De la euforia al silencio: la caída deportiva de Maximiliano Salas

El gol que Maximiliano Salas marcó el 2 de octubre en la cancha de Rosario Central —a los cuatro minutos del primer tiempo— quedó grabado como una de esas jugadas que encienden pasiones: le dio a River un triunfo por 1-0 y la clasificación a las semifinales de la Copa Argentina. Pero esa emoción quedó en segundo plano para el propio delantero: mientras sus compañeros lo abrazaban, él se contuvo para no avivar el enojo de miles de hinchas de Racing tras su salida mediante la cláusula de rescisión, un recurso poco habitual en el fútbol argentino.

El último festejo y el quiebre

Lo que nadie imaginó entonces es que ese será, por ahora, su último grito con la camiseta millonaria. River sería eliminado en esa instancia por Independiente Rivadavia, que terminó siendo el campeón del torneo. Y a partir de ahí se produjo un quiebre tanto en el rendimiento colectivo del equipo como en la producción individual de Salas.

La estadística fría, la lectura caliente

  • Inicio prometedor: 4 goles y 1 asistencia en 815 minutos repartidos en 11 presentaciones.
  • Posterior bajón: 6 compromisos siguientes (463 minutos) sin goles ni asistencias.
  • Partidos con rendimientos flojos frente a Sarmiento, Talleres, Independiente Rivadavia (fue reemplazado al término del primer tiempo en Córdoba), Gimnasia, Boca y Vélez.
  • River lleva 383 minutos sin convertir y acumula cuatro partidos sin victorias desde el 2-0 en Córdoba ante Talleres, el 18 de octubre.

Esos números explican en parte el panorama: víctima de la falta de funcionamiento colectivo que le permita explotar sus virtudes, pero también responsable por no terminar de aprovechar sus intervenciones, Salas terminó contagiándose de la apatía general que atraviesa al equipo.

Gallardo, la experiencia y la lectura del bajón

Marcelo Gallardo no suele sorprenderse por estas dinámicas. Con una década al frente del plantel en ambos ciclos, el entrenador suele repetir en la intimidad que muchos jugadores que llegan a River muestran un inicio destacado y luego atraviesan una caída antes de recuperar la regularidad. En este caso, la diferencia es que la coyuntura es aún más desfavorable por el presente crítico del equipo.

Gallardo justificó la insistencia por Salas con una frase concreta: “Nos da una energía diferente”. El atacante correntino, de 27 años (nacido el 1° de diciembre de 1997 en Curuzú Cuatiá), llegó desde Racing mediante la activación de la cláusula y demandó una erogación cercana a los once millones de dólares para River, teniendo en cuenta que la cláusula estaba valuada en ocho millones de euros y se consideró libre de impuestos.

Posiciones, competencia y combinaciones

  • En Racing, Salas rindió muy bien como puntero izquierdo junto a Adrián “Maravilla” Martínez bajo la dirección de Gustavo Costas.
  • En River, por las ausencias recurrentes de Sebastián Driussi y el bajo nivel de Miguel Borja, Gallardo lo ubicó habitualmente como centrodelantero.
  • En el Superclásico, Driussi también fue titular; una semana después en Liniers, Gallardo volvió a usar a Salas por la izquierda. La variante no dio el resultado esperado, pero mostró algunas conexiones entre los atacantes.
  • Ambos —Salas y su socio ofensivo— asoman con chances de mantenerse entre los once para el próximo partido del lunes.

El contexto: la obligación de River y la vuelta a Avellaneda

River necesita ganar el Torneo Clausura para asegurar su lugar en la próxima Copa Libertadores sin depender de que Rosario Central, Argentinos Juniors o —peor aún— Boca pierdan su posibilidad. En ese marco, el equipo se prepara para visitar el Cilindro de Avellaneda.

La última presencia del Millonario en ese estadio fue el 14 de diciembre de 2024, cuando cayó 1-0 por un gol… de Maximiliano Salas. Veintiún días antes de ese cabezazo había sido ovacionado en Avellaneda por su aporte decisivo en la obtención de la Copa Sudamericana con Racing. Hoy, el escenario cambió radicalmente: su adiós mediante la cláusula y el conflicto con parte del ambiente lo dejaron en el centro de la polémica.

Ambiente hostil y figuras señaladas

Es muy probable que el rechazo se repita en su regreso a Avellaneda: los hinchas de Racing le reprochan la salida y ese sentimiento podría trasladarse al Cilindro. No será el único apuntado: Marcos Acuña también podría ser silbado por el “jueguito” que hizo en el cruce de Copa Argentina, y podría sumarse algún reparo hacia Juan Fernando Quintero.

El trasfondo institucional y la actitud del jugador

Además del clima social, existe un frente institucional: Salas quedó en disputa con el presidente Diego Milito tras el tironeo por la renovación y su posterior partida a Núñez. El número 7 deberá abstraerse de ese marco adverso —circunstancia que, desde la visión de algunos, podría haberse evitado si la Aprevide no hubiera dado por cumplida la sanción de tres fechas sin público impuesta a Racing por el uso de pirotecnia en la revancha con Flamengo—.

Sobre su comportamiento, Salas mostró calma tras la batalla en Rosario: “Siempre estoy tranquilo, tanto en las buenas como en las malas”, dijo minutos después del partido. Evitó provocaciones y hasta alcanzó a devolver una zapatilla que le arrojaron desde la platea Cordiviola.

El desafío inmediato

El momento de máxima tensión llegará cuando el micro de River, con las iniciales del club, circule por los adoquines del Pasaje Mozart rumbo al vestuario visitante del Cilindro. Ahí se cruzarán las emociones y los recuerdos, pero la exigencia será práctica y concreta: Salas deberá enfocarse en entregarse al máximo para pelear por un lugar en los cuartos de final y, en un plano más amplio, ayudar a River a recuperar el pulso que lo saque del atolladero.