Un perfil que cumple con el manual del ídolo
Leandro Paredes reúne casi todos los ingredientes que pide la receta: talento, presencia, identificación con la camiseta y un alto reconocimiento público. Llegó con la devoción de los chicos que crecieron viendo a la selección campeona del mundo, con aplausos de la platea femenina, contratos publicitarios y apariciones en revistas. El biotipo de jugador que cualquier club desearía tener en su escaparate.
La paradoja del camino elegido
El problema no está en sus atributos, sino en el proceso: primero se fabricó la idolatría —repentina, exagerada y promovida desde dentro— y ahora llega el momento de justificarla en la cancha. Fue el propio club el que impulsó esa construcción emocional y un público huérfano de referentes la aceptó de forma rápida, casi sin preguntas. Hoy se espera que Paredes no solo lidere desde lo futbolístico, sino que también encarne la imagen de un Boca en reconstrucción, con la Copa Libertadores como objetivo irrenunciable.
El fantasma de Cavani y una larga lista de oportunidades perdidas
La comparación inevitable es con Edinson Cavani: una presentación colmando la Bombonera, el cántico «¡uruguayo, uruguayo!» de la barra aún sin debut oficial, la ovación en cada mención y una relación con los hinchas que se fue enfriando a medida que el rendimiento no estuvo a la altura. El presidente Juan Román Riquelme intentó sostenerlo en un pedestal, pero la experiencia terminó parecida a la de otros futbolistas que, por distintos motivos, diluyeron su posibilidad de dejar huella.
- Carlos Tevez: volvió como ídolo en 2015, pero puso en riesgo esa condición al irse a China.
- Rolando Schiavi y Martín Palermo: cerraron sus carreras con honores (Schiavi campeón de América y del mundo, Palermo máximo goleador histórico) y dejaron una marca difícil de igualar.
- Agustín Orión y Daniel “Cata” Díaz: muy queridos en su momento, quedaron asociados a la eliminación ante Independiente del Valle en la Libertadores 2016 y se fueron entre críticas.
- Darío Benedetto: venerado en su primera etapa, su regreso terminó erosionando su imagen por escándalos extrafutbolísticos y un bajo rendimiento.
- Cristian Pavón: figura del bicampeonato con Guillermo Barros Schelotto y titular en el Mundial de Rusia, volvió a irse libre y enfrentado con la dirigencia.
- Sergio Romero y Marcos Rojo: tampoco capitalizaron su regreso; Romero decayó en 2024 tras ser clave en la final de la Libertadores 2023 y terminó sin jugar luego de un cruce con un plateísta; Rojo acumuló indisciplinas y se marchó en conflicto con la conducción y el cuerpo técnico de Miguel Russo.
- Edinson Cavani: además de jugar poco por lesión en el Mundial de Clubes, tensionó la relación con declaraciones posteriores a la eliminación frente a Auckland City.
La historia previa de Paredes en Boca
En su primera etapa entre 2010 y 2013, Paredes disputó 31 partidos —14 como titular— y convirtió cinco goles. Cerró ese ciclo como suplente de Riquelme y, en ese tramo, sumó dos títulos: el Apertura 2011, con escasa participación, y la Copa Argentina 2012, en la que jugó apenas un minuto. Luego partió a préstamo a la Roma y pasó al Chievo Verona antes de explotar en Europa y afirmarse en la selección, hecho que lo acercó nuevamente al cariño xeneize.
Una bienvenida que no estuvo exenta de polémica
Su retorno tuvo momentos discutidos: el hincha le perdonó incluso unas vacaciones tomadas durante el Mundial de Clubes —con todo acordado para incorporarse— mientras Boca se preparaba para enfrentar rivales como Bayern Munich y Benfica. La presentación en la Bombonera, con estadio lleno y entrada gratuita, funcionó como un salvoconducto para una dirigencia cuestionada tras aquella experiencia.
¿Mejoras reales o relato construido?
Desde su llegada, Boca mostró señales de mejoría puntuales: su influencia en pelota parada fue notable (ocho goles llegaron de esa vía). Sin embargo, el equipo fue irregular y no consiguió títulos. En su debut como titular quedó eliminado con Atlético Tucumán en la Copa Argentina y el equipo cayó en semifinales del Clausura ante Racing. Aun así, la dirigencia y la tribuna intentaron consolidarlo como emblema: en octubre pasado, la barra colgó una bandera gigante con su rostro en el partido ante Newell’s, obra de la misma facción que en 2023 había hecho un telón para Cavani.
Un liderazgo real dentro del vestuario
Lo que sí es indudable es que Paredes asumió un rol de liderazgo puertas adentro. Fue sostén del cuerpo técnico durante la enfermedad de Russo y en las primeras semanas del ciclo de Claudio Úbeda, a pesar de gestos de inconformidad públicos, como cuando protestó por la salida de Exequiel Zeballos contra Racing. Organizó asados mensuales, cobijó a Zeballos y lo ayudó a cambiar el chip; el primer día de entrenamientos mantuvo una charla a solas con Úbeda para alinear el trabajo y transmitirle el respaldo del grupo.
La prueba de fuego: legitimar la idolatría en la cancha
Los psicólogos llaman a este fenómeno «sustitución afectiva»: ocupar con rapidez el lugar emocional que dejó una pérdida sin el tiempo necesario para construirlo. No es nuevo en el fútbol, aunque en Boca pareció intensificarse. Un caso comparable fue el de Diego Milito en Racing, que regresó como líder espiritual pese a que sus mayores laureles habían llegado fuera del país.
Paredes volvió a los 31 años con el sueño de consagrarse en Boca y levantar la Libertadores. Ese anhelo alimenta la idolatría que recibió con naturalidad; ahora le toca validarla donde cuentan los premios: dentro de la cancha.