El año se le terminó a River en el Cilindro: Racing lo dejó sin reacción

River llegó tambaleando y terminó siendo pasado por encima en Avellaneda. La eliminación en los octavos de final del Clausura convirtió en definitiva la sensación que venía mostrando el equipo: le faltan recursos y convicción para competir de igual a igual. El Cilindro fue otra parada en la que no apareció la reacción que Marcelo Gallardo prometía. Así, el 2025 se cierra prematuramente para el Muñeco, que no acumuló méritos para seguir al frente de la reconstrucción que necesitará el club el año próximo.

La foto final: un desenlace a lo guapo

El desenlace llegó en tiempo de descuento con un tercer gol de Racing para el 3-2 que fue de atropello, «a lo guapo»: la pelota la empujó Martirena —ese lateral que anota en momentos importantes—, Maravilla Martínez estuvo cerca, y antes el balón había dado en el travesaño. Fue una jugada de insistencia, con los atacantes de Racing lanzados como leones, mientras que la frágil reacción de Galarza evidenció la falta de temple riverplatense. La última imagen fue exactamente la radiografía del año: desolada, indolente y derrotista.

Cómo se gestó el primer golpe

Racing juega a ensanchar la cancha con laterales-carrileros y lo hace a un ritmo alto. Con esa fórmula, golpeó muy temprano: antes de los cuatro minutos, Conechny abrió hacia la izquierda para la proyección de Gabriel Rojas. Sorprendentemente desatendido por Castaño y Montiel, Rojas puso un centro que Santiago Solari conectó con un potente cabezazo, superando a su marcador Rivero.

La reacción momentánea de River

El conjunto de Gallardo no se derrumbó al instante y respondió con una ráfaga: en dos minutos pasó del 0-1 al 2-1, aprovechando una vitalidad ofensiva que le habían aportado los ingresos de Subiabre y Quintero. Un zurdazo del juvenil y otro del colombiano voltearon la historia por un rato y parecieron devolverle aire a un intento de resurrección con media hora por delante.

Los cambios que terminaron por desarmarlo

Lo que el técnico había conseguido con los relevos se desdibujó cuando salieron Portillo y el fantasmal Galarza. Se fue también Enzo Pérez —un jugador al que se le pueden hacer largos los 90 minutos pero que nunca le falla al carácter— y la baja se sintió: sin su presencia River quedó más desamparado. Gallardo había vuelto a cambiar el mediocampo, ese sector que debería ser el motor y que hace rato no carbura en el River de este año. Sorprendió la vuelta a la titularidad de Nacho Fernández como enganche y la presencia del joven Acosta por la izquierda, fórmulas que no funcionaron y que exponen nuevamente al entrenador en su búsqueda perpetua.

Racing, de fibra y agresividad

La Academia, aunque espasmódica, mostró valentía y corazón. Santiago Sosa, que volvió a jugar con máscara tras una lesión, fue la metáfora del compromiso: jugó como un gladiador y marcó la diferencia en actitud. Con Costas sentado en el banco, Racing remendó su plan con los ingresos de Vergara y Adrián Fernández: este último provocó el 2-2 con un remate que se desvió en Martínez Quarta y desarmó la esperanza riverplatense.

  • Gol tempranero de Solari tras asistencia de Conechny y Rojas
  • Rápida remontada de River con Subiabre y Quintero (dos goles en dos minutos)
  • Entrada de Vergara y Adrián Fernández en Racing; el segundo generó el empate
  • Gol definitivo de Martirena en tiempo de descuento para el 3-2

Actitudes y responsabilades

Hubo nombres que intentaron poner el pecho: Acuña resistió la catarata de abucheos en Avellaneda y fue de los pocos que no se contagió de la blandura general. Salas soportó pelotazos y el duelo físico con Colombo, mientras que Castaño siguió siendo intrascendente en un respaldo que Gallardo le viene dando más por capricho que por razones futbolísticas. En el balance, varios futbolistas de River parecieron extraños frente a la entrega de Racing.

Conclusión y consecuencias

La derrota no sólo significó la eliminación: puso en evidencia la fragilidad de un equipo que se desarma ante la mínima adversidad. River depende ahora de que Argentinos o Boca salgan campeones para poder entrar en la Copa Libertadores; es decir, es incapaz de valerse por sí mismo y necesita la caridad de otros. El cierre en el Cilindro dejó en claro que, por ahora, no hubo méritos para que Gallardo continúe liderando la reconstrucción que el club deberá encarar el año próximo.