España regresa con la ambición de recuperar el protagonismo que se le escapó desde aquel pico de 2010. Con el Mundial de 2026 a la vista —en Estados Unidos, México y Canadá— La Roja busca redimirse tras un tramo irregular y, sobre todo, con una nueva generación que pretende repetir, al menos en espíritu, la grandeza de la era dorada.
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Durante décadas, la selección española fue vista como un equipo con talento, pero al que le costaba dar el salto definitivo para convertirse en una potencia absoluta. En grandes torneos, La Roja solía despedirse con sensaciones agridulces y preguntas incómodas: ¿fallaba la mentalidad?, ¿le faltaba algo para rematar en los momentos decisivos?
A esa idea contribuyó también el peso de su propia historia. La camiseta española —con nombres grabados en letras doradas— la llevaron figuras como Alfredo Di Stefano, Paco Gento, Ricardo Zamora, Raúl González y Fernando Hierro, entre otros. Sin embargo, pese a la grandeza individual, el Mundial seguía resistiéndose.
Euro 2008: el inicio de una época irrepetible
El punto de inflexión llegó a comienzos del siglo XXI. En la Eurocopa 2008, España rompió una sequía de 44 años al conquistar el título continental por primera vez en ese periodo. La selección, liderada por Luis Aragonés, derrotó a Alemania en la final y encendió la chispa de una generación excepcional.
A partir de ahí, el camino se volvió cada vez más ambicioso: Iker Casillas, Carles Puyol, Sergio Ramos, Andrés Iniesta, Xavi Hernández, David Villa y Fernando Torres eran parte del núcleo que soñaba con el Mundial. Y ese sueño se materializó en 2010.
Sudáfrica 2010: el Mundial que cambió la historia
El trayecto hacia la gloria no fue lineal. España perdió en el debut ante Suiza, pero supo reaccionar. En cuartos de final remontó y avanzó en una batalla intensa; después, en semifinales, eliminó a Paraguay y, ya en la antesala, dejó en el camino a Alemania para llegar a la final contra los Países Bajos.
El 11 de julio de 2010, en Soccer City de Johannesburgo, se vivió una escena de alta tensión. Casillas certificó su lugar entre los grandes guardametas de la historia al detener una ocasión clave en uno contra uno ante Arjen Robben. Luego, en la prórroga, Iniesta marcó el gol que desató la euforia: España se proclamó campeona del mundo por primera vez.
2012 y el “final” inesperado de la era
España no se conformó con ganar una vez. En 2012 defendió su título europeo y lo hizo con autoridad. Sin embargo, el éxito en Polonia y Ucrania también fue, de algún modo, una señal de que la cima no duraría para siempre.
La lógica en el fútbol existe: lo que sube, termina por bajar. Y en el caso español, la caída llegó antes de lo que muchos esperaban.
Maracaná y el declive: del golpe al cuestionamiento
El punto de inflexión emocional se vivió en el Maracaná, uno de los estadios más legendarios del mundo. En la final de la Copa Confederaciones de 2013, Brasil —inspirado por Neymar— goleó a España y dejó a La Roja golpeada.
Y si el golpe dolió, lo que vino después fue más duro. En el Mundial siguiente, España fue eliminada en fase de grupos. Incluso antes de la última jornada, el destino estaba sellado: cayó con claridad ante los Países Bajos en el primer partido y fue superada por Chile en su segunda salida. El adiós prematuro fue un mazazo que obligó a despedir a varios referentes y a iniciar el relevo cargando con una expectativa enorme: la de igualar lo que hicieron los anteriores.
La transición: preguntas sobre portero, defensa y el “nuevo Iniesta”
Con la generación dorada disolviéndose, se abrieron debates inevitables. ¿Quién sería el sucesor real de Casillas? ¿Cómo cubrir el vacío defensivo que dejó Puyol? ¿Existía la posibilidad de encontrar a otro Iniesta o a otro Xavi?
Mientras la selección batallaba para recuperar la identidad, en el plano de clubes España siguió dominando en Europa: Barcelona y Real Madrid levantaron Champions League, y Sevilla se consolidó como un protagonista constante en la Europa League.
Brasil 2014 y los siguientes fracasos
El Mundial de 2014 dejó una especie de resaca futbolística. España no logró sacudirse del golpe y encadenó dos eliminaciones consecutivas en octavos de final: Rusia 2018 y Qatar 2022. Con esos resultados quedó claro que lo logrado en Sudáfrica 2010 no se repite por inercia.
Además, el desgaste coincidió con un cambio de época: el declive se relaciona con la salida de Pep Guardiola del Camp Nou al final de la temporada 2011-2012. No es un detalle menor, porque la base táctica de la era dorada estaba alimentada por aquel Barcelona espectacular y su estilo de tiki-taka.
La Masia vuelve a aparecer: el relevo con nombre propio
Para volver a la cima, España necesitaba algo especial. Y, de forma casi inevitable, ese “factor X” emergió desde La Masia, el lugar donde Iniesta, Xavi y Puyol se formaron y aprendieron a competir con identidad.
En ese contexto, Lamine Yamal se convirtió en el talento que marcó una nueva etapa. Incluso en el estándar más alto de la cantera del Barcelona, su irrupción se considera singular.
29 de abril de 2023: debut profesional de Yamal
El 29 de abril de 2023 quedará grabado en la memoria del futbol español. Ese día, Xavi —símbolo de la era dorada en su etapa como jugador y entrenador del Barcelona en ese momento— le entregó a Lamine Yamal su debut profesional.
Su forma de jugar recordó a la de Lionel Messi: encara sin temor, se planta frente a defensas como si el espacio siempre existiera y parece conducir con el balón “pegado” a su pie izquierdo. Una capacidad de ese nivel no es habitual, y tanto Barcelona como la selección española sintieron que, en tiempos oscuros, había llegado una luz.
Euro 2024: el salto a la gloria colectiva
Más de un año después del debut, Yamal fue pieza clave para que España recuperara parte de su antigua esencia competitiva en la Eurocopa 2024. En el torneo continental, La Roja derrotó a Inglaterra en la final.
El relevo generacional se apoya en un grupo ilusionante que incluye a Nico Williams, Unai Simón, Mikel Oyarzabal, Pedri, Gavi y Marc Cucurella, además de Yamal. El equipo luce como una mezcla de talento individual y un proyecto que busca consolidarse.
¿Puede Yamal cargar con el país? Sí, pero no solo con talento
Hay una pregunta que incomoda a cualquiera: ¿es justo poner la presión de todo un país en los pies de un jugador que aún no ha cumplido los 20? Probablemente no. Pero lo cierto es que Lamine Yamal ha demostrado que puede responder en el campo, y con creces.
Por dimensión mediática y exigencia, su rol recuerda a épocas raras: solo hay precedentes como el de un Pelé de 17 años ayudando a Brasil a ganar el Mundial de 1958. A partir de ahí, España observa con esperanza la posibilidad de que el futbol vuelva a tener a un protagonista joven capaz de definir partidos.
Eso sí: para ser campeón del mundo hace falta algo más que talento. También se necesitan liderazgos, estabilidad y una madurez colectiva que sostenga el rendimiento durante todo el torneo.
La gran duda es si Yamal tendrá —además de su impacto técnico— la capacidad de liderar en momentos decisivos. Y si no, ¿quién puede asumir ese papel dentro del plantel? Aunque esta nueva hornada es de las mejores del planeta, no se compara automáticamente con el nivel del equipo de 2010, que funcionó como una máquina táctica y mental.
España apunta a Norteamérica: el Mundial de 2026 como gran revancha
Con la mirada puesta en el Mundial de 2026, España afronta una misión clara: volver a ser protagonista y aspirar al título. El torneo se disputará en Estados Unidos, México y Canadá, y La Roja sabe que el camino no será sencillo.
Habrá rivales con argumentos sólidos. Argentina llega como campeona defensora con Lionel Messi. Portugal tendrá a Cristiano Ronaldo como referencia. Francia, con Kylian Mbappé, está capacitada para pelear por su tercer final consecutiva. Brasil también puede dar guerra con el talento que suele aparecer y el trabajo de Carlo Ancelotti. Inglaterra amenaza con romper su sequía si Thomas Tuchel consigue encaminar al equipo. Alemania, aunque no esté en su mejor momento, sigue siendo un rival peligroso.
Además, los “caballos oscuros” de los últimos torneos no pueden descartarse: Marruecos hizo historia en Qatar y buscará repetir en Norteamérica; Japón vuelve a ser un equipo a vigilar; y los anfitriones podrían dar sorpresas, especialmente Estados Unidos y México.
El peso de la historia y la esperanza del “segundo astro”
España también deberá lidiar con una carga distinta: la de ser favorita para muchos. Tras tres fracasos consecutivos en finales, el historial pesa. Y, aun así, la selección insiste en el objetivo.
Gran parte del plan pasa, inevitablemente, por ese pie izquierdo capaz de decidir. Yamal sueña con levantar el trofeo más prestigioso del fútbol con la misma ambición con la que otros brillaron antes: como Pelé y Mbappé en sus respectivos momentos.
El Mundial de 2026 podría ser su gran coronación: el instante en que España vuelva a sonreír como en 2010 y en que un joven talento termine de instalarse como uno de los mejores del planeta, cerrando una espera que parecía eterna.
