Mohamed Salah dejará Liverpool al final de esta temporada con el estatus de uno de los grandes de la historia del club, aunque para muchos el debate ya está servido: pudo haber alcanzado todavía más con la camiseta roja. Esta semana, precisamente en un partido que exigía grandes decisiones, el egipcio volvió a quedarse corto y Liverpool cayó con contundencia: perdió 4-0 ante Manchester City, su viejo rival, en un escenario donde los detalles definían el rumbo de la eliminatoria emocional del título.
El 4-0 y la sensación de otra oportunidad perdida
El golpe no se explica solo por el marcador. Más allá del penal fallado —atajado por James Trafford—, el partido se empezó a perder antes, cuando Liverpool todavía tenía opciones de competir. Esas ocasiones desperdiciadas, con el encuentro todavía abierto, terminaron pesando en el desarrollo: City encontró el ritmo, Liverpool se apagó y el partido acabó por romperse.
En el inicio de la jugada de peligro temprana, un remate fue bloqueado por Abdukodir Khusanov tras recibir Salah un balón en largo desde la banda izquierda enviado por Giorgi Mamardashvili. Más tarde, Salah dispuso de una oportunidad que, por cómo venía el partido, debía haber convertido o al menos haber generado una acción decisiva. Ese patrón —fallar cuando el partido pide efecto inmediato— es el que alimenta la crítica que rodea al delantero.
La grandeza de Salah: goles, consistencia… y el “pero” en los partidos que mandan
No hay duda de que Salah ha sido uno de los delanteros más consistentes del fútbol inglés. Su producción goleadora ha sido enorme, con calidad y regularidad a lo largo de sus años en Merseyside. Además, contra rivales grandes también ha respondido: acumula 16 goles frente a Manchester United, 14 ante Tottenham Hotspur y 10 contra Arsenal.
La discusión, sin embargo, se instala en otra parte. En el fútbol moderno, el legado suele construirse en partidos que no perdonan: finales, definiciones de campeonato, eliminatorias de alto voltaje y encuentros donde el peso de la camiseta se mide por influencia real. Y ahí, en el balance de Liverpool, aparece la duda sobre la frecuencia con la que Salah “se hace dueño” de las noches más decisivas.
Un dato que pesa: nueve finales con Liverpool y solo dos goles (ambos de penal)
El historial en finales de Salah con Liverpool no es, precisamente, el que esperarías de un jugador con su nivel sostenido. Desde su llegada a Anfield, el equipo disputó nueve finales en las que Salah fue protagonista ofensivo en el marcador únicamente en dos ocasiones:
- En la final de la UEFA Champions League de 2019 contra Tottenham Hotspur, marcó los dos tantos desde el punto penal.
- En el Charity Shield tres años después, anotó frente a Manchester City.
Más allá de esos goles, el egipcio no anotó en “otro y medio” finales de la Champions League, en las que Liverpool perdió contra Real. Tampoco apareció en los dos triunfos por penales ante Chelsea en 2022, ni en las dos victorias de 2019 en la UEFA Super Cup y en el FIFA Club World Cup. Y el recorrido reciente incluye además la derrota en la final de la EFL Cup del año pasado ante Newcastle United.
En 2019, cuando Liverpool llegó a esas finales, hubo quien tomó la responsabilidad en el momento clave. En el doble capítulo de 2022, el equipo ganó desde el manchón de los once metros frente a Chelsea, pero Salah no marcó una sola vez desde el juego abierto durante ese tramo de nueve finales disputadas por Liverpool.
La comparación que vuelve: 11 finales, dos penales y cero goles en juego abierto
La cifra resulta contundente: 11 finales, dos goles de penal y ninguna diana desde el juego abierto en los partidos definitivos con Liverpool. Y el patrón no se limita al club.
En su etapa con la selección de Egipto, Salah tampoco marcó en ninguna de las dos finales de la Africa Cup of Nations en las que llegó con su equipo: en 2017 y en 2021.
El “contraste” con otros grandes africanos: Drogba como ejemplo de impacto en los momentos máximos
Didier Drogba, también una referencia histórica del fútbol africano en la Premier League, no tuvo la misma constancia goleadora semanal de Salah. Sin embargo, en los partidos grandes mostró una capacidad distinta: cuando el escenario exigía lo máximo, él aparecía.
Drogba marcó en cuatro finales de FA Cup (récord), jugó tres finales de League Cup (récord) y fue decisivo en la final de la Champions League de 2012 con Chelsea, donde anotó el gol del empate tardío y luego ganó el duelo de penales.
La lectura que queda es clara: Salah ha sido una máquina de goles y un eje del ataque, pero en los choques donde el partido se decide en una acción “de campeón”, su huella estadística en finales pesa menos de lo que su reputación global sugiere.
Champions League: goles en eliminatorias… pero menos de lo esperado en el tramo final
Otro aspecto que alimenta el debate es el rendimiento de Salah en el final del camino europeo. En la temporada 2017-18 anotó cinco goles en las rondas eliminatorias. En los años posteriores, su cifra en esa fase no volvió a superar los tres tantos.
Desde la campaña 2020-21, suma cinco goles en eliminatorias de la UEFA Champions League en total, igualando lo que había hecho en su primera campaña en la máxima competición. La pregunta, entonces, se repite: ¿debería haber exigido Liverpool más del líder en esos momentos en los que la Champions castiga la mínima desconexión?
El duelo ante City: una rivalidad que define épocas
La rivalidad de Liverpool con Manchester City es, probablemente, uno de los grandes ejes de la era moderna de la Premier League. Con Jurgen Klopp y Pep Guardiola como entrenadores, cada enfrentamiento fue algo más que tres puntos: a menudo se trató de batallas por el control del campeonato o por el prestigio de llegar a lo más alto cuando la temporada aprieta.
En el balance general, Salah ha marcado 13 goles contra City a lo largo de los años. Aun así, esa cifra —aunque respetable— no siempre se tradujo en la sensación de dominio que su calidad debería garantizar en los partidos más determinantes frente a un rival que se volvió referencia de la élite.
Manchester City 4-0: Salah no apareció en el momento de liderazgo
Esta vez, lo que Liverpool necesitaba era dirección, temple y capacidad de romper el plan del rival. Salah, aun con su declive reciente, era una pieza llamada a sostener al equipo cuando el partido se volvía áspero. Sin embargo, se pareció demasiado al fantasma de otras noches: apareció poco, se movió entre líneas sin lograr imponer ritmo y no consiguió cambiar la trayectoria del encuentro cuando el guion se inclinaba hacia City.
El penal fallado fue el punto más visible del mal momento. Pero el problema de fondo estuvo antes: oportunidades que no terminaron en gol, un remate que no encontró portería y una desconexión que dejó a sus compañeros con la sensación de perseguir el partido en vez de construirlo.
Mientras Liverpool intentaba reaccionar, Erling Haaland marcó tres tantos y City terminó ganando 4-0. Además, el triunfo colocó a Manchester City en las semifinales de la FA Cup, elevando todavía más la presión sobre Arne Slot.
¿Existe un “Plan B” en los grandes partidos?
Hay una idea que atraviesa la comparación con otros ídolos del fútbol: los verdaderos cracks, además de su talento, suelen tener herramientas para alterar el partido cuando el rival aprieta. Algunos pueden leer mejor los tiempos, otros intensifican el juego o calman la carga para que el equipo encuentre su ritmo.
En la historia reciente se citan ejemplos como Lionel Messi, capaz de moverse hacia adentro para organizar; Zinedine Zidane, con esa capacidad de controlar la intensidad según lo que pedía el momento; o Cristiano Ronaldo, cuya sola presencia transformaba los encuentros por su oportunismo, su movimiento y el timing en las áreas. También se recuerda a figuras como Diego Maradona, Andrés Iniesta, Luka Modrić, Johan Cruyff o Franz Beckenbauer, que elevaban su nivel cuando el partido se alejaba del control del equipo.
Incluso jugadores como Paul Scholes, Francesco Totti, Dennis Bergkamp o Roberto Baggio supieron compensar con inteligencia y técnica cuando el cuerpo ya no respondía igual, manteniendo el peligro cuando más se necesitaba.
La crítica hacia Salah apunta a que, con el paso de los años, esa influencia “extra” en las noches decisivas aparece con menos frecuencia. Y esa ausencia, precisamente, es la que lo coloca un escalón por debajo de los considerados “GOAT” (los más grandes de la historia) cuando se mide por impacto en los momentos que definen legados.
El cierre de etapa y lo que aún puede cambiar
En aproximadamente dos meses, Liverpool despedirá a Salah rumbo a un nuevo capítulo. Aun así, le quedan todavía oportunidades reales de marcar diferencia en encuentros importantes: por un lado, los partidos domésticos clave para asegurar clasificación a la próxima edición de la UEFA Champions League; por otro, el regreso de una eliminatoria con peso simbólico y competitivo, el duelo de revancha ante PSG.
Con todo, el club y la afición recordarán lo ganado, los goles y las memorias. Pero, en privado, es probable que Salah haga un balance más íntimo: el de una trayectoria llena de aciertos, sí, pero con la sensación persistente de que en algunas noches enormes pudo haber dejado una huella todavía más determinante.
