Hervé Renard, seleccionador de Arabia Saudita, se ha convertido en el centro de atención del fútbol local en las últimas horas después de dos derrotas amistosas que han encendido la alarma de cara al Mundial 2026, que se disputará en Estados Unidos, Canadá y México. Los resultados abrieron paso a un clamor cada vez más fuerte por su salida y, en paralelo, ya se empieza a barajar quién podría ocupar su lugar.
Dos golpes en la gira previa al Mundial
La crisis deportiva se alimentó de los dos últimos partidos de preparación. Arabia Saudita cayó 4-0 ante Egipto el pasado viernes en el Estadio Al-Inmaa, en Yeda. Apenas unos días después, el martes, volvió a perder, esta vez 2-1, frente a Serbia en Belgrado.
En un contexto de planificación para una cita mundialista, estas goleadas y reveses no son solo números: impactan en la confianza del entorno y aumentan el nivel de exigencia sobre el entrenador, especialmente cuando el torneo todavía está relativamente cerca.
El pedido de destitución gana fuerza
Tras el cierre de esos dos encuentros, la presión contra Renard se transformó en el tema dominante dentro del debate del fútbol saudí. La exigencia de su cese no proviene de un solo sector: se escucha tanto entre aficionados como en ámbitos mediáticos y entre exfiguras del conjunto “Green”.
La intensidad creció todavía más después de que se difundiera la idea de que el entrenador francés estaría dispuesto a abandonar su cargo para dirigir a Ghana en el Mundial 2026. En ese escenario, la permanencia de Renard en el banquillo saudí fue interpretada por parte del público como una falta de respeto al proyecto deportivo y, sobre todo, como un riesgo para las opciones del equipo de avanzar más allá de la fase de grupos.
La búsqueda de sucesor ya tiene varios nombres
Con Renard en el centro del debate, comenzaron a circular listas de candidatos para liderar a Arabia Saudita en el Mundial. La conversación se divide principalmente en tres caminos: entrenador extranjero “desde fuera”, entrenador extranjero que ya trabaja en el país y, como alternativa final, apostar por un técnico nacional.
Opción 1: un técnico extranjero de fuera (Walid Regragui)
En una primera línea de conversación apareció la posibilidad de contratar a un entrenador foráneo que no estuviera ligado a la Roshen League. El nombre más destacado fue Walid Regragui, ex seleccionador de Marruecos.
El argumento principal a favor de Regragui es la experiencia en el Mundial. Con Marruecos llegó hasta las semifinales del Mundial 2022 en Qatar, convirtiéndose en el primer equipo árabe y africano en alcanzar esa instancia.
Sin embargo, el posible plan tiene un freno importante: la falta de familiaridad con los jugadores saudíes, su cultura futbolística y sus temperamentos. Ese desfase puede complicar la adaptación del técnico y limitar el impacto de sus ideas tácticas.
El problema se agrava por los tiempos. Un nuevo entrenador extranjero, en el mejor de los casos, no tendría contacto directo con la plantilla saudí hasta, como máximo, dos semanas antes del inicio del Mundial 2026, previsto para junio. En tan poco margen, el proceso de conocer al grupo y consolidar el plan táctico queda muy expuesto a fallar.
Este tipo de dificultad ya se vio antes en Arabia Saudita con el italiano Roberto Mancini: varios jugadores se quejaron del modo en que los trató, algo que se reflejó en los malos resultados de las “Halcones Verdes” durante su etapa.
Opción 2: un extranjero que ya dirige un club saudí (Jorge Jesus, Inzaghi, Jaissle y Brendan Rodgers)
Para evitar el choque cultural y el problema de adaptación, surgió una segunda alternativa: nombrar a un entrenador extranjero que ya esté a cargo de un club de la Saudi Pro League esta temporada.
En esa lista aparecen como principales candidatos el portugués Jorge Jesus (Al-Nassr), el italiano Simone Inzaghi (Al-Hilal), el alemán Matthias Jaissle (Al-Ahli) y el norirlandés Brendan Rodgers (Al-Qadsia).
La ventaja evidente es que estos técnicos ya conocen el perfil de los futbolistas saudíes y los han trabajado tanto en lo personal como en lo técnico, gracias a su experiencia en la liga local, ya sea en esta temporada o en anteriores.
Pero esa fortaleza tiene contrapesos. El mayor inconveniente es el calendario: estos entrenadores no podrían empezar a planificar la Copa del Mundo con Arabia Saudita hasta que termine la temporada de clubes, debido a la carga competitiva que mantienen con sus equipos.
Actualmente, cada uno de esos clubes afronta una recta final con ocho partidos restantes en la Saudi Pro League, además de compromisos continentales como la AFC Champions League y la AFC Cup. A eso se suma la Copa del Custodio de las Dos Mezquitas Sagradas, donde Al-Hilal disputa la final.
En cuanto a la carga de partidos, el escenario que se plantea es el siguiente: Inzaghi podría jugar hasta 13 partidos en dos meses con Al-Hilal hasta el final del curso; Jaissle tendría alrededor de 12 con Al-Ahli; Jesus, 11 con Al-Nassr. Rodgers, por su parte, no llegaría a más de ocho encuentros con Al-Qadsia, lo que, aun así, deja poco espacio para pensar en la selección.
Además, existe un riesgo adicional: cuando un entrenador viene de un club concreto, puede recibir acusaciones de favorecer a “sus” jugadores para la convocatoria final, en detrimento de otros futbolistas que se consideren más merecedores. Ese tipo de señalamientos puede profundizar divisiones en el entorno justo antes del Mundial.
Opción 3: un entrenador nacional (Saad Al-Shehri o Khalid Al-Atwi)
Para sortear los inconvenientes anteriores, la tercera vía aparece como la más sólida: designar a un técnico local para conducir a Arabia Saudita en el Mundial 2026.
Saad Al-Shehri, entrenador de Al-Ittifaq, figura como el principal nombre. También se menciona a Khalid Al-Atwi, quien ha dirigido el mismo club y, en los últimos años, ha trabajado además con varias selecciones nacionales en categorías de formación.
Por qué un técnico local puede encajar mejor
Un seleccionador nacional ofrece varias ventajas. La más importante es el conocimiento directo de la plantilla saudí: su personalidad, su forma de competir y la cultura futbolística del país. Esto reduce el tiempo necesario para construir confianza y cohesión antes del torneo, especialmente considerando que los márgenes de preparación suelen ser cortos.
En lo anímico, también puede ser más sencillo activar la motivación del equipo y elevar el estado de ánimo. Ese componente ayuda a compensar, al menos parcialmente, aspectos tácticos que quizá no se logren transmitir con toda la profundidad en un periodo breve.
Entre Al-Shehri y Al-Atwi, además, se valora que ninguno está ligado a los grandes clubes de la liga en el debate más inmediato, lo que disminuye el riesgo de acusaciones de favoritismo.
En lo técnico, ambos cuentan con carreras destacadas, especialmente por su trayectoria con las categorías juveniles de la selección saudí. Ese bagaje internacional dentro del mismo país suele ser clave para gestionar el proceso con futbolistas acostumbrados al entorno local y al estilo competitivo de Arabia Saudita.
El factor Al-Ittifaq: una decisión condicionada
Dentro de la comparación, Saad Al-Shehri parte con una ventaja: el cambio de rumbo que ha logrado con Al-Ittifaq desde que asumió el cargo a inicios de 2025, tras un periodo de caos y desorganización bajo el mando del inglés Steven Gerrard.
Sin embargo, si se busca que Al-Shehri continúe siendo opción real para la selección, se plantea que lo ideal sería que renuncie a entrenar a Al-Ittifaq el resto de la temporada para enfocarse en Arabia Saudita: asistir a partidos de distintas categorías y comenzar a diseñar el plan para el Mundial.
Si, en cambio, Al-Shehri decide mantener su puesto con Al-Ittifaq por lo que resta del campeonato, la alternativa más conveniente sería recurrir a Khalid Al-Atwi. La idea sería que pueda dedicarse por completo al combinado nacional cuanto antes, sin dividir esfuerzos entre el club y el proyecto mundialista.
Un banquillo en llamas y un Mundial que no espera
Con Arabia Saudita todavía en fase de preparación y con el Mundial 2026 acercándose, el debate sobre el futuro de Renard dejó de ser solo una crítica deportiva: pasó a ser una discusión estratégica sobre tiempos de adaptación, credibilidad del proyecto y capacidad para consolidar una idea de juego en un lapso limitado.
Mientras la presión crece, el fútbol saudí ya se prepara para tomar una decisión que, más allá del nombre, definirá el rumbo de un equipo que quiere llegar con solidez y evitar repetir el tipo de tropiezos que han encendido la alarma en la recta final hacia el torneo.
