La caída de Ruben Amorim: errores, obstinación y el fin de un respaldo
Ruben Amorim llegó al Manchester United con gran expectativa, pero su gestión terminó provocando un distanciamiento inevitable con una afición y una institución que esperan resultados inmediatos. Desde críticos como Jamie Carragher hasta leyendas de los Red Devils —Wayne Rooney, Gary Neville y Paul Scholes—, su figura nunca estuvo exenta de reproches. Aun así, durante mucho tiempo contó con el aval de la directiva, incluso después de ocupar la posición más baja del club en la liga en 51 años y de quedarse fuera de las competiciones europeas por primera vez en 11 años tras perder la final de la Europa League ante un Tottenham sorprendentemente débil.
El blindaje de la cúpula
Sir Jim Ratcliffe llegó a ofrecer en octubre un horizonte de tres años para que Amorim «demostrara que es un buen entrenador», comparando su paciencia con la que tuvo el Arsenal con Mikel Arteta. Previamente, en junio, el director ejecutivo Omar Berrada lo había equiparado con Pep Guardiola, destacando que el portugués «se aferró a sus principios» y que, por lo logrado anteriormente, «contaba con una enorme cantidad de crédito en el banco». Berrada añadió que al técnico se le permitió un primer año por debajo de su nivel habitual y que el club lo respaldó en verano hasta crear «un ciclo ganador» que se mantuvo hasta esta temporada.
La ruptura con sus aliados
Que la alta dirección fuera su principal sostén hizo aún más llamativo el momento en que Amorim señaló públicamente a la directiva en Elland Road. Tras su despido, fuentes del United se apresuraron a asegurar que el entrenador contaba con un apoyo sólido dentro del club y que no hubo luchas de poder ni ultimátums. Sin embargo, la relación con el director deportivo Jason Wilcox parecía tensa: Wilcox, según distintas fuentes, le había pedido alejarse del sistema 3-4-2-1 que Amorim utilizó casi siempre.
La adhesión estricta del técnico a su esquema táctico se convirtió en su talón de Aquiles. Esa rigidez limitó al equipo en el campo y terminó provocando un choque con la jerarquía. Quienes trabajaron con él recuerdan a un entrenador que no tolera cuestionamientos ni interferencias en sus decisiones; en el Sporting CP disfrutaba de control absoluto sobre alineaciones y fichajes, algo que en Old Trafford ya no existía.
Resultados parlantes: cifras y comparaciones
- El United sostiene que Amorim fue cesado por la falta de señales de progreso.
- En 14 meses al cargo, ganó 24 de 63 partidos: un 38,7% de victorias.
- Es el peor registro del club en la era posterior a Sir Alex Ferguson, por debajo de Louis van Gaal, Erik ten Hag, Ole Gunnar Solskjær, José Mourinho y David Moyes (quienes superaron el 52% de triunfos).
- Es el peor rendimiento de un entrenador del United desde Frank O’Farrell a principios de los años 70.
Resulta difícil refutar el argumento del club si se obvia por un momento la discutida decisión de nombrarlo a mitad de la temporada pasada —cuando el propio Amorim quería esperar hasta el verano—. Además, a diferencia de la situación de Moyes en su momento, Amorim no puede alegar falta de respaldo en el mercado.
Refuerzos, fichajes y decisiones polémicas
En los meses siguientes a su llegada, el United incorporó a Patrick Dorgu para reforzar el lateral. Más significativo aún: Amorim tuvo libertad para apartar a Marcus Rashford del equipo y, finalmente, del club, situación que ha resultado incómoda tras la reconstrucción deportiva del delantero en Aston Villa y luego en el Barcelona, además de su regreso a la selección inglesa.
El pasado verano, el club invirtió 260 millones de euros en fichajes, con refuerzos ya preparados para la Premier League como Matheus Cunha y Bryan Mbeumo, la apuesta por un portero prometedor como Senne Lammens y la contratación más cara, Benjamin Sesko, por 90 millones de euros. Ese desembolso situó al United como el quinto club que más gastó en la Premier League y el tercero con mayor gasto neto, solo por detrás de Arsenal y Liverpool. Fuentes del club recordaron también que Amorim estuvo alineado con la estrategia de priorizar la compra de tres delanteros por encima de un centrocampista el verano pasado.
Oportunidades desaprovechadas y tropiezos sonoros
La ausencia de competición europea debía ser una ventaja: más sesiones de entrenamiento y menor desgaste. Aun así, el equipo desperdició esa renta, evidente desde la eliminación en la Carabao Cup contra el Grimsby Town, la primera derrota del United ante un equipo de cuarta división.
Tras 20 jornadas, el United ocupa la sexta plaza en la Premier League, pese a una racha preocupante: apenas tres victorias en los últimos 11 partidos, enfrentando en ese periodo a solo un rival del top cinco —el Aston Villa—, que los venció. Enfrentaron a cinco equipos situados en los últimos seis lugares de la tabla sin poder vencer a ninguno, entre ellos unos Wolves con el peor récord en la historia reciente de la categoría y un West Ham contra el que los Wolves habían ganado el fin de semana.
El rendimiento en Old Trafford ha sido especialmente gris: seis puntos en sus últimos cinco partidos en casa, con una derrota ante un Everton con diez jugadores y empates frente a Wolves, West Ham y Bournemouth. La única victoria de ese tramo, ante el Newcastle, llegó entre la fortuna y el dominio del rival en la segunda mitad.
Desdén por la cantera y mensajes contraproducentes
Más allá de los resultados, la gestión de Amorim mostró fisuras en la relación con la afición y la estructura de formación del club. Excluir a figuras de la casa como Marcus Rashford y Alejandro Garnacho, dar escasos minutos a Kobbie Mainoo y emitir juicios poco halagadores sobre jóvenes como Chido Obi y Harry Amass erosionó buena parte de su respaldo entre los hinchas de un club que se enorgullece de sus futbolistas nacidos en la academia.
Sus declaraciones públicas terminaron por minar al vestuario. Llegó a afirmar que preferiría alinear a su entrenador de porteros, Jorge Vital, de más de 60 años, antes que a Rashford, y describió al equipo como «tal vez el peor en la historia del Manchester United». Christian Eriksen explicó el efecto de esas palabras: «No creo que eso ayudara en absoluto. Algunas cosas se pueden decir internamente; no es inteligente decirlas en público, poniendo presión adicional y etiquetando a jugadores que ya estaban intentando dar lo mejor de sí. No ayudó en nada. Luego, si tiene razón o no, lo que sea, pero para nosotros fue como: ‘Aquí vamos de nuevo. Otro titular’.»
El desenlace: ¿tarde o a tiempo?
Durante la etapa de Amorim hubo demasiados titulares negativos y, aunque 14 meses puedan parecer poco, no faltan opiniones que sostienen que su cese debió llegar antes. La derrota en la final de la Europa League ante el Tottenham —que supuso también el adiós de Ange Postecoglou pese a haber ganado un primer trofeo en 17 años— fue un momento claro para un cambio. Otro punto crítico fue la caída en Brentford en septiembre, tras la cual ya habían surgido pedidos de destitución.
Al final, la confianza de la directiva fue el sostén principal del entrenador. Pero cuando ese mismo técnico empezó a apuntar públicamente a sus aliados, perdió el último refugio: sin apoyo interno y con resultados mediocres, su salida terminó siendo inevitable.