Un mismo punto de llegada: la impronta del fútbol argentino en 2025

No hubo dos estilos idénticos, pero sí una línea común entre los equipos que celebraron títulos en 2025: menos posesión, más transición; menos paciencia para elaborar, más búsqueda de verticalidad. El común denominador fue el pragmatismo: se priorizó explotar la pérdida rival y salir rápido antes que sostener largos trenes de pases. En estas páginas, el repaso táctico de una temporada que confirmó un cambio de era.

Más piernas que cabeza

La caída del nivel técnico individual —en un torneo que se mostró discreto, aunque competitivo por lo parejo de los participantes— derivó en equipos que apostaron al físico y al orden colectivo antes que a la inventiva. Hoy alcanza, muchas veces, con correr igual o más que el adversario. Son pocos los que desequilibran por jerarquía propia y aún menos los que lo hacen a través de un funcionamiento elaborado.

La explicación recurrente de los entrenadores fue la urgencia por sumar: con planteles que en general no abundan en calidad, resulta lógico refugiarse en lo seguro. De ahí surgió una tendencia a reducir al mínimo el margen de error y a renunciar a la audacia creativa.

La excepción y la norma

Salvo excepciones notables como Argentinos Juniors, la mayoría reforzó sus líneas defensivas y dejó la iniciativa al rival: más destruir que construir. Quienes intentaron protagonizar con la pelota —River e Independiente entre ellos— no tuvieron un año regular en términos de resultados o continuidad de juego. En líneas generales, el fútbol de alto vuelo fue poco frecuente.

Cambio de esquema y de prioridades

El 4-3-3 que mandaba hace algunas temporadas cedió terreno al 4-2-3-1 (que se transforma en 4-5-1 en fase defensiva). Ese replanteo llegó acompañado de una caída en los porcentajes de posesión en la mayoría de los equipos comparado con campañas anteriores. El objetivo quedó claro: fútbol práctico, pocos toques y búsqueda inmediata del área rival tras recuperar la pelota.

Casos testigo: Riestra, Barracas, Platense e Independiente Rivadavia

  • Riestra y Barracas, aunque no fueron campeones, funcionaron como ejemplos de este estilo directo y transicional.
  • Platense, campeón del Apertura, e Independiente Rivadavia, ganador de la Copa Argentina, mostraron defensas sólidas, mediocampos combativos y delanteros especialistas en lastimar: Taborda y Martínez en un caso; Villa y Arce en el otro.
  • Su receta: achicar espacios, armar un bloque medio-bajo para presionar y recuperar, y salir rápido al contraataque. Simple y eficaz.

Quienes intentaron mandar

Estudiantes, Vélez, Central y, en menor medida, Talleres, propusieron una lectura más ofensiva. Estudiantes y Vélez destacaron por su presión alta y, gracias a futbolistas de mayor técnica, buscaron ser protagonistas cuando pudieron. Aun así, su ambición no siempre se tradujo en controlar la posesión durante largos pasajes: volvieron al pragmatismo y supieron retroceder para atacar espacios cuando la situación lo exigía.

Un ejemplo puntual: el partido de cuartos del reciente Clausura, Estudiantes vs. Rosario Central en Arroyito, donde el Pincha supo combinar presión y repliegue para encontrar ventajas.

Atacantes para un juego de transición

La búsqueda de efectividad encontró en extremos veloces a sus mejores aliados. Jugadores como Campaz (Central), Cetré (Estudiantes) y Maher Carrizo (Vélez) ofrecieron capacidad de aceleración para lastimar a rivales que dejaban huecos. La apuesta por delanteros rápidos y agazapados fue recurrente entre quienes quisieron dar el golpe en la contra.

¿Se consolidará esta tendencia en 2026?

El año dejó claro un cambio de paradigma en la liga argentina: menos paciencia, más decisión por la recuperación y salida rápida. La pregunta, ahora, es si la próxima temporada reforzará este libreto o si aparecerá un campeón dispuesto a romper la lógica y recuperar la posesión como arma dominante. Por ahora, el torneo privilegió la efectividad sobre la estética.