Mo Johnston cumple 63: la transferencia que aún enciende el odio en Escocia

Mo Johnston cumple 63 años este lunes y, con su historia, vuelve a ponerse sobre la mesa una de las transferencias más explosivas del fútbol escocés: el paso del delantero desde Celtic—su “equipo de la infancia”—hasta Rangers, el gran rival de siempre. Más que un cambio de camiseta, fue un terremoto social alrededor de un conflicto que durante décadas tiñó el deporte con religión, política y una rivalidad que no se apaga.

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Johnston nació en el seno de una familia católica en Glasgow, una ciudad donde las afinidades futboleras históricamente estuvieron marcadas por la fe. Como niño, siguió de cerca a Celtic, y en 1984 convirtió esa devoción en realidad al firmar con el club de su vida: pasó de mirar desde las gradas a competir en el césped.

En Celtic, el impacto fue inmediato. Marcó goles con una frecuencia notable: anotaba en promedio en partidos alternos. Con el club ganó títulos de liga y también la copa, pero su figura trascendió el rendimiento deportivo. En un derbi “Old Firm” frente a Rangers, fue expulsado con tarjeta roja y, al dirigirse a los vestuarios, se persignó al pasar junto a la grada rival. El gesto provocó adoración en parte de su afición y, al mismo tiempo, avivó el odio en el otro bando.

El paso por Nantes y el regreso a casa… con un giro inesperado

Tras tres temporadas en Celtic, Johnston dio el salto al extranjero para jugar en FC Nantes. Sin embargo, hacia 1989 ya quería volver a Glasgow. Primero, el camino parecía claro: volvió a firmar con Celtic. Pero entonces cambió el guion y llegó lo impensable para muchos aficionados.

Rangers fichó a un católico, rompiendo una regla no escrita que se mantenía desde hacía décadas. No se trataba de cualquier futbolista: el club apostaba por un ídolo de Celtic con un historial que, para el imaginario de la rivalidad, lo hacía todavía más “inaceptable”.

Por qué esa firma era más que fútbol: religión y rivalidad en Escocia

Para entender la magnitud del fichaje hay que mirar el contexto. Escocia fue mayoritariamente católica antes de la Reforma del siglo XVI, cuando el país se inclinó hacia el protestantismo. A diferencia de Irlanda, Escocia ya había consolidado ese cambio con anterioridad, y las crisis posteriores—como la hambruna de mediados del siglo XIX—provocaron que decenas de miles de católicos emigraran, generando competencia por empleo y vivienda.

Con el tiempo, también se consolidaron diferencias políticas: un sector respaldó la idea de una República de Irlanda independiente, mientras otro mantuvo lealtades a la monarquía y al Reino Unido. Esa tensión social se reflejaba en las gradas.

Así, Celtic se identificó con la parroquia católica de St Mary’s, mientras Rangers se formó con estudiantes protestantes. En cada partido, el estadio mostraba la división: banderas irlandesas de un lado y Union Jacks del otro.

La “regla” de Rangers contra los católicos

Durante décadas, en Rangers existió una prohibición no escrita para fichar jugadores católicos. En los años 1920, esa idea se afianzó por la influencia de directivos y futbolistas vinculados al Orange Order, una organización protestante radical nombrada en referencia a Guillermo III de Orange, quien derrotó al ejército del rey católico Jacobo II en Irlanda.

Algunos católicos llegaron a vestir la camiseta de Rangers, pero en muchos casos tuvieron que ocultar su fe. Uno de los ejemplos citados en la historia del club es el delantero sudafricano Don Kitchenbrand, que reconoció su catolicismo años después de dejar Ibrox: “No podía admitirlo entonces; habría arruinado mi maravillosa vida”.

El regreso de Johnston a Celtic: el acuerdo del 12 de mayo de 1989

Mo Johnston dejó Celtic en 1987 en buenos términos: el club no podía—ni quería—igualar los salarios de otras ofertas, por lo que sus aficionados entendieron su movimiento a Nantes. Cuando buscó volver dos años después, ya como delantero titular de la selección escocesa, el destino parecía inevitable: Celtic.

El 12 de mayo de 1989, Celtic confirmó oficialmente el fichaje. El acuerdo se fijó en 1,2 millones de libras, con 400.000 libras ya abonadas a Nantes. En ese momento también surgió el rumor de un posible interés de Manchester United, pero Johnston dejó claro su plan: “No hay otro club británico para mí aparte de Celtic”.

Al día siguiente viajó con el plantel rumbo al último partido de liga y, una semana después, presenció la final de copa desde las gradas. Celtic derrotó a sus rivales, que ya habían asegurado la League Cup y el título de liga esa misma temporada. Para muchos, ese campeonato de 1989 marcó el inicio de un periodo de dominio de Rangers en Glasgow que se extendería durante nueve años.

Graeme Souness: la estrategia para convertir la “imposible” contratación en real

Mientras Celtic se veía superado deportivamente por su rival y además atravesaba una situación financiera delicada, el club incluso tuvo dificultades para liquidar el pago pendiente relacionado con el traspaso de Johnston. Entonces apareció la jugada audaz.

Graeme Souness, entrenador de Rangers, ya había desafiado la regla religiosa no escrita en Ibrox: su esposa era católica y sus hijos fueron bautizados como católicos. Más adelante explicaría que, para él, la religión nunca fue un problema. Con ese marco, convenció a Johnston—compañero en la selección escocesa—para cambiar de bando, apoyándose en el potencial deportivo y en un salario más alto.

Al principio, la directiva de Rangers mostró escepticismo. Souness recordó después que algunos directores temían que la afición se marchara en masa. Su argumento fue claro: el delantero con goles convencería a la mayoría.

El obstáculo final: el contrato con Nantes y la intervención de FIFA

Había un último problema: el vínculo existente de Johnston con Nantes y el hecho de que Celtic aún debía resolver asuntos contractuales. En ese punto intervino FIFA y determinó que Johnston pertenecía a Celtic, pero con una condición: los “Hoops” debían abonar el pago pendiente.

Se mencionó que el entrenador Billy McNeill habría exigido el pago, aunque después se negó a volver a alinear a Johnston como castigo por la supuesta “traición”. Finalmente, Celtic no reclamó el dinero, recuperó las 400.000 libras ya transferidas y el movimiento hacia Rangers se terminó concretando. En el lado financiero, Rangers terminó llevando a Johnston con un salario superior, mientras Nantes percibió una cifra de 1,5 millones de libras por el traspaso.

La confirmación pública: el 10 de julio de 1989 y el anuncio de Rangers

Hasta el 10 de julio de 1989, la expectativa general era que Johnston jugaría en Celtic la temporada siguiente. Pero casi exactamente dos meses después de anunciarse su regreso a Celtic, Rangers lo presentó como nuevo fichaje.

Johnston se mostró satisfecho con el paso: celebró la llegada a Rangers, expresó admiración por Graeme Souness y afirmó sentirse ante “uno de los clubes más grandes, quizá el más grande, de Europa”. El propio Souness remató la idea asegurando que habría sido un error no intentar firmar a Mo y que desde el inicio no tenía nada que ver con el sectarismo.

Reacción en Glasgow: protestas, quema de abonos y tensión en las gradas

La ciudad entró en modo de emergencia. Fuera de Ibrox Park, algunos hinchas colocaron coronas con mensajes que hablaban del fin de 116 años de tradición. Hubo aficionados que, incluso con lágrimas, llegaron a quemar su abono de temporada y bufandas. David Miller, secretario general de la asociación de seguidores, calificó el día como triste para Rangers y dejó una frase cargada de simbolismo: no quería ver “un solo católico romano en Ibrox”.

En el campo contrario, los aficionados de Celtic registraron el “We Hate Mo Johnston Celtic Supporters Club”, un nombre que reflejaba la intensidad del rechazo. La ira verde y blanca, además, se interpretó como más profunda que la de los propios seguidores de Rangers: no solo “les habían quitado” a un jugador, sino que también les hicieron sentirse ridiculizados por el giro del destino.

En la cancha, el fichaje funcionó: goles, derbis y dominio posterior

A pesar del ruido fuera del césped, la contratación rindió. Johnston ayudó a Rangers a encadenar títulos de liga consecutivos. Y, en un plano que muchos recuerdan como decisivo para apagar resistencias, el delantero ya había conquistado a una parte importante del entorno con un gol ganador en su primer derbi Old Firm.

El impacto también se notó en detalles internos. El encargado de equipamiento, Jimmy Bell, preparó la camiseta de Johnston y le ofreció los mismos caramelos y atenciones habituales del resto de la plantilla. Bell, icono del club, falleció a los 69 y se guardó un minuto de silencio en su honor durante la vuelta de semifinales de la Europa League 2022 ante RB Leipzig.

Más diversidad, pero el sectarismo no desapareció

Desde la llegada de Johnston, el vestuario de Rangers fue incorporando jugadores de otras confesiones. Con el tiempo, la presencia de futbolistas extranjeros—impulsada también por el contexto posterior a la sentencia Bosman—hizo que el catolicismo se volviera más habitual en el club.

Aun así, el acoso no desapareció. En 1997–98, el mediocampista italiano Gennaro Gattuso relató que tuvo que quitarse el crucifijo en el vestuario. En 1998, Rangers permitió que los jugadores hicieran el signo de la cruz en público, aunque no frente a su propia afición. Al año siguiente, el defensa italiano Lorenzo Amoruso se convirtió en el primer capitán católico de la historia del club.

Con todo, la postura de la hinchada de Rangers siguió siendo firmemente protestante y orgullosa. Los cánticos sectarios continúan apareciendo en los estadios. La UEFA incluso sancionó al club por incidentes en competiciones europeas, con multas registradas en 2006, 2007, 2011 y 2019.

¿Qué queda hoy del legado de Johnston?

Con el paso de los años, algunos defensores de la grada sostienen que los cánticos no siempre buscan ofender por motivos religiosos, sino animar al propio equipo. Sin embargo, durante décadas el odio a la denominación rival se mezcló con la identidad futbolera, y por eso romper esa tradición resulta especialmente difícil.

Incluso dentro de la propia conversación pública, se reconoce que el sectarismo en Glasgow sigue existiendo, aunque se considera menos intenso que en el pasado. En cualquier caso, la figura de Mo Johnston permanece como símbolo: su fichaje no solo cambió el rumbo deportivo de Rangers, sino que obligó a la ciudad a mirarse en el espejo de una rivalidad nacida mucho antes que el primer gol.

Tomás Aguirre

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