Tottenham vivió una noche europea el 18 de marzo, cuando sonó el himno de la Champions League en el Tottenham Hotspur Stadium ante el Atlético de Madrid… pero la historia terminó con una eliminación amarga y ahora el club mira, con preocupación real, la lucha por no descender en la Premier League. La derrota global 7-5 tras el triunfo 3-2 en la vuelta no solo apagó su sueño continental: también dejó al equipo atrapado en un momento crítico, con el calendario y el entorno exigiendo respuestas inmediatas.
De la Champions a la zona peligrosa
Aunque el Tottenham había logrado ganar 3-2 en el partido de vuelta, no alcanzó para remontar la eliminatoria. En el global, el Atlético de Madrid se impuso 7-5 y los Spurs quedaron fuera de la Champions League, con una cita de cuartos contra el Barcelona que nunca llegó a concretarse.
El contraste es brutal: en el mismo estadio que ya albergó la música de la máxima competición europea, el equipo ahora debe concentrarse en sostener su lugar en la élite del fútbol inglés. Y el presente no acompaña.
El domingo anterior, Tottenham cayó 3-0 en casa ante el Nottingham Forest. Con ese resultado:
- Tottenham está 17º, apenas un punto por encima del descenso.
- Nottingham Forest está 16º y ya se despega con tres puntos de ventaja.
El panorama también se refleja en el tipo de partidos que podría traer la próxima temporada. Si el equipo no endereza el rumbo, el sorteo y el calendario podrían empujar a encuentros de Championship —como contra Preston North End o Lincoln City— antes que noches europeas ante rivales de élite.
¿Cómo se llegó a este punto?
Tottenham no había vivido un descenso desde 1977. Volver a la división de arriba le tomó solo una temporada en aquel entonces, pero el fútbol moderno cambia por completo las reglas del juego: hoy, descender puede significar un golpe financiero inmediato de alrededor de 100 millones de libras, además de una posible salida masiva de jugadores. Para un club del tamaño de Tottenham, el impacto sería enorme.
Sin embargo, el club no es “demasiado grande” para caer en lo deportivo. Los números actuales lo muestran con claridad:
- En 2026, Tottenham no ha ganado un partido de Premier League.
- Su último triunfo liguero fue un 1-0 ante Crystal Palace el 28 de diciembre.
- Desde el inicio de la temporada pasada, han perdido 37 partidos de liga y solo han ganado 18.
El cambio de técnico tampoco ha traído estabilidad. Igor Tudor fue nombrado entrenador hasta el final de la temporada el mes anterior, pero el club necesitó su sexto relevo desde la salida de Mauricio Pochettino en noviembre de 2019. El destino de Tudor se definió por un acuerdo de salida, y ahora el equipo requerirá un séptimo movimiento en el banquillo tras no lograr una sola victoria.
El terremoto institucional que no se ve en el césped
El desorden deportivo se alimenta de un clima más amplio. En septiembre, tras 24 años, Daniel Levy dejó el cargo de presidente. En enero, también se fue el director deportivo Fabio Paratici.
Cuando se juntan mala racha de resultados, jugadores por debajo del nivel esperado, cambios de entrenador constantes e inestabilidad en la dirección —con inquietud de la afición— el resultado suele ser una espiral de la que cuesta salir. Tottenham, pese a su estatus histórico y su estructura, parece haber entrado en esa dinámica.
El “punto de quiebre” después de 2019
En el relato interno del club, muchos sitúan el giro definitivo en la final de la Champions League de 2019, cuando Tottenham cayó ante Liverpool en Madrid. La idea era dar un paso hacia adelante desde el rol de aspirante: transformar el equipo en un ganador estable. Pero ese verano no trajo el salto cualitativo esperado.
Con Mauricio Pochettino, el Tottenham contaba con piezas clave como Harry Kane, Christian Eriksen, Son Heung-min, Hugo Lloris y el talento emergente de Dele Alli. Sin embargo, el mercado de fichajes posterior incorporó perfiles con potencial más que certezas, a través de jugadores como Jack Clarke, Tanguy Ndombele, Giovani Lo Celso y Ryan Sessegnon. Para noviembre, Pochettino ya había dejado el club.
Entonces llegó José Mourinho, un cambio que muchos consideran el inicio de una caída progresiva. El propio contexto de aquel momento —según la lectura que se ha repetido en torno al club— apuntaba a una incompatibilidad entre lo que el equipo necesitaba y lo que el entrenador requería, especialmente con una plantilla joven que necesitaba continuidad y un proyecto a mediano plazo.
Inestabilidad: del banquillo al mercado
El Tottenham ha tenido una sucesión de estilos y entrenadores. Tras Mourinho, el club también atravesó decisiones controvertidas y, sobre todo, dificultades para sostener un plan de fichajes coherente con cada entrenador.
Además, las cifras del mercado no acompañan la etiqueta de “Big Six”. El fichaje récord de Tottenham es Domininc Solanke, delantero que llegó desde Bournemouth por 65 millones de libras en agosto de 2024. Ese monto es el más bajo entre los clubes que integran el grupo de mayores presupuestos de Inglaterra, salvo una excepción: Manchester United, cuyo récord es el traspaso de 89,3 millones de libras por Paul Pogba desde Juventus en agosto de 2016.
En salarios, la brecha también se nota. En los estados financieros más recientes publicados para la temporada 2023-24, la masa salarial del Tottenham fue de 222 millones de libras. Es casi la mitad de los 413 millones que pagó Manchester City en el mismo periodo. Pero el dato clave es que Tottenham dedicó solo el 42% de sus ingresos a salarios, mientras que clubes como Aston Villa y Newcastle United muestran ratios mucho más altos: 71% y 68%, respectivamente. En la práctica, eso significa que Tottenham compite con menos fuerza cuando toca atraer talento de primer nivel.
La duda sobre el “tamaño” del Tottenham
El Tottenham se sostiene en tres pilares: su estadio de 62.000 plazas, su historia centenaria y una afición enorme tanto en Londres como a nivel global. No obstante, incluso dentro del entorno del club se ha instalado la pregunta de si esa grandeza se refleja en la ambición deportiva y en el gasto real para competir por títulos.
Al final, la discusión se resume en una idea: tener un gran estadio no garantiza ser un gran equipo en el mercado ni en los resultados. Si no se refuerza con el perfil adecuado y en el momento correcto, la caída puede volverse acumulativa.
Un riesgo que no se puede subestimar: el descenso
La posibilidad de que Tottenham baje de categoría no es un simple susto futbolístico. La amenaza financiera es central.
De acuerdo con el informe financiero europeo de clubes de 2025, publicado el mes pasado, Tottenham registró el tercer mayor déficit antes de impuestos en Europa (129 millones de libras) el año anterior, solo por detrás de Chelsea y Lyon, pese a haber generado un récord de ingresos del club de 580 millones de libras. La facturación fue especialmente alta por la actividad comercial del estadio, incluyendo partidos de la NFL y conciertos, además de la competencia europea.
El endeudamiento neto, asociado a préstamos para el nuevo estadio, se situó en 772,5 millones de libras. Y las reservas bajaron de 198 millones a 79 millones.
Con estos números, el CEO Vinai Venkatesham advirtió al Fan Advisory Board la necesidad de vigilar el cumplimiento de Financial Fair Play. Es decir: si el club desciende, las dificultades se multiplican.
¿Qué perdería Tottenham si baja?
- El año pasado, Tottenham obtuvo 127,8 millones de libras en premios de Premier League al terminar 17º.
- En caso de descenso, recibiría pagos “paracaídas” durante tres años, pero caería de 48,95 millones en el primer año a 17,8 millones en el tercero.
- Además, ingresaría solo 5,7 millones de libras por año por el acuerdo de televisión de la EFL.
- Ejemplos recientes como Aston Villa, Sunderland y Leeds United muestran que, al bajar, algunos clubes cerraron secciones completas del estadio por el costo de mantenerlas sin el ritmo de público de la liga principal.
Tottenham sería el equipo más grande en descender desde Leeds en la temporada 2003-04. Entonces, el efecto dominó fue severo: crisis financiera en Elland Road y una salida masiva de jugadores. La recuperación tardó 16 años en regresar a la máxima categoría.
Paul Robinson, parte del Leeds de 2004, sostuvo que un descenso de Tottenham sería incluso más alarmante que lo que ocurrió con Leeds, precisamente por el peso europeo reciente del club: llegaron a la final de Champions y ganaron la Europa League el año pasado. En un descenso, los jugadores suelen saber que terminarán yéndose, y el golpe inicial genera una destrucción que después cuesta revertir.
La afición: entre la unidad y el miedo
A pesar de la tensión, la hinchada de Spurs ha mostrado unidad. Los planes de protesta contra los propietarios antes del partido contra Forest se cancelaron para apostar por un ambiente más positivo, con recibimientos al autobús del equipo con bengalas y grandes concentraciones. Sin embargo, la realidad del campo no cambió, y los resultados siguen pesando.
Los aficionados también viven con pesadillas deportivas: que Arsenal se lleve el título y que Chelsea deje al Tottenham en descenso en la penúltima jornada, en Stamford Bridge, o que el próximo derbi en la liga sea contra Stevenage, que busca el ascenso en League One.
Antes de la debacle ante Forest, el Tottenham tuvo motivos para creer. El empate de Richarlison en Anfield y el partido decisivo de Xavi Simons ante el Atlético habían alimentado la esperanza. Pero, en Tottenham, la memoria reciente pesa: la afición se ha acostumbrado a esperar lo peor y, muchas veces, el guion termina dándole la razón.
Un final de temporada que exige reacción
Con el equipo en 17º, separado por un margen mínimo del descenso y con la inestabilidad tanto deportiva como institucional todavía presente, Tottenham necesita una respuesta inmediata. La temporada no solo define el presente en la Premier League: también marcará el futuro económico, el tipo de fichajes posibles y la estabilidad que el club no ha logrado sostener desde el punto de inflexión de 2019.
