En la madrugada de este miércoles falleció Ángel Norberto Coerezza, figura insoslayable del arbitraje argentino. Tenía 92 años y en su trayectoria internacional fue designado por FIFA para dirigir en dos Copas del Mundo: México 1970 y Argentina 1978. “Lamentamos comunicar el fallecimiento de Don Ángel Norberto Coerezza (92), emblema del arbitraje argentino. Mundialista, olímpico y formador incansable. Enorme legado humano y profesional”, publicó la Asociación Argentina de Árbitros en su cuenta oficial de X.
Presencia en dos Mundiales
Coerezza ocupó un lugar destacado en dos citas planetarias. En México 1970 dirigió partidos de la fase inicial y llegó a pitar un verdadero clásico mundial: el cruce de cuartos de final entre Inglaterra y Alemania Federal, que terminó 3-2 a favor de los germanos en tiempo suplementario. Antes, había estado al frente del triunfo de México 1-0 sobre Bélgica en la fase de grupos.
En aquel Mundial fue testigo de la mejor versión de Pelé y compartió cancha con figuras como Franz Beckenbauer; sin embargo, él mismo dijo que el jugador que más lo impresionó fue el inglés Bobby Moore. Aquella era era muy distinta a la actual: los árbitros no cobraban honorarios por dirigir en un Mundial, sólo recibían pasajes, alojamiento, un viático y, como recuerdo, un reloj.
Debut y recorrido por el fútbol argentino
Nacido en Buenos Aires en 1933, Coerezza debutó en la Primera División con 24 años: fue en la 24ª fecha del torneo de 1957, en Avellaneda, cuando Independiente y San Lorenzo empataron 2-2. A su regreso de México fue ovacionado en su primer partido de la liga local —Banfield vs Chacarita—, donde ambas hinchadas, en un gesto poco probable hoy, lo vivaron.
- Edad al debutar en Primera: 24 años (1957).
- Partido destacado en 1970: Inglaterra 2–3 Alemania Federal (cuartos, a.e.t.).
- Mundial 1978: dirigió el empate 0–0 entre Alemania Federal y Polonia en el Monumental; fue su último partido como árbitro profesional.
La otra vida: la cocina y el trabajo
Coerezza no vivía del arbitraje: a los 36 años, con dos hijos, se desempeñaba como chef administrador del Casino de Oficiales de la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral, en Campo de Mayo, empleo que le consiguió el árbitro Francisco Comesaña. Cocinó desde chico tras la temprana muerte de su padre: «Quedé sin padre cuando era muy chico; entonces, los cuatro hermanos ayudábamos a mi madre, que debió mantener el hogar con su trabajo. Mi hermano menor planchaba y yo cocinaba», contó en 1970 a la revista Siete Días.
De joven hizo de verdulero, repartidor y hasta vendió café y gaseosas en las canchas. Se perfeccionó en la escuela Brillat-Savarin y en el tradicional Hotel Plaza. «Soy un permanente estudioso de esta profesión: en casa, tengo más de veinte volúmenes de cocina. Es necesario conocer la densidad de los vinos, las calorías de los alimentos, la presentación de una mesa…», decía mientras además dirigía la cocina del regimiento —con 70 soldados a cargo— y entrenaba al equipo de oficiales.
Formación y primeros pasos en el arbitraje
Coerezza soñó con ser futbolista pero no mostró condiciones suficientes; se recibió de perito mercantil y pensó en la abogacía, aunque terminó inclinándose por el referato. Comenzó en torneos de iglesias y en los Evita, y en 1953 realizó los cursos de Juan José Álvarez que lo incorporaron como árbitro de la AFA. Su primera gran experiencia internacional llegó en los Juegos Olímpicos de Roma 1960.
Para él, la virtud esencial del árbitro era la honestidad: «La condición más importante de un árbitro es la honestidad. Que es una virtud fundamental en un juez, pero también en el hombre. Mi madre nos enseñó siempre a ser honestos y a compartir con la comunidad lo que nos sobre. Eso es hacer de la honestidad un apostolado», reflexionó al momento de su consagración.
Retiro, formación y controversias en la AFA
Coerezza eligió el Monumental en 1978 para su despedida: el partido entre Alemania Federal y Polonia, empate sin goles, fue el último de su carrera en el campo. Tras dejar el silbato activo, ocupó puestos clave dentro del arbitraje argentino: fue director de la Escuela de Árbitros entre 1979 y 1992 y, años más tarde, regresó como asesor entre 2014 y 2017. Entre 1995 y 2002 estuvo a cargo del predio de la AFA y también trabajó como representante de la marca Adidas.
Su vínculo con la AFA terminó con una fuerte herida en 2017, al inicio de la gestión de Claudio «Chiqui» Tapia: fue despedido junto con Miguel Scime y expresó su dolor y bronca públicamente: «Estoy muy dolorido. Me siento destratado. Ninguno tuvo el coraje de decirme en la cara que no sigo más en la AFA. Ni (Horacio) Elizondo, ni (Armando) Pérez, ni (Claudio) Tapia. Fueron injustos conmigo… Ahora me tengo que ir por la puerta de atrás y estoy muy enojado», declaró entonces, con 83 años. Nunca le perdonó a Elizondo esa decisión, aunque el tiempo le dio al menos un consuelo: la Justicia falló a su favor en la demanda contra la AFA.
Legado
Ángel Norberto Coerezza deja una huella múltiple: fue árbitro en Mundiales y Juegos Olímpicos, formador de generaciones y un hombre que combinó la pasión por la cocina con la devoción por el deporte. Su figura, entre ovaciones y controversias, permanece como un emblema del arbitraje argentino.