Insultos homófobos empañan el partido en el Sánchez Pizjuán

El partido de la jornada 19 de LaLiga entre el Sevilla y el Celta de Vigo, disputado el pasado lunes en el Ramón Sánchez Pizjuán, tuvo un episodio extradeportivo que ensombreció la actuación dentro de la cancha. A la salida del estadio, un reducido sector de la afición sevillista lanzó insultos homófobos contra el delantero celeste Borja Iglesias, gritando expresiones como «maricón de mierda, a ver si te mueres».

Un comportamiento lamentable y cada vez más habitual

Los hechos, además de repugnantes, vuelven a poner en evidencia una realidad que desgraciadamente se repite: jugadores víctimas de burlas, faltas de respeto e insultos que nada tienen que ver con la esencia del fútbol. Hay quienes parecen acudir al estadio para descargar frustraciones personales, y esa violencia verbal fue lo que sufrió el delantero vigués a la salida del Ramón Sánchez Pizjuán.

La respuesta del jugador y del club

El propio Borja Iglesias denunció lo sucedido a través de sus redes sociales. Con la ironía habitual, respondió a un tuit que recogía el incidente: «qué raro, si esto en el fútbol no pasa nunca».

  • El Celta de Vigo, por su parte, publicó en redes una foto del delantero acompañada de mensajes que subrayaron el rechazo al episodio: «el respeto no se negocia» y «el odio no tiene cabida en el fútbol».
  • Con ese gesto el club mostró su apoyo incondicional a Borja Iglesias y condenó cualquier tipo de violencia dentro y fuera de los estadios.

Más allá de las opiniones: el límite del insulto

Borja Iglesias es un futbolista conocido por su personalidad y por tomar posturas en asuntos sociales y políticos que no siempre concilian con todos los aficionados. No obstante, discrepar de sus opiniones es una cosa; otra muy distinta es recurrir a insultos homófobos y deseos de daño. Ese límite ha sido claramente traspasado en Sevilla.

Qué deja este episodio

La escena en el Sánchez Pizjuán es un recordatorio incómodo: el fútbol puede ser pasión, debate y compromiso, pero no campo para la violencia verbal ni la discriminación. Clubs, instituciones y aficiones tienen la responsabilidad de frenar estos comportamientos si quieren que el deporte siga siendo un lugar de encuentro y respeto.