 25, busca mantenerse en forma sin equipo y con el peso de una carrera marcada por promesas incumplidas.
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El origen de la historia de Göktan se remonta a Helios Múnich, un club modesto del este de Baviera, donde comenzó a destacar desde niño. Con apenas ocho años, una prueba le abrió la puerta de Bayern Múnich, que lo fichó tras impresionar durante una evaluación. En Säbener Straße, su progresión fue meteórica: se ganó el apodo de prodigio y el reconocimiento como una máquina goleadora.
Cuando recuerda sus años juveniles, Göktan habla en cifras que reflejan su desborde: en una temporada de “D-youth” llegó a disputar alrededor de 400 partidos y, en ocasiones, anotó entre 10 y 12 goles en un solo encuentro. Con ese rendimiento, Bayern no tardó en ponerle la alfombra roja: a los 13 firmó un precontrato. Sin embargo, esa misma confianza temprana se convertiría con el tiempo en un arma de doble filo.
Una personalidad que no encajó con la exigencia del alto nivel
Su talento técnico era evidente, pero no fue suficiente. Halil Altintop, que más tarde coincidió con él en Kaiserslautern cuando ya había pasado su mejor momento, lo describió con contundencia: “Lo que hacía con el balón era absolutamente de locos… no creo haber visto a un jugador con tanta habilidad técnica”. Aun así, la parte mental y la disciplina asociada a la élite no terminaron de madurar.
Herbert Harbich, durante años entrenador voluntario en las categorías juveniles de Bayern, recordó que incluso con 16 años Göktan protagonizaba excesos y se salía del guion. “Creía desde muy temprano que era una estrella. Eso no basta”, sentenció. En el fútbol profesional, el talento abre puertas, pero el carácter y la constancia sostienen carreras.
El golpe que lo persiguió: final juvenil de 1998
La presión de la juventud también le jugó en contra en la final alemana sub-19 de 1998. Bayern buscaba su primer título juvenil, pero se cruzó con Borussia Dortmund. Con figuras como Owen Hargreaves y Daniel Bierofka en el equipo muniqués, el partido parecía encaminarse: Dortmund caía 2-1 con unos 20 minutos por delante.
Sin embargo, llegó el episodio que la gente vinculó para siempre con su falta de cabeza: se señaló un penal. Göktan no era el ejecutor designado ni el jugador “principal” en ese momento, pero se apoderó del balón y lo mandó por encima del travesaño. Dortmund reaccionó, empató en el tiempo de descuento y el desenlace se decidió desde el punto penal. Harbich recordó que Göktan volvió a tomar responsabilidad… y volvió a fallar. Dortmund celebró el trofeo y el peso de la responsabilidad quedó pegado a Göktan.
El estreno en Champions y el momento que pudo cambiarlo todo
El salto al fútbol grande llegó rápido. A los 17 años y 9 meses, Göktan debutó en la Liga de Campeones con Bayern Múnich en un partido de fase de grupos contra Manchester United disputado en el Estadio Olímpico de Múnich. Entró sustituyendo a Hasan Salihamidzic con menos de media hora por jugar y se midió de inmediato con nombres de primer nivel como David Beckham y Paul Scholes.
Su recuerdo del debut es casi cinematográfico: “Estaba en trance”. Tuvo incluso una ocasión clarísima: un remate de zurda que se fue apenas desviado del poste derecho. Göktan sostiene que ese disparo pudo alterar el rumbo de su carrera. La idea de “qué habría pasado si…” aparece muchas veces en historias de promesas frustradas: a veces, el fútbol no falla por falta de talento, sino por falta de una guía que lo aterrice.
De la banca y los préstamos a una salida que parecía el renacer
Ese partido contra United quedó como el gran escenario de su etapa en Bayern. Tras el debut, su presencia competitiva fue mínima: apenas dos apariciones más. Ottmar Hitzfeld terminó dejando de contar con él y, en 1999, con apenas 18 años, fue cedido a Borussia Mönchengladbach. Seis meses después, pasó a Bielefeld, donde se reencontró con su exmentor Hermann Gerland.
El rendimiento, sin embargo, no despegó: en Gladbach disputó solo cinco partidos, y en Bielefeld jugó 16 encuentros con un único gol. Göktan se frustraba por querer demasiado pronto. En el verano de 2000 regresó a Bayern, pero casi siempre jugó con el filial en la Regionalliga. En declaraciones posteriores reconoció un bloqueo interno: entrenaba con la misma intensidad, pero no mejoraba. Con el tiempo perdió motivación y terminó priorizando el aspecto económico por encima del fútbol.
Galatasaray: luces de élite… y luego el apagón
En 2001, terminó su etapa en Bayern y sorprendentemente firmó por Galatasaray, un gigante de la Super Lig turca. El salto fue mediático: en la firma se reunieron unas 20 cámaras y gran cantidad de periodistas. En el campo, tras un periodo de adaptación de seis meses, pareció renacer. Con Galatasaray contribuyó con cinco goles en el camino hacia el título de liga turca y llegó a disputar Champions League ante Liverpool y Barcelona.
Pero la continuidad no llegó. En su segunda y tercera temporada apenas tuvo protagonismo y, tras su cambio a Beşiktaş en 2004, quedó prácticamente apartado. Su actitud relajada y el mal encaje con los cambios de entrenadores terminaron afectando. En su relato posterior, Göktan explicó el impacto mental: sentía que cada paso lo acercaba al fondo, como si el futuro fuera inevitablemente el de un suplente eterno.
Kaiserslautern y el regreso a Múnich
Un intento de reordenar la carrera llegó con Michael Henke, exasistente en Bayern que en algún momento lo había llegado a llamar “el talento del siglo”. Henke lo llevó de vuelta a Alemania con Kaiserslautern. Pero el plan se torció: Henke fue despedido pronto y, con Wolfgang Wolf como sucesor, Göktan siguió sin entrar en planes.
En abril de 2006, Göktan rescindió contrato con FCK y regresó a Múnich, a su hogar cerca del English Garden. Desde entonces, su prioridad es otra: mantenerse en forma. En entrevistas rememoró que, en sus primeros pasos, entrenaba incluso haciendo ejercicios “caseros” con su hermano bajo el arco cuando jugaban en un campo artificial: jugaba, pedaleaba, nadaba y corría.
1860 Múnich: su mejor versión en el campo
La oportunidad decisiva apareció cuando 1860 Múnich se enteró de que el ex “wonderkid” de su gran rival quería regresar. El club lo fichó inicialmente para el filial, pero rápido se ganó un lugar y, en muchos sentidos, esos fueron sus dos mejores años como profesional con “los Leones”.
Götkan se convirtió en el rostro del equipo y en su estrella. Reconoció que por fin encontró un entrenador en Múnich que confiaba en él, sabía cómo gestionarlo y podía hacerlo durante un periodo prolongado. Marco Kurz lo incorporó primero al equipo amateur, y cuando Kurz ascendió al primer equipo, Göktan despegó con el conjunto azul.
En su primera temporada para 1860, marcó 10 goles en 13 partidos de Segunda división. En la segunda, sumó otros 10, incluso tras una lesión que lo dejó fuera durante tres meses. En 2007, dejó claro que no había repetido los errores de antes: volvió a ser exitoso, pero esta vez mantuvo los pies en la tierra. Aun así, el peso de su historia anterior seguía ahí.
Consciente de lo que pasó en Bayern, Göktan admitió el problema de fondo: fue demasiado impaciente, demasiado impulsivo. El éxito se le subió a la cabeza.
La caída definitiva: prueba de cocaína y el final en el fútbol alemán
Tras sus buenos años en 1860, Göktan intentó volver a la Bundesliga. El objetivo se desvió por una serie de hechos que cambiaron su vida. En octubre de 2008, el club ordenó una prueba de cocaína al notar un comportamiento errático y recibir avisos desde la vida nocturna de Múnich. El resultado fue positivo.
Además, arrastraba una lesión en el pie que complicaba su rendimiento y, según se comentó en su entorno, también había tensiones familiares, especialmente con su padre Fahrettin. El club ofreció apoyo e incluso propuso suspender su contrato, pero Göktan rechazó esa ayuda, empacó y se marchó.
Con menos de 28 años, jugó su último partido en el fútbol profesional alemán.
Thailand, una nueva vida y un regreso breve que no cuajó
Años después, Göktan explicó la lógica que lo empujó a escapar de su situación: “Me alegra que todo saliera a la luz, porque así no tuve salida”. En el aeropuerto, aseguró que tenía dos opciones: México o Tailandia. Eligió Tailandia, dejó atrás el fútbol, se acercó a enseñanzas budistas y encontró el amor de su vida.
Un poco menos de 18 meses después de abandonar 1860, intentó un nuevo comienzo con Muangthong United, el gran club tailandés. Fue una etapa corta.
Para finales de 2012, con 31 años, anunció un regreso a Alemania. Sin embargo, las opciones eran limitadas: solo lo aceptó el SV Heimstetten, conjunto de Regionalliga Bayern. Aun así, su participación fue mínima: en octubre de 2013 apareció apenas seis minutos como suplente en la derrota 0-5 ante el segundo equipo del Bayern.
Desde entonces, no volvió a aparecer en reportes de partidos y su actividad en redes sociales también se redujo. Hasta 2021, solía compartir fotos mostrando una vida familiar, sonriendo junto a sus hijos.
El English Garden como epílogo: el balón vuelve, pero no la gloria
La imagen que queda es casi simbólica: se rumorea que a veces patearía un balón en el English Garden, donde algunos transeúntes lo miran con curiosidad, sin saber que observan a un talento de esos que aparecen “cada cierto siglo”. Después de unos minutos, la gente sigue su camino, como si el fútbol grande fuera solo un recuerdo lejano.
La historia de Berkant Göktan, en última instancia, es la de una promesa que tuvo todo para despegar —técnica, oportunidades, escenarios— y que, a falta de sostén mental y decisiones acertadas, se quedó a mitad de camino.
