Ángel Coerezza: un legado de «conducción inteligente»

El fútbol argentino despide a una figura que pocas veces despierta tanta admiración y respeto: Ángel Coerezza, quien falleció ayer. Su trayectoria, tanto dentro como fuera de la cancha, lo convirtió en referente de varias generaciones de árbitros y en una voz autorizada del arbitraje nacional.

En la cancha: hitos y grandes partidos

  • Debutó en Primera en 1957, con apenas 24 años, dirigiendo nada menos que el clásico Independiente–San Lorenzo.
  • Alcanzó la cúspide internacional en el Mundial de México 1970, donde estuvo en el cruce entre la Alemania de Beckenbauer y la Inglaterra de Bobby Moore.
  • Actuó como juez de línea en la final más recordada de ese Mundial: Brasil derrotó 4-1 a Italia.
  • Cerró su carrera en el partido inaugural del Mundial 1978, en el Monumental, al arbitrar Alemania–Polonia.

Formador y mentor

Coerezza no se limitó a imponer su impronta durante los partidos: fue un formador clave. Condujo la Escuela de Árbitros entre 1979 y 1989, y más tarde, a instancias de Miguel Scime, volvió como mentor y consejero para otra generación, entre 2010 y 2017. Allí, con 83 años, culminó su labor oficial.

Siempre fue —según quienes lo conocieron— un oído atento y una voz que transmitía ánimo y valores. Su influencia marcó a numerosas promociones de referís que pasaron por la Escuela.

Más allá del silbato

La vida de Coerezza tuvo facetas diversas: fue chef, estuvo a cargo del predio de Ezeiza y se desempeñó como relacionista público de adidas. Esa variedad de roles mostró su carácter polifacético y su capacidad para relacionarse en distintos ámbitos del fútbol.

La filosofía: «conducción inteligente»

Su sello fue una forma de arbitrar que él definía como “conducción inteligente”. Para Coerezza eso implicaba saber cuándo exigir presencia y decisiones drásticas y cuándo permitir que el juego fluyera. La aplicación lúcida de la regla de la ventaja —para dar ritmo al partido y protagonismo a los jugadores— fue su seña distintiva.

Criticado en ocasiones cuando otros desvirtuaron el concepto hacia posturas acomodaticias o especulativas, su intención original siempre fue clara: un arbitraje que combine criterio, serenidad y sentido del juego.

Obra escrita y llamado final

Estudioso del reglamento, volcó sus ideas en el libro Reglamento de fútbol razonado (1997), una obra que sintetiza su mirada técnica y pedagógica sobre el arbitraje.

Sensible, sabio, espiritual y valiente, Coerezza deja una huella que debería servir de inspiración para que sus colegas actuales retomen una senda de honestidad intelectual, sentido de justicia e integridad personal —valores que, según muchos, se han ido perdiendo.