Luka Modrić está cerca de definir su futuro en el fútbol italiano y, por extensión, en AC Milan. El croata, que ya comenzó su aventura en el club el 14 de julio del año pasado, tiene contrato hasta el 30 de junio y contempla la posibilidad de ampliarlo más allá de esa fecha. De cara a una nueva temporada, el mediocampista de 40 años se topa con dos condiciones clave: una deportiva, ligada a Europa, y otra estrictamente futbolística, relacionada con el cuerpo técnico.
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Modrić llegó a Milán con una cláusula de continuidad que le permite extender su vínculo hasta 2027. Sin embargo, para que ese escenario se concrete, AC Milan necesita cumplir una exigencia fundamental: asegurar un puesto en la Liga de Campeones para la próxima campaña.
El motivo es claro. El “10” croata quiere disputar nuevamente el máximo torneo continental y no entrar en la Champions podría cambiar su perspectiva sobre el futuro. Aun con la edad, su rendimiento en esta temporada ha sido convincente: ha participado en 36 partidos en total, acumulando 2.836 minutos sobre el césped. En Serie A, su influencia se notó con números directos: dos goles y tres asistencias en 33 encuentros.
Además, Modrić también tuvo apariciones puntuales en otras competencias italianas, con presencia en la Copa Italia y en la Supercoppa Italiana, aunque su mayor impacto se concentró en la liga doméstica.
Por eso, la cita del domingo contra Cagliari adquiere una dimensión decisiva. El Milan necesita un lugar entre los cuatro primeros para encarrilar su objetivo europeo de inmediato. Para Modrić, esa clasificación sería la confirmación más directa de que el proyecto deportivo mantiene el nivel suficiente como para competir con los mejores.
Allegri, el segundo pilar: la continuidad del técnico
La otra condición que Modrić quiere ver cumplida es la continuidad de Massimiliano Allegri como entrenador. La relación entre el croata y el estratega se ha fortalecido durante la temporada, en gran parte por la manera en que el jugador ha asumido roles y responsabilidades tácticas que quizá no eran su sello habitual en los años más brillantes de su carrera en Real Madrid.
Modrić ha demostrado una notable capacidad de adaptación, aceptando una función más defensiva dentro del mediocampo. Ese cambio no ha sido un problema: al contrario, ha sido bien recibido por el cuerpo técnico, que ha valorado su profesionalismo y su disposición para contribuir en tareas menos glamorosas pero esenciales para el equilibrio del equipo.
De hecho, la química entre ambos es tan sólida que incluso se ha mencionado la posibilidad de que el croata, cuando decida colgar las botas, pueda integrarse en el cuerpo técnico en el futuro. En el corto plazo, el mensaje es todavía más inmediato: para que Modrić prolongue su etapa en rojo y negro, trabajar con Allegri parece ser un factor determinante.
Así, ambas exigencias se conectan entre sí: si el Milan logra clasificarse para Europa, es muy probable que el proyecto mantenga estabilidad y que el entrenador continúe en su puesto.
Después del partido: la atención se traslada a Croacia
Con el futuro en Milán en el horizonte, Modrić enfocará su energía en la selección. Una vez que quede resuelta su situación a nivel de club, el capitán croata se concentrará en el Mundial con su país.
Croacia tiene programados partidos de preparación y luego la fase de grupos del torneo. Primero jugará amistosos contra Bélgica el 2 de junio y contra Eslovenia el 7 de junio. Ya en la competencia, el debut en el Grupo L será contra Inglaterra el 17 de junio, posteriormente enfrentará a Panamá el 23 y cerrará la fase de grupos ante Ghana el 27.
El domingo, ante Cagliari, el Milan y Modrić tendrán una prueba que puede marcar el rumbo: una victoria o un resultado que asegure el objetivo de los puestos altos no solo acerca la Champions, sino que también puede ser la llave para que el croata extienda su historia en el fútbol italiano.
