El control del balón vuelve a poner al Barça en el centro del debate
La estadística más repetida en los últimos días es la posesión: números fríos que describen historias calientes. Desde la manita histórica hasta las recientes finales, el Barcelona volvió a demostrar que, más allá del marcador, sabe dominar el ritmo del partido. Repasamos los episodios clave que explican por qué la pelota, otra vez, fue del equipo blaugrana.
La noche del 5-0 que quedó para la memoria
Aquella velada de noviembre de 2010 —en la que el Barça celebraba su 111º aniversario— no fue un Clásico cualquiera. Fue la quinta victoria consecutiva de Guardiola sobre el Real Madrid, el primero con Sandro Rosell como presidente y la noche en la que el equipo de Mourinho no encontró respuesta. Iturralde, en el minuto 90, terminó expulsando a Sergio Ramos tras varios incidentes previos. Piqué dejó la “manita” en el marcador y Xavi, elegido mejor del partido, llegó a pasarle la pelota a un rival al final porque no la habían tocado en toda la noche.
En cifras: aquel Barça de Guardiola acumuló un 66% de posesión frente al 34% del equipo de Mourinho.
Arabia, la final y la curiosa correspondencia
En territorio internacional, el Barça dirigido por Flick alcanzó un 68% de posesión en Arabia. Curiosamente, ese porcentaje de la final se corresponde, de manera exacta, con el 32%-68% que ya tuvo el Barça en la derrota liguera en el Bernabéu.
Comparaciones recientes: dominio y matices
Más allá del resultado inmediato, el dato revela una constante: el Barça actual mantiene el dominio del esférico y el control del encuentro ante un Real Madrid —con Alonso en el banco— que en muchos pasajes parecía regalar la pelota. Frente al Madrid de Ancelotti el equipo de Flick también consiguió más tiempo de balón, aunque con porcentajes inferiores a los extremos mencionados antes.
- Liga (Bernabéu): 58% de posesión para el Barça.
- Liga (Montjuïc): 62% de posesión para el Barça.
- Final de la Supercopa: 51% de posesión.
- Final de la Copa: 59% de posesión.
Qué queda por ver
Habrá que seguir la evolución de jugadores como Arbeloa en esos duelos y cómo reajustan los entrenadores sus planteos ante la superioridad territorial del conjunto blaugrana. Con Flick al frente, la sensación es de rumbo firme: el barco navega a toda vela.