Un defensa fueguino que apostó por lo inesperado
Nahuel Amarilla, 29 años, se desempeña como defensor central en Águilas-Umak, uno de los equipos con mayor ambición de Filipinas. Nacido en Ushuaia y formado en las inferiores de Ferro, el zaguero acumuló experiencia en el ascenso nacional argentino antes de probar suerte en el sudeste asiático, donde compite desde hace dos años.
Una liga pequeña, con reglas propias
La Liga Premier de Filipinas reúne apenas once equipos que se enfrentan en ruedas de ida y vuelta. Tras esa fase regular, los seis primeros acceden a una zona que define al campeón y otorga plazas para la llamada Champions 2 —un torneo asemejado a la Copa Sudamericana—, mientras que los cinco restantes juegan una fase de clasificación sin riesgo de descenso. “No diría que ésta se parece a la Liga Profesional, pero sí al Torneo Federal A”, cuenta Amarilla, que conoce el tercer nivel argentino por sus pasos por Juventud Unida de Gualeguaychú y San Martín de Formosa.
Competencia internacional y plantilla variada
- Participan muchos jugadores de Brasil, México y Japón, además de dos argentinos actualmente.
- El objetivo más ambicioso para los clubes poderosos es acceder a competencias internacionales frente a equipos de Singapur, Corea del Sur y Japón.
La realidad en los estadios y el impacto del básquet
El fútbol filipino convive con la enorme popularidad del básquetbol, lo que se traduce en escasa asistencia: “A la cancha van 100 personas como mucho, y en general son neutrales”, dice Amarilla. Solo dos de los equipos más grandes disponen de estadios propios y solo uno cuenta con césped natural. En muchas ocasiones, los partidos se disputan en un único escenario y las hinchadas organizadas son una excepción.
Cómo llegó: un mensaje y un video
Su llegada al archipiélago no fue producto de una oferta formal desde Argentina. Tras quedarse sin contrato y perder una oportunidad en Perú por una fractura en un dedo durante una prueba, Amarilla se preguntó: “¿Dónde voy a jugar ahora?”. Aburrido, revisó el teléfono y encontró a otro argentino jugando en Filipinas: Ricardo Sendra. Habló con él, recibió el contacto del presidente del club One Taguig y, tras varias semanas de conversaciones en inglés en las que reconoce haber tirado de “caradurez”, envió un video con sus mejores jugadas y su perfil de Transfermarkt.
En septiembre de 2024 viajó para cerrar el contrato y así comenzó su etapa en Asia.
Choque cultural y adaptación
“Conocía algunas cosas por fotos, pero no sabía cómo era el fútbol, no sabía la cultura, no sabía nada”, admite el defensor. El inglés, hablado como segunda lengua en Filipinas, le facilitó la integración: al principio hablaba poco, pero la convivencia con los compañeros aceleró su adaptación. Relata un choque cultural notable y nuevas rutinas, como cambiarse al aire libre porque muchos campos de entrenamiento no tienen vestuarios.
Clima extremo: de Ushuaia a los tifones
Amarilla, acostumbrado al frío de la “fin del mundo” y al calor húmedo de Formosa, asegura que nada se parece a los tifones filipinos. El país está en una zona del Pacífico donde se forman casi un tercio de los ciclones tropicales del planeta. Él llegó en septiembre, época de lluvias intensas: “Si hay un partido y está lloviendo, se puede jugar. Si anuncian un tifón, automáticamente se suspende”, explica.
Economía desigual dentro del mismo torneo
Para Amarilla, su traslado a Filipinas no fue motivado primordialmente por lo económico, aunque algunos clubes tienen capacidad de pago gracias a patrocinadores y a ingresos por derechos televisivos gestionados por la Confederación Asiática de Fútbol. Sin embargo, existe una notable diferencia entre los equipos que compiten por los primeros puestos —con salarios más altos— y los que están en la parte baja de la tabla, que no pueden ofrecer buenos sueldos. “Eso es lo que hace que se desequilibre un poco la liga”, resume.
Vida cotidiana: tránsito, motos y realidades nuevas
La cotidianeidad en las grandes ciudades filipinas también sorprendió al defensores: “El tránsito es una locura. Fui a entrenarme en moto muchas veces porque es lo único que permite llegar pronto a algún lugar”. Cuenta incluso haber presenciado un accidente grave. Otro detalle cultural: la relación que los filipinos tienen con el fútbol argentino se reduce, en muchos casos, a Lionel Messi y al cántico por Boca Juniors: “Cuando llegué me tarareaban el ‘dale, Bo; dale, Bo’”, comenta.
Planes y deseos a futuro
A pesar de estar adaptado, Amarilla no cierra las puertas a un regreso: quisiera intentar una experiencia en Europa o en otra liga asiática más competitiva, y también vislumbra la posibilidad de volver a la Argentina para tener una revancha en el fútbol local. Por ahora, el fueguino sigue haciendo su carrera en la humedad y el calor de Filipinas, lejos de casa pero con la mirada puesta en nuevas metas.