Kevin Großkreutz vivió en 2010 una de esas anécdotas que terminan marcando para siempre a un futbolista: una “siesta rápida” en la playa, después de un par de cervezas de más y sin la protección solar adecuada, derivó en una quemadura que lo dejó prácticamente inutilizado. Aquella historia ocurrió durante unas vacaciones en Brasil, pero el final del episodio quedó conectado con uno de los momentos más importantes en su etapa con el Borussia Dortmund: el inicio de la era gloriosa de Jürgen Klopp.
De Dortmund a Brasil: una advertencia ignorada
Todo empezó con un viaje de Großkreutz para visitar a un compañero y leyenda del Borussia Dortmund, Dede, en Brasil. El lateral brasileño aprovechaba sus vacaciones en casa tras una etapa larga en Europa, y Großkreutz, que siempre se había llevado bien con futbolistas extranjeros pese a las barreras del idioma, se sumó al plan.
Sin embargo, la tranquilidad duró poco. Antes de que el grupo saliera, el propio Dortmund ya había lanzado una alerta. Michael Zorc, director deportivo y responsable de la primera incorporación de Dede, le pidió atención especial: “Tienes que tener cuidado con Kevin”. Dede recordó que Zorc lo dijo con total seriedad, consciente del carácter del jugador.
Y aun así, nadie se preparó de verdad para lo que vendría. Dede contó que primero pasaron unos días celebrando en su ciudad: “Estuvimos unos días celebrando en mi pueblo”. Großkreutz, acompañado por un amigo, detalló el ambiente: “Tomamos una o dos cervezas en la casa de Dede durante cuatro días seguidos. Creo que bebimos sin parar. Diría que siempre había unas 150 personas en la casa”.
La noche en Cabo Frío y la “siesta” fatal
Después de su celebración y de la visita a la zona local, Großkreutz terminó en Cabo Frío, en el estado de Río de Janeiro. Dede, que se quedó unos días más con sus padres, no lo acompañó: envió a dos amigos para que lo cuidaran mientras tanto.
Antes de salir, Dede le había insistido con una recomendación básica: usar protector solar “no importa el tiempo”. En el hotel, Großkreutz propuso ir a la playa y beber unas cervezas. El plan salió “como suelen salir” cuando hay alcohol y confianza: bebieron, se relajaron y la protección quedó en segundo plano.
Lo decisivo ocurrió cuando, ya en la arena, Großkreutz se dio cuenta de que el cielo estaba nublado y se preguntó por qué Dede insistía tanto con el protector. Luego tomó otra cerveza y se quedó dormido. Lo que debía ser una siesta breve terminó convirtiéndose en un daño profundo: según relató, se despertó con el hombro completamente destrozado, con la piel afectada y con una sensación tan extrema que lo comparó con una quemadura como si le hubieran echado agua hirviendo.
De la playa al médico: viaje nocturno con el dolor a cuestas
Cuando el grupo se comunicó con Dede, la alarma fue inmediata. Los amigos le dijeron que Großkreutz estaba “completamente rojo”. Al escuchar la situación, Dede recordó que en su cabeza volvió la voz de Zorc.
El brasileño se trasladó en coche con rapidez hasta donde estaba el alemán. Al verlo, quedó impactado. Intentaron ayudarlo con lo que Großkreutz describió como una “receta secreta”: vinagre para calmar la piel. Pero el propio jugador explicó que incluso una hora después seguía doliendo muchísimo. Aun con cervezas para sobrellevar el momento, el dolor no se apagó, y por la noche no pudo descansar bien: no lograba acomodarse y pasó una mala jornada.
Al día siguiente, Großkreutz probó con ibuprofeno y llamó al médico del equipo del Borussia Dortmund, el doctor Markus Braun. El profesional le dijo que era “complicado”. Großkreutz no quería acudir a un médico en Brasil y, tras consultarlo con Dede, decidió regresar a casa. Poco después, ya estaba en el avión: viajó sin camiseta, con el frío de Alemania en pleno invierno, sin poder moverse con normalidad y con analgésicos que no le dieron el alivio esperado.
Regreso a finales de año y vuelta al trabajo con Klopp
Grosskreutz aterrizó alrededor de las 17:00 del 31 de diciembre y fue directo al doctor Markus Braun. Recibió inyecciones para el dolor y crema para la quemadura. Aun así, según contó, terminó saliendo a celebrar el Año Nuevo.
La recuperación fue lenta. Apenas cinco días después, con 22 años en ese momento, ya estaba en el campo en la primera sesión de entrenamiento de la temporada con el Borussia Dortmund. Allí, Jürgen Klopp le preguntó qué había hecho. Großkreutz explicó que entrenó, pero que todavía se pelaba por todas partes durante la pretemporada.
Dede agregó un detalle revelador: al inicio, Großkreutz no podía ducharse en el vestuario para que nadie lo viera. Se duchaba en casa. Aun con el hombro marcado por cicatrices pequeñas, el jugador no dejó que el problema se notara demasiado en el césped.
El hombro quemado y el momento decisivo en la liga
Solo nueve días después de volver a entrenar, llegó lo que terminaría siendo uno de los capítulos más importantes de su etapa en Dortmund. En el partido de visitante contra Bayer Leverkusen, entre el minuto 49 y el 55, Großkreutz firmó una actuación decisiva: dos goles y una asistencia. El Borussia Dortmund ganó 3-1 y, con ese impulso, se encaminaron hacia el primer título de liga del ciclo de Klopp.
El Dortmund no dejó dudas en el tramo final: sus “jóvenes salvajes” mantuvieron el ritmo y terminaron siete puntos por encima de Leverkusen. Así lograron el campeonato por primera vez en nueve años.
La anécdota que se convirtió en frase histórica
Más allá de la aventura en Brasil, lo que quedó fue la sensación de que aquel episodio tuvo impacto en el destino deportivo del equipo. Großkreutz, ahora con 37 años, lo resumió con una frase memorable: “La quemadura de sol nos dio el campeonato”.
En el fútbol, los relatos así no cambian el marcador por sí solos, pero sí explican por qué ciertos futbolistas se vuelven parte del carácter de un equipo: cuando la dificultad llega por una siesta en la arena, la respuesta llega en la cancha, con goles y con un Dortmund que, bajo Klopp, aprendió a romper la inercia y a ganar.
