Cuando pienso en el proceso de nacimiento de la Conferencia Eclesial de la Amazonía, no puedo sino pensar en la imagen de los ríos, en la convergencia de distintos afluentes que comienzan con pequeños hilos de agua, que recorren largas distancias, que van dando vida, y la vida se va ampliando en su expresión cada vez más potente, hasta dar paso a los grandes ríos.

Por Mauricio López *

 

Este camino definitivamente resulta de la revelación del Espíritu Santo, la Ruah, a través del Concilio Vaticano II, el Magisterio de la Iglesia en América Latina, las vidas de tantos y tantas mártires, de miembros de la Iglesia encarnados en medio de la realidad: amándola, sufriendo con los dolores de sus pueblos y de este territorio, pero también haciendo parte de ella, abrazándola con sus luces y con sus sombras.

Así hemos avanzado como afluentes de agua en conexión con la REPAM – Red Eclesial Panamazónica, que inició hace seis años su camino formal, aunque llevamos casi diez años tejiéndola a partir de las voces de la vida y de la dimensión territorial de la Iglesia, poco a poco, caminando, avanzando.

La periferia ilumina el centro

Sentimos que el Sínodo Amazónico ha sido un impulso de vida en el cambio de perspectiva, donde la periferia se torna en centro sin pretender tomar este lugar; lo iluminar sin dejar de ser periferia, queriendo acompañar al centro para mirar con otros ojos y abrir posibilidades a ‘lo nuevo’. Ese ha sido el camino del Sínodo desde las múltiples y más diversas escuchas territoriales, la preparación –honrando las voces de los pueblos y comunidades de la Iglesia en la Amazonía–, el discernimiento que produjo un Documento final con más de 150 propuestas concretas que no podemos dejar que se queden guardadas, y luego con la exhortación apostólica del Papa, Querida Amazonía, con sus cuatro sueños: social, cultural, ecológico y eclesial.

La Conferencia Eclesial de la Amazonía solo puede ser entendida como resultado de este proceso, como una acumulación de vida, pero también como una respuesta concreta –a la luz la revelación de Dios– a una realidad lastimada, herida, afectada, donde pueblos y comunidades están sufriendo situaciones de injusticia, donde el proyecto de Reino y el sueño de Dios para que tengan vida y vida en abundancia aún está lejano o amenazado, en contraste con tantos otros sitios donde se vive a plenitud la belleza de la diversidad cultural, del misterio de la presencia de ese Dios como ‘semilla del Verbo’, un Cristo encarnado en esa diversidad, y que cada vez va sintiendo que el futuro está amenazado.

Esta conferencia eclesial es, entonces, este acumulado de caminos, posibilidades, vidas, encuentros e incluso desencuentros. Poco a poco se ha ido purificando la intención, es decir, vamos desentrañando con más delicadeza y cuidado lo que Dios nos ha querido decir no solo en estos últimos años, sino en décadas. Y vamos siendo cada vez más conscientes de su voz, de su Palabra, de lo que nos va revelando, y nos hemos ido poniendo en marcha para ir tejiendo el camino del Reino, al que vamos sumando más manos.

Tejer juntos

Aunque sea más difícil tejer con muchas personas, es necesario hacerlo juntos y juntas. Esta Conferencia Eclesial de la Amazonía es eso. Hay muchas propuestas que surgieron del Sínodo Amazónico que no pueden llevarse de manera aislada por las jurisdicciones eclesiásticas o por las iglesias locales o domésticas; tampoco la REPAM puede llevar adelante tareas que podrían poner en riesgo su identidad de red, de ser una plataforma ligera con servicios puntuales de articulación.

Hay muchos emprendimientos que el Espíritu nos ha revelado, que nos supera en dimensión, en institucionalidad, y requieren una visión de largo plazo, sostenida en el tiempo. Pues esto es lo que viene a hacer la Conferencia Eclesial de la Amazonía, y nos pide que purifiquemos la intención de aquellos que se niegan a la ‘metanoia’. Tenemos algunas posiciones que quieren evitar cualquier cambio en un sentido de ‘conservar’, pero también tenemos posiciones que quieren evitar cualquier cambio en un sentido o de defender una visión unívoca; esto lo vivimos en el Sínodo y no da espacio para el Espíritu Santo. La Iglesia es diversa, es como la primera carta a los Corintios, con la imagen del cuerpo, de cada parte en la complementariedad.

Esta Conferencia es una invitación a lo nuevo, a lo inédito, a ir avanzando incluso más allá de lo que estos últimos años hemos considerado como esencial: la ruta del sínodo. Es tiempo de que los nuevos odres den espacio al vino nuevo, manteniendo y cuidando todos aquellos otros procesos que complementan y que convergen. Esta Conferencia Eclesial de la Amazonía va a dialogar con la REPAM, con la CLAR, con las Cáritas, con las iglesias locales, con otras instituciones, y también hará parte del CELAM, vinculado de manera orgánica, pero con autonomía.

Un organismo con estatura

Creo que es muy claro que el Sínodo nos está abriendo nuevos caminos y nos pide valentía para emprender nuevos caminos. Esta Conferencia expresa eso: es una Conferencia, no es una comisión; por lo tanto, tiene una gran estatura en cuanto identidad orgánica, peso propio, capacidad de impulsar procesos frente a lo que el Sínodo nos ha dado como frutos. En este sentido, atención a esa identidad.

Por otra parte, es eclesial, no es una estructura solamente episcopal, pero también lo episcopal hace parte de lo eclesial. Recuerdo que la Episcopalis communio invita a los pastores a ir a veces delante, a veces en el medio, a veces detrás del pueblo, a reconocer en el ‘sensus fidei’ del Pueblo de Dios la capacidad de revelación de Dios a través de su modo de creer.

En este sentido se abre paso a esta Conferencia Eclesial que da espacio con una condición de igualdad y que irá evolucionando también a nivel estructural, orgánico y estatutario, para que haya una participación más amplia.

Eclesialidad inédita

Lo eclesial aquí se expresa con una presencia inédita de tres representantes de los pueblos originarios dentro de la conferencia, de las instituciones claves de la región y del territorio –como ya hemos dicho–, también con representaciones laicales como la secretaría ejecutiva de la REPAM, con delegados obispos de las siete conferencias episcopales en territorio amazónico –y en el caso de Brasil con dos delegados–, y con las instancias promotoras que son el CELAM y la REPAM, a través de sus presidencias acompañando este proceso.

Hemos tratado de abrazar y asumir el planteamiento de la diversidad del Sínodo amazónico ofreciendo un vehículo concreto en medio de la pandemia que está devastando tantas vidas, sobre todos de los pueblos originarios más vulnerables, pues muchos intereses económicos particulares están explotando más que nunca el territorio y amenazando la vida de los líderes de las comunidades. Hoy más que nunca esa Iglesia que se comprometió a ser aliada, necesita equiparse, tener vehículos, una canoa para navegar esta agua, que sea adecuada a las corrientes de los ríos del gran Amazonas.

Voz profética

Esta conferencia quiere ofrecer eso; encontrará el modo de articularse de múltiples maneras; será un proceso paulatino que intenta abrazar las novedades del Sínodo amazónico; propuestas desafiantes, complejísima, enormes, como puede ser la Universidad Amazónica, o avanzar y desarrollar una propuesta de rito amazónico en diálogo con las instancias respectivas del Vaticano, el acompañamiento a experiencias, y procesos nuevos alrededor de la ministerialidad, potenciar una voz profética de incidencia movilizando las estructuras de la Iglesia. ¡Todo esto es lo que la conferencia quiere!

Hay que dar tiempo y espacio a que esta conferencia vaya madurando. Hemos dado un paso en este momento, que es confirmar con la Iglesia del territorio, en su más amplia diversidad y con la presencia de organismos de la Santa Sede, una propuesta que tiene que ir al papa Francisco, a las instancias respectivas que él considere, para su aprobación. Poco a poco se irá estructurando, intentando que pueda ser una verdadera respuesta de vida y de esperanza, en medio de esta pandemia que está marcando un antes y un después, un hito global humanitario, donde esta vivencia que creemos que es un gesto de esperanza y de vida, pueda también ser símbolo para otros biomas, para otras regiones y otras realidades, de una verdadera sinodalidad.

* Mauricio López es secretario ejecutivo de la Red Eclesial Panamazónica – REPAM.

 

Este 29 de junio, después de dos días de deliberaciones, cobra vida la Conferencia Eclesial de la Amazonía. “Con el corazón agradecido al Señor y lleno de esperanzas, iniciamos la Asamblea de constitución de la Conferencia Eclesial de la Amazonía”, con estas palabras el Cardenal Hummes daba por iniciado el encuentro.

Por Manuel Cubías *

La Asamblea de Constitución de la Conferencia Eclesial de la Amazonía tiene lugar de manera virtual. Desde distintos puntos del planeta se han reunido el presidente del CELAM, monseñor Miguel Cabrejos; el presidente y el vicepresidente de la REPAM, cardenales Claudio Hummes y Pedro Barreto, un obispo por cada país que comparte el territorio amazónico (9). Por Brasil hay dos representantes. También participan representantes de Cáritas de América Latina y el Caribe, monseñor José Luis Azuaje, de la CLAR, hna. Liliana Franco y de la REPAM, Mauricio López. A estos se suman tres representantes de los pueblos originarios, Patricia Gualinga, la hna. Laura Vicuña y Delio Siticonatzi.

 

ES. COMUNICADO OFICIAL – CONFERENCIA ECLESIAL DE LA AMAZONIA

EN. OFFICIAL STATEMENT – ECCLESIAL CONFERENCE OF THE AMAZON

FR. DECLARATION OFFICIELLE – CONFÉRENCE ECCLÉSIALE DE L’AMAZONIE

IT. COMUNICATO UFFICIALE – CONFERENZA ECCLESIALE DELL’AMAZZONIA

PT. COMUNICADO OFICIAL – CONFERÊNCIA ECLESIAL DA AMAZÔNIA

 

Por las instancias vaticanas, participan, por la Secretaría del Sínodo de los Obispos, el Cardenal Baldisseri, de la Congregación para los Obispos, el Cardenal Ouellet, de la Congegación para la Evangelización de los Pueblos, el Cardenal Luis Tagle y del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integrla, el Cardenal Czerny.

El momento fundacional

El Cardenal Claudio Hummes declaró en el momento de la inauguración de la Asamblea Constitutiva el viernes 26 de junio: “Esta Conferencia hace parte de los nuevos caminos que el Sínodo Especial de Obispos para la Amazonía propuso. Es nuestra responsabilidad constituir esta Conferencia, animados por nuestro querido Papa Francisco. Él mismo sugirió el nombre”.

Por su parte, el Cardenal Pedro Barreto, vicepresidente de la Red Eclesial Panamazónica dio la bienvenida al nuevo organismo afirmando: “Ha llegado el momento para dar gracias a Dios porque se ha creado la Conferencia Eclesial de la Amazonía, donde la voz de los indígenas en la Amazonía se ha escuchado”.

El discernimiento en el camino recorrido

Capilla en comunidad Indígena - Foto: Julio CaldeiraEl nacimiento de la Conferencia Eclesial de la Amazonía debe situarse en la tradición colegial y sinodal de las Iglesias de América Latina y el Caribe. El Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), tiene más de 75 años de colaborar con las iglesias en la evangelización del continente. Ya desde 1955, con la Primera Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Río de Janeiro se comenzó a forjar una figura regional. De un inmenso valor son las Conferencias del Episcopado realizadas en Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida en sus deseos de incorporar el Concilio Vaticano II, y el magisterio más reciente, en los procesos evangelizadores locales.

El padre Carlos María Galli afirma que la Conferencia de Aparecida “se anticipó a imaginar nuevas formaciones eclesiales regionales (DAp 182) y tuvo la visión profética de llamar a colaborar entre sí a las iglesias hermanas de la Amazonía,

“Crear conciencia en las Américas sobre la importancia de la Amazonía para toda la humanidad. Establecer, entre las iglesias locales de diversos países sudamericanos, que están en la cuenca amazónica, una pastoral de conjunto con prioridades diferenciadas para crear un modelo de desarrollo que privilegie a los pobres y sirva al bien común” (DAp 475).

La Asamblea del Sínodo se celebró en Roma en octubre de 2019 y en el Documento Final se subrayó la urgencia de abrir nuevos caminos para la Iglesia en el territorio amazónico

“La celebración del Sínodo logró destacar la integración de la voz de la Amazonía con la voz y el sentir de los pastores participantes. Fue una nueva experiencia de escucha para discernir la voz del Espíritu que conduce a la Iglesia a nuevos caminos de presencia, evangelización y diálogo intercultural en la Amazonía. El reclamo, surgido en el proceso preparatorio, de que la Iglesia fuera aliada del mundo amazónico, fue afirmado con fuerza. La celebración finaliza con gran alegría y la esperanza de abrazar y practicar el nuevo paradigma de la ecología integral, el cuidado de la “casa común” y la defensa de la Amazonía” (DF4).

El Sínodo: crear un nuevo organismo eclesial, sinodal y episcopal de dimensión regional

Las iglesias que comparten el territorio amazónico, junto con el CELAM, la REPAM, la CLAR y las instancias vaticanas, han deliberado para hacer realidad esta iniciativa que responde a los deseos expresados por el Papa Francisco en la Exhortación Apostólica Querida Amazonia, quien les  invita y orienta a concretizar lo discutido en el Sínodo: “Dios quiera que toda la Iglesia se deje enriquecer e interpelar por ese trabajo, que los pastores, consagrados, consagradas y fieles laicos de la Amazonia se empeñen en su aplicación, y que pueda inspirar de algún modo a todas las personas de buena voluntad” (QA 4).

Ya el Documento Final del Sínodo Especial para la Amazonía en su número 115, anima con fuerza y urgencia a la creación de una instancia que dé dinamismo e impulso a la labor evangelizadora en la Amazonía, territorio compartido por nueve países y habitado por más de treinta millones de personas:

“Proponemos crear un organismo episcopal que promueva la sinodalidad entre las iglesias de la región, que ayude a delinear el rostro amazónico de esta Iglesia y que continúe la tarea de encontrar nuevos caminos para la misión evangelizadora, en especial incorporando la propuesta de la ecología integral, afianzando así la fisonomía de la Iglesia amazónica” (DF 115).

La Conferencia naciente es ante todo eclesial, en ella están presentes las iglesias encarnadas en los territorios amazónicos. Esta pluralidad será un elemento enriquecedor de la vida de las iglesias locales que viven la sinodalidad como búsqueda de la voluntad de Dios, como espacios de discernimiento al servicio de la evangelización.

La Conferencia nace acogida por el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) que la adscribe a su presidencia y asegura su autonomía funcional. Desde el CELAM esta Conferencia desarrolla sus vínculos con las Conferencias Episcopales y otras instancias eclesiales.

Por su parte, la Conferencia naciente asume las orientaciones del Papa Francisco para ayudar a la inculturación plural e Intercultural en la región. Este planteamiento destaca dos orientaciones, según la Exhortación Apostólica Querida Amazonia: la encarnación eclesial y ministerial (QA 85) y el desarrollo en la Iglesia de la capacidad “para dar lugar a la audacia del Espíritu, para confiar y concretamente para permitir el desarrollo de una cultura eclesial propia, marcadamente laical. Los desafíos de la Amazonia exigen a la Iglesia un esfuerzo especial por lograr una presencia capilar que sólo es posible con un contundente protagonismo de los laicos” (QA 94).

Patricia Gualinga, lideresa indígena, con mucha esperanza, ante el nacimiento de esta entidad declara: “La iglesia católica necesita entender a los pueblos indígenas, ¿cuál es el idioma que están hablando? tratar de comprender que la iluminación del Espíritu está en estas culturas, y que allí está el gran aporte que vamos a dar a la humanidad como pueblos originarios para que no se destruya la creación, la casa común y, ese es un compromiso que la Conferencia debe comenzar a ejecutar con celeridad, con profundidad para el bien de toda la humanidad”.

El Cardenal Claudio Hummes fue elegido presidente de la nueva Conferencia y Monseñor David Martínez de Aguirre el vicepresidente. El primero insistió en que el proceso sigue. Los documentos que concretizan la iniciativa serán presentados a las instancias vaticanas y al Papa Francisco para su aprobación.

* Fuente: VaticanNews

 

 

 

Por: Luis Miguel Modino, de Religión Digital.

Estamos concluyendo la Semana Laudato Sí, que por circunstancias coincide con la pandemia, y especialmente con una fuerte un fuerte aumento de los números de contagiados y de fallecidos en la Panamazonía. ¿Para ti como secretario ejecutivo de la REPAM, qué te dice todo esto?

 Aquí hay una terrible convergencia de factores que dan cuenta de la denuncia profética, esencial, en la encíclica Laudato Sí, la cual desde hace cinco años está intentando acampar en el corazón de la vida del mundo y de la Iglesia, y lamentablemente no ha conseguido hacerlo. En esta convergencia con la pandemia, se hace evidente e ineludible que los llamados que hace el Papa Francisco, que además no son sólo llamados propios, son los llamados de la ciencia, de la Iglesia profética histórica, y los de los pobres y de la casa común, convergen con una pandemia que nos está exigiendo ese imperativo ético universal de cambiar ya.

 La crisis climática que se ha venido denunciando en los últimos años, también en la Iglesia, está en un punto de prácticamente no retorno, y en esta pandemia nos damos cuenta de la relación que hay con esta incapacidad de proteger la casa común, y por tanto la expansión de esta pandemia, que será una, entre lamentablemente muchas más que vienen después. Pero luego,  la convergencia del grito de los pueblos amazónicos, traído al corazón de la Iglesia, al centro, esa periferia que viene al centro a través del sínodo amazónico.

 Miramos los 4 sueños de la exhortación Querida Amazonía del Papa y son absolutamente coherentes con la crisis climática y la crisis pandémica, que son signos concretos de la realidad que pide, que urge un cambio. Ahí el primer sueño del Papa, un sueño social, de exigencia de derechos humanos, de defensa de los pueblos, de defensa de sus territorios. Hoy en medio de la pandemia, hay mayor extractivismo, mayor deforestación, violencia que se sostiene y un mayor impacto de esta situación de crisis con el virus de la COVID-19. En el sueño cultural, una exigencia a la Iglesia y a las sociedades del mundo a desaprender y aprender, a abrazar, a reconocer la riqueza de la propia identidad cultural, de la belleza también diversa, de las espiritualidades de los pueblos originarios, para aprender a relacionarnos de nuevas formas unos con otros. En esta pandemia nos damos cuenta de la profunda desigualdad, de la incapacidad de los estados de reconocer y asumir un respeto y protocolos desde claves culturales e interculturales.

 El sueño ecológico, la gran crisis que estamos viviendo, ya mencionada, y el sueño del Papa de cuidar el misterio de la belleza de Dios en todo lo creado. La Amazonía y sus ríos, su diversidad,  de flora y de fauna, que hoy ante la pandemia, nos damos cuenta que el fracaso en el cuidado de esta Amazonía también tiene que ver con esta imposibilidad de frenar estas pandemias y esta crisis socio ambiental. Y por último, un sueño pastoral, que pide una Iglesia mucho más dialogante, que escucha, sinodal de hecho, y que en esta pandemia  nos damos cuenta que con todas sus fragilidades, con todas sus limitaciones, ha sido la Iglesia, junto con otras instancias, quizás la voz que se ha hecho presente con más fuerza, con mayor relevancia en todos los sitios más lejanos, y donde no cabe duda que el Papa se vuelve esa voz que grita en el desierto, en medio de vergonzosos líderes globales, a nivel también de regiones del mundo y en la propia Amazonía. Y donde la voz del Papa, y con él la de toda la Iglesia, del Sínodo, de la encíclica Laudato Sí, y de esta necesidad de mayor profecía, hay una acción urgente y un llamado a un cambio ético universal.

Hablas de Querida Amazonía, pero yendo mucho más atrás, yendo al discurso que el Papa Francisco dirigió los pueblos indígenas en Puerto Maldonado y a todo el proceso de escucha sinodal, que sin duda ha tenido una importancia fundamental en el desarrollo posterior de ese proceso sinodal. ¿Por qué esas denuncias que el Papa hace en Puerto Maldonado y que los pueblos indígenas han hecho a lo largo del proceso de escucha, por qué continúan no siendo oídas por los gobiernos, inclusive en algunos sectores eclesiales todavía no se han asumido?

Por pecado de omisión, no hay manera de decirlo más que esa, es un pecado estructural de omisión. Cuando los pueblos originarios están denunciando en esta pandemia un potencial etnocidio, lo que están denunciando es un verdadero pecado de omisión, donde las consecuencias serán muertes y fuertes situaciones de comunidades que se irán diezmando en números por esta decisión de precautelar los intereses económicos, los intereses de las pocas personas que tienen el control mayoritario de los recursos, por encima de las vidas humanas. Es la cultura del descarte en su máxima expresión ante un dilema ético extremo como esta crisis, tanto ambiental como pandémica, donde se transparentan nuestros verdaderos valores y decisiones, priorizando defender este dios mamón, el dios dinero del Antiguo Testamento, por encima de la vida. Por lo tanto, por encima del Hijo de Dios, Jesucristo, a quien seguimos  crucificado en medio de esta realidad.

Hay una estructura de pecado en el mundo que se ha venido denunciando históricamente desde esta Iglesia profética, pero que sigue reforzándose cada vez más. Oxfam nos vuelve a presentar un dato que es completamente ilustrativo de lo que está pasando. Cuando 6 familias tienen el mismo dinero que el 50% más pobre del planeta, es evidente que estamos en una ruta de fracaso. Cuando el 1% de la población planetaria concentra el 85% de todas las riquezas del planeta, es evidente que vamos hacia el abismo. Es un pecado estructural, y lo que los pueblos indígenas denuncian, han denunciado durante el proceso sinodal,  y luego después de él, son exactamente expresiones de esta situación que no da más.

 Es cuando el Papa dice que este sistema mata, este sistema mata porque excluye, porque hace inviable la vida por la destrucción de los ecosistemas. Pero ahora este sistema mata también en la pandemia porque prioriza la defensa de los capitales y de los grupos económicos de poder que dominan a los gobiernos, por encima de los más vulnerables. Nada más contrario al Evangelio de Cristo, nada más contrario a ese Dios que se encarna en la realidad, y por otro lado, creo que se hace evidente, si a alguien le quedaba duda de cuál era el origen de los ataques al Sínodo amazónico, hoy no hay duda ninguna. Nunca se trató de una preocupación sobre la identidad y la ortodoxia de la Iglesia.

 Se trataba siempre de precautelar los intereses de estos grupos poderosos frente a quizás el más importante líder global, ético, que es el Papa Francisco, quien podría potencialmente tener a 1.300 millones de católicos asumiendo y abrazando una causa reformadora y denunciadora de este sistema de pecado. En el Sínodo, una buena parte de la fuerte oposición  revestida de una manera tramposa en la defensa de la  ortodoxia, en el fondo, lo que estaba defendido era ese deseo de  de impedir que la Iglesia se pronuncie sobre estas situaciones que con la pandemia han quedado desnudas. En medio de la profunda tragedia, la pandemia desnuda los valores del mundo, de los pocos que lo dominan, que priorizan sus intereses y los capitales por encima de la vida. Pero ha develado en cambio, la posición de una Iglesia genuinamente comprometida con los valores del Reino, del Evangelio, que en muchos sitios está hablando con profecía, y que también está jugándose la vida todos los días, acompañando a los preferidos de Dios, los más empobrecidos, que están siendo también los más afectados por esta pandemia.

 Carlos Nobre, el científico brasileño que fue perito en el Sínodo para la Amazonía, señaló allí, y recordaba esta semana, que los pueblos indígenas tienen mucho que enseñarnos, que tenemos mucho que aprender con los pueblos amazónicos. La Iglesia Católica consiguió llevar para el centro del catolicismo esa importancia de los pueblos indígenas, ¿cuáles serían los pasos que deberían ser dados para que, a nivel político y social, a través de diferentes organismos internacionales, esos pueblos indígenas puedan ser escuchados y sus propuestas puedan ser tenidas en cuenta como caminos de futuro?

 Lo primero es que es un hecho material, como lo plantea el doctor Nobre, constatable científicamente, evidente, con prueba física, pero  a veces hay gente que como Tomás necesita meter la mano en la llaga de Cristo para percibir y confirmar que ahí hay una verdad. En este caso la ciencia, que es esencial para la experiencia de la Iglesia también, el diálogo fe-ciencia, nos plantea que cuando los pueblos originarios permanecen en sus territorios, y no tienen presiones, ni violencias, ni toda esta presencia de instancias extractivas destructoras, cuando ellos permanecen en sus territorios, como dice la encíclica Laudato Si, son quienes mejor los protegen. Tienen una concepción y una cosmovisión de relación mucho más armónica desde la reciprocidad, y la cual  tiene que ver también con la condición espiritual.

 Su espiritualidad se trata de la  relación con su entorno donde viven y permanecen los espíritus de la vida, los espíritus de los que ya partieron, los espíritus de los elementos, y por eso hay una relación diferente. Después, por las propias dinámicas históricas, aunque no se puede homogeneizar a todas las culturas amazónicas, pero hay una consistente relación mucho más estable, de armonía con el entorno para la subsistencia. Es decir, la noción de acumulación, de pretender destruir, no está tan presente, porque hay una perspectiva del día con día, del bienestar, y de una perspectiva de largo plazo. En ese sentido también, las relaciones entre distintas comunidades, si bien hay conflictos entre algunas comunidades y otras, normalmente hay una relación de intercambio, de reciprocidad. Todo esto es  una base para la razón material.

 En el ámbito de lo político, existen ya declaraciones, convenios, acuerdos, informes, es decir, instrumentos jurídicos que no son opcionales, que obligan a los Estados a tener un respeto diferenciado de estas culturas, por su importancia, por su valor, pero por su vulnerabilidad también. Esto por la manera en que han sido sistemáticamente excluidas, por la forma constante en que han sido vulneradas bajo  esta visión de acumulación y de desarrollo que ya mencionábamos; hay una maldición de la abundancia. Muchas veces, en sus territorios existen los mayores yacimientos o reservas de los recursos primarios con los que nuestros países financian todo un modelo de desarrollo que no es sostenible y que termina en manos de muy pocos.

 Hay instrumentos jurídicos que tendríamos que asumir. El Documento Final del Sínodo cita no solo el Acuerdo 169 de la OIT sobre la consulta previa, sino el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre pueblos indígenas amazónicos, que se hizo con contribuciones de la REPAM.

Pero hay un otro tercer elemento, y es el tema de la relación de la Iglesia, que necesita, cómo ha planteado el Papa Francisco, pedir perdón por los pecados históricos cometidos en los procesos de colonización, por una Iglesia también vertical, impositiva, que sigue presente en muchos casos. Pero también, al mismo tiempo, reconocer la riqueza de experiencias proféticas encarnadas, misioneras, de la mayor diversidad, con muchos y muchas mártires, que han dado la vida por los pueblos  originarios de la Amazonía. En este sentido, también la Iglesia terminó el discernimiento sinodal diciendo que queremos y decidimos ser aliados de los pueblos originarios, porque ese es el pedido explícito que nos han hecho.

En este sentido, tendríamos que replantearnos muchas de nuestras opciones, para poder acompañarlos genuinamente. No pretendemos idealizar a los pueblos originarios, como todos, como toda organización, como toda persona, tienen  luces y sombras, pero es un hecho concreto que su causa es esencial. Como alguna vez ha dicho el propio Cardenal Hummes, las personas nos son santas, pero su causa es santa. Creo que la causa santa de la defensa de la vida, de poder seguir existiendo es una causa del Evangelio para la Iglesia, y es ineludible también. Lo he dicho varias veces, es el mismo sentido de la encíclica Laudato Sí, es magisterio de la Iglesia, igualmente importante que cualquier magisterio sobre temas sacramentales y otros, que valoramos y respetamos. Lo que no es entendible es que el magisterio social de la Iglesia sea considerado secundario u opcional, o que incluso se le catalogue como algo de progresistas radicales en la Iglesia, cuando es Evangelio puro.

Como denunciaba el comunicado de la REPAM de este 18 de mayo y repetidas veces ha denunciado la COICA, los explotadores de la Amazonía no están en cuarentena. ¿Cómo los organismos internacionales, la ONU, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y otros organismos internacionales, inclusive con una presión moral por parte del Vaticano, podrían ayudar a controlar esos ataques desmedidos que están que están sufriendo los territorios y los pueblos indígenas?

 La primera actuación  es escuchar la manera explícita, contundente, con la que el Papa está exigiendo a todos los y las creyentes a tomar un paso adelante y denunciar. Eso no está sucediendo, y es un llamado también esencial y no opcional. El Papa decía que la cobardía en la protección y en la defensa de la casa común era algo anti-natural para la Iglesia. Tenemos que darnos cuenta que los discursos realmente contundentes de la Iglesia, de algunos episcopados, de la propia vida consagrada, la REPAM y otras, no calan hondo en la vida de muchas personas, por el mismo motivo por el cual no se asume la propia encíclica Laudato Sí. Se considera algo confrontador, que me obliga a cambios serios, y por eso da miedo o se rechaza. Pero ¿se puede rechazar a abrazar y acompañar a Jesús Crucificado? Es decir, si no hay una metanoia, una conversión radical interna, nada de esto tendrá posibilidad de tornarse en actuaciones concretas que tendrían que ser parte de la identidad inherente del católico y cristiano. Ahí hay un tema muy fuerte.

 Lo segundo es que tenemos un doble discurso, me pregunto cuántos católicos de misa de todos los domingo, o más, están participando no sólo de las actividades de extracción que están destruyendo la Amazonía, sino que son los que encabezan y hacen parte de esas grandes corporaciones o gobiernos cómplices que se benefician con el dolor ajeno. Porque hemos visto también catástrofes asociadas a esto, y que se benefician de manera momentánea con la destrucción del patrimonio mundial, con la imposibilidad de que las futuras generaciones tengan futuro. Lo tercero es que estamos ante una ola de gobiernos, sea de izquierda o de derecha, sin escrúpulos, con una conciencia vendida completamente a los intereses económicos, que están prestándose para  facilitar todas estas acciones de destrucción.

 No hay un interés en escuchar a los propios pueblos, no hay un interés en escuchar a la ciudadanía en general, y hay una actitud populista, de derecha o de izquierda, que lo que quiere es mantener las conciencias tranquilas, dando algunas ayudas superficiales, cuando lo que están haciendo literalmente es destruyendo la posibilidad de la continuidad del sueño de Dios para sus hijos e hijas más amados, y para su casa común. Tendríamos que, al modo del Papa Francisco, que es la cabeza de esta Iglesia, crear alianzas concretas, viables, donde se participe en actuaciones políticas, en demostraciones, en acciones de incidencia.

Esto no es nuevo, 5 años hemos tenido la encíclica Laudato Sí. Mi pregunta es quiénes la han profundizado en serio. Los capítulos 5 y 6 son un verdadero programa de vida, programa eclesial, programa político y una invitación a la Iglesia profética. Seguimos dejando la encíclica en el olvido, porque incomoda, porque nos parece que no es relevante, aun siendo magisterio de la Iglesia. Otros supuestamente progresistas toman un par de frases que se ajustan a su pensamiento y, de alguna manera, justifican sus ideas cerradas para  seguir con lo mismo, sin un cambio real en la vida y en esta invitación a ser una Iglesia profética y con una actuación también en el ámbito de lo público.

Hablas sobre la necesidad de profundizar en la encíclica Laudato Sí. En esta semana Laudato Sí se han organizado muchísimos eventos de reflexión, e inclusive esta semana ha sido anunciado que hasta el 24 de mayo de 2021 será el año Laudato Sí. ¿Cómo esta semana ha ayudado a descubrir la necesidad de profundizar y cuáles son los pasos que deberían ser dados a lo largo del próximo año para qué la Iglesia, los católicos, y también la humanidad, profundicen en todo lo que encierra la Laudato Sí?

Voy a decir algo que puede sonar fuerte, pero así lo experimento, por eso lo pongo en un adecuado contexto. Ha habido una negación sistemática de acoger el mensaje de la encíclica Laudato Si en lo general de los creyentes. Te aseguro que la gran mayoría no han asumido una opción de cambio de vida desde el marco de la encíclica Laudato Sí, que la mayoría la han rechazado, y otros tantos la han ocultado y olvidado como si no existiera. La imagen es la siguiente, la encíclica Laudato Si estaba en cuidados intensivos infectada por la pandemia de la incapacidad de ver, iba perdiendo ya el oxígeno necesario para vivir, estaba contagiada. Y en este tiempo tan terrible de la pandemia, y gracias a este aniversario por sus  cinco años de camino, ahora está respirando nuevamente, ha sido rescatada, un respirador de un despertar en la conciencia global y eclesial parece que le ha permitido volver a la vida, reafirmarse nuevamente, aunque no sabemos por cuánto tiempo. Y esta posibilidad, este respirador, viene justamente por la noción de límite y de fracaso societal que estamos viviendo como humanidad con la pandemia.

 La paradoja de la pandemia, siendo también en este caso una sacudida de proporciones inéditas, es que ha logrado también devolver a la vida a la Laudato Sí y su valor esencial. Incluso en este momento, su mensaje y  su potencia transformadora , quizás sea más propicio por la situación de la pandemia. Sentimos nuevas posibilidades por la sensación de riesgo de futuro en estos días, y porque este aniversario viene después de su hijo, el sínodo amazónico. La encíclica Laudato Sí es madre del sínodo amazónico y la Evangelii Gaudium es su padre. Este Sínodo  encuentra el modo de empujar adelante ahora a su propia madre, que estaba un poco enferma, para salir de cuidados intensivos y pararse con toda la fuerza de su experiencia de 5 años, y ojalá para que se convierta en elemento irreversible, en un programa de vida eclesial y de las sociedades, y en un imperativo ético como programa de vida para creyentes y no creyentes.

El Vaticano ha creado una comisión post coronavirus para intentar hacer propuestas de futuro, no solamente para la Iglesia, sino también para la humanidad después de esta pandemia. ¿Qué papel debe o puede jugar la Laudato Sí en el caminar de esa nueva comisión?

 Lo interesante es que es una comisión fuerza de trabajo, o sea, tiene un rol de coordinación y tiene 5 subcomisiones al interno. La primera es la del hospital de campaña, así como todos estamos intentando responder a la situación inmediata, a la crisis, a la necesidad de asistencia humanitaria, vía la Cáritas Internacional y todas las locales. Esto se sostiene en  la imagen de hospital de campaña que el Papa usa permanentemente. La Iglesia como hospital de campaña. Pero  el Papa siempre insiste que ella tiene que ser una Iglesia que promueve la vida, la dignidad, la justicia. La segunda comisión es la comisión de Ecología Integral, que está pensando a la luz del programa de la encíclica, en sus capítulos 5 y 6 y en esas nuevas perspectivas.

Ahí hay una suma de sujetos claves del mundo académico,  organizaciones sociales, organizaciones con clave política y también redes eclesiales. Esta es una subcomisión que es absolutamente clave, con nuevas propuestas de medios de vida, de una economía al servicio de la vida en vista de la catástrofe que vamos a enfrentar en materia de pobreza, hambre e inseguridad alimentaria como nunca antes vivimos. Propuestas sustentables frente a la crisis climática que tenemos, que venía de varios años y que intenta buscar otras alternativas. Luego está una comisión de comunicación, otra de gestión de fondos, y una más de relaciones políticas.

El hecho de que el Papa esté a la cabeza de esta fuerza de trabajo con el Dicasterio de Desarrollo Humano Integral, que está haciendo un esfuerzo admirable de articulación, nos dice que hay una interpretación adecuada de este signo de los tiempos. Una crisis como nunca antes se vivió, y en la que la pandemia es apenas una expresión inicial, porque ella está revelando y develando todas las inequidades, injusticias y lo que más fuertemente movía a las sociedades.

Así que pienso que la Iglesia tendrá una palabra importantísima como hospital de campaña. Con la búsqueda de alternativas desde la encíclica Laudato Sí, con la experiencia del Sínodo y  otras expresiones de nuestra Iglesia. Es tiempo de tomar el valor para ensayar nuevos caminos, como fue el título de Sínodo amazónico. Nuevos caminos, porque ello ya no es opcional, y las fuerzas que querrán sostener el mismo modo de vida desigual y destructivo, que son poderosísimas y tienen el control sobre enormes fuerzas, van también a chocar con estos intentos de crear nuevas posibilidades distintas.

A nivel panamazónico, cómo todo lo aprendido con la encíclica Laudato Sí, con su hijo el Sínodo amazónico, ¿cómo tiene que ser trabajado por parte de la REPAM, del CELAM, de ese nuevo organismo que se está constituyendo a partir de lo sugerido por la Asamblea Sinodal, inclusive con la COICA, cómo todo eso debe o puede ayudar en la construcción del futuro de la Panamazonía, y sobre todo en el futuro de los pueblos amazónicos, de los pueblos indígenas?

En el ámbito amazónico estamos respondiendo más o menos en la misma línea que la comisión de trabajo del Papa frente a la pandemia y en perspectiva de post pandemia, es decir, con las propias organizaciones indígenas, con la COICA, con las eclesiales desde la REPAM, el CELAM, la CLAR, las Cáritas, evidentemente, estamos haciendo labor de hospital de campaña para  resguardar la vida, defender la vida en medio de mucha precariedad o complicidad de los estados. Estamos tratando de responder para que haya alimentación en los sitios donde hace más falta, equipos de bio-seguridad, incluso con la activación de universidades en algunos países, como Ecuador, porque el estado es incapaz de proveer las pruebas que necesitan comunidades indígenas de las más vulnerables. Estamos movilizando como redes de Iglesia todas las posibilidades que tenemos. Y esto va a continuar por meses, y años, por la crisis que viene.

Esta respuesta se sostiene desde el análisis de la realidad, a los mapeos diarios, que hacemos como REPAM sobre los impactos de la pandemia la Amazonía. Asimismo, los reportes semanales diferenciados sobre los pueblos originarios hechos con la COICA nos dan cuenta de la importancia de  este análisis de la realidad, que viene ya de estrategias preexistentes para la REPAM en clave de mapeo. Pero luego creo que tenemos que asumir todo el programa del Sínodo; esta pandemia no sólo no demora el proceso sinodal de la Amazonía, sino que lo hace aún más urgente e impostergable. Debemos impulsar las propuestas del Documento Final como programa pastoral, que incluye, por supuesto, todo lo contenido en la encíclica Laudato Sí, y los 4 sueños del Papa en Querida Amazonía.

La REPAM, incluso antes de la pandemia, ya comenzaba lo que yo llamaría una refundación, un discernimiento profundo sobre quién es la REPAM y quién está llamada a ser luego de todo ese gran acontecimiento panamazónico en el que  las voces del territorio, llevadas por los propios pueblos y las organizaciones, ahora se nos devuelve como llamado a implementarlo  y hacerlo vida. La REPAM se tiene que transformar, pero también la pandemia produce eso. La REPAM tiene que preguntarse cuáles son sus razones de existir en medio del sufrimiento de los pueblos y comunidades Amazónicas en esta pandemia, en el llamado a la defensa de sus vidas, sus territorios, sus culturas, y de proyectarse más allá de la pandemia viendo horizontes posibles.

En el caso del CELAM, en una clara opción de diálogo con la Vida Consagrada de la CLAR, con las Cáritas, se está avanzando también en la creación de un organismo episcopal, eclesial, panamazónico. Es fruto del discernimiento sinodal, no hay ninguna razón para temer que este organismo vaya a sustituir las instancias existentes. Esos mismos temores que aparecieron cuando la REPAM nació, fueron rápidamente clarificados porque cada uno tiene su función especial, y eso produce la complementación. La REPAM seguirá siendo esa red ágil, ligera, que articula, que provee de servicios.

Pero la magnitud y complejidad  de algunas  mociones o propuestas aprobadas en el Documento Final del Sínodo, y avaladas por el Papa en su exhortación necesitan una estructura que tenga el peso institucional y canónico para llevar adelante algunas de las grandes causas y cauces del Sínodo. , Hay  más de 150 propuestas en el Documento Final del Sínodo, muchas de ellas cabrán en la REPAM, otras serán llevadas por las propias jurisdicciones eclesiásticas, otras por las instancias particulares como la CLAR, la vida consagrada, pero algunas importantes serán llevadas por ese naciente organismo episcopal, eclesial, panamazónico por  el peso formal y una necesidad de perspectiva de largo plazo, e incluso de interacción en igualdad de condiciones con instancias vaticanas. Tenemos mucha esperanza en que será un nuevo paso adelante en esta dinámica sinodal de la Iglesia, pero también en la necesidad de crear instrumentos al servicio del Reino.

 

 

 

Una Iglesia discípula, aprendiz, que escucha, pero no porque ahora el Papa Francisco nos lo pide, sino porque eso ayuda a hacer realidad nuevos caminos, a encarnar el Evangelio, a asumir compromisos, especialmente en la Amazonía. No se trata de una escucha intrumental, de escuchar para seguir actuando igual. Desde esos presupuestos puede ser más fácil traer de vuelta al territorio todo lo vivido hasta ahora en el proceso sinodal. Quien nos cuenta todo eso es Romy Gallegos, que forma parte del equipo de la Secretaría de la Red Eclesial Panamazónica – REPAM.

 

En su trabajo en los últimos años ha ido descubriendo que  “la Iglesia en el territorio tiene el protagonismo principal y son los que pueden generar los cambios reales que el Papa Francisco sueña y que la misma realidad exige”. Eso es fundamental, como ella misma reconoce para tener “cuidado con los nuevos tipos de colonización a los pueblos”, una advertencia que el Papa Francisco hace en Querida Amazonía al inicio del sueño social.

Una actitud fundamental es empujar lo que ya se está haciendo, que es mucho, independientemente de que ello haya sido recogido en los documentos surgidos a lo largo del proceso sinodal. Romy Gallegos afirma que “como Iglesia tenemos mucha historia, mucho camino recorrido, mucho proceso andado y muchas luces y sombras”. Desde ahí, insiste mucho en impulsar procesos de formación, “sobre todo vinculando los temas de inculturación, de ecología integral, de diálogo intercultural y sobre el liderazgo femenino”.

Todo lo expresado en esta entrevista es algo que a Romy Gallegos le permite soñar, “con una Iglesia coherente”, que haga carne lo que dice y escribe, con una Iglesia que actúa de inmediato ante las necesidades, “que no espera a tener un documento para transformarse”, “con una Iglesia que se siente y escuche”, una Iglesia que no impone lo que nos otros deben ser, sino que “construya lo que ella primero puede ser, para luego dialogar con los otros”. También sueña “con una Iglesia que esté siempre dispuesta al cambio…, que tome en serio el tema de la desinversión de las grandes empresas extractivas…, que no tema cambiar su estructura y su institución, que escuche a Cristo Encarnado y se deje llevar por él, y así ser en modelo y forma Iglesia Pueblo de Dios”.

 

Con la publicación de Querida Amazonía se ha impulsado todavía más el proceso postsinodal, que mucha gente coincide en que es el momento en que se pone en juego todo lo reflexionado durante el proceso sinodal. ¿Cuál es la importancia que el territorio y los pueblos del territorio pueden tener en ese proceso postsinodal?

En este nuevo momento, después de toda la alegría, de toda la emoción, de toda la generación de tantas expectativas, es tiempo que se encarnen, se trabajen, se asuman los compromisos y los buenos deseos, para que puedan realmente convertirse en acciones y solamente desde el protagonismo del territorio puede esto hacerse realidad.

Creo que los territorios tienen, o deben tener, la mayor responsabilidad de llevar a la vida el sueño que planteó el Sínodo. Ahora es el tiempo de retomar lo que la gente dijo, soñó, pidió durante el proceso de consulta, pero también de retomar lo que ha sido el sueño de tantos años sobre el modelo de Iglesia en América Latina, y sobre todo en la Amazonía. Debemos tomar todo lo positivo y bueno que nos ha dejado, tanto el Documento Final de la Asamblea como la Exhortación, pero sobre todo retomar todo eso que la gente propuso y que a lo mejor no puede estar literalmente, o directamente, recogido en la Exhortación, o en los documentos, pero que es apuesta y es sueño de la gente en los territorios. La Iglesia en el territorio tiene el protagonismo principal y son los que pueden generar los cambios reales que el Papa Francisco sueña y que la misma realidad exige.

 

En Querida Amazonía, en concreto en el número 32, se habla de la gran variedad de pueblos en consecuencia del territorio en el que viven. ¿Podríamos decir que siguiendo eso que acabas de decir, independientemente de que haya aparecido en el Documento Final o en la Exhortación, es momento de retomar, a partir del territorio, elementos que surgieron en el proceso de escucha?

Totalmente, creo que el mayor cometido del Sínodo fue darnos la esperanza de que la Iglesia puede sentarse a escuchar, que la Iglesia no es solamente el obispo, ni los sacerdotes, ni los misioneros o misioneras, sino que la Iglesia somos todos, la Iglesia es el Pueblo de Dios, la gente laica, la gente vinculada, la gente creyente, la gente que transforma el día a día la realidad con su testimonio, la gente que cree en un Cristo Resucitado y Encarnado en su realidad. Creo que una de las mayores expresiones de esperanza que nos dio el Sínodo es que esto solo puede convertirse en realidad si realmente se vuelve a las personas, a los pueblos, a todos y a cada uno, ese sueño.

Nos permitimos soñar, nos animamos a pensar que los sueños pueden ser posibles, nos dieron la esperanza que es posible plantear todos esos temas, ser osados y osadas en lo que proponemos. Y ahora se nos devuelve para que el sueño no se quede en sueño, y que lo que se habilitó y se animó gracias a los documentos, al trabajo de los Obispos, auditores, peritos, y al mismo Papa Francisco, se fortalezca. Debemos ir encontrando los caminos para seguir empujando las propuestas y urgencias con respecto a todas las culturas que viven en la Panamazonía, a las poblaciones, a las mujeres, a los pueblos indígenas, a las culturas afros, a las culturas ribereñas, a la cultura urbana, etc. Por ello, creo firmemente que es el Pueblo de Dios el que va marcando el ritmo de esos cambios, y de esas apuestas.

 

Muchos coinciden en que el Documento Final, y sobre todo Querida Amazonía, son textos que abren muchas posibilidades de cara al futuro. ¿Cómo la Iglesia y los pueblos que habitan en el territorio podrían aprovechar esas posibilidades?

Creo que hay historia y procesos ya existentes, que se afianzan con los documentos del Sínodo y que permiten continuar con los nuevos caminos. Veo con mucha emoción y potencial toda la dimensión de procesos de formación. Creo que este es un camino muy interesante, que tiene muchas aristas y que los dos documentos nos animan a repensar los procesos formativos, en todos los niveles, para todos los miembros de la Iglesia, y sobre todo vinculando los temas de inculturación, de ecología integral, de diálogo intercultural y sobre el liderazgo femenino.

Tenemos que volver con la gente que estuvo involucrada en los procesos y que soñó eso también. Siento que hay que animar mucho a sentir cómo nuestra voz y el sueño común se encuentran en los documentos, y en caso de no sentirnos reconocidos, identificar cómo fortalecer los espacios de esperanza y de construcción que tenemos en nuestra jurisdicción eclesiástica, para continuar habilitando espacios para proponer otros sueños, u otras apuestas/propuestas también. La primera parte es recordar, es volver a retomar eso que se dijo al inicio. Ahí también está la fuente de cómo la gente puede sentir que esto es propio y que no es impuesto, que no viene de afuera.

Porque también hemos escuchado en algunos espacios, que tal vez la gente no conoce, o no conoció mucho el proceso de escucha inicial. Entonces no logra reconocer de dónde viene esto, por qué se proponen estos temas, o por qué salen esas cosas, o por qué faltan otros temas, etc. La gran habilitación que nos dio el proceso sinodal es a repensar la forma en cómo estamos siendo Iglesia y esta ha sido la gran posibilidad de transformación. Ya sólo haciéndonos esa pregunta, en cada territorio, en cada pastoral, en cada vicariato, en cada espacio de Iglesia, con las culturas, ya abre a no sólo tomar en consideración los números y las propuestas del Documento Final y de la Exhortación Apostólica, sino que nos exige construir planes pastorales que hagan realidad las propuestas dichas por estos territorios y a plantear los nuevos caminos aterrizados en cada realidad.

 

Hablas de replantearnos nuestra forma de ser Iglesia, de escuchar. En el número 70 de Querida Amazonía, que sería uno de los objetivos principales, porque el Papa siempre habló de una Iglesia con rostro amazónico y rostro indígena, dice que la Iglesia necesita escuchar su sabiduría ancestral y reconocer la riqueza del estilo de vida de las comunidades de los pueblos originarios. ¿Por qué la Iglesia debe escuchar a los pueblos, inclusive en este momento que ya es de aplicación de las decisiones del Sínodo, necesita seguir conociendo, escuchando, atenta a la realidad donde quiere anunciar el Evangelio?

Porque como Iglesia tenemos mucha historia, mucho camino recorrido, mucho proceso andado y muchas luces y sombras. Si hay algo que se repitió con mucha fuerza en los encuentros de escucha sinodal fueron los dolores y heridas que existen en los territorios, en los diversos pueblos indígenas y no indígenas. Creo que algunas de estas heridas fueron las acontecidas durante la colonización, y no quisieron ser apropósito, pero son dolores que marcaron mucho la historia de los pueblos en la Amazonía e involucran directamente a la Iglesia que llegaba en este momento, es una historia que debe ser resarcida.

Necesitamos escuchar con más atención, y en todos los casos que ameriten, continuar pidiendo disculpas por las sombras de nuestra Iglesia. El Papa Francisco lo ha hecho en varias ocasiones, y pone el ejemplo de cómo debemos seguir haciéndolo. La REPAM, en muchos de sus encuentros de diálogo con pueblos indígenas, también ha ofrecido este pedido de disculpas, porque solo así se puede intentar plantear nuevas formas de relacionarnos. En alguna ocasión, una lideranza indígena nos dijo que no basta sólo con pedir perdón, que la Iglesia debe ir más allá y fueron palabras que calaron hondo para comprender mejor esta historia tan compleja.

La escucha implica tomarnos en serio el ejercicio de replantearnos eso que somos y cómo somos. Porque no vamos a escuchar para seguir actuando igual, y ahí debemos tener cuidado para que la escucha no se vuelva instrumental. Necesitamos un espíritu sincero que nos permita escuchar y respetar a las culturas indígenas y no indígenas de la Amazonía. El Papa Francisco lo habla muy claro en el inicio del sueño social, “cuidado con los nuevos tipos de colonización a los pueblos”.

Podríamos escuchar a los pueblos y no construir realmente las nuevas formas de actuación como Iglesia, porque podríamos transformarnos superficialmente y tal vez no estaríamos haciendo la verdadera conversión que se requiere. Con respeto y cuidado, me atrevo a decir que esta conversión comienza por preguntarnos si lo que estamos haciendo realmente responde a las necesidades que los pueblos gritan y por los cuales están perdiendo la vida.  A nivel personal, sueño en la forma cómo podemos mejorar esa respuesta, para que este proceso Sinodal que nació con los territorios y que se devuelve ahora a ellos no sea un ejercicio de nueva colonización. Sueño con una verdadera conversión y transformación eclesial, que nos exija repensar cómo estamos dejándonos tocar por la realidad que sangra y que nos pide responder al estilo de Jesús.

 

A lo largo de todo este tiempo que has trabajado en la secretaría de la REPAM has participado de muchos momentos de escucha y de conocimiento de lo que los pueblos viven. ¿Qué es lo que eso te ha enseñado personalmente, sobre todo de cara al futuro, y cuál sería tu perspectiva para que eso pueda ser asumido por más gente?

Aprendí muchísimo sobre los diversos estilos, formas y particularidades de ser Iglesia en las Amazonía de Brasil, Colombia, Perú y Ecuador, pero pienso que aprendí muchísimo en el espacio de escucha a los pueblos indígenas de toda la Panamazonía, que se realizó en la comunidad Monilla Amena, en Leticia – Colombia. Este espacio fue realmente estar en medio de los pueblos, escuchando como ellos hablan, tal vez sin necesidad de que nos lo traduzcan, sino sólo estando presentes. Este espacio me hizo sentir lo pequeño que somos, aprendí cómo se siente ser una Iglesia que no solo es maestra, sino convertirnos en una Iglesia discípula, en una Iglesia aprendiz con ellos. Este ha sido uno de los momentos más grandes y representativos de lo que significa callar y escuchar. Lo mismo fue con el encuentro de mujeres, la posibilidad de sentir las diversas formas y la diversidad de las mujeres, de los territorios, de las realidades y sentir con mucha humildad y privilegio el estar ahí en medio, escuchando y documentado lo que es la voz y la vida de la Panamazonía.

Creo que es importante clarificar que no hay una sola respuesta, y que la REPAM no tiene la última palabra. Creo sin duda alguna, que este momento en la historia del mundo, de la humanidad y de la Iglesia nos exige sentarnos todos. Aunque nos demoremos más, es necesario hablar, escucharnos y decidir juntos. Esto nos convoca a todos, a quienes viven en la Panamazonía y en las “otras selvas” que deciden el futuro de este territorio.

Por otra parte, los espacios de escucha me dieron, a nivel personal, la posibilidad de desarrollar una nueva forma de oír, separar lo que pueden ser expectativas personales, y disponer el corazón para siempre dejarnos sorprender por lo que los pueblos indígenas y de otras culturas de la Panamazonía nos tienen que decir, y la forma cómo su palabra aporta a la propia vida. En cada espacio que pude participar sentí con mucha fuerza cómo su vida y su lucha inspiran a un nivel de transformar las apuestas personales, personas concretas, realidades concretas me alimentaron de formas que no conocía, alimentaron mi corazón, mi conciencia de lucha y resistencia, de construcción colectiva, y de esperanza en la experiencia de una Iglesia encarnada en su realidad, y sobre todo, aportaron al sentido de misión de mi vida y trabajo.

Esta experiencia me permitió también reconocer y ver cómo una es muy chiquita para ver la magnitud de la expresión de Dios vivo en estas realidades, de lo que para nosotros es Dios, y lo que para los pueblos y las otras culturas puede tener otros nombres, o inclusive no llamarlo así directamente. Reconocer que el misterio de la vida y de la encarnación va mucho más allá, y sentirnos uno más con ellos, sentirnos como familia, sentirnos como lo que me ha enseñado el pueblo Munduruku, sobre todo  Arnaldo, Juarez, y Daniela, la forma cómo somos parientes, hijos e hijas del mismo padre y madre, aunque tengan nombres diferentes y proveniencias diferentes, pero nos une la misma lucha y nos une el mismo territorio. Un misterio de sentirnos parientes en la Panamazonía.

Otra cosa que nos muestran los pueblos es la esperanza. Yo sigo extremadamente sorprendida que tras cada espacio de dolor, de vulneración de derechos, de amenazas, de criminalización, de asesinato, de muerte, de sangre, los pueblos tienen luz en sus ojos, tienen esperanza y creen realmente que la Iglesia puede cambiar y convertirse en una verdadera aliada en sus luchas y ayudarles. Ellos tienen una confianza especial que creo que nosotros no siempre la tenemos, o que nosotros la perdemos más fácilmente. Creo que es una de las formas de entender la vida más transformadora.

Hay mucho de la Panamazonía que no tenemos aún la forma de comprender, porque tal vez no se comienza comprendiendo con la cabeza, sino que se comprende desde el corazón. A nivel personal, siempre me sentí muy tocada y muy trastocada en cada espacio, muy confrontada, muy desafiada, para reconocer cuál es mi rol en medio de esto que se revela y de todo lo que esta realidad requiere. Un desafío que forma parte del servicio de la red, que es acortar distancias, servir de puentes y fortalecer la articulación en los territorios, desde ellos, con sus capacidades, sin forzar las cosas.

 

El Papa Francisco sueña, la Iglesia sueña, pero tú, personalmente, ¿qué es lo que sueñas para el futuro de la Amazonía y de los pueblos que la habitan, especialmente para el futuro de los pueblos originarios?

Sueño con una Iglesia coherente, que lo que dice en discurso, que lo que escribe en documentos, realmente lo haga carne. Sueño con una Iglesia que no espera a tener un documento para transformarse, sino que pueda reconocer en la realidad que está siendo vulnerada, y en los hermanos y hermanas, en los parientes, que están siendo violentados, encuentre las formas para acompañarlos inmediatamente. Sueño con una Iglesia que se siente y escuche antes de que juzgue a una mujer, por lo que haga, por lo que deje de hacer, por lo que deba decir que sea.

Sueño con una Iglesia que no pretenda establecer ese deber ser para todos, sino que más bien construya lo que ella primero puede ser, para luego dialogar con los otros. Sueño con una Iglesia que esté siempre dispuesta al cambio, que lo que ahora damos por sentado, si en 10 años ya no tiene sentido, entonces que se lo replantee, que no espere a volver a tener un Sínodo para reconocer todo lo que puede hacer para responder a la realidad que grita, que no esperemos años para cambiar lo que ahora requiere replantearse. Sueño con una Iglesia que tome en serio el tema de la desinversión de las grandes empresas extractivas, para que eso nunca impida que podamos denunciar los atropellos y vulneraciones que comenten. Sueño en una Iglesia que no tema cambiar su estructura y su institución, que escuche a Cristo Encarnado y se deje llevar por él, y así ser en modelo y forma Iglesia Pueblo de Dios.

Por: Luis Miguel Modino

 

ARTIGO EM PORTUGUÊS

 

Romy Gallegos: “o Sínodo nos deu esperança de que a Igreja pode se sentar para escutar”

 

Uma Igreja discípula, aprendiz, que escuta, mas não porque o Papa Francisco está nos pedindo agora, mas porque isso ajuda a tornar novos caminhos realidade, a fazer carne o Evangelho, a assumir compromissos, especialmente na Amazônia. Não é uma escuta instrumental, uma escuta para continuar agindo da mesma maneira. A partir dessas suposições, pode ser mais fácil trazer de volta ao território tudo o que foi vivido até agora no processo sinodal. Quem nos conta tudo isso é Romy Gallegos, que faz parte da equipe do Secretariado da Rede Eclesial Pan-Amazônica – REPAM.

Em seu trabalho, nos últimos anos, ela descobriu que “a Igreja no território tem o papel principal e são eles que podem gerar as reais mudanças que o Papa Francisco sonha e que a própria realidade exige”. Isso é essencial, pois ela própria reconhece a necessidade de “estar atentos aos novos tipos de colonização dos povos”, um aviso que o Papa Francisco faz em Querida Amazônia, no início do sonho social.

Uma atitude fundamental é apoiar o que já está sendo feito, o que é muito, independentemente de isso ter sido incluído nos documentos que surgiram ao longo do processo do sínodo. Romy Gallegos afirma que “como Igreja, temos muita história, um longo caminho percorrido, um longo processo e muitas luzes e sombras”. A partir daí, ela insiste muito em promover os processos de formação, “especialmente ligando as questões de inculturação, ecologia integral, diálogo intercultural e liderança feminina”.

Tudo o que recolhe esta entrevista é algo que Romy Gallegos lhe permite sonhar, “com uma Igreja coerente”, para tornar carne o que ela diz e escreve, com uma Igreja que age imediatamente diante de necessidades, “que não espera ter um documento para transformar…, com uma Igreja que sente e escute”, uma Igreja que não impõe o que os outros deveriam ser, mas “constrói o que ela pode ser primeiro e depois dialoga com os outros”. Ela também sonha “com uma Igreja sempre pronta para a mudança …, que leva a sério a questão da alienação de grandes empresas extrativas …, que não tem medo de mudar sua estrutura e instituição, que escute Cristo Encarnado e deixe-se levar por ele e, portanto, seja um modelo e uma forma da Igreja do Povo de Deus ”.

 

Com a publicação de Querida Amazônia, o processo pós-sínodo foi promovido, o que muitas pessoas concordam que é o momento em que tudo o que tem sido refletido durante o processo do sínodo vai ser colocado em jogo. Qual a importância que o território e os povos do território podem ter nesse processo pós-sínodo?

Nesse novo momento, depois de toda a alegria, toda a empolgação, toda a geração de tantas expectativas, é hora de encarnar, trabalhar, assumir compromissos e bons desejos, para que realmente se transformem em ações e somente do papel principal do território isso pode se tornar realidade.

Acredito que os territórios têm, ou deveriam ter, a maior responsabilidade de dar vida ao sonho que o Sínodo suscitou. Agora é a hora de voltar ao que as pessoas disseram, sonharam, pediram durante o processo de consulta, mas também para retomar o que tem sido o sonho de tantos anos sobre o modelo da Igreja na América Latina, e especialmente na Amazônia. Devemos pegar todo o positivo e o bem que ele nos deixou, tanto o Documento Final da Assembléia como a Exortação, mas, acima de tudo, retornar a tudo o que o povo propôs e que pode não ser literal ou diretamente incluído na Exortação ou nos documentos, mas isso é uma aposta e um sonho das pessoas nos territórios. A Igreja no território tem o papel principal e são eles que podem gerar as reais mudanças que o Papa Francisco sonha e que a própria realidade exige.

Na Querida Amazônia, especificamente no número 32, fala-se da grande variedade de povos como conseqüência do território em que vivem. Poderíamos dizer que, seguindo o que você acabou de dizer, independentemente de ter aparecido no Documento Final ou na Exortação, é hora de retomar, a partir do território, elementos que surgiram no processo de escuta?

Totalmente, acho que o maior compromisso do Sínodo foi dar-nos esperança de que a Igreja pode se sentar para escutar, que a Igreja não seja apenas o bispo, nem os sacerdotes, nem os missionários, mas que a Igreja seja todos nós, a Igreja é o Povo de Deus, o leigo, o povo vinculado, o crente, o povo que transforma a realidade dia a dia com seu testemunho, o povo que acredita em um Cristo Ressuscitado e encarnado em sua realidade. Penso que uma das maiores expressões de esperança que o Sínodo nos deu é que isso só pode se tornar realidade se realmente transformar esse sonho nas pessoas, nos povos, em todos e em cada um.

Nos permitimos sonhar, ousamos pensar que os sonhos podem ser possíveis, eles nos deram esperança de que é possível levantar todas essas questões, ser ousados e ousadas no que propomos. E agora nos é devolvido para que o sonho não permaneça um sonho, e que o que foi possibilitado e encorajado graças aos documentos, ao trabalho dos Bispos, auditores, especialistas e do próprio Papa Francisco, seja fortalecido. Devemos encontrar maneiras de continuar pressionando as propostas e urgências relativas a todas as culturas que vivem na Pan-Amazônia, às populações, às mulheres, aos povos indígenas, às culturas afro, às culturas ribeirinhas, à cultura urbana, etc. Por esse motivo, acredito firmemente que é o Povo de Deus que está dando o ritmo dessas mudanças e dessas apostas.

Muitos concordam que o Documento Final, e especialmente Querida Amazônia, são textos que abrem muitas possibilidades para o futuro. Como a Igreja e os povos que habitam o território poderiam tirar proveito dessas possibilidades?

Acredito que já existam uma história e processos, consolidados com os documentos do Sínodo e que nos permitam continuar com novos caminhos. Vejo com grande emoção e potencial toda a dimensão dos processos de formação. Penso que este é um caminho muito interessante, com muitas arestas e que os dois documentos nos incentivam a repensar os processos formativos, em todos os níveis, para todos os membros da Igreja e, acima de tudo, vincular as questões da inculturação, ecologia, diálogo intercultural abrangente e liderança feminina.

Temos que voltar para as pessoas envolvidas nos processos e que sonharam com isso também. Sinto que devemos ser muito encorajados a sentir como nossa voz e o sonho comum são encontrados nos documentos e, se não nos sentirmos reconhecidos, identificar como fortalecer os espaços de esperança e construção que temos em nossa jurisdição eclesiástica, para continuar possibilitando espaços. propor outros sonhos ou outras apostas / propostas também. A primeira parte é lembrar, é voltar ao que foi dito no começo. Há também a fonte de como as pessoas podem sentir que isso é seu e que não é imposto, que não vem de fora.

Porque também ouvimos em alguns espaços que talvez as pessoas não saibam ou não soubessem muito sobre o processo inicial de escuta. Portanto, ele não consegue reconhecer de onde isso vem, por que esses temas são propostos, ou por que essas coisas saem, ou por que outros temas estão faltando, etc. O grande poder que o processo sinodal nos deu é repensar a maneira como estamos sendo Igreja e essa tem sido a grande possibilidade de transformação. Já nos fazendo essa pergunta, em cada território, em cada pastoral, em cada diocese os prelazia, em cada espaço da Igreja, com as culturas, já se abre não apenas para levar em consideração os números e propostas do Documento Final e da Exortação Apostólica, ao contrário, exige que construamos planos pastorais que tornem realidade as propostas ditas por esses territórios e proponham os novos caminhos que se estabelecem em cada realidade.

Você fala de repensar nosso modo de ser Igreja, de escutar. No número 70 de Querida Amazônia, que seria um dos principais objetivos, porque o Papa sempre falava de uma Igreja com rosto amazônico e indígena, ele diz que a Igreja precisa escutar sua sabedoria ancestral e reconhecer a riqueza do estilo de vida das comunidades de povos originários. Por que a Igreja deve escutar os povos, mesmo neste momento, que já está aplicando as decisões do Sínodo, precisa continuar a conhecer, escutar e estar atenta à realidade em que deseja proclamar o Evangelho?

Porque, como Igreja, temos muita história, um longo caminho percorrido, muito progresso e muitas luzes e sombras. Se há algo repetido com grande força nos encontros de escuta sinodal, foram as dores e feridas que existem nos territórios, nos vários povos indígenas e não indígenas. Eu acho que algumas dessas feridas foram as que ocorreram durante a colonização, e elas não queriam ser de propósito, mas são dores que marcaram muito a história dos povos da Amazônia e envolvem diretamente a Igreja que estava chegando naquele momento, é uma história que deveria ser compensada.

Precisamos escutar com mais atenção e, em todos os casos que o justifiquem, continuarmos a pedir desculpas pelas sombras de nossa Igreja. O Papa Francisco fez isso em várias ocasiões, dando o exemplo de como devemos continuar fazendo isso. A REPAM, em muitas de suas reuniões de diálogo com os povos indígenas, também ofereceu esse pedido de desculpas, porque somente dessa maneira ela pode tentar propor novas maneiras de se relacionar. Em uma ocasião, uma liderança indígena nos disse que não basta pedir perdão, que a Igreja deve ir além, e essas foram palavras que penetraram profundamente para entender melhor essa complexa história.

A escuta envolve levar a sério o exercício de repensar o que somos e como somos. Porque não vamos escutar para continuar agindo da mesma forma, e é preciso ter cuidado para que a escuta não se torne instrumental. Precisamos de um espírito sincero que nos permita er e respeitar as culturas indígenas e não indígenas da Amazônia. O Papa Francisco fala muito claramente no início do sonho social: “atenção aos novos tipos de colonização dos povos”.

Poderíamos escutar os povos e não construir realmente novas formas de ação como Igreja, porque poderíamos nos transformar superficialmente e talvez não estivéssemos fazendo a verdadeira conversão necessária. Com respeito e cuidado, ouso dizer que essa conversão começa nos perguntando se o que estamos fazendo realmente responde às necessidades pelas quais os povos gritam e pelas quais estão perdendo suas vidas. Pessoalmente, sonho com a forma de melhorar essa resposta, para que esse processo sinodal que nasceu com os territórios e que agora lhes é devolvido não seja um exercício de nova colonização. Sonho com uma verdadeira conversão e transformação eclesial, que exige que repensemos como estamos nos permitindo ser tocados pela realidade que sangra e que nos pede para responder ao estilo de Jesus.

Durante todo esse tempo em que trabalhou no secretariado da REPAM, participou de muitos momentos de escuta e aprendizado sobre o que os povos vivem. O que isso lhe ensinou pessoalmente, especialmente para o futuro, e qual seria sua perspectiva para que possa ser assumido por mais pessoas?

Aprendi muito sobre os diferentes estilos, formas e particularidades de ser Igreja na Amazônia do Brasil, Colômbia, Peru e Equador, mas acho que aprendi muito no espaço de escuta dos povos indígenas de toda a Pan-Amazônia, realizados na comunidade Monilla Amena, em Leticia – Colômbia. Este espaço estava realmente no meio dos povos, escutando como eles falam, talvez sem a necessidade de traduzi-lo para nós, mas apenas estando presente. Esse espaço me fez sentir como somos pequenos, aprendi como é ser uma Igreja que não é apenas uma mestra, mas tornar-se uma Igreja discípula, uma Igreja aprendiz com eles. Este foi um dos maiores e mais representativos momentos do que significa ficar em silêncio e escutar. O mesmo aconteceu com o encontro das mulheres, a possibilidade de sentir as diversas formas e a diversidade das mulheres, dos territórios, das realidades e sentir com grande humildade e privilégio estar lá no meio, escutando e documentando qual é o voz e a vida da Pan-Amazônia.

Penso que é importante esclarecer que não existe uma única resposta e que a REPAM não tem a última palavra. Acredito sem dúvida que este momento na história do mundo, da humanidade e da Igreja exige que todos nos sentemos. Embora demoremos mais, é necessário falar, escutar e decidir juntos. Isso convoca a todos nós, àqueles que vivem na Pan-Amazônia e nas “outras florestas” que decidem o futuro deste território.

Por outro lado, os espaços de escuta me deram, em nível pessoal, a possibilidade de desenvolver uma nova maneira de escutar, separar o que podem ser expectativas pessoais e dispor o coração para sempre nos surpreendermos com o que os povos indígenas e outros culturas pan-amazônicas precisam nos dizer, e como sua palavra contribui para a própria vida. Em todos os espaços em que pude participar, senti muito fortemente como sua vida e sua luta inspiram a um nível de transformar apostas pessoais, pessoas concretas, realidades concretas, alimentando-me de maneiras que eu não conhecia, alimentando meu coração, minha consciência de luta e resistência, de construção coletiva e de esperança na experiência de uma Igreja encarnada em sua realidade e, acima de tudo, contribuíram para o sentido de missão da minha vida e trabalho.

Essa experiência também me permitiu reconhecer e ver como a gente é pequena demais para ver a magnitude da expressão do Deus vivo nessas realidades, do que Deus é para nós e que outros nomes podem ser para os outros povos e outras culturas, ou mesmo sem chamá-lo assim diretamente. Reconhecendo que o mistério da vida e da encarnação vai muito além, e sentindo mais uma com eles, sentindo-me em família, sentindo o que o povo Munduruku me ensinou, especialmente Arnaldo, Juarez e Daniela, a maneira como somos parentes, filhos e filhas do mesmo pai e mãe, embora tenham nomes e origens diferentes, mas estamos unidos pela mesma luta e unidos pelo mesmo território. Um mistério de se sentir parente na Pan-Amazônia.

Outra coisa que os povos nos mostram é a esperança. Fico extremamente surpresa que, após cada espaço de dor, violação de direitos, ameaças, criminalização, assassinato, morte e sangue, os povos tenham luz nos olhos, esperança e realmente acreditem que a Igreja pode mudar e tornar-se uma verdadeira aliada em suas lutas e ajudá-los. Eles têm uma confiança especial que acho que nem sempre temos ou que a perdemos mais facilmente. Eu acho que é uma das maneiras mais transformadoras de entender a vida.

Ainda existe muito da Panamazônia que ainda não temos como entender, porque talvez não se comece por entender com a cabeça, mas seja entendido com o coração. Em nível pessoal, sempre me senti muito emocionada e provocada em cada espaço, muito confrontada, muito desafiada, por reconhecer qual é meu papel no meio disso que é revelado e de tudo o que essa realidade exige. Um desafio que faz parte do serviço da rede, que é encurtar distâncias, servir de ponte e fortalecer a articulação nos territórios, a partir deles, com suas capacidades, sem forçar as coisas.

O Papa Francisco sonha, a Igreja sonha, mas você, pessoalmente, com o que sonha para o futuro da Amazônia e os povos que a habitam, especialmente para o futuro dos povos indígenas?

Sonho com uma Igreja coerente, que o que diz na fala, que o que escreve nos documentos realmente o faça carne. Sonho com uma Igreja que não espera ter um documento para se transformar, mas pode reconhecer na realidade que está sendo violada e nos irmãos e irmãs, os parentes que estão sendo violados, encontra maneiras de acompanhá-los imediatamente. Sonho com uma Igreja que se senta e escuta antes de julgar uma mulher, pelo que ela faz, pelo que ela para de fazer, pelo que deve dizer.

Sonho com uma Igreja que não pretende estabelecer esse dever para todos, mas constrói o que pode ser primeiro e depois dialoga com os outros. Sonho com uma Igreja que esteja sempre pronta para a mudança, que o que agora temos como garantido, se daqui a dez anos, não faz mais sentido, depois repensar, que não espera mais um Sínodo para reconhecer tudo o que pode fazer, para responder à realidade que grita, não esperemos anos para mudar o que agora requer repensar. Sonho com uma Igreja que leve a sério a questão da alienação de grandes empresas extrativas, para que isso nunca nos impeça de denunciar os abusos e violações que elas cometem. Sonho com uma Igreja que não tem medo de mudar sua estrutura e instituição, que ouve Cristo Encarnado e deixa-se levar por ele, e assim seja a Igreja Povo de Deus em modelo e forma.

 

Por: Luis Miguel Modino

La lideresa indígena Ruth Tijé Capi, durante el 55 Aniversario de CEAS. Foto: Beatriz G. Blasco

Ruth Tijé, lideresa de la comunidad Arazaire (Madre de Dios), considera que el desarrollo de los indígenas depende, en gran medida, de ellos mismos. “Nosotros somos quienes mejor conocemos nuestra realidad para enfocarnos en nuestro desarrollo colectivo según nuestra cosmovisión”, opina. Fue una de las invitadas al Foro Público por el 55 Aniversario de la Comisión Episcopal de Acción Social (CEAS).

Por: Beatriz García Blasco (CAAAP)

19:10|16 de marzo de 2020.- Las esperanzas de Ruth Tijé no están en el Estado, sino en la esfera internacional. Cree que ese es el lugar más adecuado e interesado en dar y escuchar la voz de los indígenas amazónicos. Por eso valora el camino que Francisco viene transitando en los últimos años en favor de estas poblaciones. “Nos dice que no desmayemos, que el Papa es nuestro aliado porque él se ha identificado con la Amazonía”, opina sobre la Exhortación Apostólica ‘Querida Amazonía’, “eso para nosotros es bastante porque ninguna otra autoridad lo ha hecho, así que eso nos ha dado fuerza y valor porque algunos estaban por decaer pero han renacido. Tenemos que seguir luchando, ¿quién lo va a hacer por nosotros?”.

Ante un concurrido público, congregado el 10 de marzo en el Auditorio del Colegio de Jesús (Lima) con motivo del 55 Aniversario de la Comisión Episcopal de Acción Social (CEAS), la lideresa del pueblo Arazaire, también promotora de Cáritas Madre de Dios, pidió que, como Francisco, los presentes en ese y otros eventos similares se conviertan en aliados y compañeros de los indígenas en sus luchas y reivindicaciones. “Pido que se nos visualice, que se respeten nuestros derechos. Si no se puede con nuestro Estado, hagámoslo a nivel internacional. Tengo fe en que podemos contar con ustedes, no nos van a dejar de lado, ¿verdad?”, invitó.

A lo largo de su exposición, reconociendo que no es fácil alzar la voz y perder el miedo que “muchos paisanos sienten, pero es un proceso y debemos hablar aunque sea tartamudeando”, Ruth Tijé enumeró varios de los puntos prioritarios para los pueblos: protección del medio ambiente, defensa del territorio, educación intercultural bilingüe y consulta previa. En lo referente a la naturaleza, y siendo natural de Madre de Dios, la alusión a la minería ilegal era casi obligada. “Hablan de erradicar la minería en la Pampa, pero lo que ha ocurrido es que seel problema se ha trasladado de lugar. El problema ecológico sigue. ¿Habrá valido la pena gastar tantos millones si el objetivo real no se ha logrado?”, planteó.

Sobre el derecho al territorio integral de los pueblos indígenas aseguró que, en su opinión, “es algo que el Estado jamás va a reconocer”. Los motivos, indica, serían las fuentes de riqueza que se encuentran bajo el suelo de la Amazonía: “Ahí está la riqueza que tanto desean, así que ellos están como gato esperando para comerse el queso”. Sin embargo, no se mostró contraria a la minería y otro de actividades pero sí pidió mejores mecanismos de control y regulación que permitan erradicar la corrupción y garantizar la protección medioambiental. “Todo puede hacerse de modo mucho más sostenible”, afirmó.

El evento se celebró el 10 de marzo en Lima. Foto: Beatriz G. Blasco

Asimismo, en paralelo a la cuestión del territorio abordó también la falta de consulta previa o, en otros casos, la deficiente aplicación de la ley que regula ese derecho de los pueblos indígena según el Convenio 169 de la OIT. “Hicieron la carretera inteoceánica que todos conocemos pero, ¿con cuánto han indemnizado a la comunidad? Ni un sol. ¿Por qué? Porque algunas comunidades ni siquiera tenían título y otras no lo tenían actualizado. Sin embargo, nos han quitado mucho espacio, tanto en la inteorceánica como en la Hidroeléctrica de San Gabán”, denució, “yo pensaba que mi comunidad era la única vulnerada, pero me fui a Cusco y vi que había muchas más. Necesitamos una asesoría legal para hacer respetar nuestros derechos. ¿Cuántos millones se han robado en esa obra? Debemos reclamar”.

Por último, en el ámbito educativo, indicó varias falencias que estarían evidenciándose, en la práctica, en los programas y políticas de Educación Intercultural Bilingüe (EIB). “Muchos de los aprendizajes se basan en lo urbano y, así, el niño no aprende. ¿Por qué no llevar un proyecto sobre la siembra del plátano? Muchas veces solo nos critican, en lugar de fortalecernos”, aseguró. Además, indicó que muchos líderes y lideresas comunales se sienten impotentes y cansados de, reclamo tras reclamo, no ser escuchados y recordó el alto nivel económico que suponen los traslados desde muchas comunidades hasta su capital provincial o regional, obstáculo agregado que dificulta la defensa de los diferentes derechos.

“Estoy segura de que, si ustedes están aquí, es porque les importamos. Creo que alcanzamos una partecita de sus corazones para que nos puedan ayudar, haciendo eco de nuestra voz”. Una voz, la de Ruth Tijé, que resonó de forma clara y sencilla. Una voz que muestra, una vez más, que las mujeres amazónicas tienen claro cuáles son las prioridades de sus familias y sus comunidades.

Muchos quedaron muy decepcionados ante este sueño eclesial y la única noticia que muchos Medios difundieron fue que el Papa rechazaba la ordenación de hombres casados. También grupos teológicos se sintieron desconcertados, algunos teólogos afirmaron que una mano teológica extraña se había introducido en esta parte eclesial… ¿Cómo entender e interpretar este silencio eclesial? Más que proponer hipótesis subjetivas, es mejor buscar en el mismo documento claves de interpretación.

 

Querida Amazonía

En medio de una gran expectación de los Medios, el 12 de febrero se presentó en el Vaticano la Exhortación Postsinodal de Francisco, Querida Amazonía. Todo el mundo estaba mucho más interesado en la posibilidad de ordenar hombres casados que en los temas ecológicos. Francisco no escribe un texto normativo sino una especie de carta de amor a la Amazonía, llena de poesías y cantos ante la misteriosa y sagrada belleza de la Amazonía. Y desarrolla su mensaje en forma de cuatro sueños: sueño social, sueño cultural, sueño ecológico y sueño eclesial.

Los tres primeros sueños son proféticos: indignación y defensa de la Amazonía frente a los proyectos criminales de los nuevos faraones que por lucro egoísta destruyen la naturaleza, crean devastación  y expulsan de su territorio a los pueblos amazónicos” la tierra tiene sangre y se está desangrando, las multinacionales le han cortado las venas a nuestra Madre tierra”(QA 42); estima y respeto ante las culturas y espiritualidades amazónicas y ante su proyecto de “vivir bien”, en armonía comunitaria, con la naturaleza y  con Dios; todo ello es obra creadora de Dios y de la presencia encarnada de Jesús.

En el sueño eclesial Francisco promueve para la Amazonía un laicado autóctono y bien formado, pluralidad de ministerios laicales, diaconado permanente de varones, comunidades de base, una vida religiosa encarnada e inculturada, reconocer la gran misión de la mujer en la pastoral y apreciar a la mujer en la Iglesia no solo por su funcionalidad sino por su identidad femenina, presencia de equipos itinerantes en territorios  fronterizos, solicitar ayuda pastoral y misionera  a otras Iglesias, sobre todo latinoamericanas, rogar por las vocaciones sacerdotales, pastoral no simplemente de visita sino de presencia, valorar la importancia de la eucaristía sin la cual la Iglesia se diluye y debilita. Pero silencio sobre ordenación de hombres casados y el diaconado femenino.

Muchos quedaron muy decepcionados ante este sueño eclesial y la única noticia que muchos Medios difundieron fue que el Papa rechazaba la ordenación de hombres casados. También grupos teológicos se sintieron desconcertados, algunos teólogos afirmaron que una mano teológica extraña se había introducido en esta parte eclesial. Se extendió la noticia que el motivo de este cambio era debido a la presión de los sectores conservadores y al miedo a un cisma eclesial y con ello peligraba la primavera eclesial que Francisco había iniciado.

Claves de interpretación

¿Cómo entender  e interpretar este silencio eclesial? Más que proponer hipótesis subjetivas,  es mejor buscar en el mismo documento claves de interpretación.

Y lo primero que llama la atención es que Francisco no quiere sustituir el Documento final del Sínodo sino ayudar a una lectura  creativa del camino sinodal (QA 2-3). Por tanto, como el Documento final aprobado por los tercios  propone la  ordenación de hombres casados y que se trabaje de cara al diaconado femenino (111 y 103 del Documento final), esto significa que estos temas quedan abiertos y por tanto es falso afirmar que el Papa los excluye o prohíbe. Francisco guarda silencio, no cierra ninguna puerta.

Y al final del texto se dice que hay que superar los conflictos pastorales a un nivel superior que mantenga las polaridades en pugna, lo cual no significa dejar las cosas como están, sino buscar una salida  por desborde y reconocer el don superior que el Señor nos ofrece (QA 104-105). Como dijo en el Sínodo, no hay que poner remiendos nuevos en un traje viejo

De este modo Francisco se opone tanto a los conservadores que no quieren cambios ni abandonar el poder clerical, como se opone también a los progresistas con una postura más ideológica que pastoral que desean aprovechar el Sínodo para defender su visión eclesial sobre el celibato libre y el diaconado femenino, sin que a algunos les importe mucho la situación amazónica.

Frente a esta situación, Francisco no quiere tomar postura desde arriba, sino caminar por un diálogo sinodal eclesial, fomentar el tejido eclesial, fomentar un discernimiento eclesial y comunitario, iniciar una Iglesia no piramidal y vertical desde el centro jerárquico, sino una Iglesia centrada en el Pueblo de Dios, con amplio protagonismo laical capilar. Sin eucaristía no hay Iglesia, pero sin comunidad eclesial la eucaristía se convierte en un rito mágico o vacío. Ya en el documento postsinodal La alegría del amor sobre el matrimonio Francisco había dicho que no todas las discusiones doctrinales, morales y pastorales se han de resolver por intervención del magisterio (AL 3).

Francisco quiere que los problemas de los ministerios eclesiales se discutan y disciernan en la base de la comunidad eclesial, en las Iglesias locales, concretamente en la Iglesia amazónica, para que sea una Iglesia  con rostro amazónico. Las decisiones y reformas desde arriba sin diálogo eclesial, fracasan.

Una pequeña nota pastoral inadvertida

Supuesto todo lo anterior ¿hay en Querida Amazonía algún camino concreto de solución pastoral?

En la nota 120 (QA 82) se dice que el Sínodo propuso un rito amazónico (Documento final 116-117). En la Iglesia católica hay 23 ritos diferentes que inculturan no solo la liturgia sino las estructuras eclesiales a los diferentes contextos sociales y culturales, y en muchos de estos ritos de la Iglesia oriental católica existen sacerdotes casados.

Esta nota abre caminos nuevos, como lo fue la nota 351 del capítulo VIII de La alegría del amor, que abría la posibilidad de reconciliación y comunión para divorciado vueltos a casar. Aquí se abre la posibilidad de un rito amazónico, que no solo inculture liturgias sino las estructuras eclesiales, en diálogo y discernimiento entre las Iglesias amazónicas y la Iglesia universal que preside en la caridad el obispo de Roma.

Francisco dijo en el sínodo que el protagonista del sínodo era el Espíritu, un Espíritu que siempre nos sorprende y desconcierta con su riqueza y novedad desbordante. Un nuevo rito amazónico ¿no podría ser una de estas novedades del Espíritu que van más allá de nuestras discusiones y horizontes ordinarios?

 

Por:Víctor Codina sj