Bryant Lázaro, el cerebro táctico argentino que encontró su lugar en Estoril

Un proyecto modesto que pisa fuerte

Veinte años después de haber dejado su barrio a 90 minutos de Buenos Aires, Bryant Lázaro ocupa hoy la segunda plaza en el Estoril de Portugal, un club con presupuesto reducido que ha irrumpido en la mitad alta de la Primeira Liga. Bajo la dirección de Ian Cathro, de 39 años, el equipo ha superado expectativas y ha mostrado un fútbol intenso: presión alta, recuperación rápida y generación constante de oportunidades.

Incluso José Mourinho, ahora al frente del Benfica, valoró su propuesta tras el 3-1 de la semana pasada: «Realmente juegan bien, son agradables de ver y pueden obtener buenos resultados incluso frente a los grandes». Pese a que ese partido terminó con una derrota por 3-1 para Estoril, los números hablaron: más tiros a puerta que el favorito de la liga en esa noche. Lázaro, pieza clave en el entramado, resume la filosofía: «Somos un equipo que juega sin miedo, sin importar el rival: sea Benfica de visitante, Porto hace tres semanas o Braga en casa hace dos. Siempre jugamos sin miedo».

De las charlas en taxis al interés por los detalles

Su historia personal no es lineal ni romántica en la forma tradicional: es el producto de pequeñas conversaciones y decisiones obsesivas. Aquellas charlas con taxistas en su barrio —gente apasionada y sabia sobre fútbol— le enseñaron que la mejor forma de crecer era rodearse de mentes obsesionadas con el juego. A los 19 años se preguntó dónde estaban los técnicos más inteligentes: Argentina tenía la furia, Italia la mística, Francia la cantera, y España, pensó, ofrecía detalles técnicos y oportunidades para entrar sin contactos.

«Los españoles tenían los detalles técnicos que anhelaba. Para mí, ir allí era la forma de meter la nariz por la puerta, porque no tenía contactos», recuerda Lázaro. La respuesta práctica fue apostar por la academia: un máster en Identificación de Talento en la escuela de posgrado de Madrid y luego un MBA en Gestión Deportiva como complemento indispensable. «Sabía que no podía perder. Si no salía con más dinero del que entré —que no era mucho— al menos sabía que iba a aprender», añade.

Formación caminada y acreditada

La carrera de Lázaro combina aprendizaje de campo y rigor académico. Su recorrido profesional incluye pasos y estancias que construyeron su perfil multilateral:

  • Puesto en Levante para supervisar el desarrollo de entrenadores y trabajo semanal en campo.
  • Trabajo en Sevilla bajo la dirección de Unai Emery.
  • Cuatro etapas distintas en Noruega, incluyendo la histórica experiencia en Øygarden FK.
  • Interludios profesionales en Ecuador.
  • Formación continua en entrenamiento y un doctorado en Ciencias del Deporte, graduado Cum Laude con una tesis sobre identificación de jugadores.

A los 32 años se convirtió en el entrenador estadounidense más joven en dirigir un club profesional al tomar las riendas del Øygarden FK en Noruega; hoy, a los 38, su currículum y su inteligencia operativa lo colocan en una posición adelantada dentro de su generación.

La influencia de Marcelo Bielsa y de los grandes

Parte de su aprendizaje clave vino de la relación con Marcelo Bielsa, con quien forjó una amistad y un vínculo profesional que lo marcó. Lázaro valora en Bielsa su capacidad para cuestionarse permanentemente: «Él puede cuestionarse a sí mismo una y otra vez, mientras mantiene una firme convicción en sus ideas. Nunca he conocido a nadie que haga eso». Además, subraya el carácter metodológico del rosarino: «[Bielsa] tiene sesiones de entrenamiento únicas, individualizadas y específicas para cada posición, trabajando en pequeños grupos y de manera repetitiva. Todo esto se combina con el famoso murder-ball, que ocurre aproximadamente una vez a la semana, mientras que el resto del trabajo es muy personalizado y en grupos reducidos».

Lázaro también rescata la ruta académica como vía de entrada para técnicos jóvenes: «Marcelo, al igual que Mourinho, no fue un gran exjugador. Llegaron al fútbol de otra manera. Marcelo cree firmemente en iniciar en las academias antes de llegar al primer equipo, y eso fue una de las razones por las que conectamos».

Estoril: comunidad, clima y método

Portugal le siente bien. Estoril es un club con fuerte arraigo comunitario, ubicado en el lado oeste del país, a solo 30 minutos de Lisboa. El Estadio António Coimbra da Mota, con sus 5,000 asientos, tiene un encanto particular que combina proximidad y ambición. El equipo ocupa la décima posición en la liga y atraviesa una estabilidad económica que permite planificar a medio plazo; Lázaro observa cómo en sus 18 meses en Portugal 15 clubes cambiaron de entrenador dos veces, una muestra de la volatilidad del oficio.

En su día a día, Lázaro es el cerebro táctico: habla cuatro idiomas, suma tres títulos en su trayectoria y suele aparecer entre pizarras llenas de datos, números y diagramas en videollamadas. Bajo la tutela de Ian Cathro, tiene espacio para innovar y experimentar con el estilo: «Los presionamos alto y construimos juego desde atrás. Esto lo hacemos porque se adapta a nuestros jugadores, no porque busquemos jugar un fútbol bonito», afirma.

Datos, AI y la primacía del instinto

En un mundo donde el fútbol ingresa cada vez más en la órbita de datos, modelos matemáticos e inteligencia artificial, Lázaro mantiene una postura equilibrada: reconoce la utilidad de la tecnología pero advierte sobre sus límites. «hay que tener cuidado», bromea, y reflexiona: «Al final del día, creo que el instinto será el rey. El fútbol es una anomalía; su imprevisibilidad es lo que lo hace el deporte más popular del mundo. Los datos solo pueden llevarte hasta cierto punto».

Mirando adelante sin prisas

El futuro de Lázaro puede tomar varias sendas. Aunque conserva relación con Estados Unidos —sigue al USMNT y la MLS— y reconoce que una oferta como entrenador principal en ese país podría ser considerada «siempre que fuera algo especial y que coincidiera con mi ambición», admite que ahora mismo no está en su mente: «Tendría que ser algo especial y que coincidiera con mi ambición. Pero, sinceramente, no está en mi mente ahora».

Por ahora, su prioridad es seguir aprendiendo y consolidando el proyecto en Estoril: «Estoy aprendiendo mucho aquí y, honestamente, considero un privilegio entrenar contra tipos como José, trabajar con Ian Cathro y pasar tiempo con Bob Bradley cuando estaba en Noruega. Son personas que han marcado un camino y han abierto oportunidades para entrenadores estadounidenses en Europa», dice.

Una carrera en permanente construcción

La historia de Lázaro es la de un técnico que eligió la formación como trampolín, la experiencia como laboratorio y la constancia como filo. Su trayectoria, con títulos, idiomas y contactos, demuestra que el camino hacia la primera línea del fútbol profesional puede pasar por rutas menos tradicionales. Y él mismo lo sintetiza con humildad y ambición: «Cuanto más te adentras en el fútbol como entrenador, más te das cuenta de lo que no sabes». ¿Listo para el próximo paso? El tiempo y los resultados lo dirán.