Italia dice adiós al Mundial y reaviva el temor a otra “apocalipsis” del Calcio

La eliminación de Italia en un nuevo play-off por el Mundial volvió a abrir la herida de la “tercera apocalipsis” para el fútbol italiano. La Azzurra, pese a haber superado a Irlanda del Norte en semifinales, cayó de forma evitables en el cruce definitivo ante Bosnia y dejó a Gennaro Gattuso en la cuerda floja, mientras en Roma crece la exigencia de una reconstrucción profunda que no se quede solo en discursos.

Italia no pudo con Bosnia y vuelve a quedarse sin Mundial

Fabio Capello, una de las voces con más peso en el relato futbolístico italiano, no pudo conciliar el sueño el martes por la noche al asimilar otra derrota en un play-off mundialista. Para Capello, el golpe tiene un componente especialmente doloroso: “hablamos de una selección campeona del mundo en cuatro ocasiones”, una “tragedia deportiva” y una “vergüenza” que se cuenta entre lo peor del fútbol italiano reciente.

El contexto del partido ayuda a entender por qué el resultado resultó tan duro. Italia llegó a la cita tras una semifinal resuelta con comodidad ante Irlanda del Norte, pero nadie se engañaba sobre el nivel real del equipo de Gattuso. De hecho, en noviembre había recibido un correctivo en casa: perdió 4-1 ante Noruega, un aviso claro de las dificultades de la plantilla.

La expulsión de Bastoni y un partido que Italia se complicó

En la eliminatoria frente a Bosnia, Italia tenía argumentos para competir, e incluso para ganarla si no hubiera tropezado con sus propios errores. La jugada decisiva llegó cuando Alessandro Bastoni vio la tarjeta roja con apenas cuatro minutos para el descanso. Para ese momento, Bosnia ya mandaba 1-0 gracias al gol inicial de Moise Kean.

El problema, además, no fue solo lo que ocurrió: también hubo discusión sobre lo que debió señalarse o no. Se cuestionó que el árbitro no mostrara tarjeta roja a Tarik Muharemovic, aunque la expulsión de Bastoni se consideró “clara”. En la lectura que se impone en el país, el resultado se terminó de escribir con una sensación incómoda: Italia se vio superada, sí, pero también se “tiró el partido” por detalles evitables cuando el rival era una selección situada por debajo en el ranking mundial.

Gattuso, entre el apoyo interno y la falta de margen

Con la derrota, la posición de Gattuso quedó inmediatamente en debate. El entrenador había aceptado el cargo en un momento en el que el equipo estaba desordenado tras el paso de Luciano Spalletti, pero él mismo había marcado una condición para su continuidad: si Italia no lograba clasificarse al Mundial, su etapa sería insostenible.

Gattuso lo dejó claro a su manera en declaraciones a la prensa. Si alcanzaba el objetivo, tomaría crédito; si no, se marcharía “a vivir lejos de Italia”. Incluso mencionó que ya residía “un poco lejos” (en Marbella) y que iría “aún más”. El mensaje era directo: sabía la consecuencia de fallar.

Por eso, todo apunta a que su contrato no se renovaría antes de que expire en junio. Aun así, el técnico no está solo: mantiene el respaldo de los jugadores y de figuras influyentes del fútbol italiano, entre ellas Franco Baresi, quien sostuvo que Gattuso “ciertamente está entre los menos responsables” de la derrota.

FIGC bajo presión: Gravina, el blanco principal

Mientras Gattuso se tambalea por resultados, el foco se mueve hacia la estructura que dirige el fútbol italiano. Gabriele Gravina, presidente de la FIGC (Federación Italiana de Fútbol), es señalado como el principal responsable por el segundo fracaso mundialista bajo su mandato.

El propio clima político-deportivo se endureció el miércoles por la mañana con un pronunciamiento de Andrea Abodi, ministro de Deporte: agradeció el compromiso del equipo y del entrenador, pero afirmó que el fútbol italiano necesita reconstrucción y que el proceso debe comenzar con una renovación en la cúpula de la FIGC.

Gravina, por el momento, no ha dado un paso al costado. De hecho, fue reelegido el año pasado con el 98,68% de los votos, pero la presión no disminuye. Incluso Claudio Lotito, presidente de Lazio, llegó a impulsar una petición en el Senado italiano para reclamar la dimisión del dirigente. Además, Gravina sostuvo que otros deportes son “amateur” frente al mundo “profesional” del fútbol, una frase que ha alimentado el malestar en ciertos sectores.

Reuniones clave en Roma y un “momento de evaluaciones”

Gravina no planea acelerar su salida. Está previsto que hable el jueves en Roma con representantes de Serie A, Serie B, Serie C, el fútbol amateur y las asociaciones de entrenadores y jugadores. También convocó una reunión del Consejo Federal para la semana próxima. “Ahí es cuando habrá evaluaciones”, afirmó, y agregó que entiende que habrá llamadas a su dimisión, pero que existe un escenario adecuado para hacerlo. Su idea es que la conversación de fondo llegue en el momento correcto, con respuestas que se ajusten a las preguntas.

El argumento de fondo: falta de jugadores disponibles en Serie A

Más allá del debate de liderazgo, existe un problema estructural que se repite en cada ciclo: el acceso real a futbolistas para la selección. Se señala que solo el 33% de los jugadores que juegan actualmente en Serie A son elegibles para vestir la camiseta nacional. Este punto también lo ha mencionado Gattuso en varias ocasiones y lo respalda Demetrio Albertini.

Albertini, ex internacional italiano, lo expresó de forma contundente: hay buenos futbolistas, pero no suficientes. Explicó que el seleccionador suele tener opciones limitadas y que, además, algunos jugadores acumulan más partidos con Italia que minutos disputados en competiciones europeas de clubes. En su opinión, el equipo llega menos preparado para ciertos tipos de partidos internacionales.

Por esa razón, Albertini recordó que Gattuso quiso recuperar a Marco Verratti, un futbolista con enorme experiencia en este nivel. Sin embargo, remarcó que eso no elimina el problema principal: el número de jugadores italianos en Serie A no alcanza para sostener el rendimiento que exige el torneo de élite.

Albertini también habló del “proyecto técnico” anunciado para el fútbol juvenil por parte de la FIGC, pero dejó una advertencia: confía en que se convierta en acciones concretas y no se quede en declaraciones vacías.

El ciclo de frustración: estadios, dinero y falta de talento

La derrota en el play-off es el síntoma más visible, pero el malestar italiano viene de más atrás y se alimenta de un panorama difícil. Un dato que suele citarse para dimensionar el momento es que Atalanta, uno de los equipos mejor gestionados del país, fue el único representante de Serie A que alcanzó los octavos de final de la presente edición de la Champions League. El resto no logra sostener el nivel.

Además, se arrastra otro problema: la burocracia que frena proyectos de modernización de estadios. Se habla de que Milán podría no albergar partidos en el Euro 2032 por los largos trámites alrededor de la remodelación de San Siro, un proceso que se extendió tanto que hoy nadie puede asegurar cuándo terminará.

El estado de los recintos también afecta la percepción externa del campeonato. A ello se suma que la Serie A se ve como una liga de “retiro” por la edad de muchos de sus nombres más determinantes, y esa imagen se agrava por la dificultad de competir en el mercado de fichajes para atraer a los talentos más top.

En lo económico, el círculo vicioso es evidente: la mayoría de los clubes no es propietaria de sus estadios, lo que les niega ingresos millonarios en días de partido. Al mismo tiempo, la liga no captura dinero similar por derechos televisivos porque el producto italiano resulta menos atractivo. Sin una revolución real, la regresión parece difícil de frenar.

El plan que se ignoró y el temor a repetir errores

Esta conversación no es nueva. Tras el desastroso Mundial de 2010, la FIGC encargó a Roberto Baggio elaborar un plan de cambio. Al año siguiente, Baggio presentó un informe de 900 páginas, fruto del trabajo de más de 50 colaboradores. Entre sus ejes figuraba priorizar la técnica frente a la táctica en categorías formativas y proponer la creación de una escuela cerca de Coverciano, la sede histórica del fútbol italiano.

Baggio defendió la idea de educar “a las personas antes que a los futbolistas”. Sin embargo, la federación ignoró la mayor parte de las propuestas. Baggio terminó renunciando en enero de 2013, frustrado por no haber podido llevar adelante el rol que se le había asignado. Dejó claro entonces que su informe, presentado en noviembre de 2011, quedó “sin respuesta”.

El temor actual es que cualquier intento de reforma drástica vuelva a correr la misma suerte. Como advirtió Arrigo Sacchi en 2022: se habla mucho, pero no se solucionan problemas solo con palabras. Ahora es 2026, y el cambio no parece haber llegado.

Una “tercera apocalipsis” que exige decisiones reales

Italia vive un momento decisivo: el play-off fallido no es únicamente un golpe deportivo, sino la señal de un sistema que acumula fallos de gestión, carencias formativas y decisiones que no terminan de traducirse en resultados. La pregunta que domina el país es simple: ¿habrá acciones concretas o se repetirá el guion de siempre?

Sin una respuesta de fondo, el fútbol italiano corre el riesgo de no recuperarse de esta “tercera apocalipsis”. Y esta vez, la paciencia —tanto en la grada como en los despachos— se está agotando.

Tomás Aguirre

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