La derrota de Liverpool por 4-0 ante Manchester City en los cuartos de final de la FA Cup encendió las alarmas en el entorno de Arne Slot. En el Etihad Stadium, el equipo inglés no solo sufrió un golpe deportivo contundente, sino que dejó señales preocupantes tanto en defensa como en ataque: Erling Haaland firmó un hat-trick, Mohamed Salah incluso falló un penal y, tras un inicio relativamente ordenado, el conjunto de Slot se desmoronó por completo en la segunda parte.
Haaland destroza el plan y Salah no estuvo fino
El partido en Mánchester tuvo un protagonista claro. Haaland fue el hombre del encuentro y dominó el área con efectividad, guiando a su equipo hacia una goleada que no dio margen de reacción a Liverpool. El impacto fue mayor por detalles que suelen pesar en los grandes partidos: Salah, una de las figuras históricas del club, falló un penal, un episodio que refleja el nivel de dificultad que atravesó Liverpool en el día más exigente.
Slot y su plantel comenzaron con cierta corrección, pero el guion cambió tras el descanso. El City aceleró, encontró espacios con rapidez y el equipo visitante perdió solidez. En términos futbolísticos, Liverpool pasó de competir a quedar expuesto: cuando la defensa se desordena y el rival marca con frecuencia, el plan ofensivo también se vuelve mucho más difícil de sostener.
La raíz del problema: inestabilidad y fragilidad defensiva
En el análisis del partido se señaló una cuestión estructural. Boudewijn Zenden resumió el diagnóstico con una idea simple: en el fútbol, si marcas un gol extra, todo parece más manejable; pero si no conviertes y encima la defensa deja huecos, la situación se vuelve peligrosa. Desde esa perspectiva, el problema de Liverpool no sería solo puntual, sino de estabilidad en el funcionamiento.
Zenden fue más directo al identificar nombres y comportamientos:
- Haaland tuvo espacio y fue letal, lo que evidenció dificultades para frenar el ataque del City.
- Konaté no ofreció las sensaciones esperadas, especialmente en momentos en los que el partido pedía jerarquía defensiva.
- Van Dijk tampoco apareció con la contundencia y el ritmo que se le exigen en partidos de alto nivel.
- Gomez, según el análisis, marcó en direcciones equivocadas, permitiendo que el rival encontrara ventajas.
La conclusión apuntó a que “hay demasiadas cosas pasando a la vez”, una frase que suele describir descoordinación: cuando las líneas no se alinean y las coberturas no llegan a tiempo, el rival castiga con velocidad.
Contraste con la temporada pasada: ya no se acomodan las piezas
Rafael van der Vaart marcó una comparación con el curso anterior. Según su lectura, el año pasado los momentos importantes solían encajar “en el último minuto”, como si el equipo encontrara soluciones tardías. Esa tendencia, para él, ya no está presente. Van der Vaart recordó que el fútbol también tiene componente de fortuna, pero sostuvo que ahora la diferencia se está estrechando: cuando los márgenes son mínimos, cualquier pérdida de concentración o falta de precisión se paga con goles.
En una eliminatoria como la FA Cup, donde cada fase exige máximo rendimiento, esa falta de ajuste se nota todavía más. Liverpool no estuvo a la altura del nivel de presión y control que requiere un choque contra un City con tanta pegada.
Cuestionan el aporte de Salah y su lugar en el once
Wim Kieft centró su crítica en Mohamed Salah. A pesar de reconocer su condición de icono, sostuvo que en este momento no está aportando lo suficiente. Incluso lo expresó con contundencia: “cero”.
La cuestión de fondo que planteó Kieft fue si el delantero egipcio aún debería partir como titular. Admitió que esa decisión puede ser compleja por la figura y el peso simbólico del jugador, pero remarcó el riesgo de que el equipo dependa de un rendimiento que ya no aparece con la misma intensidad.
Kieft también se mostró sorprendido por la rapidez del declive. La idea que dejó en el aire fue si el cambio responde a una caída repentina de forma física o a un desgaste que ya no permite competir al mismo nivel.
Van der Vaart: falta explosividad
Van der Vaart profundizó en ese punto al señalar que Salah no exhibe la explosividad que caracterizaba sus mejores temporadas. En el fútbol moderno, la explosividad —entendida como la capacidad de acelerar y cambiar el ritmo para ganar duelos— suele ser determinante ante defensas bien plantadas y equipos que castigan los espacios. Si esa cualidad baja, la participación ofensiva se vuelve menos decisiva, y el delantero necesita compensarlo con otras virtudes que, en este escenario, no se percibieron.
Preocupación por Van Dijk de cara a la selección
Arno Vermeulen cerró el análisis con una mirada hacia el futuro inmediato: el estado de Virgil van Dijk y su posible impacto en la selección de Países Bajos. En su lectura, el seleccionador Ronald Koeman tendrá motivos para preocuparse. La razón es clara: ante rivales con atacantes rápidos y transiciones agresivas, no se puede regalar espacio.
Vermeulen puso el foco en la velocidad del City y en la forma en que Van Dijk se mueve para compensar. Si el defensor llega tarde o no puede ajustar la distancia con precisión, el rival encuentra recorridos y oportunidades con facilidad. Y en un torneo como el Mundial, donde la diferencia entre ganar y caer puede estar en un par de acciones, “no puedes permitirte dar demasiado espacio”.
Con el 4-0 como punto de partida, Liverpool encara un reto enorme: recuperar coordinación, mejorar la solidez defensiva y exigir más producción ofensiva. La FA Cup ya pasó, pero el debate sobre el funcionamiento del equipo y el rol de algunas piezas clave quedó instalado, y el tiempo para corregir será corto.
