Pulisic promete cambios y EE. UU. sufre ante Portugal en un amistoso clave

Christian Pulisic dejó una frase que suena a consigna: “Las cosas van a ser diferentes”. Y, tras la derrota 2-0 de la selección de Estados Unidos ante Portugal en Atlanta, este cambio de rumbo parece más que un deseo: es una necesidad. En el amistoso, el entrenador Mauricio Pochettino movió piezas con intención clara, pero una decisión, en particular, fue la que más llamó la atención.

Pochettino rotó el once… y probó a Pulisic como “9”

En el partido contra Portugal, Pochettino introdujo muchos cambios en comparación con otros compromisos. En general, esa rotación es habitual cuando un técnico busca ajustar dinámicas, probar alternativas y evaluar a futbolistas en distintos roles. Sin embargo, el foco principal estuvo en la colocación de Pulisic como delantero centro, ocupando el rol de “No. 9” (referido al atacante de área, el que suele pelear balones y finalizar jugadas).

La elección tuvo lógica táctica sobre el papel: Pochettino argumentó que colocarlo en el centro facilitaría que su figura llegara a zonas más peligrosas. Pero el desarrollo del encuentro dejó dudas. Durante 45 minutos, Pulisic completó apenas 12 pases, no generó ninguna ocasión clara y registró tres tiros: el más cercano salió a un metro de distancia de lo que habría sido el objetivo, tras disparar desde fuera del área.

El momento futbolístico de Pulisic: talento, pero sequía

La experimentación de Pochettino llega en un contexto que no es nuevo para el propio Pulisic. El extremo/mediapunta del Milan atraviesa una etapa complicada: no ha marcado en lo que va del año calendario en ninguna competencia y, además, no ha encontrado el arco con la selección de Estados Unidos desde 2024. Para un futbolista de su nivel, el dato no solo preocupa por el presente, sino también por lo que representa un año de Mundial: la ventana de preparación es corta y cada partido se vuelve una prueba.

Ahora bien, el problema no es que Pulisic “haya perdido” su calidad. Su dilema es más fino: puede influir en los partidos de múltiples maneras, pero en el tramo final del campo su impacto no siempre aparece con la consistencia que se espera. No significa que esté jugando mal, ni que haya dejado de ser el atacante más peligroso de su equipo; lo que sugiere es que, por momentos, el producto final (goles y asistencias) se le escapa con demasiada frecuencia.

La mejor temporada de su carrera… y luego se frenó el impulso

Para entender la caída, hay que mirar hacia atrás. La campaña 2024-25 fue, con diferencia, la mejor de Pulisic con números que lo colocaron como referente absoluto en el Milan: anotó 20 goles y asistencias en la liga italiana, un registro que le valió el cuarto lugar dentro de la Serie A. Si se suma la Champions League y otras competiciones de copa, la cifra sube hasta 27.

En ese periodo, Pulisic fue pieza fundamental para el rendimiento colectivo. El equipo estuvo en la conversación por el título y su participación tuvo peso real. Pero el impulso se cortó.

Con el paso del tiempo aparecieron lesiones y contratiempos: tras el parón internacional de octubre, sufrió una molestia que lo obligó a perderse cuatro partidos con el Milan. Tres semanas más tarde volvió a quedar fuera por “problemas musculares”. Entre el 14 de octubre y el 18 de febrero, Pulisic acumuló solo siete titularidades en todas las competiciones y además salió desde el banco en otros siete encuentros. En ese lapso, anotó un solo gol: fue el 28 de diciembre, en el triunfo 3-0 sobre Hellas Verona.

Cuando baja la puntería, también se nota en los datos

Al comenzar el año, la falta de efectividad se hizo evidente. A veces, el problema no estuvo en la calidad de sus movimientos, sino en la cantidad de tiros que logró generar. En un partido que terminó 1-1 ante Genoa, donde el Milan no mostró la ambición que suele caracterizarlo, Pulisic apenas ejecutó ocho tiros; solo dos fueron a puerta. Mientras tanto, el equipo totalizó 32 intentos.

En otros encuentros, la historia se repitió: ante Parma, mandó tres disparos al arco pero no logró convertir, y el Milan perdió 1-0. Frente a Cremonense, solo uno de tres tiros fue entre los tres palos y el partido terminó con un 1-0 ajustado para el rival en un duelo poco atractivo. Contra Lazio (derrota 1-0), Pulisic tuvo otra lectura: estuvo participativo, tocó el balón con frecuencia y conectó bien dentro y alrededor del área rival. Disparó cinco veces: dos fueron bloqueados, dos se fueron desviados y otro fue detenido. En ese tipo de partido, la sensación fue clara: el talento estaba, pero el remate final no.

Un detalle polémico: el pase que pudo cambiar el guion

En el terreno de lo emocional y lo táctico, también hubo señales. En el minuto 66, Pulisic tuvo una jugada para filtrar un pase a Rafa Leão en posición de gol. El estadounidense no lo hizo en ese momento y eligió otra opción. Leão fue sustituido un minuto después, visiblemente molesto. Ese episodio alimentó rumores sobre una posible disputa entre los dos mejores atacantes del Milan.

Aunque esas versiones pudieran haberse apagado después, el hecho futbolístico quedó: Pulisic no dio un pase que, en el instante, parecía evidente.

La idea de “disparar más” no siempre funciona

Existe un enfoque mental muy usado en deportes: cuando un jugador está pasando por una mala racha, se le anima a “soltar el disparo”, a insistir con la acción que lo define. Tras un partido previo en el que la actuación no fue buena contra Bélgica, Pochettino aplicó esa lógica colocando a Pulisic en una posición más ofensiva y con libertad para intentar finalizar.

El problema es que el planteo no se sostuvo con la estructura del equipo. Para que un “9” funcione, usualmente se necesita soporte cercano: jugadores que ocupen los carriles, atacantes que ataquen el espacio y movimientos que generen asociaciones. En el caso de Estados Unidos contra Portugal, la colocación de Pulisic como centro no pareció acompañarse con los perfiles que mejor potencian ese tipo de rol.

En la práctica, Estados Unidos tenía tres alternativas con estilos distintos para un “9”: Folarin Balogun como corredor, Ricardo Pepi como cazador del área y Patrick Agyemang como referencia para aguantar y bajar balones. La decisión de no priorizar a uno de ellos y, en cambio, mover a Pulisic al centro dejó la sensación de que el plan no terminó de encajar con el repertorio disponible.

Lo que sí se le reconoce a Pulisic: el gol en momentos grandes

Aun con las críticas, hay un punto que no se puede borrar: Pulisic suele aparecer cuando el partido exige algo especial. Marcó goles importantes contra Inter y Liverpool. Además, registró una asistencia en la final de la FA Cup ante Arsenal: en esa jugada, avanzó entre líneas y asistió a un compañero que quedó solo, incluso después de sufrir una lesión en el momento previo, con un desgarro de isquiotibial (hamstring) que lo dejó en condiciones complicadas.

Con la selección, también hay evidencia contundente: un penal tardío le dio una victoria a Estados Unidos sobre México en la Nations League. En el Mundial de 2022, anotó el gol vital para superar a Irán. Y en la Copa América 2024, marcó el primer tanto del equipo.

Conclusión: no es que Pulisic “no valga”, sino que el ciclo exige paciencia

Estados Unidos no perdió ante Portugal y Bélgica únicamente porque Pulisic no marcara. En realidad, el equipo no mereció ganar en esos amistosos. Sin embargo, cuando el marcador no acompaña, la ausencia de gol de una figura pesa más de lo habitual.

El mensaje final parece claro: Pochettino continúa probando fórmulas y ajustando el funcionamiento del equipo. Y en ese proceso, lo más importante es que Pulisic esté en condiciones, recuperando ritmo y confianza, listo para el momento grande que, por historial, suele llegar.

Las “cosas diferentes” que prometió Pulisic quizá no dependan solo del rol en el campo, sino del regreso progresivo de esa versión que combina influencia con definición. Contra Portugal, no fue la noche. Pero el margen de preparación para el gran objetivo aún existe… y el fútbol, sobre todo en torneos decisivos, rara vez perdona a quien no llega con el golpe final.

Tomás Aguirre

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