Un estreno complicado desde las gradas: la indisciplina que afronta Rosenior

Si Liam Rosenior pensaba llegar al puesto sin sorpresas, la realidad le golpeó desde el primer partido que vio en directo como entrenador del Chelsea. Apenas 22 minutos en Craven Cottage bastaron para evidenciar un problema que viene arrastrando el club: Marc Cucurella, uno de los más experimentados en la plantilla, quedó superado por un balón largo, no pudo contener a Harry Wilson y lo derribó como último hombre. La acción le costó la expulsión —la séptima tarjeta roja del Chelsea en la temporada, u ocho si se suma la expulsión del ya exentrenador Maresca en el partido contra el Liverpool— y contribuyó a una dolorosa derrota en el derbi del oeste de Londres.

Tanto Maresca como el interino Calum McFarlane minimizaron públicamente estos problemas de conducta, pero la situación muestra que algo debe cambiar urgentemente dentro del vestuario si Rosenior pretende revertir la dinámica.

Disciplina, primero

La tarjeta roja de Cucurella reaviva un tema recurrente: faltas de juicio en el campo y acumulación de sanciones que pasan factura en partidos clave. Más allá de la sanción individual, la impresión es colectiva: el Chelsea pierde la calma con demasiada facilidad y eso termina decantando los encuentros en su contra. Rosenior tiene que trabajar en la cabeza de sus jugadores y en los protocolos dentro del equipo para evitar que gestos puntuales definan resultados.

Rendimiento en Stamford Bridge: la fortaleza perdida

La derrota en Craven Cottage se suma a una preocupación mayor: el rendimiento como local. En la temporada 2025-26 el Chelsea ha ganado solo 4 de sus 10 partidos en Stamford Bridge, y ese registro lo coloca 13º en la tabla de rendimiento en casa de la Premier League —claramente insuficiente para un club de su talla.

Hubo recientes tropiezos en el Bridge contra Bournemouth y Aston Villa que culminaron en la sensación de que el estadio dejó de ser una fortaleza. Atrás quedaron las rachas invictas de Mourinho (60 y luego 77 partidos en casa); hoy la atmósfera se ha vuelto más tensa, alimentada por la resaca de los años posteriores a la llegada de Boehly-Clearlake y la percepción de una gestión errática. La presión y los pitos de la grada minan la confianza de un plantel joven que necesita sentirse apoyado para crecer.

La doble misión de Rosenior

El nuevo entrenador enfrenta una tarea doble: ganarse rápidamente a una afición voluble y volver a convertir Stamford Bridge en un estadio poco propicio para los rivales mejorando tanto el rendimiento como los resultados.

Jugadores clave: de Caicedo a Palmer

En el período de adaptación, Rosenior necesitará que sus principales figuras respondan. Sin embargo, varias de ellas no están en su mejor versión.

  • Moisés Caicedo: el mediocampista ha mostrado desorientación tras interrumpirse su continuidad por dos suspensiones, parte de una tendencia negativa con tarjetas.
  • Cole Palmer: el talento ofensivo ha estado por debajo de su nivel desde que volvió de un persistente problema en la ingle y de una inusual fractura en un dedo del pie. En diciembre admitió estar «lejos» de su condición óptima; siete partidos después de su regreso, solo ha dejado goles contra Everton y Bournemouth y algunos destellos de su calidad. Rosenior tendrá la responsabilidad de recuperar la consistencia del atacante de 23 años que convenció a tantos como una de las grandes promesas de la liga.

Hacer que la posesión valga

El Chelsea ha desarrollado últimamente la mala costumbre de dominar el balón sin transformar esa superioridad en goles y victorias. Empates y derrotas recientes —el empate con Bournemouth que precipitó la salida de Maresca, la derrota en casa ante Villa, y pinchazos contra recién ascendidos como Sunderland y Leeds— ponen en evidencia la falta de eficacia.

Rosenior, que prefiere un juego basado en la posesión, debe encontrar la fórmula para romper defensas cerradas y dar un propósito real a cada pase. Eso recaerá en jugadores creativos como Palmer y Joao Pedro y en los extremos, cuya tarea será abrir espacios y convertir dominio en oportunidades claras de gol.

Las bandas y el caso Garnacho

Alejandro Garnacho llegó al Chelsea en verano por apenas £40 millones ($54m), una inversión que muchos consideraron astuta dada su situación en el Manchester United. Sin embargo, el argentino de 21 años no ha brillado con la regularidad esperada: aparecen momentos de calidad, pero también muchas desapariciones de los partidos y errores defensivos que costaron puntos en empates con Brentford y Bournemouth.

El exjugador del United fue relegado al banco en los últimos dos encuentros de Maresca, y ahora Rosenior, con reputación de potenciar jóvenes, tiene la tarea de sacarle el máximo rendimiento a una apuesta que el club hizo con fe.

Mantener la ventaja: un problema crónico

Otro defecto preocupante es la incapacidad para cerrar los partidos cuando se está por delante. Solo Bournemouth ha perdido más puntos desde posiciones ganadoras en 2025-26 (13) que el Chelsea, una estadística que subraya la inexperiencia colectiva y la falta de temple para gestionar ventajas.

La pérdida de control en encuentros que parecían encarrilados —el partido contra Villa es un ejemplo paradigmático— fue uno de los motivos que terminó con el ciclo de Maresca. Para Rosenior, la prioridad será consolidar actuaciones y aprender a leer los momentos para conservar el triunfo.

Seis tareas prioritarias para Rosenior

  • Restablecer disciplina y control interno para evitar expulsiones y sanciones innecesarias.
  • Recuperar la fortaleza de Stamford Bridge y ganarse la confianza de una afición exigente.
  • Rehabilitar a Palmer y devolverle la regularidad que pueda marcar la diferencia.
  • Traducir la posesión en ocasiones y goles, aprendiendo a desbloquear defensas bajas.
  • Potenciar a Garnacho y sacar rendimiento de las bandas, donde hay mucha inversión y expectativas.
  • Aprender a cerrar los partidos: conservar ventajas y sumar puntos cuando estén por delante.

Rosenior toma el mando en un momento delicado: el calendario, la exigencia de los hinchas y la propia fragilidad del plantel no le dejarán margen de error. Si consigue imponer orden, recuperar a sus figuras y darle sentido a la posesión, el Chelsea podrá volver a ser ese equipo temible en su estadio. Si no, las dudas seguirán creciendo en Stamford Bridge.