Un duelo decidido en los últimos compases y en los detalles tácticos

El clásico que terminó con el festejo blaugrana tuvo más de estrategia que de vértigo durante largos pasajes. El primer tiempo fue una película escrita en la pizarra merengue antes de que ambos equipos aparecieran en el césped: una línea de cinco en el fondo para el Madrid y piezas colocadas dentro para achicar los pasillos centrales, mientras que el Barça intentó mover la pelota con paciencia buscando profundidad.

Cómo se jugó la primera mitad

  • El Madrid alineó un sistema con cinco defensores y alternativas interiores —Asencio, Tchouaméni y Huijsen— destinadas a estrujar los carriles por donde pasan Fermín, Raphinha y Lewandowski.

  • La única libertad ofensiva del equipo blanco fue Vinicius, porque su compañero Gonzalo corría detrás de Frenkie de Jong o Pedri, los jugadores que intentaban apoyar a Cubarsí y Eric Garcia en la salida.

  • El Barcelona movió el balón con dominio territorial casi absoluto, aunque sin generar profundidad ni desordenar en exceso a la defensa merengue: media hora sin grandes ocasiones en las áreas, con apenas pruebas de Gonzalo y Vinicius a Joan García y alguna inquietud de Raphinha a Courtois.

Los goles que marcaron el primer tiempo

  • El sabor del primer tiempo cambió en los últimos minutos: Fermín impulsó la jugada para Raphinha, que colocó un zurdazo al palo para el 1-0.

  • Vinicius Junior respondió de forma individual y puso el 1-1 con una acción propia de su desequilibrio.

  • Antes de ir al descanso, De Jong y Pedri encontraron la descoordinación rival: Asencio fuera de zona y Pedri filtró un pase preciso para que Robert, con habilidad, superara la salida de Thibaut Courtois y pusiera el 2-1.

  • Del córner posterior, un remate aéreo de Huijsen fue rechazado, Raphinha chocó con el palo y el rechace terminó en los pies de Gonzalo, que estableció el 2-2 pese a la oposición de Pedri.

La segunda mitad: reacción blaugrana y desgaste madridista

El Barcelona, que se sentía superior, tuvo que mostrar carácter para digerir el golpe del segundo tanto rival. Lo hizo reiniciando el partido como si arrancara otro clásico: más ritmo en el manejo del balón y una búsqueda constante de romper el cerrojo de nueve jugadores merengues que intentaron no separarse.

El calor y la humedad forzaron pausas de hidratación y el valor de un banco más largo se notó durante todo el encuentro: las alternativas en el banquillo pesaron del lado culé.

Raphinha, Lamine y la llave final

  • Para llegar al tercer gol, Flick vio a Lamine más desequilibrante y a Raphinha con el semblante de quien decide en finales. Koundé también mejoró su rendimiento y, con el Madrid castigado por el cansancio, la posesión se inclinó aún más al Barcelona.

  • Raphinha firmó el doblete y esa conquista terminó de inclinar la balanza. El Madrid intentó responder pero tuvo un problema: los cambios, incluido Mbappé, no llegaron a igualar lo que ofreció Vinicius mientras pudo sostener el ritmo.

  • Con Valverde lesionado y la entrada de Ferran Torres, la sensación fue que faltó claridad en la ofensiva rival; Marcus Rashford hubiera sido pedido para sentenciar o, al menos, para cerrar la final con el balón en sus botas junto a un córner. No ocurrió así.

Joan García, la figura que evitó más drama

El Madrid generó un par de ocasiones claras en la recta final, pero la buena colocación y la sangre fría de Joan García frustraron cualquier intento de penalizar el resultado. Sin hacer un partido brillante, el FC Barcelona volvió a demostrar que, en fútbol e imagen, sigue por encima de un Madrid que pareció asustadizo en momentos clave.

El cierre y la estampa del título

El broche llegó con Araujo levantando el trofeo: otro título para el museo azulgrana y, sobre todo, un alimento psicológico para lo que resta de la temporada. Bravo: una noche feliz para el Barça y un golpe de confianza que suma.