El final abrupto de Xabi Alonso en el Bernabéu: más que una derrota
La caída ante Barcelona en la final de la Supercopa de España no fue sólo un resultado adverso: fue la última gota que precipitó el final de un ciclo breve y convulsionado en el Real Madrid. La salida de Xabi Alonso, presentada oficialmente como un acuerdo “de mutuo acuerdo”, puso fin a una etapa de siete meses y 217 días en la que convivieron tensiones internas, roces con figuras clave del plantel y divergencias con la directiva.
Contexto inmediato
El despido se comunicó un día después del 3-2 en Yeda. Sorprendió por el contexto deportivo: el equipo marchaba segundo en LaLiga EA Sports, seguía en la pelea por la Champions League y mantenía su participación en la Copa del Rey. Pero en el Madrid, las sensaciones y el control interno pesan tanto como los resultados.
Cuándo y cómo se quebró el ambiente
Según publicó Marca, las fricciones comenzaron a intensificarse desde principios de noviembre. El detonante visible fue un episodio en Valdebebas, tras la derrota con Barcelona, cuando el entrenador estalló en una práctica y gritó: “¡No sabía que venía a entrenar a una guardería!”
A partir de ahí los signos de incomodidad se multiplicaron: gestos adustos, distancia ante consignas de rigor y comentarios al oído. Con el correr de las semanas, la autoridad del técnico se fue erosionando hasta volverse insuficiente para sostener el proyecto.
Tensiones internas y apoyos que no llegaron
- En una transmisión especial de Carrusel Deportivo, Antón Meana aseguró que “Xabi Alonso tuvo en contra a Federico Valverde, Vinícius Júnior y Jude Bellingham”.
- El silencio y la neutralidad de Kylian Mbappé y Thibaut Courtois también fueron interpretados como una retirada de respaldos importantes dentro del vestuario.
- La relación con Vinícius Júnior se resquebrajó ya en octubre, cuando el brasileño mostró su enojo públicamente al ser reemplazado en el Clásico; la prensa describió luego el vínculo como “profesional, pero distante”.
Incidentes que marcaron la pérdida de control
En la entrega de medallas de la Supercopa en Yeda quedó una imagen simbólica: mientras Alonso intentaba ordenar el pasillo de honor hacia Barcelona, Mbappé intervino y con gestos pidió al grupo que se retirara. La mayoría le hizo caso, una escena que expuso de forma cruda la pérdida de autoridad del entrenador en un vestuario con jerarquías claras.
Desde fuera también hubo definiciones: Cesc Fàbregas, ahora entrenador en Como, resumió el problema en declaraciones recogidas por Marca: “Todos creen que tienen que jugar. Todos creen que tienen que marcar la diferencia”. Manejar egos resultó, finalmente, la asignatura que Xabi no pudo aprobar.
Choques con la directiva y desacuerdos deportivos
- Alonso pidió explícitamente la continuidad de Luka Modrić por una temporada más; la dirigencia no aceptó y el croata terminó fichando por el Milan.
- También solicitó la llegada de un mediocentro organizador como Martín Zubimendi, pero el club entendió que Aurélien Tchouaméni y Eduardo Camavinga podían cubrir ese espacio. Zubimendi, finalmente, fue transferido al Arsenal.
- Esos desacuerdos sobre planificación deportiva profundizaron la brecha entre el técnico y la estructura presidida por Florentino Pérez.
Rendimiento, identidad y errores tácticos
El proyecto arrancó en junio, con ilusión tras su llegada desde Bayer Leverkusen, pero las señales de alarma llegaron rápido: la eliminación del Mundial de Clubes en semifinales frente al Paris Saint-Germain y, sobre todo, el 5-2 en el Metropolitano ante el Atlético marcaron un antes y un después. El equipo perdió consistencia: la presión alta prometida fue intermitente, los problemas defensivos persistieron y la identidad propuesta nunca terminó de consolidarse.
En una columna titulada “Los pecados de Xabi”, el diario As señaló que en Yeda el Madrid recurrió de forma sistemática al pelotazo largo, una imagen poco acorde con la tradición del club.
Post Modrić y la falta de control en el mediocampo
Con la salida de Modrić y el retiro de Toni Kroos, el centro del campo quedó huérfano de conducción: Valverde, Tchouaméni y Camavinga aportaron despliegue físico pero no control; Jude Bellingham, sometido a múltiples tareas en distintas posiciones, nunca encontró la continuidad necesaria para liderar desde ahí.
Lesiones, preparación física y falta de impulso a los jóvenes
- El plantel sufrió 23 lesiones acumuladas durante el ciclo.
- La figura de Antonio Pintus quedó relegada tras la llegada del preparador físico de confianza de Alonso, Ismael Camenforte; en Arabia Saudita el club forzó la reincorporación parcial de Pintus y, tras la salida del técnico, Pintus volvió a asumir el control total de la preparación física, acompañado por el regreso del doctor Niko Mihic como supervisor médico.
- Jugadores jóvenes con proyección como Arda Güler, Dean Huijsen y Franco Mastantuono no lograron explotar bajo su mandato: Güler terminó en el banco, Huijsen perdió impacto y Mastantuono, fichado por una cifra destacada, apenas sumó minutos.
Balance final
En términos fríos, el registro del ciclo fue positivo: 34 partidos, 24 victorias, cuatro empates y seis derrotas. Sin embargo, en un club como el Real Madrid los números no siempre alcanzan. La pérdida de autoridad en el vestuario, la falta de sintonía con la directiva y la ausencia de una identidad reconocible hicieron irreversible la decisión.
En apenas 232 días, Xabi Alonso pasó de ser la gran esperanza a convertirse en el símbolo de un desgaste rapidísimo: no sólo evaluaron resultados, sino sensación de control interno. Tras eliminar al Atlético en semifinales y caer ante el eterno rival, el desenlace fue inevitable.