El talón de Aquiles: el mediocampo que ata a los Spurs
Jamie Carragher dejó en claro cuál es, a su juicio, el problema número uno del Tottenham: la dependencia excesiva en dos jugadores de perfil destructor para anclar el centro del campo, sobre todo en la cesión de João Palhinha. El exdefensor británico criticó un pase fallido contra el Chelsea y puso el foco en la falta de calidad técnica y confianza del portugués. «Para un mediocentro del Tottenham, ese es un pase que debes poder hacer», señaló Carragher, añadiendo que Palhinha se complica con la pelota y pierde tiempo innecesario ante la presión del público.
La pareja Palhinha–Rodrigo Bentancur, lejos de ser complementaria, ha dejado al equipo sin fluidez. Individualmente ambos jugadores tienen virtudes: recuperan e interrumpen juego, pero juntos generan problemas serios tanto en posesión como sin ella. No aparecen por el balón, rehúyen progresar por el eje y, cuando lo consiguen, no son precisos. Las desventajas de esa dupla se evidenciaron en el derbi: el área que deberían cubrir quedó desatendida y el rival remató con frecuencia desde la frontal.
El caso Pape Matar Sarr y la falta de alternativas
Pape Matar Sarr, jugador de garra, energía y ganas de involucrarse, vio reducidos sus minutos tras un arranque prometedor de campaña. No parece casualidad que sus mejores actuaciones, frente a PSG y Manchester City, coincidieran con su presencia en el once; cuando dejó de ser titular, el rendimiento colectivo se resintió. Mientras tanto, jóvenes como Lucas Bergvall —el único que se asemeja a un creador en la plantilla— y Archie Gray no reciben las oportunidades que su bajo rendimiento justificaría. Frank necesita sangre nueva en el centro del campo y más riesgo en la elección de jugadores.
El problema de salida: posesión predecible y pases atrás
La incapacidad del Tottenham para mover el balón por el centro los ha hecho incluso más previsibles que en la etapa de Postecoglou. El patrón es repetitivo: Vicario alza corto hacia Van de Ven, Van de Ven lo devuelve y el balón termina forzado hacia la banda porque no hay progresión por el eje. Ese ciclo de sacar el balón, perderlo en el canal y repetirlo ha lastrado la salida desde la portería.
Gary Neville lo sintetizó durante la derrota en el clásico: hay diferencia entre jugar directo con intención y lanzar balones largos sin plan. El problema hoy parece ser la ausencia de principios claros en posesión: salvo en jugadas a balón parado, el equipo no muestra patrones ofensivos definidos. En ese sentido, Frank podría fijarse en una lección de Mauricio Pochettino: primero imponer rudimentos —»¡Eric! ¡A los pies! ¡Nada de balones largos!»— antes de desarrollar la filosofía más ambiciosa.
Mantener el balón en el suelo y aprovechar a los laterales
Es un síntoma estructural que afecta al equipo: con sólo tres carrileros disponibles y a Destiny Udogie con molestias, el uso de los laterales no está siendo óptimo. Pedro Porro, uno de los mejores laterales ofensivos de la Premier, todavía no ha alcanzado su nivel; llega a zonas prometedoras pero falla en centros y no siempre recibe apoyos adecuados. Contra el Arsenal hubiera tenido más sentido jugar con cinco defensores si Porro hubiera sido la opción en lugar de un Djed Spence más conservador.
La tendencia de Spence a meterse hacia adentro ha dejado el medio campo sobrecargado de inactividad. En ausencia de Udogie, Van de Ven podría recibir más oportunidades como lateral —posición en la que ha jugado con la selección neerlandesa— para recuperar dinamismo por la banda.
El ataque que no termina de nacer: Eze, Simons y la creatividad escasa
En verano Tottenham estuvo cerca de fichar a Eberechi Eze; en el último momento el Arsenal se interpuso y lo recuperó. El club acabó cerrando por Xavi Simons, una solución de perfil distinto y más joven. La ironía fue cruel: Eze le endosó un hat-trick a los Spurs en el derbi, mientras que Simons se quedó fuera de ese partido, lo que puso en evidencia el pragmatismo de Frank a la hora de elegir alineaciones.
Simons, como Florian Wirtz en el Liverpool, aún se está adaptando a la Premier tras destacar en la Bundesliga. Tiene potencial para ser un 10 determinante, pero su desarrollo lo limita un medio campo demasiado poco proclive a servirlo y a darle libertad. En líneas generales, el equipo ha creado muy poco durante la temporada; uno de los mejores minutos de Simons fue cuando entró en su posición natural contra el Brighton y ayudó a la remontada desde 0–2 hasta el 2–2.
Confianza y mensaje: la frase de Frank y su coherencia
En su presentación, Thomas Frank dejó una máxima que muchos recuerdan: «Si no tomas riesgos, también tomas riesgos». Aquellas palabras encajaron con los Tottenham que presionaron alto ante PSG y City en agosto, partidos donde el equipo puso en aprietos a dos de los mejores clubes del mundo. Sin embargo, en la práctica de las últimas semanas el equipo ha jugado con timidez, sin trasladar esa filosofía al día a día.
Frank reconoció tras el clásico en el Emirates que el equipo se volvió demasiado pasivo: «Intentamos venir aquí y ser agresivos… no lo logramos. Nos echamos hacia atrás y no fuimos lo suficientemente buenos para salir de esas situaciones». El técnico también defendió su decisión táctica —elegir un 5-4-1— asumiendo la responsabilidad: «Toda la responsabilidad será siempre mía», dijo, aunque la lectura crítica, como la de Carragher, apunta a que aquel sistema expuso aún más los problemas en el doble pivote.
Identidad, continuidad y la sombra de Postecoglou
Revolver la línea de ataque cada tres días está dañando la química. Antes de pensar en dominar, el Tottenham necesita una identidad. Postecoglou, con sus virtudes y defectos, mantuvo una narrativa clara y un plan de juego que le permitió aguantar presiones mediáticas. Frank, que llegó con el crédito de su trabajo en Brentford, parece ir resquebrajándose bajo el foco: errores en ruedas de prensa —como aquel comentario desafortunado sobre la histórica racha invicta del Arsenal o su ya famoso «¿quién es Eze?» tras el hat-trick— no ayudan a calmar un club que necesita respuestas rápidas.
El Tottenham ha perdido impulso: la plantilla se ha debilitado, el estadio pierde la intimidación de antaño y los estándares parecen haberse relajado. No es justo que sólo el entrenador cargue con la extinción de todos esos incendios, pero la realidad del fútbol moderno es que quien está al frente asume la factura pública.
El calendario que puede decidirlo todo y la urgencia de cambiar
No hay garantías de que Frank supere el invierno complicado que se avecina. Choques contra PSG, Fulham, Newcastle y Brentford pueden ser determinantes si los resultados no llegan. Un buen partido en París sería, más que un resultado, una forma de recuperar parte del crédito perdido; jugar con intención y avanzar en el juego sería tan valioso como cualquier victoria.
- Aportar más creatividad al mediocampo: dar minutos a Bergvall y Gray, y recuperar a Sarr en un papel más activo.
- Buscar progresión por el centro en la salida desde atrás y evitar el patrón repetitivo de pases atrás y pelotazos laterales.
- Volver a explotar a los laterales naturales, especialmente a Porro y, si hace falta, apostar por Van de Ven como carrilero.
- Confiar en Xavi Simons y darle libertad para integrarse en el juego si el equipo no genera xG desde otras zonas.
- Fijar un sistema y darle continuidad para que los jugadores recuperen automatismos y una identidad colectiva.
El Tottenham de Thomas Frank corre el riesgo de convertirse en un equipo sin ambición en la Premier si no toma medidas drásticas y coherentes. Es momento de asumir riesgos inteligentes, recuperar la claridad en el juego y, sobre todo, conseguir una victoria contundente que corte la mala dinámica. No hay otro atajo: o arriesgan con criterio, o corren el peligro de perder mucho más que puntos.