Afición del Feyenoord estalla tras el 0-0 en Volendam

Feyenoord volvió a tropezar en la pelea por el segundo puesto y, en la tarde del domingo, dejó escapar puntos en su visita a FC Volendam. El equipo de Robin van Persie no pasó del 0-0 en un partido sin chispa, con pocas ocasiones claras y un ritmo bajo que terminó frustrando a su afición. Pero, además del rendimiento, el centro del debate se trasladó rápidamente al arbitraje: Allard Lindhout concentró las miradas por varias decisiones controvertidas, especialmente en la segunda mitad.

Un empate sin goles que deja mal sabor

El 0-0 en Volendam se sintió como un resultado costoso para Feyenoord. Más allá de que el partido no ofreció grandes oportunidades —la sensación general fue de escasez de llegadas y un juego poco exigente—, el empate se vuelve todavía más difícil de digerir al tratarse de un choque directo en la lucha por posiciones altas. Para muchos seguidores, el equipo no solo estuvo irregular: también encontró un escenario adverso por momentos clave.

El momento que encendió la polémica: Ueda y el área

La jugada más comentada llegó en el minuto 68. Ayase Ueda fue derribado dentro del área tras una entrada deslizante. La acción se produjo cuando el balón no parecía estar cerca, y para gran parte del entorno de Feyenoord el contacto fue suficiente como para señalar penalti. Sin embargo, Lindhout dejó seguir la jugada y, además, el VAR —a cargo de Dennis Higler— no intervino para corregir la decisión.

La molestia creció todavía más porque, según el sentir de los hinchas, el guion ya se había repetido antes: una situación parecida habría sido resuelta en contra del equipo neerlandés, aumentando la sensación de agravio.

Otras acciones sin sanción y el enfado se multiplica

La polémica no se limitó a la jugada de Ueda. También se señaló que una entrada fuerte sobre Sterling no habría recibido castigo pese a que Mawouna Amevor alcanzó a tocar el balón de forma parcial. En el contexto del partido, ese tipo de acciones suelen marcar la diferencia, tanto por el peligro generado como por el impacto anímico que produce en los jugadores.

Como si el clima no fuese ya suficientemente tenso, Robin van Persie recibió una tarjeta amarilla minutos antes. El motivo fue la protesta tras un posible foul sobre Ueda que, en esa ocasión, tampoco habría sido sancionado. Así, el acumulado de decisiones cuestionadas terminó alimentando la irritación dentro y fuera del campo.

VAR bajo la lupa: Higler también en el punto de mira

Con el paso de los minutos, el enfado fue creciendo en redes sociales. Muchos comentarios apuntaron a que, si el árbitro no apreciaba una acción, el VAR debía intervenir. En esa línea, también se criticó la actuación del responsable del videoarbitraje, Dennis Higler.

En la conversación pública aparecieron frases contundentes, como la idea de que Feyenoord mereció penales “claros” en más de una ocasión. Otros seguidores, en tono más directo, sostuvieron que la existencia del VAR no terminó funcionando como debería cuando se trató de corregir jugadas determinantes.

La afición también reprocha el rendimiento del equipo

La frustración no se dirige solo al arbitraje. Parte de la crítica se concentra en el propio Feyenoord, especialmente por la falta de contundencia ofensiva. En comentarios recientes, se remarcó el dato de que, tras 83 minutos, el equipo apenas había generado dos tiros a puerta ante Volendam. Ese tipo de estadística, incluso en partidos cerrados, suele reflejar dificultades para imponer ritmo y para crear ocasiones con claridad.

Además, hubo reproches hacia el cuerpo técnico. Algunos aficionados expresaron su descontento con la dirección deportiva, señalando que el proyecto no termina de traducirse en resultados y que el equipo sigue sin ofrecer una versión convincente. También aparecieron mensajes con un tono más emocional, como críticas al “estancamiento” del equipo y la sensación de que el partido fue una muestra preocupante del momento actual.

Un mensaje final: la presión sobre el arbitraje se vuelve tendencia

Entre los comentarios más intensos, se repitió la idea de que el árbitro Allard Lindhout debería “parar” o ser cuestionado con mayor dureza por decisiones que, para Feyenoord, resultaron decisivas. Lo que comenzó como molestia puntual por jugadas en el área terminó convirtiéndose en un cuestionamiento global: arbitraje, VAR y rendimiento se mezclaron en una misma narrativa de frustración.

Con el 0-0, Feyenoord deberá recomponerse rápidamente si quiere seguir cerca de los puestos de arriba. Pero antes de mirar exclusivamente al campo de juego, el debate sobre qué pudo cambiar el rumbo del partido —y por qué no se corrigió desde el VAR— se mantendrá como una de las historias centrales de la jornada.

Tomás Aguirre

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