Luiz Felipe Scolari, entrenador que dirigió a la selección de Portugal entre 2003 y 2008, abrió una reflexión profunda sobre dos de los futbolistas más determinantes de la era moderna: Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. Más allá de los títulos y los números, “Felipao” explicó que la clave de la grandeza de cada uno no sería la misma, y que esa diferencia de origen terminó marcando su manera de observarlos durante años.
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En una conversación recordada por Scolari, el propio Messi habría sido el que le mencionó una anécdota relacionada con el Balón de Oro. El técnico brasileño contó que, en un intercambio directo, Messi le dijo: “Jefe, nunca me votaste al Balón de Oro; siempre votaste por Cristiano”.
La respuesta de Scolari fue contundente y reveladora: “Tengo que votar por Cristiano; para mí es como un hijo”. A partir de ahí, el ex seleccionador fue explicando su visión: para él, Messi sería un genio “natural”. Según su relato, si Messi “cierra los ojos, sabe dónde está el balón”.
Con Ronaldo, en cambio, Scolari marcó un matiz importante: no lo consideraba “genio de nacimiento”, sino alguien que se transformó en genio a base de voluntad y dedicación. En ese enfoque se resume buena parte de su lectura sobre por qué ambos llegaron tan lejos, aunque por caminos diferentes.
La obsesión por el trabajo: el caso Ferguson y los entrenamientos
Scolari también dedicó un capítulo a la ética de trabajo de Cristiano Ronaldo, destacando que ya se veía desde sus primeros años en el Manchester United. En ese periodo, el entrenador señaló que recibía llamadas frecuentes de Sir Alex Ferguson, preocupado por el desgaste físico del joven delantero portugués.
El punto central era el exceso de entrenamiento individual después de los partidos oficiales. Scolari relató que Ferguson le llamaba para pedirle que le transmitiera una recomendación clara: “Dile que no ejecute tiros libres hoy, porque ya ha tirado 30 aquí”.
La escena se repetía al llegar a la concentración con la selección: Ronaldo quería seguir practicando. “Y luego llegaba con ganas de tirar otros 30”, explicó Scolari. La respuesta del entrenador solía ser la misma, con un tono de límite: “Por favor, ya lo hiciste”.
Pero para Scolari, ahí estaba la esencia: “Esa es su dedicación”. La disciplina, entendida como motor de mejora constante, sería la razón por la que Ronaldo no solo alcanzó la élite, sino que se mantuvo en ella con ambición permanente.
El objetivo de los 1.000 goles y la confianza de “Felipao”
Otro de los temas que Scolari puso sobre la mesa fue el récord histórico: los 1.000 goles. El técnico afirmó que cree que Ronaldo llegará al hito.
Para sostener su convicción, contó una conversación reciente: “Estaba con él hace un año y le pregunté si estaba trabajando hacia los 1.000 goles, si de verdad iba por eso”. La respuesta del portugués, según el relato, fue un “no, entrenador” que Scolari interpretó como una forma de evitar presión, o incluso como un modo de no revelar el plan. “No me estás engañando”, concluyó.
Un momento personal decisivo: la muerte de Dinis Aveiro
Entre los episodios más memorables de la trayectoria de Scolari aparece uno especialmente humano y ligado a la selección. El entrenador recordó que tuvo que comunicar a Cristiano Ronaldo la muerte de su padre, Dinis Aveiro, poco antes de un partido crucial en Moscú.
La reacción del futbolista, según describió “Felipao”, consolidó un respeto mutuo que no se quedó en lo deportivo. Scolari explicó que lo llamaron para informarle lo sucedido y que asumió que debía ser él quien le diera la noticia en primera persona. Lo llevó a su habitación, lo abrazó, lloró con él y le dejó claro que el camino estaba abierto para que se marchara.
La respuesta de Ronaldo fue inmediata y reveló su prioridad: “Primero la selección. Mi padre querría que jugara”. Y, en ese encuentro, el portugués terminó siendo el mejor jugador sobre el terreno de juego. Para Scolari, esa situación también fortaleció el vínculo con la familia del futbolista.
2026: la búsqueda final en el Mundial para Messi y Ronaldo
De cara a 2026, el Mundial en Norteamérica se perfila como un punto de cierre para una rivalidad que muchos consideran la más grande de la historia del fútbol. Ronaldo y Messi se preparan para disputar su sexto torneo mundial, un registro que solo refuerza la magnitud de su legado.
Para Cristiano Ronaldo, el Mundial de 2026 representa mucho más que un adiós: sería su última oportunidad para conquistar el único gran trofeo que todavía no figura en su vitrina. En el caso de Messi, su rol como pieza central del campeón vigente del mundo sigue siendo una referencia indiscutible, y la presencia de la “Albiceleste” como favorita para defender el título en suelo estadounidense ya se instala como expectativa real.
Así, con el trabajo obsesivo de Ronaldo, el talento “de instinto” que Scolari atribuye a Messi y una carga emocional que marcó a ambos más allá del césped, la temporada de 2026 llega con una promesa clara: un capítulo final que podría terminar de escribir el legado de dos eras.
