Graham Scott, ex árbitro de la Premier League y uno de los encargados de llevar el VAR en más de un centenar de ocasiones, volvió a poner el foco sobre el uso de la tecnología en el fútbol inglés. En sus declaraciones, criticó que el sistema no está “listo para su propósito” y aseguró que nadie en el colectivo arbitral disfruta anulando goles o deteniendo el juego para revisar jugadas con criterios que, a su juicio, terminan castigando demasiado la interpretación.
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Scott, que durante una década dirigió partidos en la máxima categoría inglesa, señaló que el VAR no genera el efecto esperado: precisión y justicia percibida. Para él, el problema no es solo el resultado de cada revisión, sino el impacto emocional y práctico que produce en el día a día: revisiones largas, decisiones que pueden sentirse desproporcionadas y un ambiente que enfría el partido.
El ex colegiado explicó que los árbitros también sufren las consecuencias de un sistema que, en su opinión, está “mal planteado” para resolver en tiempo real lo que la imagen congelada y la línea de referencia pretenden medir. En particular, remarcó que no existe satisfacción al anular un tanto por detalles que, en el contexto del juego, pueden resultar insignificantes.
La molestia por las revisiones “forenses”
Scott habló con dureza sobre la sensación de estar constantemente “a la espera”, mientras un compañero realiza un análisis minucioso de jugadas polémicas. Según su visión, cuando el sistema se utiliza para corregir acciones con una precisión casi quirúrgica, el fútbol se transforma en un ejercicio de laboratorio que no siempre mejora la experiencia ni la comprensión de lo que ocurre.
En ese sentido, subrayó que el VAR ha llevado a decisiones que anulan goles por cuestiones que, dentro de la jugada, pueden depender de milímetros o de ángulos difíciles de apreciar. Se refirió a casos en los que se invalidan tantos por la posición de partes del cuerpo del jugador —por ejemplo, la frente, la rodilla o el pie— si se considera que están demasiado adelantadas en la acción previa.
El ex árbitro también admitió que, cuando una revisión corrige un error grave, la sensación cambia: nadie quiere ser responsable de una injusticia que altere el resultado. Sin embargo, insistió en que esa corrección no debería venir acompañada de un proceso que, a su juicio, alimenta el conflicto y el desgaste.
Árbitros y VAR: nadie “disfruta” ser el villano
Scott rechazó la idea de que el colectivo arbitral se alegre por anular decisiones. En su argumentación, afirmó que tanto los árbitros como el grupo creciente de especialistas del VAR no buscan convertirse en el “aguafiestas” del partido. Para él, el objetivo real del trabajo es evitar el error, mantenerse fuera de las discusiones y, sobre todo, conservar el control interpretativo para que el juego se perciba como justo.
Además, remarcó que el éxito arbitral muchas veces se mide de manera indirecta: no es protagonizar, sino minimizar fallos y reducir la polémica tanto como sea posible.
El debate social: los aficionados, mayoritariamente en contra
La crítica de Scott llega en un momento en el que el VAR es una de las grandes discusiones del fútbol inglés. En una encuesta realizada entre casi 8.000 aficionados, se detectó un rechazo claro hacia su uso en la Premier League.
- Tres de cada cuatro seguidores (75%) se mostraron contrarios al VAR.
- El 97% de los encuestados rechazó la afirmación de que el VAR haga más agradable ver fútbol.
- Más del 90% dijo que el VAR no ha mejorado la experiencia de ir al estadio.
De este modo, el malestar no se limita a decisiones concretas: según la encuesta, existe una percepción general de que la tecnología no suma en entretenimiento ni en comprensión del juego, especialmente para el aficionado que presencia el partido en vivo.
¿Por qué no gustó el VAR? La postura de clubes y votaciones
En 2024, Wolves reclamó que el VAR fuera eliminado. La petición se trasladó a una votación entre los 20 equipos de la Premier League: finalmente, 19 clubes se mantuvieron a favor del sistema, por lo que la idea de retirarlo no prosperó.
Este contexto refleja un conflicto persistente: aunque la tecnología continúa, la legitimidad social del VAR sigue bajo presión, tanto por la forma en que se revisan jugadas como por el efecto que esas decisiones producen en el ambiente del estadio.
La propuesta: explicar el proceso al público
Scott no se limitó a criticar: planteó una salida para que el VAR sea más transparente. Considera que, si debe utilizarse tecnología, entonces debe incorporarse al proceso de forma que el aficionado entienda qué se está mirando y por qué se toma una decisión.
El ex árbitro planteó que el público, incluso el propio árbitro, debería saber “qué está pasando” en cada revisión. Su idea va en una línea similar a la de otros deportes donde el espectador recibe información clara sobre el criterio aplicado, con el objetivo de reducir confusión y sensación de arbitrariedad.
Un debate que no se apaga
Con el paso de los años, el VAR se consolidó en la Premier League desde el inicio de la temporada 2019-20, pero no logró cerrar la polémica. Para Graham Scott, el problema no es únicamente el criterio, sino el enfoque: revisiones que generan controversia, tiempos de espera que alteran el ritmo y decisiones que, para muchos aficionados, terminan pareciendo castigos por detalles irrelevantes.
Aun así, el ex colegiado reconoció que cuando el sistema corrige un error determinante, la corrección es bienvenida. El gran desafío, según su visión, es que el VAR no sea solo una herramienta para decidir, sino un procedimiento comprensible y aceptado por quienes llenan los estadios.
