El Liverpool vive una crisis difícil de maquillar: el equipo arrastra una temporada sin rumbo, el público ya no confía en las decisiones de Arne Slot y, como si fuera poco, la posibilidad de un relevo ilusionante —con Xabi Alonso como gran nombre— se desvanece mientras el club mantiene el plan de continuar con el holandés otro año. La combinación de resultados mediocres, sensaciones de pasividad en el juego y gestos de protesta en partidos recientes ha encendido una tensión que crece semana a semana en Anfield.
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Xabi Alonso era el tipo de entrenador que parecía encajar en el discurso de “solución total” para el Liverpool: ex ídolo de la grada de Anfield y, además, un técnico con credenciales muy sólidas. Su gran argumento fue el doblete logrado con el Bayer Leverkusen y, sobre todo, la capacidad de competir con una idea clara, sosteniendo un rendimiento notable incluso en escenarios de máxima presión.
En 2024, los aficionados lo veían como el sucesor natural de Jürgen Klopp. Sin embargo, el panorama cambió con el paso del tiempo: tras la etapa que tomó Arne Slot, desde el inicio del año se empezó a hablar de Alonso como la única alternativa “realista” para reemplazar a Slot en el banquillo. Por eso, la noticia de que el Liverpool ni siquiera estaría en la carrera para contratarlo resulta tan desconcertante como la insistencia del club en mantener a Slot durante otra temporada.
El “no se despide” que chocó con una caída acumulada
Cuando Xabi Alonso se desvinculó del Real Madrid el 12 de enero, muchos en el entorno del Liverpool interpretaron que el debate sobre su posible llegada era, en el fondo, una reacción impulsiva: la típica reacción de “los E-Reds”, un apodo despectivo que se usa para referirse a la parte más impaciente del fandom en redes.
La defensa que se escuchó con fuerza fue que el Liverpool no suele despedir entrenadores, y menos a uno que venía de ganar un título la temporada anterior. Slot, pese a haber atravesado la peor racha de resultados del club en 71 años —con la defensa del campeonato rota ya en noviembre—, seguía contando con crédito. El argumento era que los seguidores debían estar agradecidos por haber vivido días grandes.
Pero el problema es que la emoción no puede sustituir a los hechos. Con el paso de los meses, los aficionados —tanto los que están en la grada como los que siguen el partido desde casa— han visto con claridad que el equipo no encuentra soluciones y que Slot sigue sin acercarse a un cambio real de dinámica. Por eso, incluso sectores menos radicales del estadio han terminado perdiendo la confianza en el técnico que llegó desde el Feyenoord.
Protestas en Chelsea: el momento que terminó de romper la paciencia
El Liverpool ni siquiera necesitó caer para que el partido terminara en abucheos. Contra el Chelsea, el equipo no fue derrotado, pero aun así fue recibido con críticas al salir del campo tras otra actuación desordenada, sin conexión y muy lejos de lo que se espera de un club con ambición.
El punto más simbólico de la inconformidad llegó en el minuto 66. Los aficionados reaccionaron con dureza ante la decisión de Slot de sustituir a Rio Ngumoha, una de las pocas chispas de un encuentro gris. Tras el cambio, el técnico explicó que el joven había sufrido calambres musculares poco antes de salir. Sin embargo, para el público, el diagnóstico no era lo importante: lo que marcó el enfado fue la lectura táctica y la autoridad para tomar esa decisión.
La protesta fue, en esencia, un mensaje directo: ya no confían en el criterio del entrenador. En el fondo, se instaló la sospecha de que Slot podría retirar a su atacante más peligroso en lugar de optar por alternativas como Cody Gakpo, señalado por su irregularidad constante.
Eso sí: conviene matizar que muchos hinchas entienden la reticencia de Slot a sobrecargar a Ngumoha en una etapa formativa. Los silbidos, más que por el chico, reflejaban frustración con el conservadurismo del plan y con la pasividad general del equipo en el desarrollo.
Un Liverpool sin intensidad: se apaga y el rival lo aprovecha
La temporada ha repetido un patrón: el Liverpool carece de intensidad y, por ello, los partidos se vuelven etapas intermitentes. A ratos compite, a ratos desaparece, y eso permite que el rival lo alcance, lo encime y lo supere con facilidad.
Incluso en entornos que antes sostenían al entrenador, ahora se habla abiertamente de que la idea de Slot no está funcionando. Y la irritación del técnico se volvió evidente cuando surgieron críticas por su gestión del ritmo tras un gol temprano ante el Chelsea. Slot respondió con ironía, defendiendo que su intención no era “replegarse” ni “dejar de presionar”, aunque en la práctica el equipo pareció retroceder y perder mordiente.
Su explicación fue clara: después del 1-0, el Liverpool buscó ampliar el marcador con opciones para el 2-0, pero el Chelsea se fue acomodando cada vez más al juego, controló el mediocampo y, sin contar con extremos disponibles, terminó ganando terreno por dentro para pasar a través del rival. Slot admitió que fue difícil corregirlo en la primera parte y que el ajuste llegó en el descanso, logrando más dominio en la segunda mitad, aunque sin conseguir goles.
En ese contexto, el entrenador rechazó la idea de que sus equipos “se echen atrás” o que les ordene no presionar. Argumentó que esa no es la intención, pero la repetición del patrón hace que muchos aficionados lo perciban exactamente de esa manera: el equipo se “cae”, el rival toma el control y las ocasiones tardan en llegar.
Lesiones, desgaste y dudas sobre el nivel de preparación
Las lesiones también han tenido un peso real. La falta intermitente de varios jugadores importantes ha afectado la cohesión y, por tanto, la consistencia del Liverpool. Sin embargo, el problema no se reduce a ausencias: esas bajas han reforzado la imagen de un equipo frágil física y mentalmente, con futbolistas que no parecen estar al nivel requerido para competir con la frecuencia de partidos.
Al principio, el enfoque centrado en la posesión parecía reducir la carga del plantel, pero a lo largo de la temporada muchos jugadores han mostrado cansancio. En términos prácticos, el Liverpool no ha encontrado la manera de sostener el rendimiento cuando el calendario exige jugar cada 3 o 4 días.
En el debate interno también apareció otra lectura. En torno a la preparación, Mohamed Salah —ya fuera del equipo hacia la siguiente etapa— dejó entrever que algunos compañeros no entrenan con la misma obsesión que él. Por su parte, el capitán Virgil van Dijk reconoció abiertamente que, para evitar repetir una campaña que calificó como “inaceptable”, habrá un trabajo intenso “detrás de las escenas”.
Slot respondió con firmeza a esas insinuaciones. No se mostró preocupado por el estándar del club, defendió que no cree que los niveles bajen respecto a esta temporada y afirmó que no ve riesgos de que el problema se repita sin remedio. Aun así, los hinchas son quienes marcan la contradicción: mientras el discurso promete que todo se corregirá, el campo refleja que no hay señales suficientes de recuperación.
“Ya sabemos qué mejorar”, pero no hay detalles: el vacío alimenta la desconfianza
Tras una derrota humillante ante el Manchester United de Michael Carrick, Slot sostuvo que tiene perfectamente claro dónde debe mejorar el Liverpool. Admitió que en las próximas semanas disponen de más tiempo de trabajo, pero insistió en que los mismos problemas regresan porque no hay tanto margen para cambiar durante el curso.
Cuando se le pidió concretar cuáles serían las mejoras específicas, Slot se limitó a rechazar compartirlas, argumentando que “no tiene sentido” hacerlo. Para muchos aficionados, esa negativa se suma a un patrón: no se ven soluciones claras y, por lo tanto, se instala la sensación de que el entrenador se quedó sin ideas.
El resultado: un equipo que casi todos superan con facilidad
El Liverpool, en el tramo decisivo de la campaña, sigue siendo superado con frecuencia. Se repite la imagen de equipos rivales que corren más, llegan mejor y terminan imponiéndose con control territorial y superioridad en acciones clave.
Roy Keane resumió el problema tras el 3-2 en Old Trafford: el Liverpool se volvió un “equipo fácil de enfrentar”, un rival que funciona como medicina para escuadras en apuros como Wolves, Spurs o Chelsea. Cuando un club con la identidad de Liverpool termina transformado en ese tipo de referencia, la crisis se vuelve estructural, no accidental.
La decisión del club y el dilema con el futuro
La temporada pudo cambiar de rumbo en ciertos momentos, sobre todo durante el tramo más oscuro entre septiembre y noviembre, cuando las limitaciones quedaron expuestas de forma contundente. Y ahí aparece la gran crítica: las directivas debieron actuar o bien tomando decisiones drásticas con el entrenador, o bien respaldando en el mercado de enero para reforzar lo necesario.
En lugar de eso, la campaña se diluyó hacia el desastre. Y por eso, hoy la confianza se agota: ni el técnico parece capaz de revertir la tendencia durante el final del curso, ni el entorno inmediato transmite seguridad.
Incluso se habló de que los partidos de copa ante Manchester City y Paris Saint-Germain serían determinantes para definir el futuro de Slot. Sin embargo, el Liverpool perdió los tres encuentros sin marcar un gol y encajó ocho tantos. Aun así, se sostiene que el trabajo del entrenador estaría “asegurado”.
En ese contexto, Jamie Carragher no es el único que teme que se repita el tipo de desastre que ocurrió en Manchester United con Erik ten Hag: un ciclo que terminó con destitución, después de ignorar señales que se veían venir durante su segunda etapa en Old Trafford.
El cierre de Slot: admite poco margen, pero promete una gran transformación
Slot reconoció que, en los dos últimos partidos de liga, no puede compensar una campaña tan pobre, sin títulos y con sensaciones negativas acumuladas. Aun así, aseguró que si el club logra el verano que planifica, el Liverpool será un equipo distinto en la próxima temporada.
Para los hinchas, el problema es que la expectativa ya no es solo por lo que llegue: también por lo que podría no llegar a tiempo. Muchos temen que, si el club termina aceptando que es necesaria una renovación, entonces Xabi Alonso ya no esté disponible para tomar el relevo que hoy parece el sueño más razonable.
La foto final: una afición que no solo pide cambios, sino respuestas
El Liverpool se juega su credibilidad. El estadio ya dejó claro que no basta con promesas de verano o ajustes de discurso. Mientras el equipo sigue sin intensidad, sin soluciones tácticas visibles y con decisiones que generan rechazo en momentos sensibles, la paciencia del público se convierte en el termómetro principal. Y, por primera vez en mucho tiempo, el debate no gira únicamente sobre resultados: gira sobre confianza, dirección deportiva y la posibilidad de que el club esté dejando pasar oportunidades que podrían haber salvado la temporada.
