Kevin Großkreutz, figura histórica de Borussia Dortmund y campeón del Mundo en 2014, vivió una de esas anécdotas que terminan marcando a un futbolista para siempre: una quemadura solar brutal en Brasil que casi le arruina la vuelta a los entrenamientos… y que, poco después, se cruzó con una de las semanas más decisivas del ciclo de Jürgen Klopp. Pero antes de todo eso, también aparece el costado más duro de su carrera: en 2015, su fichaje por Galatasaray se frenó durante meses por un problema documental con FIFA, y cuando por fin pudo jugar, ya estaba en VfB Stuttgart sin haber disputado un solo minuto con el club turco.
El escollo con FIFA y el salto a Stuttgart sin debutar en Turquía
En el verano de 2015, Großkreutz dio un paso hacia Estambul al incorporarse a Galatasaray. Sin embargo, la documentación incompleta que el club presentó ante FIFA fue la razón por la cual el futbolista no pudo jugar durante varios meses. Cuando finalmente recibió el visto bueno para volver a competir, el contexto ya había cambiado: Großkreutz se mudó a VfB Stuttgart y no llegó a debutar con el histórico conjunto turco, pese a haber sido parte del acuerdo inicial.
Aun así, el alemán sí había dejado su huella en el extranjero años atrás. En Brasil, consiguió un gol desde el punto penal en un partido no oficial que se celebraba anualmente entre dos favelas de Belo Horizonte. Para Großkreutz, aquel episodio ya anticipaba que su vida futbolística no siempre se limitaría a los estadios.
Navidad en Dortmund, advertencia a Dede y viaje que terminó en tragedia
El episodio central se remonta a finales de 2010. Großkreutz, conocido por llevarse bien con compañeros extranjeros incluso cuando hay barreras de idioma, viajó a Brasil para visitar a su compañero y leyenda de Dortmund, Dede, durante las vacaciones que el veterano solía tomar cada seis meses.
La parte preocupante empezó antes del viaje. Poco antes, Borussia Dortmund, ya muy arriba en la clasificación bajo la dirección de Jürgen Klopp (llegaron a estar diez puntos por encima tras el primer tramo de la temporada), celebraba su fiesta de Navidad. Allí, Michael Zorc, entrenador del club y quien había hecho el primer fichaje de Dede, lo apartó para advertirle:
“Tienes que cuidarte de Kevin”.
Dede explicó que Zorc se lo dijo con total seriedad. Y aunque la advertencia existía, nadie imaginó el desenlace. Primero, Dede relató que pasaron días celebrando en su localidad. Großkreutz, que viajó con un amigo, contó el ambiente: llegaron a pasar cuatro días en la casa de Dede, consumiendo cervezas sin parar, con alrededor de 150 personas en el lugar.
La primera señal de que algo iba mal llegó rápido para Dede. Al ver a Großkreutz en los primeros días, entendió lo que Zorc había anticipado. “Creo que tendré que tener mucho cuidado”, reconoció, afirmando que siempre sintió la presión de que “no pase nada” durante el viaje.
Sol, alcohol y siesta: la quemadura que le destruyó el hombro
Poco después de que Großkreutz convirtiera su penal (en el contexto de los partidos que disputaba con la comunidad), él y su compañero se trasladaron a Cabo Frio, en el estado de Río de Janeiro. Dede no los acompañó y se quedó unos días más con sus padres, enviando a dos amigos para que cuidaran a Großkreutz.
Antes de partir, Dede le insistió con una advertencia simple: usar protector solar, “sin importar el clima”. Sin embargo, al llegar al hotel, Großkreutz propuso lo contrario: ir a la playa y tomar unas cervezas. Así lo hicieron… quizá con excesos, como suele ocurrir cuando la diversión va por delante de las precauciones.
“Estaba nublado en la playa y pensé: ¿por qué se pone protector solar si es brasileño? Increíble, ¡está nublado!”, contó Großkreutz. Entonces bebió otra cerveza, hizo una siesta rápida y se quedó dormido sobre la toalla. Lo que iba a ser un descanso breve se convirtió en un par de horas.
Cuando despertó, el daño ya estaba hecho. La quemadura solar había entrado en su piel de forma severa: el hombro quedó “completamente arruinado”, con la zona “reventada” y con líquido saliendo. Él mismo la describió como algo más que una simple insolación: “como si alguien hubiera vertido agua hirviendo encima”.
Al principio, debido al estado de embriaguez, subestimó la gravedad. Pensó que iba a estar bien y volvió a tomar cervezas. Pero el avance del dolor y el aspecto de la piel lo terminaron despertando: el sufrimiento se extendió varios días.
La alarma y la “receta secreta”: vinagre que no ayudó
En ese contexto, Dede recibió la llamada de sus amigos. Le dijeron que Großkreutz estaba totalmente rojo. Cuando el propio Kevin habló por teléfono, confesó que no se sentía bien; y para Dede las señales fueron inmediatas. “Escuché la voz de Zorc en mi cabeza”, admitió.
Con urgencia, Dede se subió al coche y fue directo a la casa de Großkreutz. Al verlo, explicó que quedó impactado. Un amigo intentó auxiliarlo con un método que Großkreutz mencionó como “receta secreta”: vinagre para calmar la piel quemada. Sin embargo, el efecto fue el contrario. “Ardió tanto que, una hora después, seguía igual. Si fuera un compañero de trabajo, lo habría golpeado”, señaló.
La jornada la pudo soportar a base de cerveza, pero el dolor seguía siendo intenso. Intentó dormir y no logró descansar bien en toda la noche. El hombro, según su propio relato, “ya estaba hecho”.
Vuelta a Alemania con el hombro en mal estado y el debut en la pretemporada
Al día siguiente, Großkreutz probó con ibuprofeno y contactó al médico del plantel de Dortmund, el doctor Markus Braun. El diagnóstico no fue alentador: “Es complicado”. Además, no quería exponerse a consultas médicas en Brasil, así que comunicó a Dede que era mejor regresar.
Poco después, estaba en el avión rumbo a Europa… sin camiseta. “Volé desde Brasil a Frankfurt con la parte de arriba fuera. Y claro que aquí hacía invierno. Me senté como una estatua, no podía moverme”, recordó. Tampoco logró dormir y, pese a tomar analgésicos, no le hicieron efecto.
Llegó a alrededor de las 17:00 del 31 de diciembre y fue trasladado inmediatamente al doctor Braun. Allí recibió inyecciones para el dolor y crema para la quemadura. Luego, aun así, contó que celebró la Nochevieja.
Cinco días después, el entonces futbolista de 22 años pisó el campo para el primer entrenamiento de la temporada. Incluso con el cuerpo aún “descamándose” en plena pretemporada, se presentó. Dede reveló un detalle: al principio, no le permitían ducharse en el vestuario para evitar que otros lo vieran; él se duchaba en casa.
El golpe de remontada: goles clave y el título del Dortmund de Klopp
Großkreutz tardó bastante en recuperarse de la lesión en el hombro, y aún conserva marcas pequeñas en la piel. Aun así, no pasó desapercibido en el momento más importante.
Nueve días después de volver al entrenamiento, marcó lo que pueden considerarse sus dos goles más determinantes en sus seis años en Borussia Dortmund. En el partido de visitante contra Bayer Leverkusen (el próximo rival de los de Westfalia en ese tramo), irrumpió con fuerza tras el descanso: anotó dos tantos y además dio una asistencia entre el minuto 49 y el 55. El resultado final fue 3-1, y esa victoria alimentó directamente la carrera del equipo por el primer título de liga en la era Klopp.
Los “jóvenes” de Klopp no dejaron escapar la ventaja. Dortmund terminó la temporada con siete puntos por encima de Leverkusen y se coronó campeón por primera vez en nueve años.
En retrospectiva, Großkreutz (hoy con 37 años) resumió aquel periodo con una frase contundente: “La quemadura solar nos dio el campeonato”. Una manera de unir dos cosas que, por separado, parecen historias distintas: el accidente en Brasil y el impulso deportivo que terminó transformándose en gloria en el fútbol alemán.
