En la jornada final de la Serie A ocurrió lo impensable: el equipo del lago firmó una remontada histórica en la clasificación, adelantó a AC Milan hasta el cuarto puesto y aseguró su debut en la Liga de Campeones. La clave estuvo en una victoria contundente por 4-1 como visitante ante Cremonese, combinada con un tropiezo de los rossoneri en casa, donde cayeron frente a Cagliari. La afición desplazada y el cuerpo técnico estallaron de alegría al consumarse el objetivo.
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Este logro tiene un valor todavía mayor si se recuerda el punto de partida. No hace tanto, el club competía en Serie B. Sin embargo, la gestión de Fabregas cambió por completo la identidad del equipo: se impuso una idea ofensiva constante, y esa valentía se reflejó en los resultados. El conjunto terminó la liga como el segundo equipo más goleador, solo por detrás del campeón Inter.
La temporada dejó números que explican el impacto: 20 victorias y 65 goles en total. Un rendimiento que lo coloca como una fuerza real dentro del fútbol italiano, capaz de pelear sin complejos en la parte alta de la tabla.
Coppa Italia y credenciales ganadas a pulso
El sueño europeo no llegó aislado. Durante la campaña, el equipo también alcanzó las semifinales de la Coppa Italia, mostrando que no se trató de una racha puntual, sino de un crecimiento sostenido. En un fútbol donde la regularidad manda, la combinación entre ambición ofensiva y competitividad fuera de casa terminó pasando factura a rivales de peso.
La escena final en el Stadio Giovanni Zini
Tras la conclusión del campeonato, Fabregas siguió con su tradicional manera de cerrar los partidos: reunió al plantel en el campo del Stadio Giovanni Zini para una despedida emocional de la campaña. El técnico español se mostró visiblemente conmovido al dirigirse a un grupo que desafió expectativas y que, durante toda la temporada, compitió de tú a tú con los equipos más tradicionales del país.
El mensaje de Fabregas al vestuario
En su intervención, Fabregas dejó claro que la clasificación se había cocinado con trabajo, pero también con un instinto que él mismo sintió desde antes. Entre sus palabras, remarcó:
- Que ya se lo había adelantado al plantel “el día antes de Parma”, cuando aseguró que si ganaban esos dos partidos llegarían a la Liga de Campeones.
- Que esa confianza no la explicaba con argumentos técnicos, sino con una sensación personal, “como siempre”, según su propia lectura del momento.
- Que el mérito era colectivo: “todo depende de ustedes”, y que el cuerpo técnico solo buscó aportar soluciones dentro del juego.
- Que el grupo que tiene en frente es, probablemente, el mejor que dirigirá en su futuro.
Una despedida con mirada al Mundial y a la Champions
Además, el entrenador alentó a sus futbolistas a disfrutar el descanso y celebró el premio conseguido. También se refirió a quienes puedan acudir a la Copa del Mundo, deseándoles lo mejor, antes de lanzar el mensaje final sobre el objetivo inmediato:
¿Qué viene el próximo año? La respuesta fue contundente: “¡Liga de Campeones!”.
El cuarto puesto que abre una nueva historia
Para Como, el verano ya no será un simple periodo de preparación: será el preludio de su primera aventura europea en la historia. Llegar por delante de gigantes como Juventus y Milan no solo confirma que el club pertenece al “grupo grande”, sino que también marca un antes y un después en su narrativa deportiva.
Con Fabregas al mando, el equipo del lago demostró que puede competir con ambición, sostener su estilo y transformar una temporada soñada en un destino real. La Liga de Campeones ya tiene nombre y apellido: el de un club que, hasta hace poco, vivía en la sombra de la Serie B y ahora mira a Europa de frente.
