Mauricio Pellegrino: de “Longaniza” a “El Profesor”, el camino que cambió apodos y destino

En pleno Defensores del Chaco, en la definición de la Copa Sudamericana 2025, Mauricio Andrés Pellegrino esquivó una de esas pequeñas supersticiones que marcan los días grandes. Tipo serio, de pocas concesiones, nacido en Leones (Córdoba) —esa ciudad ligada al trigo y a su leyenda— decidió no mirar un penal: “Estaba en un momento de mucha tensión. Hubo un penal que evité observar, justo Nahuel (Losada) lo tapó y ahí me dije ‘no hay que mirarlo’”, contó luego. Esa imagen resume el giro de una carrera que, después de más de una década de preguntas, se coronó en Paraguay.

La noche en Asunción: penal, silencio y la octava estrella

Tras un 0-0 en 120 minutos frente a Atlético Mineiro, la definición por penales sepultó dudas y confirmó certezas. El séptimo disparo del Galo, ejecutado por Vitor Hugo, terminó en las manos de Nahuel Losada —el joven arquero que había sido tercer guardavallas en los tiempos de Pellegrino en Estudiantes— y así Lanús colgó en su pared un cuadro más: junto a Cevasco, Héctor Cúper, la dupla Cabrero–Zubeldía, los Mellizos Barros Schelotto y Jorge Almirón, apareció la figura de Pellegrino en la historia centenaria de La Fortaleza.

Del reproche de la tribuna al reconocimiento

No fue un camino lineal. Ocho días antes de la final, en el último partido del Clausura, la grada explotó de bronca porque Pellegrino apenas dio unos minutos al ídolo Lautaro Acosta: el Laucha entró casi simbólicamente al minuto 88. La indiferencia y los insultos convivían con la red social que amplificaba la crítica. Y, pese a todo, la noche en Paraguay terminó por transformar ese humor en adhesión suficiente para renovar su vínculo con el club: Nicolás Russo, presidente que mantuvo aciertos y errores en la elección de cuerpos técnicos, lo quiso retener hasta el final de su cuarta presidencia en diciembre de 2027; Pellegrino aceptó, en principio, solo por 12 meses.

Resultados que salvan y una historia de finales

En lo estrictamente futbolístico, Pellegrino debía cambiar el signo de una carrera que había rozado la gloria sin sostenerla: su única final importante como entrenador hasta entonces databa de 2017, la Copa del Rey con el Alavés contra el Barcelona (3-1 en el Vicente Calderón). En Argentina nunca había superado el quinto puesto liguero (Estudiantes 2013-14, Independiente 2015, Vélez 2021). El 2025 con Lanús no fue perfecto en los certámenes locales: eliminación en octavos del Apertura contra Boca, en octavos del Clausura frente a Tigre y caída en cuartos de la Copa Argentina ante Argentinos. Sin embargo, la Sudamericana resultó ser el bálsamo que faltaba.

El camino a la Copa: nombres y roles

La Sudamericana no fue un golpe de suerte de una noche: fue un proceso que dejó en el camino a Puerto Cabello, Melgar, Vasco da Gama, Central Córdoba, Fluminense y Universidad de Chile, además del favorito brasileño Atlético Mineiro. En ese trayecto Pellegrino encontró una columna vertebral y algunas sorpresas:

  • Siempre titulares: Nahuel Losada, Carlos Izquierdoz, José Marcich, Eduardo Salvio y Julio Cardozo estuvieron presentes en todos los partidos.
  • Figuras desde el banco: Armando Méndez, Juan Ramírez y Dylan Aquino (siete ingresos cada uno). Aquino marcó tres goles, muchos decisivos, siempre viniendo desde el banco.
  • Recuperaciones clave: Franco Watson (vuelto de préstamo desde Huracán) y José Canale (regreso desde Querétaro) recobraron protagonismo. Canale, que en 2023 se había ido mal del club tras una expulsión en la despedida de José Sand, terminó 2025 convertido en aporte ofensivo y con apenas una amonestación en 18 partidos.
  • Otros casos: Alexis Canelo, figura del DT y objetivo del público, marcó apenas dos goles en 38 encuentros; la promoción de juveniles fue limitada salvo la irrupción de Agustín Medina —volante central de 19 años—, titular en buena parte de la temporada.

Estética vs eficacia: la discusión de siempre

“¿Qué es jugar bien?” se repite desde que existe el fútbol. En Lanús la respuesta fue pragmática: Pellegrino llevó al equipo a ser campeón sin derrochar la tenencia. Lanús llegó a la final con apenas un 43% de posesión —una de las marcas más bajas entre finalistas— y cerró el partido en Asunción con 48,7% de balón. No fue un equipo que amase la pelota, pero sí uno letal en los metros finales. En diez de los 13 partidos del torneo el rival tuvo más tiempo la redonda; y aun así, el Grana avanzó y venció a rivales de jerarquía.

Números que explican, pero no lo explican todo

Los datos ayudan a dimensionar la gestión: el mejor porcentaje de puntos de Pellegrino en la Argentina fue con Independiente (61,78%). En Lanús alcanzó el 54,9%. Para comparar, los antecesores llegaron a: Kudelka 43,53% y Ricardo Zielinski 51,1%. No hubo un enamoramiento estético, pero sí un resultado concluyente: la octava estrella del club.

“No es magia”: la visión del entrenador

Tras la consagración Pellegrino no se disfrazó de oráculo: recordó que el título es producto de trabajo y de un colectivo. “Yo hago mi trabajo, primero porque soy feliz y todos queremos ganar. Y la valía de un entrenador… Hay una parte de nosotros donde nos evalúan por los resultados, y otra parte que no. Para mí, uno de los grandes premios es siempre que me hayan dado la posibilidad de trabajar a pesar de no haber ganado títulos”, expresó, y añadió que la verdadera ganancia es disfrutar la vocación.

Un detalle simbólico: cada mañana el DT mira un mural cerca del predio que reza “No es magia”. Y así lo explicó: “Es trabajo, mucho tiempo, gente que está detrás. Que el pueblo festeje este triunfo, que lo saboree. Esto no es sencillo de hacer. También ganar es seguir creciendo. Ojalá que el tiempo que esté en la institución pueda ayudar para ese objetivo…”. La renovación formal se anunció recién cuando los Reyes pasaron por Cabrero y Guidi; Pellegrino firmó y ya empezó a proyectar Recopa, Libertadores y los torneos domésticos.

Del apodo a la nueva identidad

Marcelo Araujo alguna vez lo bautizó Longaniza; la coronación en Paraguay lo reconcilió con la historia y le otorgó otro mote: el Profesor. En Lanús y en su propio relato ya no será solo “el Flaco” ni la broma del pasado. Es, desde ahora, el Profesor de la octava estrella sobre el escudo: un técnico que, entre críticas, estadísticas y decisiones inesperadas —como no mirar un penal— terminó por cambiar de suerte.