El título de la Premier League 2025-26 de Arsenal no llegó por casualidad ni por una racha pasajera. Detrás del éxito hay una decisión clara del club: sostener a Mikel Arteta cuando los resultados todavía no terminaban de cuajar en los momentos decisivos. Con el respaldo en fichajes y la paciencia depositada durante un proyecto que tardó más de lo previsto, los Gunners cerraron la larga espera de 22 años sin levantar el campeonato, confirmando que la apuesta por el “proceso” acabó dando frutos.
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Parte del mérito recae en la estructura directiva de Arsenal. En varias ocasiones, el equipo de Arteta pareció quedarse corto cuando la presión era máxima, y aun así la entidad mantuvo la confianza en su entrenador. Especialmente relevante fue el trabajo en el mercado de fichajes: el tiempo y el dinero invertidos en la construcción del plantel terminaron por traducirse en un título que, además, corta una sequía histórica.
Ese desenlace quedó reforzado por un hecho reciente en la jornada: la derrota de Manchester City en Bournemouth el martes, un resultado que terminó de consolidar el camino de los londinenses hacia el campeonato.
Arteta: de “necesito un poco de tiempo” a romper la sequía
Arteta había insistido en que eventualmente “lo iba a encajar” y que hacía falta “un poco de tiempo”. El problema para Arsenal fue que ese tiempo se estiró más de lo que el propio técnico español imaginaba en sus primeros compases. Sin embargo, con el paso de las temporadas, el equipo no solo mejoró en rendimiento: también demostró capacidad para sostenerse bajo tensión, algo clave en una liga tan exigente como la Premier League.
Así, el título no se entiende únicamente como una victoria de la paciencia del club, sino también como una validación del enfoque de Arteta: perseverancia, pragmatismo y una idea de juego que, con el tiempo, se volvió más funcional para ganar.
Un Arsenal herido antes de Arteta
Para entender el cambio, hay que mirar el punto de partida. Antes de que Arteta tomara el mando, Arsenal atravesaba un momento delicado. La frustración acumulada durante el segundo tramo del ciclo de Arsène Wenger, tras su etapa inicial exitosa, terminó dando paso a una sensación de apatía en el tramo final de Unai Emery.
La etapa de Emery, de desenlace complicado, dejó huella. El 29 de noviembre de 2019, cuando fue destituido, el clima ya era de pesimismo. Incluso la llegada como interino de Freddie Ljungberg, un exjugador muy querido por el entorno, no logró disipar el miedo a que el club no tuviera un plan claro.
La imagen que marcó a Arteta antes de fichar
Arteta recordó con claridad el ambiente que observó en su última visita al Emirates como entrenador de Manchester City, apenas cinco días antes de convertirse en el nuevo técnico permanente de Arsenal. Contó que vio un estadio con un 50% de localidades vacías y sintió que “no había proyecto” y que “esto no iba a funcionar”.
Luego llegó la pandemia: lo que antes era un 50% se convirtió en cero, y el trabajo se volvió aún más difícil por el impacto en la preparación y la dinámica del fútbol profesional. Aun así, el club tuvo que reconstruirlo todo y el técnico se mantuvo en la tarea.
La duda constante: ¿era el hombre correcto?
El trabajo de Arteta en la base del proyecto fue valorado, pero también existió una duda persistente: convertir a Arsenal en campeón no era solo cuestión de “poner orden”, sino de elegir el entrenador adecuado para cerrar partidos grandes.
Thierry Henry, leyenda del club e histórico referente de los “Invincibles”, reconoció que en algún momento cuestionó el discurso de “confía en el proceso”. Se preguntaba hacia dónde iba Arsenal y qué resultados reales estaban cerca de llegar.
Presión extra en el tramo final: el equipo dudó
Incluso en esta temporada, aparecieron temores de que Arsenal volviera a terminar segundo por cuarta campaña consecutiva. La preocupación se acentuó especialmente después de la derrota en casa ante Bournemouth el 11 de abril, cuando el equipo pareció afectado por la tensión de un estadio que, en esos momentos, no lograba transmitir el impulso habitual.
Pero el giro llegó justo cuando más hacía falta: Arsenal respondió con determinación y con un ambiente que reflejó una transformación del club.
El cambio de atmósfera: Fulham y el duelo ante Atlético Madrid
La grada del Emirates volvió a creer. En el partido de liga contra Fulham, el clima fue clave para sostener al equipo. Y el nivel de energía se elevó todavía más tras el siguiente gran desafío: la vuelta de semifinal de la Champions League contra Atlético Madrid.
Ese contraste fue todavía más evidente si se compara con otro momento: el 3-0 en casa ante Manchester City de diciembre de 2019, una fecha que quedaba lejos en sensaciones, pero no en aprendizaje. El club pasó del golpe al control del partido, de la inquietud a la convicción.
Un Arsenal que ganó “como fuera”: del ideal al resultado
En la previa del duelo ante Burnley del lunes, Arteta resumió el sentido del proceso: cuando el inicio es difícil, luego es más valioso ver la transformación y la alegría colectiva. Y, efectivamente, la grada terminó reflejando ese cambio.
Sin embargo, hay un debate futbolístico que creció con el paso de los meses: no todos disfrutan del estilo de Arsenal. Como discípulo de Pep Guardiola, se esperaba una forma de jugar más parecida a la del técnico catalán. Al inicio, Arsenal pareció “Manchester City en versión reducida”, sobre todo tras fichar a jugadores como Gabriel Jesus y Oleksandr Zinchenko en el verano de 2022.
El giro táctico: pragmatismo con acento en el control
Durante los últimos tres años, el enfoque se fue modificando de forma clara. Y desde el arranque de la campaña actual, el cambio se acentuó: Arsenal adoptó una mentalidad de “ganar a cualquier costo”, lo que provocó comparaciones más cercanas a José Mourinho que a Guardiola.
En lo práctico, el equipo se volvió extremadamente eficaz en tareas que antes generaban más controversia que elogios: administrar el tiempo, especialmente en acciones de balón parado; buscar ventajas con rutinas que no siempre son atractivas para el espectador; y sostener la tensión incluso cuando el partido exige paciencia.
Además, se hizo habitual ver a David Raya tendido al suelo con frecuencia durante el juego para permitir a Arteta dar indicaciones en la banda. También se mencionó que Arsenal explotó el protocolo relacionado con las conmociones en un partido ante Wolves en enero, donde se realizó una sustitución defensiva aprovechando el marco de la normativa.
Controversia con el “juego oscuro”
La efectividad defensiva y la capacidad de controlar ritmos no han caído bien en todos lados. El entrenador del Brighton, Fabian Hurzeler, criticó con dureza la táctica de Arteta tras el triunfo 1-0 de Arsenal en el Amex Stadium en marzo. Hurzeler dejó claro que no le gusta ese modo de buscar el resultado, aunque señaló que cada equipo puede gestionar el tiempo hasta cierto punto.
La crítica central fue que Arsenal, según su postura, habría traspasado límites y que el margen permitido debería quedar definido por la Premier League y los árbitros, no por decisiones que el rival percibe como “a conveniencia”. Incluso planteó una inquietud futura: si la diferencia de tiempo neto entre equipos se vuelve tan amplia, el valor del espectáculo se distorsiona para el público.
Henry también entiende el fondo: respetar lo que funciona
La postura de Henry añade un matiz interesante al debate. Por un lado, admitió que no le agrada el enfoque de Arteta desde la perspectiva del entrenador que valora el juego bonito. Pero, al mismo tiempo, dejó claro que, como hincha sufrido de Arsenal, le importa que el club gane.
Henry remarcó que el equipo había sido acusado durante años de no saber sostener ventajas y de ser “el equipo que se deja dominar”. La pregunta era si Arsenal podía ganar “feo”. Ahora, según su visión, el conjunto ha dominado precisamente ese recurso: ganar cuando el partido se complica.
Aunque Henry no tenga que “gustarle” el estilo, sí afirmó que lo respeta. Y, sobre todo, subrayó que después de 22 años, el objetivo es el trofeo, independientemente del camino.
¿Se traicionó el “Arsenal Way”? No necesariamente
Henry también señaló que hablar de “traicionar el Arsenal Way” pierde sentido si no existe una única identidad inmutable. El club ha tenido estilos distintos a lo largo de su historia: los equipos de Wenger, por ejemplo, no se parecen a los de George Graham, conocidos por sus victorias por 1-0. En ambos casos, los triunfos fueron celebrados por la afición, aunque llegaran con filosofías futbolísticas diferentes.
Del “Set Piece FC” al campeón que rompe la sequía
Muchos neutrales pueden recordar a Arsenal como “Set Piece FC” por el impacto de su trabajo en jugadas de estrategia. Pero esa etiqueta no debe tapar lo esencial: el equipo terminó con una de las sequías más famosas del fútbol inglés, y lo hizo con una idea de trabajo que combinó solidez defensiva, fortaleza física, capacidad para competir y una mentalidad de esfuerzo constante.
En ese sentido, Arsenal se consolidó como un campeón perfecto para la Premier League 2025-26: un reflejo de la naturaleza actual del torneo, donde el desgaste, el control y la eficacia en momentos puntuales pueden pesar tanto como el fútbol vistoso.
El proceso, admite el propio relato del club, no fue necesariamente “bonito”. Pero sí fue efectivo. Al final, la frase que resume la historia es la misma que Henry trasladó: Arsenal le pidió a Arteta que encontrara una forma, y la encontró. Por eso, más allá del debate estético, la decisión de sostener el proyecto y la respuesta del equipo terminó siendo motivo suficiente para merecer el respeto.
