Un año bajo la lupa: lo que cambió Rubén Amorim en Manchester United

En apenas doce meses en Old Trafford, Rubén Amorim ha dejado una huella profunda en el vestuario y en la gestión deportiva del Manchester United. De los 16 jugadores que formaron parte del primer once que dirigió en Ipswich, cinco ya no pertenecen al club. Aunque el técnico tuvo poca influencia en la jubilación de Jonny Evans o en la salida de Christian Eriksen al expirar su contrato, sí fue determinante en las salidas de Rasmus Hojlund, Marcus Rashford, Alejandro Garnacho y Andre Onana.

Cambios en la plantilla y decisiones contundentes

La trayectoria de Amorim se ha caracterizado por decisiones drásticas con figuras de peso. Marcus Rashford, que marcó el primer tanto de la era Amorim, terminó siendo el primero en ser apartado por el entrenador: fue excluido el día del derbi frente al Manchester City —tres semanas después del debut del técnico en Portman Road— y nunca volvió a jugar con el equipo. La tensión acumulada por la actitud del jugador dentro y fuera del campo, que antes Ten Hag había sancionado con castigos menos severos, encontró en Amorim una respuesta implacable.

Alejandro Garnacho también pagó caro sus roces con la autoridad técnica. Tras ser dejado fuera en el derbi, recibió una segunda oportunidad que no supo aprovechar y fue obligado a buscar un nuevo destino después de una reacción petulante por no ser titular en la final de la Europa League. Amorim aplicó además medidas duras con Jadon Sancho, Antony y Tyrell Malacia —este último ya reincorporado al primer equipo—, incluyéndolos en el llamado «grupo bomba» y prohibiéndoles entrenar con los titulares. Aunque esas acciones pudieron depreciar momentáneamente el valor de mercado de los jugadores, enviaron un mensaje nítido sobre quién manda en Carrington.

Igualdad de estándares y liderazgo ejemplar

El técnico no ha hecho distinciones: según reveló The Athletic, el mismo día que comunicó a Garnacho su salida, también señaló a Manuel Ugarte para reprenderlo, demostrando que el mismo listón se aplica a todos, incluso a futbolistas con los que trabajó en Sporting CP. Además, Amorim ha impuesto pequeños cambios culturales: obligó a los jugadores a dedicar más tiempo a firmar autógrafos y a atender a los hinchas antes y después de los partidos en Old Trafford. Él mismo suele quedarse a firmar y sacarse fotos, dando el ejemplo.

Esos gestos, por mínimos que parezcan, responden a una intención clara: recomponer el clima interno. Con la plantilla más cohesionada en apariencia, también han aflorado retos: el apagón ante Grimsby, donde Amorim resumió la situación afirmando que «los jugadores hablaron muy fuerte», dejó en evidencia que la motivación no llega sola.

Decisiones deportivas con riesgo y recompensa

Amorim fue igual de inflexible con Hojlund y Onana: no los consideró parte del proyecto y tomó decisiones drásticas. Hojlund, cedido, está rindiendo bien en el Napoli; su sustituto, Benjamin Šeško, tuvo problemas de adaptación y sufre una lesión que lo mantendrá fuera al menos un mes. Por otra parte, dejar marchar a Onana rumbo al Trabzonspor y apostar por Senne Lammens parece haber sido un acierto: el belga ha aportado la tranquilidad necesaria en la portería del equipo.

La supuesta ambición de Onana por mejorar su contrato tras una reducción salarial colectiva tampoco cayó bien en el cuerpo técnico y reforzó la percepción de que Amorim busca sanear la cultura del club por la vía de la exigencia.

En el campo: goles tardíos que valen puntos

El efecto de ese cambio cultural se refleja en la fortaleza mostrada en fases finales de los partidos. United ha anotado en el minuto 80 o más tarde en sus últimos cuatro encuentros, y cada tanto resultó decisivo:

  • El cabezazo de Harry Maguire en el minuto 84 que dio la primera victoria del club en Anfield en una década.
  • Un gol en tiempo añadido obra de Bryan Mbeumo que, según la crónica, impidió la remontada de Brighton y aseguró un 4-2 en lugar de un 3-3.
  • La volea de Amad Diallo en el minuto 80 que rescató un empate en Nottingham Forest.
  • El cabezazo de Matthijs de Ligt en el minuto 95 contra el Tottenham.
  • El penalti transformado por Bruno Fernandes en el minuto 96 ante Burnley.

En total, esos goles tardíos han sumado seis puntos extra en 11 partidos esta temporada, u ocho si se cuenta el gol que evitó una remontada de Brighton. La temporada anterior, en los 27 partidos de liga bajo Amorim, los goles después del minuto 80 rescataron cinco encuentros y nueve puntos.

«Luchamos en toda adversidad», fue la lectura del propio entrenador tras el empate contra el Tottenham, frase que resume la nueva mentalidad competitiva que intenta imponer.

Contexto histórico: la sombra de David Moyes y la apuesta de Ratcliffe

Resulta curioso que Amorim cumpla un año frente al United precisamente frente a David Moyes, el primer técnico llamado a suceder a Sir Alex Ferguson. La etapa de Moyes en Old Trafford fue breve y polémica; su mandato, de solo nueve meses, quedó marcado por la incapacidad de consolidarse en un club de esa envergadura. Con el tiempo Moyes logró redención en otros proyectos, pero su paso por el United dejó lecciones sobre la paciencia institucional y las expectativas.

Hoy, Amorim disfruta de más respaldo y recursos que Moyes recibió entonces. Pese a ello, sus cifras al inicio son reveladoras: en los primeros 54 partidos Amorim tiene el porcentaje de victorias más bajo de entrenadores del United en la era de la Premier League (38,9%), frente al 48% de Moyes en ese mismo tramo. Ferguson, paradójicamente, registró un 46,3% en sus primeros 54 compromisos; Ten Hag lidera con un 66,7%.

La jerarquía del club, y en particular Sir Jim Ratcliffe, ha apostado por Amorim como una opción arriesgada pero con potencial. Según The Guardian, Ratcliffe rechazó listas de candidatos consideradas «seguras» —Eddie Howe o Graham Potter— y buscó un perfil más rotundo. Amorim, conocido por su carácter intransigente e incluso episodios de ira extremos —la famosa anécdota de romper televisores—, encajaba en esa idea de entrenador que no tiene miedo de enfrentar a talentos de la cantera o a figuras consolidadas.

Evaluación: tiempo ganado, exigencia por delante

Ratcliffe y el director ejecutivo Omar Berrada planearon la llegada de Amorim a mitad de temporada precisamente para corregir de raíz posibles problemas. El propietario incluso expresó que merece al menos tres años para desarrollar su proyecto. Sin embargo, los resultados no autorizan relajo.

Amorim ha aportado crecimiento y ciertos cambios culturales, pero el fantasma del mal diciembre —cuando United encadenó cinco derrotas en seis partidos de liga la pasada campaña— sigue vigente. El calendario sonríe en parte: hasta el derbi con el City a mediados de enero no habrá enfrentamientos contra los otros grandes, y los próximos diez compromisos incluyen rivales con dificultades como Wolves, Leeds o Burnley, además de choques exigentes como Newcastle, Bournemouth, Crystal Palace y Aston Villa.

Sin competiciones europeas ni distracciones en la Copa Carabao, la plantilla tiene la obligación de sostener una racha convincente. Ahora le toca a Amorim corresponder la confianza de Ratcliffe con una serie de resultados contundentes. Es tiempo de revancha.