La noche que desafió la lógica

Mario Basler adelantó temprano al FC Bayern con un tiro libre directo y, con el marcador 1-0, fue sustituido en el minuto 89. El drama del tiempo añadido lo vivió desde el banquillo, convencido de ser —al menos en lo personal— campeón de la Liga de Campeones. Y, por supuesto, no estaba dispuesto a permitir que ese pequeño detalle arruinara su celebración.

La fiesta que quedó en la memoria

Lo que ocurrió tras la histórica derrota quedó grabado en el vestuario. Su compañero Alexander Zickler la describió tiempo después como “la mejor fiesta que viví en mi etapa en el FC Bayern”, incluso por encima de la que siguió al título de 2001. “Mario Basler siempre encuentra la manera de que algo así funcione”, contó Zickler en una entrevista con SPOX.

El propio Basler no ocultó su versión: “La fiesta fue sensacional, lo pasamos increíble. Se bebió, se rió y se bailó tanto que la pista de baile ardía… o mejor dicho, el mantel, porque también bailamos sobre las mesas. No nos fuimos a dormir hasta bien entrada la madrugada”.

Según su relato, la noche posterior a la final fue muy similar a la anterior: “Me quedé en el bar hasta las tres y media, cuando todos los demás ya dormían”. Tanto el entrenador Ottmar Hitzfeld como el manager Uli Hoeneß le pidieron varias veces que se fuera a la cama. “Y yo les dije: no, todavía tengo que beber unas cervezas”. Cuando llegó a la décima, le advirtieron: “Entonces no podrás jugar mañana”. A lo que Basler respondió: “Entonces no podremos ganar mañana”. Al final fue titular… y se proclamó campeón de su propia Liga de Campeones.

Un jugador en el cruce de la genialidad y la polémica

Alcohol, fiestas desbordadas, frases provocadoras, choques con la autoridad y una calidad futbolística incuestionable, pero siempre al borde de la gloria: la final de la Champions de 1999 condensó todo lo que representó el rebelde Mario Basler.

Origen y primeros pasos

Basler nació en 1968 en Neustadt an der Weinstraße. El nombre de su ciudad natal parecía anticipar una de sus grandes pasiones, aunque el vino siempre compitió con la cerveza, los licores y, por supuesto, los cigarrillos. Reiner Geye, dirigente de su club juvenil y confeso hincha del Kaiserslautern, ya entonces le atribuía un “estilo de vida poco disciplinado”.

Con apenas 20 años dio el salto al Rot-Weiss Essen y más tarde al Hertha BSC. Su talento nunca estuvo en duda. El entonces entrenador del Hertha, Bernd Stange, lo definió así: “De la cabeza para abajo, de clase mundial; de la cabeza para arriba, nivel regional”.

La consagración y el paso a Múnich

  • Werder Bremen: llegó a mediados de los noventa, campeón de la Copa en 1994 y máximo goleador en 1995, impulsado incluso por tres goles olímpicos.
  • 1996: fichaje por el FC Bayern, el club más poderoso de Alemania.

En Múnich permaneció algo más de tres años. Ganó dos Bundesligas y una Copa DFB, pero, sobre todo, se convirtió en uno de los rostros del mítico «FC Hollywood»: una constelación de talentos y egos —Lothar Matthäus, Mehmet Scholl, Stefan Effenberg u Oliver Kahn— que brillaban tanto dentro como fuera del campo.

Así como encadenaba goles espectaculares, fuera de la cancha acumulaba episodios polémicos: una noche en una discoteca estando de baja médica, peleas públicas… Uli Hoeneß llegó incluso a contratar detectives para vigilarlo y lo multó en repetidas ocasiones. Super Mario vivía a su manera y no aceptaba órdenes de nadie.

El final de una era en Múnich y el regreso a Kaiserslautern

Pocos meses después del drama —o del triunfo personal, según se mire— en la final de la Liga de Campeones, el FC Bayern terminó por perder la paciencia. Durante la rehabilitación de una lesión, Basler se vio involucrado junto al portero suplente Sven Scheuer en una pelea nocturna en una pizzería de Ratisbona. El club decidió suspenderlo y el jugador regresó a Kaiserslautern. “Podría haber llegado a ser una leyenda aquí”, admitiría Hoeneß años después, con cierta nostalgia.

Con apenas 30 años, aquello fue, en cierto modo, una despedida anticipada del gran fútbol.

Selección: oportunidades desperdiciadas

Basler ya había disputado su último partido internacional un año antes. En el Mundial de 1994 jugó apenas 30 minutos ante Bolivia en el partido inaugural y luego permaneció en el banquillo hasta la eliminación en cuartos de final frente a Bulgaria. De cara a la Eurocopa de 1996 era considerado una pieza fija del equipo, hasta que una entrada de su propio compañero Christian Ziege le provocó una lesión de tobillo durante un entrenamiento. Antes incluso del partido inaugural, Basler abandonó Inglaterra; sus compañeros acabarían levantando el trofeo.

Pese a las decepciones personales, siempre recordó ambos torneos —al igual que la final de la Champions de 1999— con cariño: “Éramos un grupo muy unido y teníamos a Berti Vogts como entrenador, alguien que sabía encontrar el equilibrio perfecto entre tensión y relajación”, contó años después.

Noches, anécdotas y comparaciones internacionales

Basler describió aquellas concentraciones con naturalidad: salidas a restaurantes, bares y discotecas, cerveza, vodka con limón o gin-tonics, un par de Marlboro y charla sobre las cosas buenas de la vida. “Claro que a veces estábamos algo bebidos, pero nunca como los jugadores de la selección inglesa. Ellos arrasaban con la cerveza como si al día siguiente no fuera a quedar nada. Era increíble ver lo que consumían. Comparados con ellos, éramos unos santos”, llegó a decir.

En el camino al título de la Eurocopa 1996, la selección alemana se cruzó con una selección inglesa que ya había protagonizado escándalos extrafutbolísticos, como el episodio en Hong Kong con jugadores atados a una silla de dentista mientras les vertían licor en la garganta. Para Basler, aquellos eran, probablemente, “los buenos viejos tiempos”.

La segunda vida: entrenador, directivo y showman

En 2004 Mario Basler puso fin a su carrera profesional, irónicamente, en Catar. Desde entonces ocupó distintos cargos como entrenador y directivo en clubes de categorías inferiores, pero nunca dejó de estar en el foco público por la contundencia de sus opiniones.

Trabaja como comentarista televisivo y recorre Alemania con un espectáculo de comedia: Basler ballert, nombre del show y, al mismo tiempo, declaración de principios. Su discurso suele ser nostálgico y provocador: “ya no quedan tipos auténticos y antes todo era mejor”, acompañado de anécdotas de un pasado que él mismo ayudó a construir.

Polémicas recientes y legado

En tiempos recientes volvió a los titulares por sus críticas a la joven promesa del Bayern, Lennart Karl: si tuviera que compartir vestuario con los futbolistas actuales, “se volvería loco”, dijo, reprochando rutinas de cuidado personal y tatuajes. La imagen que ofrece Basler es la de un jugador que bebía, fumaba y aun así fue capaz de disputar la final de la Champions League.

La pregunta persiste: ¿hasta dónde habría llegado si hubiera vivido de otra manera? Mientras tanto, Mario Basler sigue siendo una figura divisiva: exjugador, comentarista y comediante, con historias que siguen alimentando la leyenda de un carácter indomable.